Mes: enero 2016

Jorgito y los temblores #Cuba

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Jorgito muestra orgulloso su manilla.  Tiene su nombre, su número de identidad y el teléfono de contacto de su madre. “Me la puso la seño” –me dice entre sonrisas, con toda la ingenuidad de sus cuatro años.

“Es por los temblores –me aclara su mamá–, por si viene el grande. Todos los niños del círculo tienen que ponerse una y hasta en las escuelas primarias están haciendo lo mismo”.

En contraste con el de su hijo, el rostro de la madre luce ojeroso, desencajado. “Apenas he podido dormir. Las primeras noches nos fuimos para el parque Céspedes, y ahora en la casa me la paso vigilando al niño”.

Jorgito corre despreocupado en la entrada del círculo infantil. Saluda a sus maestras con picardía y juega con los niños que van llegando. No son muchos.

Foto: José Roberto Loo Vázquez
Foto: José Roberto Loo Vázquez

“Así mismo estaba en el parque las otras noches –me dice su madre. Los mayores con el corazón en la boca y él, como si nada. Bendita la infancia…”

Le pregunto por qué lo sigue trayendo al círculo. A fin de cuentas, ante la actual situación sismológica muchos santiagueros han optado por mantener a sus hijos en las casas o llevarlos consigo a sus centros de trabajo. Las propias autoridades de la provincia le han dado esta potestad a los padres, aun cuando las clases no se han suspendido oficialmente.

“No es una decisión fácil, pero no tengo con quien dejarlo. Mis padres están enfermos y no quiero sobrecargarlos, y en mi trabajo no podría atenderlo bien. Ese niño es un reguilete… Además, en el círculo está más seguro. Primero se cae mi casa que este lugar…”

No ha temblado en Santiago en las últimas 48 horas. Quizás la amenaza ya pasó. Pero nadie se atreve aún a bajar la guardia, un terremoto de grandes magnitudes es la desdicha más impredecible.

Por eso quizás la cara de la madre de Jorgito es pura zozobra. Desde la entrada sigue atenta los pasos de su hijo, que ahora va de la mano de una de las maestras. Apenas respira, hasta que su hijo traspasa el umbral del salón junto a unos pocos compañeritos. Mira su reloj con un gesto nervioso, apurado.

“Qué va, yo no puedo con esto–me dice como despedida. Hoy vengo a buscarlo más temprano. Ojalá y las guaguas no estén muy malas…”

Foto: José Roberto Loo Vázquez
Foto: José Roberto Loo Vázquez

 

Foto: José Roberto Loo Vázquez
A los niños en Santiago de Cuba se les han colocado manillas como precaución ante un posible terremoto. Foto: José Roberto Loo Vázquez.

Fuente: OnCuba.

La Revolución se hizo para evitar casos así! #Cuba @lajovencuba

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Familias colaterales

3 Hijo y nieta de Vlady y DianePor: Harold Cárdenas Lema

Hay historias que ponen a prueba todo lo que hemos construido en el último medio siglo, esta es una de ellas. Vladimir Rafuls es un mecánico de 43 años que vive en una zona rural con su familia y está a punto de perderlo todo. El terreno que le otorgó el Estado hace dos décadas está siendo impugnado en una lucha entre instituciones y la soga acaba de romperse por el lado más flojo. Vladimir no sabe explicar a los niños en casa qué es un daño colateral y por qué unos funcionarios le dieron ultimátum de desalojo. El hombre no sabe qué hacer, la única opción es la guardarraya y si algo han aprendido los pequeños en la escuela, es que la Revolución se hizo para evitar casos así.

En 1996 el presidente del Consejo Popular Guanabo orienta a varios inspectores de vivienda que marquen con estacas un pequeño terreno rural en Peñas Altas, a las afueras de La Habana. Le han otorgado el lugar a Vladimir y su incipiente familia, estos son tan humildes que pasarán dos décadas sin terminar de construir su casa. Aunque no imagina los caminos de la burocracia, paga puntualmente el terreno al banco y en 2001 recibe la Escritura Notarial que lo hace dueño del lugar. Sin razones para preocuparse por el documento de propiedad, ese será el hogar de hijos y nietos, hasta hoy.

Una casa sin terminar después de 20 años
Una casa sin terminar después de 20 años

Un día de octubre 2015 está trabajando en su garaje cuando llega una docena de policías e inspectores a su puerta. Le piden los documentos legales de la casa, los recibos de electricidad, licencia de cuentapropista y le inspeccionan totalmente el taller. Irónico que en un país donde cuesta tanto armar un equipo multidisciplinario para temas necesarios, se conformen fácilmente para tareas así. Desde entonces comienzan a llegar las visitas con frecuencia, a menudo dos en un día, en busca de irregularidades que les permita multar. El expediente en su contra va tomando forma sin que el hombre sepa responderle al niño cuando este le pregunta si les van a quitar la casa.

