El problema de la cubanía

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El problema de la cubanía

LA HABANA. La formación de la identidad nacional es un proceso histórico largo y complejo, donde en la cultura, y quizá solo en ella, se concreta cierto grado de unidad entre personas de diversos orígenes sociales y experiencias de vida diferentes.

En realidad, siempre dentro de una nación conviven o confrontan muchas culturas, por lo que la identidad nacional cuaja a partir del establecimiento de factores comunes que distinguen a estos individuos del resto de los habitantes del planeta.

Por esos misterios de la naturaleza humana, la identidad nacional actúa como un sello genético que singulariza a un grupo de personas y los acompaña de manera inevitable el resto de sus vidas, transmitiéndose con mayor o menor intensidad a sus descendientes, incluso cuando viven fuera de sus países de origen.

La cultura constituye uno de los escenarios fundamentales de las luchas nacionales, toda vez que define al sujeto social que debe llevarlas a cabo y las contradicciones políticas implícitas en este proceso.

Cuba es un buen ejemplo de ello. A pesar de la gran diversidad de sus componentes, el tránsito hacia una identidad nacional, definida como la “cubanía”, ha estado marcado por la tendencia a la consolidación de expresiones culturales muy homogéneas, en contraposición con proyectos de nación no solo diversos, sino en ocasiones antagónicos.

Aunque la rápida extinción o asimilación de las culturas aborígenes limitó las diferencias étnicas y su condición insular los problemas territoriales presentes  en otros pueblos de América, la nacionalidad cubana tuvo que abrirse paso enfrentándose al colonialismo, la esclavitud y el anexionismo. Esta identidad, basada en la independencia, antecedió a la República y devino un sentimiento muy poderoso, aun cuando lo alcanzado estaba lejos de ser la patria “con todos y para el bien de todos”, que había soñado José Martí.

La influencia cultural norteamericana estuvo presente desde los primeros momentos en la formación de la nacionalidad cubana y devino un recurso hegemónico del modelo neocolonial implantado en el país a partir de 1902. Como resultado de esto, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 constituyó también una confrontación en el plano cultural, que tuvo implicaciones en la propia interpretación del concepto de la nacionalidad.

La aplicación de un “nacionalismo excluyente” desde el bando revolucionario, como lo definió el intelectual cubano Ambrosio Fornet, o la acusación de que Cuba se había convertido en un satélite soviético, por parte de sus contrarios, definieron los extremos cuestionadores de la nacionalidad de cada una de las partes, en los momentos más agudos del enfrentamiento.

En particular, los emigrados fueron víctimas de esta diferenciación. Bastaba emigrar del país para dejar de ser considerado cubano y en buena medida el discurso político revolucionario se articuló a partir de este presupuesto. La ideología de la contrarrevolución también contribuyó a esta percepción, debido a su vínculo orgánico con Estados Unidos, la promoción de proyectos antinacionales que incluían la invasión militar del país y el desprecio a una cultura popular que no identificaban como propia.

El surgimiento del cubanoamericano, resultado de la integración de los emigrados cubanos a la sociedad norteamericana, vino a complicar más las cosas. Para algunos, simplemente resultaba la confirmación de que habían dejado de ser cubanos, pero en realidad se trataba de un proceso mucho más complejo: la emergencia de una identidad cultural cubana que se expresaba en un entorno nacional distinto.

Tal parecía que estábamos en presencia de dos culturas cubanas separadas por la política, pero Fidel Castro, el más radical de los revolucionarios cubanos, se encargó de rectificar conceptos, esclarecer la problemática y establecer pautas para su análisis. Tan temprano como 1978, Fidel decía a un grupo de periodistas procedentes de Estados Unidos de visita en Cuba:

“La comunidad cubana, como todas las comunidades que están en otro medio, en otro medio nacional, digamos que trata de mantener su identidad nacional (…) No importa, no importa lo que sean, si es un millonario cubano en la emigración o es trabajador cubano en la emigración (…) no se trata aquí de una cuestión de clase, es un problema de tipo nacional (…) Y eso, lógicamente despierta la solidaridad nuestra (…) No importa que ellos no simpaticen con la Revolución, pero a nosotros nos satisface saber (…) que la comunidad cubana trata de mantener su idioma, sus costumbres, su identidad nacional cubana”.

Dicho unos meses antes de la convocatoria al “diálogo con figuras representativas de la comunidad cubana en el exterior”, algunos de los cuales habían combatido duramente a la Revolución, marcó un punto de inflexión de la política migratoria cubana. Con seguridad Fidel no era ajeno a la importancia política que tenía alimentar este sentimiento nacional para el futuro de la nación cubana.

Tal apreciación es mucho más actual ahora, donde las transformaciones ocurridas en la emigración alientan de manera natural la reafirmación de la identidad nacional cubana en ese escenario. En primer lugar, porque es una necesidad de los cubanoamericanos dentro del contexto multiétnico que le impone la sociedad norteamericana, lo que potencia el interés por el vínculo con su patria de origen, pero también porque ha cambiado la apreciación de la sociedad cubana respecto a la emigración y las condiciones políticas que determinaban las relaciones entre ambas partes.

Se dan así las condiciones para que la “cubanía” se imponga una vez más sobre otras diferencias, incluso entre personas que por una razón u otra adquieren otra nacionalidad o sean descendientes de cubanos nacidos en otros países, y ello tiene una importancia estratégica para Cuba, no solo en el plano político o económico, sino también en lo cultural, por todo lo que puede contribuir a su enriquecimiento.

Como dijo el sabio Fernando Ortiz, “cubano es quien quiere serlo”, y para el bien de Cuba, a todos nos conviene alentar el orgullo compartido de ser cubano.

Fuente: Progreso Semanal.

De nuevo el periodismo ¿La última carta de la baraja?

