¿Juguetes o rascacielos?

Posted on

Imagen tomada de Internet
Imagen tomada de Internet

—¡Mi madre! ¡Qué cosa es esto!—, reaccionó el hombre al estrellarse contra el precio de la muñeca que pretendía comprarle a su hija por el Día de Reyes. Tomó el rosado estuche, lo miró, dio unos pasos en la tienda, antes de regresarlo a una montaña de cajitas que burlaban el bolsillo de los curiosos.

La escena retorna cada año sin reparar en la fantasía propia de la fecha, ese instante en que el niño descubre el regalo en algún recóndito lugar de la casa. Actúa el mercado, ajeno a los distintos niveles de adquisición en la sociedad cubana, como si el derecho a obsequiar, a disfrutar de la sonrisa del pequeño mientras “desarma” el juguete, resultara privativo de unos pocos. No tiene sentido la dolorosa impotencia de un padre ante un simple peluche.

Quienes lo consiguen, muchas veces aplazan la satisfacción de necesidades, tal vez más importantes. Otros desisten de la idea, desmontan la magia del trineo, los reyes y el regalo traído en la madrugada para afrontar su condición. Es triste, peligroso, que asumamos esa circunstancia como irremediable, natural.

Una simple mirada a los estantes o vitrinas de las tiendas recaudadoras de divisa en Cienfuegos, deja en shock a cualquier economía hogareña. Les cuento:

– Estuche con Barbie y utensilios de cocina: 17,60 CUC (440 CUP)

– Estuche de herramientas: 7,40 CUC (185 CUP)

– Muñeca (¡una sola muñeca!): 7,30 CUC (182,50 CUP)

– Osito peluche color azul: 5,85 CUC (146,25 CUP)

Tampoco la calidad marca la diferencia. Conozco el caso de una amiga que gastó 3 CUC (75 CUP) en un estuche con tres robots. Ella esperaba algo especial, pero los muñecos apenas movían los brazos, ni siquiera podían mantenerse de pie. Similar estafa soportó también mi hermana. Compró una Barbie a 2 CUC (50 CUP) casi sin pelos en la cabeza. Le dijeron que era zombie.

Lo peor es la falta de opciones. Si hace poco la red de mercados industriales garantizaba la venta de muñecas, carritos y pelotas de goma —a propósito de la habitual celebración—, hoy carecen de ofertas para el sector infantil. Pareciera que a nadie le importa complacer a un grupo etario, potencialmente consumidor.

Quizás en un plazo no tan largo, bien pudiera el país promover inversiones que favorezcan la construcción de fábricas dedicadas al universo lúdico, o al menos, propiciar el emprendimiento o gestión privada en esta rama. No solo sería rentable, cubriría un vacío significativo en el mercado nacional, sumiso —incluso en el sentido ideológico— a cuanto se produce afuera.

De perpetuar lo inasequible, no habrá otra salida que el absurdo desaliento de los padres antes los caros juguetes, como si fueran a comprar un rascacielos para obsequiarlo en el Día de Reyes.

Fuente: 5 de Septiembre.

Un comentario sobre “¿Juguetes o rascacielos?

    Agp89 escribió:
    enero 6, 2017 en 8:02 pm

    Realidad que asesina la ilusión. Es triste y sin solución aparente… si al menos subieran un poco los salarios en Cuba otro gallo cantaría pero ni eso ni opciones alternativas para comprar juguetes a mejores precios.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s