Un día le dicen que el muro que ha construido para defenderse en un lugar tan desolado, es demasiado alto y no permite mirar hacia dentro. El hombre rebajó el muro, como no se hace con los de Siboney, Cubanacán y otros barrios insignes a donde no llegan los inspectores, donde no hay familias colaterales. El caso es tan injusto que después de presentarle la demanda oficial de Fiscalía, uno de los inspectores le aconseja en confidencia que busque un abogado inmediatamente. Vladimir no es hombre de entregarse a la contrarrevolución para resolver su problema, ni de sobornar un funcionario, apela a la justicia pero con frecuencia esta también se equivoca.

4 La guardarraya...
La guardarraya

Esta situación forma parte de la campaña del momento: la lucha contra las indisciplinas sociales e ilegalidades. Algo necesario que debiera ser cotidiano y no campaña fugaz pero que en manos de funcionarios entusiastas por mostrar su carácter, termina en extremos. No es la primera vez que algo coyuntural se nos escapa de las manos. De igual forma se pudiera prestar más atención a la lucha contra los nuevos ricos y la corrupción, en vez de los ciudadanos más humildes sin capacidad de defensa. Cuba carece de un Tribunal de Garantías Constitucionales, la función de defender a los individuos recae en la Fiscalía, la misma institución que los acusa.

Construcción de edificios biplantas a 80 mts de casa Vladimir
Construcción de edificios a 80 mts de la casa

Podríamos suponer que esta medida drástica ocurra porque existe un interés en la zona que hasta el momento no es evidente. Lo que legisla la Constitución es que se les otorgue un hogar en otra parte si fuera que hay interés en despoblar el lugar, pero parece que no es así. Mientras Vladimir tiene fecha de desalojo, a unos metros de su casa se construye un edificio de 61 apartamentos para personal militar, contrastes así tienen más peso que cualquier acción contrarrevolucionaria.

Si en un inicio los querían desalojar bajo el supuesto de que estaban ilegales, al presentar la documentación los fiscales cambiaron de estrategia e impugnaron la Resolución 565 del 2000 en la Dirección Municipal de Vivienda, inhabilitando entonces la escritura de la casa. Los métodos de la burocracia son inescrutables, puede llegar a contradecirse ella misma con tal de salirse con la suya. Es un caso clásico de pugna entre instituciones donde el daño colateral lo pone el individuo desprotegido.

1 Vladimir Rafuls
Vladimir Rafuls, diciembre de 2015

Había escuchado esta historia dolorosa pero hoy conozco al protagonista. Vladimir está frente a mí, mientras habla no puedo evitar notar sus manos temblorosas y la voz que se quiebra en ocasiones. En el desenlace de su caso se juega la credibilidad de las instituciones cubanas, el futuro de una familia con tres generaciones y dos niños. La campaña actual es válida pero es solo una herramienta para hacer de este un país mejor, no se puede perder de vista el objetivo, que es la gente. Si no hay indisciplina mayor que la injusticia, sería imperdonable que los Rafuls se conviertan en una familia colateral.

 

Tomado del Blog La Joven Cuba

“Ya se lo digo yo, Mr. Chains, que este país, bien robao es una tacita de oro…” Valeriano Weyler #Cuba

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Otro tumbe más con el cuento del cambio… y seguimos sumando.


“Ya se lo digo yo, Mr. Chains, que este país, bien robao es una tacita de oro…”

Valeriano Weyler

Ante todo felicidades y éxitos en este nuevo año (hasta para Matraka).

Contarles que pensaba no escribir más: estoy cansado de arar en el mar; pero es que suceden cada cosas en esta bendita ínsula que tengo que volver una y otra vez. Este es mi pequeño pedazo de libertad y quiero refugiarme en él aunque a veces me agobie.

Bien, sin más muela:

Hoy fui a comprar un cartón de huevos en Águila y Estrella (por si a alguien por ahí le interesan los nombres y apellidos). Tras una breve cola me atendió una muchacha a la que le entregué cuatro billetes de a diez y la cual, tras despacharme, me devolvió uno de a cinco.

– Mi amor – le pregunté con suavidad – ¿acaso no te faltan dos pesos de vuelto?

– Por eso te di un huevo de más, es que no tengo cambio – me respondió con una seguridad que no admitía réplica.

Mentalmente saqué la cuenta y conclusioné enseguida que en tan dudosa operación de trueque la muy pilla se había embolsillado 90 centavos y que con cien sanacos más a los que aplicara tan sencilla estafa se llevaría para su casa 90 cañitas de fly al catcher.

Nada, que no por gusto somos una potencia mundial de la lucha.

Si esto sigue así tendré que dedicarme a vender huevos… o a manejar guaguas (que ellos tampoco dan vuelto).

!Ay, Cuba, Cuba, que vida me estás dando!

 

Tomado del Blog El Colimador.