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Lo confieso. Soy una lectora fiel de Cartas desde Cuba. Lo leo para enterarme de lo que se mueve en Cuba, de lo que pasa en el mundo y nos puede afectar. A veces, para buscar una segunda voz, otro prisma de un asunto que siempre me resulta interesante, aunque no lo comparta.
Lo leo porque es balanceado, y además de los materiales de Fernando Ravsberg, se hacen excelentes selecciones de la prensa oficial de Cuba y de los blogs, de modo que de muchas maneras me hace más fácil el hecho de estar o por lo menos sentirme informada. Y como yo, muchísimos otros.
Ahora mismo hay olas contra ese blog, no sé si campaña o personas unidas por algún tipo de concatenación universal -para no ser tan paranoica-, pero en la práctica la gente, los cubanos de adentro con conectividad y de afuera, incluidos muchos periodistas, lo leen y lo siguen, y se dan por enterados en esa página de temas que deberían haber sido publicadas en los medios oficiales, y hablo ahora de Fernando, pero lo anterior se vale para Oncuba, Progreso Semanal, El Toque…., sino miren y verán.
En Cartas desde Cuba he leído el alcance de la vacuna cubana contra el cáncer de pulmón y lo de los indios importados como obreros en una obra de la construcción en la Isla. He encontrado lo bueno, lo malo y lo regular.
Ahora se le demoniza como si tuviéramos tiempo suficiente como para perderlo criticando el periodismo que hacen otros, cuando sería mucho más productivo -para adeptos y opositores- trabajar para hacer nosotros uno mejor, mejor que el que hacemos y mejor que el de Fernando, si es que la idea es “darle en la cabeza”.
La prensa cubana, la prensa oficial cubana, no está en desventaja con los medios digitales, o por lo menos no es una desventaja en principio.Ellos no son los reyes todopoderosos y nosotros los pobres vasallos a sus expensas. Estamos, en todo caso, al mismo nivel, con las mismas armas, si no es que las nuestras son mejores.
Los medios oficiales tienen periodistas trabajando exclusivamente o casi exclusivamente para ellos, y tienen los canales para que sus contenidos tengan un largo y fácil alcance. Los medios alternativos solo pueden ser vistos en internet, quizás en el paquete semanal, o sea que su alcance, al menos dentro de Cuba, es mínimo.
La existencia de unos no implica el descrédito obligado de los otros. El buen periodismo de unos, no implica el mal periodismo en los otros, y que conste que para mí el buen periodismo no es necesariamente el que se hace en los medios alternativos, como tampoco el malo se hace exclusivamente en los oficiales.
Pero digamos que, a pesar de todo, nos sintamos irremediablemente en guerra. Entonces, es lícito defenderse, esquivar, atacar…, pero con ética, con medida, con sentido de lo necesario y lo justo.
Yo, por ejemplo, no estuve de acuerdo con la expulsión del colega de Holguín, primero por simple solidaridad con alguien que comparte mi profesión, y segundo porque noté muchas cosas fuera de lugar, mucho de escarmiento…, pero incluso si la hubiera apoyado, no podría compartir, por ejemplo, lo que publicó en su perfil en facebook -un perfil que, acorde a su cargo, se considera institucional-la vicepresidenta primera de la UPEC, cuando acusó a Pantoja de querer buscarse un puesto en la prensa de Miami y, por si no fuera poco, insinuó que se debería expulsar a Ravsberg del país.
Nunca es buena la fórmula que para elevarnos requiere de hundir al otro. Si tenemos algo que decir, digámoslo y hagámoslo bien. Tenemos los medios, tenemos las fuentes, tenemos el tiempo, las computadoras, la internet que no es solo para colgar fotos de los nietos o replicar lo que escribe otro.
Yo creo en la libertad. Creo, por ejemplo, en la libertad de Cuba de querer ser libre, aunque sea a la sombra de la potencia militar y económica más grande del mundo, y que la ansía desde hace décadas.
Creo en la libertad del periodista o del cubano que vive en Cuba de creer y decir que vive en un país en el, a pesar de las carencias, hay educación gratuita, y salud gratuita, y que tiene muchas otras cosas buenas, y crece o eso intenta…, como también creo en la libertad de quien ve una Cuba diferente o con otros matices.
Y por tanto, me abstengo de buscar fantasmas y potencias malévolas detrás de cada palabra, aunque cada vez son menos los que tienen esa deferencia con los demás. Lo he vivido en carne propia: Si digo que creo en el socialismo, los de la esquina azul me dicen que soy una perra comunista obediente que escribe solo lo que le mandan. Si me atrevo a criticar demasiado, los de la esquina roja empiezan a cuestionar mis afectos. Masoquista que soy, al seguir insistiendo. Masoquistas que somos muchos, por suerte.
Dicho todo lo anterior, lo repito. Soy y seguiré siendo una lectora fiel de Cartas desde Cuba, creo en su derecho a ser, aunque le cambien el membrete.
PD. No quiero un puesto de nada en ninguna parte.

Un ilusionista en el Palacio de las Convenciones

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palacio-convenciones-cubaPor: Javier Gómez Sánchez

¡!Ñooo, que clase de muela!! Era el segundo día de sesiones y ya ni se acordaba de cómo lo habían propuesto para ser delegado al congreso. Llevaba 3 horas sentado ahí y tenía la espalda hecha una w.

Por allá un tipo hablaba no sabía bien de qué. Y él ahí, haciendo como que atendía, hasta cara de serio ponía, mientras disimuladamente se rascaba debajo de la mesa. Y pensaba. Pensaba en lo que se piensa en esos casos: ¨ ¿Cuánto falta para el almuerzo? ¿Habrá pelota hoy? ¿Saldré por televisión?… Deja ver si hoy consigo un refresco de cola, ayer el que dieron era de limón. …Esta buena la carpetica esta, tiene el logotipo pero parece que con cepillo se le cae¨.

En fin esas cosas que se piensan en un congreso.

Sentía ganas de orinar, pero sería la segunda vez que saliera y tenía que pasarle por arriba como a cinco que estaban sentados en su fila. Además la gente lo miraba y eso lo ponía un poco nervioso. Pero bueno, había que estar ahí. Así pensaba mientras aguantaba las ganas de orinar, jugando con la esponjita del micrófono, de esos que tantas veces había visto por la televisión y nunca imaginó que llegaría a tocar. De los que decían Phillips. Se subían y se bajaban, hasta se encendía un bombillito rojo alrededor cuando uno hablaba.

Pero él no iba a hablar ahí. Le tocaba en una comisión, la número… Que iba a discutir el documento ese con el nombre larguísimo. Verdad que lo de hablar era del carajo, pero bueno no iba a quedarse sin pedir la palabra, porque en definitiva todo el mundo lo hacía y metía su muela. De eso había que salir rápido. Precisamente, así mismo como el dentista. Usted da su muela y sale de eso rápido.

A cada rato vigilaba la cámara de televisión ¨¿Lo estarán viendo en su casa?¨ Ah, no, claro si esto no es en vivo. Pero bueno lo graban y ahí a lo mejor sale. Estuvo tentado a saludar a la cámara cuándo hizo un paneo pero se contuvo, no fuera a ser que en el presidencia se confundieran y pensaran que estaba pidiendo la palabra.

Delante de él tenía el documento que se iba a discutir. Estaba duro. Al principio lo miró como Champollion miró la Piedra de Rosetta. Pero luego le fue entrando poco a poco, hasta que se lo leyó completo. Bueno, algunas partes por arribita. En definitiva a él le parecía bien. Había gentes que cuando metían su muela sugerían cosas, como cambiar una palabra por otra. Algunos hasta se tiraban pa´ lo hondo. Como el loco ese que habló de democracia. Que va, eso es una candela, así cualquiera se escacha y se va con la de trapo.

El no, él sabía lo que iba a decir. El sí estaba claro. Lo importante era no estar saliendo con ninguna cosa extraña. Ningún ruido en el sistema. Tu no ves que aquí te embullan para que tú hables y después allá te parten las patas. Que va. Clarísimo estaba él.

Así el tiempo fue transcurriendo, con misma lentitud con que pudo salir de la sala a la hora del almuerzo.

Ahora estaba aquí y después de ese que está hablando le toca él. Y le dan la palabra y él la coge, literalmente, junto con el micrófono. Arranca, y lo que dice va cogiendo forma, y forma y mas forma…Y el clarísimo en lo que está diciendo. Porque ya lo tenía pensado, en cómo iba a empezar. Verdad que una pila de gentes habían empezado igual, pero en definitiva él nunca había sido un tipo original. Y aquí no se trataba de eso si no de estar claro. Y así soltó: ¨Como dijo el Primer Secretario…¨ Y luego la parrafada.

Alguna gente lo miraba. Y él seguía, clarísimo en lo que decía. Algunos lo seguían mirando. O no, en realidad no lo miraban, veían a través de él la pared que estaba detrás. Porque por algún extraño fenómeno, mientras hablaba se había ido empastando. Casi diluyendo. Incluso las palabras se iban haciendo ininteligibles. Hasta que se volvió a la vista de todos, completamente transparente. Solo los espejuelos y la dentadura postiza permanecieron en el aire. Moviéndose. Como flotando. Cuando se movían, parecía como que hablaban.

Incluso parecían que decían algo. Como si él realmente existiera.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com

Tomado del Blog La Joven Cuba.

@ONU_es declara el acceso a Internet como un derecho humano #derechoshumanos

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Naciones Unidas declara el acceso a Internet como un derecho humano

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado el acceso aInternet como un derecho humano por ser una herramienta que favorece el crecimiento y el progreso de la sociedad en su conjunto.

El uso de Internet se está convirtiendo en una herramienta imprescindible para la libertad de expresión. Más que una posibilidad de comunicación, se está convirtiendo en una necesidad debido al periodo de globalización que hoy se vive.

Por ello, la ONU considera también que debería ser un derecho universal de fácil acceso para cualquier individuo y exhorta a los gobiernos a facilitar su acceso.

“La única y cambiante naturaleza de Internet no sólo permite a los individuos ejercer su derecho de opinión y expresión, sino que tambiénforma parte de sus derechos humanos y promueve el progreso de la sociedad en su conjunto”, indicó el Relator Especial de la ONU, Frank La Rue, en un comunicado de prensa recogido por la CNN.

Según La Rue, los gobiernos “deben esforzarse” para hacer Internet “ampliamente disponible, accesible y costeable para todos”. Asegurar el acceso universal Internet “debe ser una prioridad de todos los estados”.

Por otro lado, la organización se ha mostrado contrariada por lasmedidas opresoras de algunos gobiernos que violan el acceso a Internet. Desde gobiernos occidentales como Francia con su ley Hadopi hasta países con dictaduras como modelo de poder, aplican hoy en día medidas restrictivas al acceso a Internet.

El gobierno chino ha bloqueado el acceso a páginas como Facebook, Twitter, Youtube y LinkedIn e incluso ha creado su propio buscador que filtra y censura la búsqueda de palabras como: revolución jazmín, democracia, entre muchas otras.

Son muchos los gobiernos que han bloqueado el acceso a Internet.Egipto lo hizo durante las revueltas sociales que terminaron con la dictadura de Hosni Mubarak. Irán bloqueó algunas páginas de activistas que llamaban a una manifestación y muchos otros países han seguido este ejemplo.

La ONU afirma que el acceso a la web debe mantenerse y es especialmente valioso “en momentos políticos clave como elecciones, tiempos de intranquilidad social o aniversarios históricos y políticos”, según recoge la CNN.

Por último, la ONU señala que Internet, como un medio para ejercer el derecho a la libertad de expresión, sólo puede servir a estos propósitos si los estados asumen su compromiso por desarrollar políticas efectivas para lograr el acceso universal”.

Fuente: El Mundo.

El cielo se va a caer

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apagon_cubaPor: Javier Gómez Sánchez

Diariamente uno participa en disímiles conversaciones, dónde se habla de los temas más diversos e inesperados, y si además uno tiene el privilegio de relacionarse con todo tipo de personas, puede llegar a escuchar las declaraciones más peregrinas.

Pero ha sido últimamente cuando he sentido durante algunas conversaciones ese sentimiento amargo que llaman vergüenza ajena.

En los días más recientes he escuchado a tanta gente hacerse eco irracional de los más estrambóticos rumores. ¨Que si vamos a vivir otro Periodo Especial¨. ¨Que si tendremos apagones de 25 horas al día¨. ¨Que si volveremos a 1994 pero en vez de salsa con reguetón¨

En fin, las bolas más exageradas y disparatadas que un grupo humano puede echar a correr siendo solo superadas por Apocalipsis Maya del 2012.

Todo motivado por las medidas de austeridad, término europeo de moda, que el gobierno cubano ha comenzado a tomar luego de una sostenida bajada en los precios del petróleo.

Es necesario entender la paradoja de que el hecho de que los precios del petróleo en el mercado mundial estén desplomados afecta el consumo de hidrocarburos en Cuba.

Como una buena cantidad de países del Caribe y Centroamérica, Cuba importa petróleo a través del programa Petrocaribe. Dicho programa, creado en el 2005 por Hugo Chávez, devino más que un alivio económico en una plataforma de desarrollo, especialmente para aquellos países que han sabido aprovecharlo.

Petrocaribe ofrece créditos a largo plazo y a muy pajo interés, por la compra de petróleo crudo venezolano. No todo el petróleo que importan y consumen sus estados miembros proviene de él, pero por sus ventajas sí su mayor parte. El programa solo está abierto a empresas estatales. Unos 16 países se benefician y en la práctica dependen de su funcionamiento.

Con el tiempo el pago de Petrocaribe se perfilaba no como una mera deuda de los miembros, si no en un fondo de inversión regional similar al que recientemente crearon varios países con China a la cabeza, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Como es entendible la muerte en el 2013 de su principal impulsor, el presidente Hugo Chávez y la compleja situación política posterior en Venezuela afectaron el avance del proceso.

La exportación petrolera es por mucho el primer renglón económico de Venezuela y por lo tanto su principal fuente de divisas. Los altos precios del petróleo en años anteriores permitieron no solo la creación y expansión de Petrocaribe, sino múltiples inversiones en materia social además del lógico sostenimiento de la vida en el país.

La caída de los precios ha disminuido drásticamente la adquisición de dividas para Venezuela así como la existencia de sus reservas nacionales.

Aunque Petrocaribe es un proyecto del gobierno bolivariano, con una fuerte inspiración latinoamericanista y de colaboración regional basada en el principio de Patria Grande, por lo que es lógico que un cambio político en Venezuela amenace su existencia, es muy poco probable que desaparezca al menos en el futuro cercano.

Pero si debido a la coyuntura actual está disminuyendo obligatoriamente su funcionamiento.

Las consecuencias para pequeñas naciones como Nicaragua, Haití, República Dominicana, Jamaica, El Salvador, y por supuesto la propia Cuba, pueden ser muy serias.

Sin embargo, si se hace un análisis, tal vez el país que más condiciones tiene para sobrevivir de la mejor manera a esta situación es precisamente Cuba.

A diferencia de sus vecinos tiene una economía mayormente estatal, lo que amén de las diatribas cotidianas de los cubanos, le permite ser una economía planificada. En el país cada año se toman medidas de ahorro energético durante el verano. Se hizo una transformación de su sistema eléctrico nacional con la llamada Revolución Energética, que lo descentralizó para hacerlo más fragmentado y manejable, con menores afectaciones ante cualquier situación.

Cuba, a diferencia de la gran mayoría del resto de los miembros, produce buena parte del gas y le petróleo que consume. Es entendible que esta situación acelerará la inversión en la extracción nacional.

Según se ha anunciado el país está a las puertas de una segunda sustitución masiva de la tecnología de iluminación, sustituyendo próximamente todos los bombillos llamados ahorradores que reemplazaron una vez a los incandescentes, por bombillas led. Se ha hablado de unas 13 millones de bombillas a distribuir. Eso disminuirá notablemente el consumo energético, especialmente el doméstico.

En algunos países cercanos, incluso con Petrocaribe en su mejor momento, la situación energética es penosa. En República Dominicana los apagones diarios sin excepción en gran parte del país superan las 10 horas diarias.

Es posible que el temor de los cubanos sea mayor debido a que la mayoría no recuerda lo que es un apagón más allá de alguna rotura o evento climático y los más jóvenes ni siquiera vivieron el Período Especial.

Como todos los países, la ejecución del presupuesto disponible es anual, y por supuesto está comprometida de antemano y se evita echar mano a las reservas. En medio de un año fiscal es lógico que no sea fácil sacar cientos de millones de dólares para comprar petróleo fuera de Petrocaribe, ni esas compras se hacen de forma expedita.

Lo más probable es que el Estado cubano tenga que comprar durante lo que queda del 2016 y el 2017, el petróleo de otras fuentes para completar su consumo nacional. Claro, no sería con las ventajas de Petrocaribe por lo que significaría un notable impacto financiero. Además de las conocidas consecuencias del bloqueo estadounidense, donde aún no acaba de erradicarse en la práctica la prohibición del uso del dólar.

Pero como quiera que sea se trata de una crisis energética y no de otro tipo. Por supuesto el sector energético es el pilar del funcionamiento de toda la economía y muchos servicios y producciones se verán afectados. Pero no creo, por ejemplo, que los cubanos vayamos a tener por eso un desabastecimiento mucho mayor que el que ya padecemos cada día.

Puede ser que las tiendas incluso abran más tarde y como es habitual cada verano, apagarán el aire acondicionado para que usted pueda encender el de su casa. De hecho la medida de limitar la jornada de trabajo en muchas oficinas y ministerios a medio día, es reducirla al tiempo verdaderamente productivo. El resto de las horas de trabajo no son efectivas pues buena parte del personal se dedica a jugar en la PC o escaparse hacia las tiendas.

La economía cubana y su comercio internacional se encuentran enormemente más diversificadas y con mayores fuentes de financiamiento que en la década del 90. La Cuba de 1994 y la del 2016 no tienen comparación.

Lo que sí es indudable es que la necesidad de desembolsar un mayor capital para el sostén energético del país, llega en un momento en que ese dinero es necesario para acoger inversiones extranjeras, impulsar industrias en expansión como la turística y la minera. También cubrir enormes lagunas en el desarrollo del país como las telecomunicaciones e Internet. Además de satisfacer la cada vez mayor exigencia popular de inversión en los servicios públicos.

La crisis energética será una afectación real además de una nueva y útil excusa en boca de la ineficiencia.

Pero también acelerará la búsqueda de una mayor independencia energética. Nuestra alianza con Venezuela como todas las cosas terrenales tendrá su término. Aunque duro, nos ayudará a hacernos más independientes y por lo tanto más desarrollados tal y como pasó con el padrinazgo soviético o con el fin de la industria azucarera.

En cuanto a la política interna, se cumpliría el más interesante de los escenarios que se especularon cuando las reelecciones de Chávez y Obama – el trabalenguas ¨ (1) Cuba con Chávez y con Obama, (2) Con Chávez pero sin Obama, y (3) Sin Chávez pero con Obama¨- en la práctica, con el socio venezolano agobiado por su situación y una Casa Blanca con relaciones diplomáticas, la tercera opción es la que perece que tendremos por delante.

Esperemos pasar esta situación con la menor afectación posible ya que sin dudas traerá dificultades extras a nuestras vidas.

Mientras, el ser humano seguirá encontrado más placer en la locuacidad que en el análisis. Pero a veces, aunque sea a veces, uno debe poner la vista en el vacío y ocupar su mente en sacar algunas conclusiones. Puede parecer que está entretenido, pero no, esa persona simplemente está pensando.

Tomado del Blog La Joven Cuba

MIS VERDADES TIENEN QUE IR MÁS ALLÁ

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Camilo Santiesteban Torres, ingeniero químico.

Camilo Santiesteban Torres, ingeniero químico.

Por Yohana Lezcano y Rodolfo Romero

Con una mezcla confusa de desconcierto y libertad en su rostro, tras haber solicitado oficialmente la baja laboral de su centro de trabajo, donde se desempeña desde que se graduó de la CUJAE hace cinco años, Camilo habló con nosotros a camisa quitada. Agobiado por la situación económica actual, sus responsabilidades con sus padres y con la familia que quiere o pretende formar, con una visión romántica, casi en peligro de extinción, del proceso revolucionario en Cuba, este joven –que lleva su nombre en honor a Camilo Cienfuegos por haber nacido un 29 de octubre– nos habla acerca de cómo siente a Cuba hoy y cómo la pretende mañana.

El paso de la adolescencia a la juventud yo apenas lo percibí. Salí del preuniversitario directo para la universidad. En primer año de Ingeniería Química, con diecisiete años, me sentía todavía un adolescente. Creo que fue a finales de segundo cuando empecé a tener conciencia de que yo era joven y que estaba adquiriendo cierta adultez. Hasta ese entonces era como cualquier adolescente. Por tanto, casi nunca hacía reflexiones profundas acerca de nada.

Mi inteligencia emocional tampoco había crecido lo suficiente. Mi familia no tenía muchos recursos, vivíamos en una situación económica media tirando para mala. Mi «día cero» era graduarme, no tenía planes de futuro. Mi único objetivo era culminar la carrera. No fui ni un santurrón ni tampoco un parrandero. Por suerte, académicamente siempre me comporté bastante bien.

La vida universitaria, la beca y el hecho de convivir con personas de diferentes provincias, con distintas costumbres y modos de tratar a los demás, para mí fue una gran escuela. Yo nací en La Habana, y mi familia, que vive aquí desde los años ochentas, me dio una educación tradicional, al estilo oriental, pero a la vez, correcta, educada, profesando un gran respeto hacia la mujer. Entonces la universidad me hizo incorporar una visión distinta.

No creo que tenga que ver exclusivamente con una pérdida de valores, sino con las costumbres y las normas de comportamiento de diferentes provincias. Los pinareños eran de una forma, los habaneros de otra, los matanceros… Igual, todo aquello me era indiferente, mi plan era graduarme, incluso mis noviazgos no los veía como algo de larga duración.

Después que me gradué llegué a la vida laboral con un nivel de realismo enorme, con sueños, ideas, y estaba dispuesto sobre todo a escuchar. Me di cuenta que tenía que aprender, tanto en lo personal–emocional como en lo laboral–académico. Ahí surgió otra cosa. Uno de los problemas de los métodos de educación en Cuba es que los alumnos no llegan a visualizar el contenido y no le ven la aplicación práctica a lo que están haciendo.

Entonces, cuando empecé a trabajar, me di cuenta de que estaba perdido. No sabía llevar a la práctica mis conocimientos. Ese es uno de los problemas que tenemos los jóvenes una vez que nos graduamos.

Otro es la situación económica. Uno, como cualquier profesional que desea tener éxito, se propone por un lado la superación, pero la remuneración de aquellos que estudiamos no es buena a veces. Entonces algunos piensan: «¿Para qué voy a estudiar si de todas maneras no lograré ser exitoso?».

Ahora la entrada de información no es tan poca como solía ser antes. El acceso a diferentes materiales de factura extranjera, te permite ver lo mejor de cada industria y de cada rama. Así, es normal que las personas empiecen a hacer comparaciones. Y cuando uno se compara, pocas veces lo hace con la visión de que somos un país tercermundista.

Los jóvenes de nuestra generación tenemos padres con edades que oscilan entre los cuarenta y nueve y los cincuenta y cinco años. Personas adultas que a veces tienen achaques y problemas de salud. Hay algunos que se complican con los padres enfermos y tienen que mantener su casa económicamente. Entonces se ven obligados a postergar sus planes de formación profesional.

Existe también otra problemática muy seria: el fondo habitacional de la población está muy deteriorado. Entonces el poco dinero que uno se busca es para reparar la vivienda o para retribuir el sacrificio que hicieron nuestros padres.

En estas circunstancias resulta muy difícil, cuando se habla de planes futuros, pensar en crear una familia. El matrimonio es complicado, hasta las bodas son caras. Luego, te casas, y no tienes una vivienda para ti y tu pareja. El idilio juvenil que marcha muy rápido hasta los veintidós años, desaparece cuando tienes veinticinco o veintiséis, y estás insertado en el mundo del trabajador estatal.

Gracias precisamente a los logros que tenemos en Cuba, en materia de educación, en condiciones promedio, cualquiera que nazca en Cuba avanza muy rápido hasta los veintidós años: primaria, secundaria, pre y universidad. Tal es así que uno piensa que puede seguir avanzando de la misma manera. Entonces, cuando empiezas a trabajar, te das cuenta que eso no va a ser así.

Ante este escenario, ¿cuáles son las alternativas que hemos encontrado para forjar nuestro futuro?

Un grupo importante ha decidido irse del país y eso es muy triste. Actualmente ya no es que exista «robo de cerebro» sino una fuga voluntaria, lo cual es mucho peor. La mayoría son profesionales que tienen familia en el exterior, y otros se van a probar suerte o mediante contratos de trabajo. Salen, como se dice en la calle, «a lucharla». Generalmente, los profesionales buscan contratarse en lo que se formaron, aunque tengan que hacer algo temporal como trabajar en un bar o en determinado servicio público.

Con todas las nuevas leyes y aperturas, otros argumentan que ya no es factible irse definitivo del país. Lo mejor es trabajar fuera del país y hacer cierto capital para luego retornar. La idea es hacer un negocio o mantener un contrato de trabajo, estar fuera la mayor parte del tiempo posible, pero venir a Cuba de vacaciones y ayudar a la familia.
En los más jóvenes hay más ímpetu, por tanto, el impacto lo ven menos fuerte. Tienen tiempo para asimilar los contratiempos, y el espíritu para adaptarse. Es una pena que el Estado no sea más inteligente para aprovechar todo ese potencial en el desarrollo de lo que llamamos la empresa estatal socialista.

Si queremos socialismo tenemos que fortalecer la empresa socialista, pero es una pena que sea el sector privado el que utilice esa fuerza calificada de forma más eficaz y eficiente, y es increíble que tengan recursos para pagarle mejor que el Estado. Por eso, la motivación laboral para muchos está en el sector privado.

Ahora mismo acabo de pedir la baja de mi centro laboral. Aunque suene irrealizable, yo realmente creo en el proceso socialista y quisiera volverme un profesional exitoso, y más que eso, una persona exitosa. Tener una familia, tener una casa propia –no la de tus padres–. No tiene que ser una mansión, pero que te permita tener una familia funcional, con independencia y estabilidad económica. Es difícil ver cómo en una casa los problemas económicos se hacen tan acuciantes que hacen que se desestabilicen emocionalmente los que en ella viven. Es muy doloroso ver que no puedes darle a un hijo lo que él necesita desde el punto de vista material. Obviamente, quisiera ser competente, pero dentro de mi país.

Ahora, para eso estaría dispuesto a buscar ese éxito afuera y después volver. Como dice Nancy Morejón, «…la Patria no se lleva en la suela de los zapatos». A nuestra generación nos formaron como personas que debemos retribuir todo lo aprendido en la sociedad. Sin embargo, si en Cuba no puedo triunfar, me iré a buscar fortuna, pero para siempre volver.

Yo estoy con una muchacha con la que quiero formar una familia. Nuestras familias son normales, cada cual en su casa, cuatro personas en cada una, todos trabajan con un salario promedio y no se dan casi ningún lujo. Con lo que tenemos hoy no podemos ni siquiera arreglar nuestro cuarto, mucho menos soñar con casa propia. Así que si tuviera que escoger entre ejercer mi profesión y otro trabajo que me genere dividendos, escogería un trabajo que me remunere y me permita resolver al menos más del cincuenta por ciento de mis necesidades actuales. Lo haría por un espacio de tiempo determinado, y luego volvería a ejercer mi profesión, porque lo que no podría ser nunca es un profesional frustrado.

Tampoco quisiera frustrarme políticamente. Hace un tiempo atrás yo no tenía muy claro lo que era ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), mucho menos le metía cabeza al hecho de ser de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) o la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Simplemente yo hacía y cumplía con lo que me habían dicho que estaba bien y era lo correcto. Yo reproducía determinada conducta, y no indagaba en el porqué de la militancia. Un día alguien me increpó: «¿Por qué tú defiendes la Revolución? ¿Por qué dices que eres un joven comunista?». Esa conversación fue en la CUJAE. No olvido sus dos últimas preguntas: «¿Tú sabes lo que es el comunismo? ¿Te has leído siquiera el Manifiesto Comunista?». Las dos respuestas fueron «No» y «No».

Yo tenía naturalizado que eso era lo que estaba bien, ser militante. Pero a partir de ese momento empecé a buscar otros argumentos más allá de la educación y la salud gratuitas, o la comparación «antes del 59 y después del 59». Me di cuenta que aquellos, aunque eran argumentos reales –que hay que tenerlos presentes y no se deben olvidar–, no eran mis verdades.

Hoy entiendo que esta sociedad, que se ha formado con el tiempo, es la mejor. Es cierto que fuimos malísimos aplicando estrategias económicas, pero en cambio hemos alcanzado un alto índice de instrucción y de justicia social. La voluntad política del gobierno siempre ha sido buena. Sí, porque un gobierno que te pone una computadora para tres niños en la punta de una loma, no puede ser un gobierno malo. Existen los errores y todo el mundo los conoce, pero hay que mirar un poco más allá. Uno habla sobre estos temas y mucha gente piensa que es «muela» o que uno está vacío y no tiene estos compromisos. Pero son realidades que nadie te puede negar.

Mis verdades, tienen que ir como las de mi generación, un poquito más allá. Un socialismo que se traduzca en oportunidades para todos. Yo quiero un país donde las personas puedan caminar con el orgullo de haber nacido en Cuba. Cubanos que se sientan identificados con sus valores, que vean la continuidad histórica de la Revolución en su día a día, que se les ericen los pelos cuando hablen y reconozcan el sacrificio de nuestros padres y abuelos. Yo quiero formar parte de un país que prospere, dentro de un sistema mucho más justo y donde la gente sea feliz.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «Narrar Cuba. Sueño joven de un país», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Fuente: Juventudes en Cuba.

El adicto virtual

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Acostumbrados a asociar las adicciones con el consumo de sustancias nocivas para el organismo, la sociedad cubana comienza a enfrentar, sin antídotos eficaces, una nueva «enfermedad»: el juego patológico o ludopatía. El desboque obsesivo y compulsivo del deseo de consumir emociones

Sus manos, veloces, recorren el teclado y la derecha domina el ratón. Sus ojos no se apartan de la pantalla porque debe romper el récord, no puede fallar, tiene que superarse. Una barra de pan cortada en tres trozos y un vaso de agua ocupan una parte de la mesa, y en el resto se amontonan los apuntes de los niveles vencidos, los puntos acumulados, los errores cometidos.

Tocan a la puerta y le llaman desde afuera. No desvía la vista del monitor ni contesta.

—Juan Carlos, mijito, ¿no vas a comer?

La respuesta es el silencio y los clicks ininterrumpidos que le arranca al ratón. Se escucha el sonido de los autos… Está a punto de ganar la carrera.

—Mira, te traje el plato para que no tengas que levantarte.

La madre lo coloca con cuidado en la mesita y Juan Carlos no se distrae. Si lo logra, por quinta vez ganaría el juego y los demás, al otro día, volverían a aplaudirle sus triunfos. Arroz, frijoles colorados, plátanos fritos y hamburguesa. No le interesa perder el tiempo en comer. Prefiere seguir, y seguir, y seguir. No importa la hora. Lo importante es ganar.

La madre de Juan Carlos no encuentra peligro alguno en el apego de su hijo a la computadora. «Es muy bueno en eso, y está tranquilo, sin buscarse problemas en la calle como los hijos de algunas de mis amigas. Lo que no me gusta es que apenas hablamos».

Mientras, Juan Carlos sigue siendo uno de los más exitosos en los juegos de Dota, Call of Duty, League of Legends, Counter Strike y FIFA y entre sus conocidos «no hay quien le pase por arriba». Como él, otros adolescentes y jóvenes solo viven felices en ese mundo virtual.

Resultados preliminares de un estudio de caracterización del adolescente cubano actual muestran que el 78 por ciento de los casi 3 000 sujetos encuestados posee algún medio asociado a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, tales como computadoras, móviles, acceso a Internet, reproductores de música y video. Son, entre todos, los de 12 y 13 años de edad quienes tienen más acceso a este tipo de medios.

Según la investigación del Centro de Estudios sobre Juventud, aplicada a partir de noviembre último en toda Cuba, ello evidencia que los adolescentes integran el grupo poblacional más familiarizado con este mundo. Así lo confirma Desde las ciencias sociales fiel reflejo del adolescente cubano, un reporte de la Agencia Cubana de Noticias.

¿Qué tiene de malo «jugar»?

Las adicciones reflejan comportamientos o conductas incontrolables de una persona dependiente física y sicológicamente de una sustancia o de la realización de una práctica determinada. Desde el punto de vista teórico y científico, ha sido más fácil definir la adicción a sustancias tales como el alcohol, la marihuana y la cocaína, entre otras, que aquellas que se refieren a una práctica específica como puede ser el juego.

Así explica a Juventud Rebelde el licenciado en Sicología de la Salud Carlos Javier Lavin Verdecia, terapeuta del Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes, en la capital, lo que ha sido hasta la fecha el principal problema para diagnosticar y tratar adicciones como las que se registran en el campo de la ludopatía, no comprendidas como tales a nivel familiar y social.

El juego patológico o ludopatía se incluye en esas prácticas adictivas que conllevan una dependencia sicológica, más que física, del individuo. «No hay un consumo de una sustancia nociva para el organismo en el caso de una persona adicta al juego, por lo que no existe una conciencia en la sociedad de que, en efecto, el deseo obsesivo y compulsivo por hacer esta actividad se traduce en una adicción que conlleva el consumo de emociones».

Según la Organización Mundial de la Salud, el juego patológico se define como un trastorno caracterizado por la presencia de reiterados episodios de participación en juegos de apuestas, los cuales dominan la vida de la persona enferma en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, laborales y familiares. Fue reconocido oficialmente en 1980 cuando la Sociedad Americana de Psicología lo incluyó por vez primera como trastorno en la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.

Lavin Verdecia explica que, por lo general, la ludopatía se asocia de manera tradicional con los juegos de azar como las cartas, aunque los apostadores se vinculan a otras actividades también como las carreras de autos y las peleas entre animales. «No es común entonces que se asocie a otras áreas del juego como pueden ser los videojuegos, aunque ya existe cierta preocupación al respecto, en tanto se le considera una adicción emergente en el campo de las prácticas adictivas, a partir del auge y el incremento de la accesibilidad a las nuevas tecnologías.

«Querer estar todo el tiempo conectado a Internet para chatear o hacer cualquier otra cosa, no despegarse del teléfono móvil, la computadora, el televisor o cualquier otro aparato que permite el disfrute de un videojuego, son actitudes que alertan sobre posibles adicciones. Aunque es necesario el uso de las tecnologías en la sociedad, debe hacerse de ellas un uso razonable, con control y sanidad».

Agrega que con estas se potencian también actividades motivacionales y disfrutables como pueden ser los videojuegos, por lo que es necesario, sobre todo en niños y adolescentes, velar por su uso limitado y controlado para que no deje de ser un simple entretenimiento y no se convierta en el centro de su vida. Además, insiste en que en muchas ocasiones los padres prefieren que sus hijos jueguen en casa y que no estén en la calle fuera de su supervisión.

«Los muchachos que hacen del videojuego el centro de su vida disfrutan sentirse buenos en eso, ganar, imponerse retos, desarrollar sus habilidades, y su autoestima se eleva en la medida en la que se emocionan y disfrutan con cada uno de sus logros.

«Pierden el interés por realizar cualquier otra actividad y el funcionamiento sano de su vida se deteriora. Son muchachos que prefieren estar todo el tiempo frente a su computadora o televisor y su interrelación con los demás se debilita, no quieren hacer las tareas, rehúyen de la escuela, no se insertan en la dinámica familiar para comer juntos en la mesa, ver una película o salir una tarde.

«Estos individuos llegan a sufrir cuando no pueden jugar por tener que estudiar, salir con la familia o hacer determinadas actividades en la casa. No quieren perder el tiempo de jugar ni siquiera para bañarse, comer, arreglarse y dormir. El deterioro de sus hábitos de vida se comprueba fácilmente en el desorden de su tiempo de sueño», aclara Lavin Verdecia, quien comenta que al igual que sucede con otras adicciones, estos muchachos no toman en cuenta la importancia del descanso para su organismo.

«Es común que en la noche coincidan en el juego a través de la red con otros muchachos y el amanecer los sorprende inmersos en ese mundo, por lo que debido a un agotamiento físico y sicológico comprensible, duermen toda la mañana y se alejan del cumplimiento de actividades normales de su rutina como estudiantes y miembros de una familia», afirma.

Baja percepción de riesgo

Un sondeo realizado por este equipo de reporteros en La Habana y Artemisa con la participación de 35 padres y sus hijos, de entre siete y 18 años de edad, mostró la baja percepción de riesgo que tienen unos y otros en relación con el impacto negativo de los videojuegos en la vida de niños y adolescentes, si de ellos se hace una única opción de entretenimiento.

Gisela Montero, madre de un adolescente de 13 años, refirió que la compra de la computadora fue de las mejores ideas que ella y su esposo han tenido para el bienestar de su hijo. «En ella él hace todos los trabajos de la escuela, estudia los textos que le pasan sus profesores y compañeros de aula y cuando tiene una exposición, elabora unos Power Point muy dinámicos. También echa mano de unos videojuegos que copió en su memoria, pero cuando ya terminó con las tareas escolares, y eso me parece bien».

—¿Ha pensado que su hijo puede querer jugar todo el tiempo en la computadora?

—No creo que suceda, porque a él le interesa salir bien en las evaluaciones de la escuela, pero si en algún momento solo le interesa jugar, no creo que pase nada malo porque con todo lo que se haga en una computadora se puede aprender mucho.

Los padres de Álvaro, de nueve años, confesaron que están contentos cuando el niño juega con sus amigos en la computadora. «Antes quería salir a jugar en la calle todo el tiempo, pero desde que su hermano le trajo unos juegos de carros y de fútbol, los fines de semana dedica todo su tiempo a eso, y nos alegramos porque en la calle hay muchos peligros», comenta Álvaro Miguel, su padre.

Preguntarle a Mónica, de 12 años, si le gusta jugar en la computadora fue como apretarle un botón, con el que no paraba de hablar. «Tengo juegos de las Bratz, para vestirlas y peinarlas; juegos de cafeterías y restaurantes y algunos para construir casas y peluquerías. Me gusta jugar por las tardes, y siempre quiero llegar a otro nivel más avanzado para ver cómo lucirá todo. A veces me maquillo y me visto como en los juegos; me creo que estoy dentro».

La madre de Julio Alberto, de 17 años, sí reconoce que se le ha ido la mano a su hijo en el juego de la computadora. «Pasa las vacaciones enteras jugando ahí, como un robot, y apenas sale a jugar pelota como antes. Sé que está contento con eso y para mí es importante, pero a veces quisiera que tuviera novia y saliera con sus amigos, o que hablara más con su abuela y conmigo. La verdad es que a los muchachos de hoy les interesan más los equipos que cualquier otra cosa».

—¿Julio Alberto trabaja o estudia?

—Estudia para técnico de nivel medio, pero dice que no le gusta mucho. Estamos esperando que el tío le consiga trabajo en una fregadora de carros, aunque no sé si querrá, porque tendría que estar muchas horas allí y no podría ser campeón de no sé qué; eso que él juega todo el tiempo, según me dice».

No tiene nada de malo jugar en la computadora porque si no, no se inventaran tantos juegos para los muchachos, nos dice Estela Gutiérrez. «Me maravillo cuando veo que mi hijo con ocho años sabe andar en la máquina, y mueve el ratón y las teclas con agilidad. Es él quien me ayuda cuando quiero hacer algo en la computadora. Imagínate, estoy orgullosa».

El simple gusto por jugar videojuegos no tiene que conllevar a la ludopatía, pero los menores deben ser supervisados por los adultos.

Señales de alarma

La sintomatología de un paciente adicto a los videojuegos como los que han recibido tratamiento en el Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes por parte de Lavin Verdecia y su directora, la doctora Elizabeth Céspedes Lantigua, especialista de primer grado en Medicina General Integral y de primer grado en Siquiatría, se evidencia de manera particular en el aislamiento.

«Tomar agua, comer un pan, miccionar… son las necesidades básicas que pueden sacar del asiento al muchacho, y solo son capaces de relacionarse con otros que como él juegan los mismos juegos, pues es el único tema que les interesa. Por lo general son personas perezosas que tienden a la obesidad por el sedentarismo, aunque también podemos encontrarlos muy delgados, pues someten a su organismo a una inadecuada alimentación con tal de no separarse de la computadora o el televisor», explica Lavin Verdecia.

—¿Por qué y cómo llegan estos pacientes al centro? ¿Cómo es su tratamiento?

—A este Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes llegan los pacientes remitidos desde los centros comunitarios de Salud Mental, y es precisamente la familia la que visualiza el problema en un inicio, aunque en el caso de la adicción a los videojuegos no la identifique como una posible adicción.

«Con ellos al igual que con los que son remitidos en su condición de adictos a determinadas sustancias, establecemos un tratamiento terapéutico no basado en la prescripción de medicamentos. Mantenemos además las mismas modalidades de trabajo, en dependencia de las características del caso, sobre la base de un ingreso total, parcial o ambulatorio.

«El hecho de que no se contemple el descontrolado apego a los videojuegos como una adicción nos dificulta mucho el tratamiento, pues ni el muchacho ni la familia lo asumen como tal, y la resistencia de este es mayor. Es importante visualizar que estos pacientes sufren abstinencia como los adictos a las drogas, manifiestan los mismos síntomas y con intensidades similares. Son propensos a recaídas y más vulnerables a estas, pues el acceso a las tecnologías es mayor, es legal, y necesita el paciente mucho autocontrol».

Lavin Verdecia enfatiza en la necesidad de que la familia no sea tan permisiva en el «dejar hacer». «A nivel mundial el negocio de los videojuegos le conviene a muchos y se desarrollan campeonatos mundiales, incluso. La ola tecnológica llega a Cuba cada vez con más fuerza y los muchachos quieren sumergirse en ella. Por ello la familia debe velar por el control en frecuencia y horarios del consumo de videojuegos de sus niños y adolescentes.

«Como toda adicción, la ludopatía es crónica, progresiva y mortal, porque lleva al individuo a estados sicológicos y físicos que lo destruyen como ser humano, desentendido de todo aquello que se salga del mundo de su juego. Cuando la persona juega por dinero puede incurrir, incluso, en la comisión de delitos con tal de obtener lo que necesita para seguir jugando, y aunque el adicto al videojuego no llegue a ese punto, sí se autodestruye en la medida en la que su vida está al servicio total de un mundo virtual».

Juego sano y con control

El juego se define como una actividad libre de cualquier persona, socialmente condicionada, desprovista de interés material, abierta a la heterogeneidad de interrelaciones. Es campo de alegrías, de reafirmación de conocimientos y de obtención de otros nuevos, que está íntimamente ligado al desarrollo integral de la personalidad.

Keyla Estévez García, investigadora del Centro de Estudios sobre Juventud, apunta que a pesar de que se reconoce esa significación del juego desde el punto de vista educativo, terapéutico, recreativo y como elemento de socialización y de transmisión y apropiación de cultura, costumbres y tradiciones, se vulnera con frecuencia este derecho de los niños, ya que para la mayoría de las personas es algo secundario y sin importancia, lo que hace que quede relegado a segundas y terceras posiciones.

«El derecho al juego crea un estímulo para el desarrollo afectivo, físico, intelectual y social de la niñez y la adolescencia, además de ser un factor de equilibrio y autorrealización. Si los niños y niñas pudieran crecer en la alegría del juego devendrían adultos con mayor salud física y mental y la actitud lúdica les acompañaría siempre. Resulta una valiosa herramienta para generar una sociedad mejor, fomentando la comunicación entre las personas, profundizando en las relaciones de los individuos de una comunidad y reconciliando posturas antagónicas».

La también Presidenta de la Sección Juego y Sociedad, de la Asociación de Pedagogos de Cuba, refiere que el juego influye además en el desarrollo de la inteligencia emocional, en la capacidad de controlar las emociones, de motivarse uno mismo, en el reconocimiento de las emociones ajenas y en el control de las relaciones.

«Mediante el juego los educadores proporcionan los medios y actúan para favorecer el desarrollo del niño, y al mismo tiempo generan diversos sentimientos de afecto, amistad, compañerismo y ternura que, en general, contribuyen a una mayor sensibilidad hacia los otros y los facultan para otra serie de actividades, como la observación y comprensión de estímulos, lo que crea en ellos independencia y autonomía».

—Estudios realizados desde los años 90 destacaron los efectos negativos de los videojuegos, sobre todo en el comportamiento violento… Otros más recientes arrojan que estos tienen también efectos beneficiosos para nuestro organismo. ¿Frenamos o estimulamos los videojuegos?

—La sociedad actual está enmarcada en una época de transformaciones y en un período de adaptación a las nuevas tecnologías. Internet, móviles y videojuegos ocupan un espacio importante en el proceso de socialización, influyendo en comportamientos y actitudes.

«Hoy los juegos varían, pues los juegos tradicionales en calles y plazuelas con niños reunidos en grupos están siendo desplazados y afectados por los modernos juegos de vídeo, Internet y la televisión. Es por ello que los padres y la sociedad deben priorizar espacios y mejores condiciones para el juego de los niños, sin olvidar que el mejor escenario para jugar es el hogar mismo.

«Lo ideal es alcanzar un equilibrio entre sus prácticas y el desarrollo de otras actividades o dentro de la propia actividad de juego. Investigaciones muy recientes en nuestro país revelan que a través de los videojuegos se establecen patrones de camaradería, socialización, respeto a los compañeros e interacciones de aprendizajes. Sin embargo, es necesario supervisar esta práctica.

«El simple gusto por jugar no tiene que conllevar a la ludopatía o el juego patológico. Los más propensos a esto son los que presentan mucho gusto por jugar un tipo de juego muy específico y no alternan con otras actividades típicas de la edad. Los niños cuyos padres prefieren tenerlos frente a la computadora o el televisor para evitar que salgan a la calle o se reúnan con otros son los que se encuentran en una situación más vulnerable».

Según Estévez García, la vida moderna cada vez nos aleja más de los momentos de disfrute que podemos pasar jugando. «El ritmo de trabajo de los padres, la dedicación hacia actividades escolares o aquellos videojuegos que son considerados muchas veces por los alumnos como “más productivos”, hacen que se dificulte el espontáneo desarrollo de la actividad lúdica en la infancia. Un niño que juega es un niño que ama la vida, que entiende y tolera situaciones difíciles, que ama a quienes les rodean. Es un niño que sonríe y es feliz porque goza de un derecho».

¿Videojuegos cubanos?

Cuba también ha fomentado el desarrollo de videojuegos. Y no con contenidos vacíos sino que se puede apreciar mucho software cargado de fines educativos, aunque todavía la existencia de una industria en el país para estos propósitos es una quimera. Para los especialistas es esencial que prevalezca el concepto del videojuego como industria y arte para la comercialización y entretenimiento, pero no pierden de vista que son, además, vía para inculcar valores.

El camino recorrido no hubiese sido posible, desde sus comienzos en 2009, sin instituciones como los Joven Club de Computación, la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), los Estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y otras, las cuales siguen sorteando enormes retos. Tampoco sin el personal calificado comprometido con este tipo de proyecto, aun cuando no existen muchos especialistas. En ello coincidieron expertos participantes en la Mesa RedondaLa producción de videojuegos en Cuba, el pasado 28 de junio.

Bojeo a Cuba, Energía para aprender, Rápido y curioso o La Familia son algunos de los ejemplos más destacados en los inicios de este mundo de los videojuegos en el país. A estos les siguieron otros como Pinta conmigo, La gata Mimi, Gesta final, Comando Pintura, Los Bumbots, El capitán Plin, Fernanda, Beisbolito, Sagua, la aldea embrujada,Chivichana, Cuatro rollos y una película, Especies invasoras y Aventuras en la manigua.

Estos videojuegos —algunos destinados a las computadoras y otros a sistemas operativos Android— obedecen a las categorías de juegos de aventuras, disparo, inteligencia, habilidad y para red… Mediante la interactividad, todos tienen el fin de estimular la curiosidad y motivación por el aprendizaje y la inteligencia. Los centros cubanos nunca harían un videojuego de acción, sangre o muerte, sino uno que deje una enseñanza y que sea a la vez entretenido.

Según los especialistas, aunque es un hecho que los videojuegos pueden causar adicción, entre otros males, si se les utiliza de forma adecuada sus beneficios son altos, pues se han convertido en un vehículo de comunicación efectivo hacia niños y jóvenes. Por ello es importante crear una cultura del videojuego, especialmente entre los adultos, para que sean capaces de discernir si los niños, adolescentes y jóvenes consumen productos adecuados, pues muchos de quienes disfrutan de videojuegos lo hacen sin una guía de los padres, y consumen cualquier título, aunque no sea apto para su edad.

Y es que como alertó Roberto Elías, arquitecto del Grupo de videojuegos de la UCI, todo tiene un límite y cada videojuego tiene una clasificación y un público meta. «No debe un niño de ocho años jugar un juego que está diseñado para mayores de 18, por ejemplo, y la frecuencia del juego y el tiempo que dedique a él tampoco puede ignorarse. Si son beneficiosos o no los videojuegos, eso depende del uso razonable que de ellos se haga como productos de entretenimiento interactivo que son».

Fuente: Juventud Rebelde.