Viñales

Penitencia sin castigo

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Blogosfera CubaPor Adriel Bosch Cascaret

Fotos: Kako y A.B.C.

Ya ni sé a quién se le ocurrió la idea, pero aquella madrugada en ese momento supo a un castigo tan grande como el propio nombre del lugar al que íbamos una valerosa fracción de la guerrilla de blogueros: el Valle de la Penitencia.

Por sí solas las horas precedentes bastaban para agotar a cualquiera: el recorrido por lugares de interés en Viñales, la segunda visita al vecino Mural de la Prehistoria, el cumpleaños colectivo con el bailoteo que le acompañó como preparación para enfrentarse a la helada agua de la ducha, la tardía y larga reunión nocturna que no encontró punto final a buen término, y los matadores tragos de vino y ron que cayeron con fuerzas sobre la sobriedad de los jugadores madrugadores del Yo nunca he.

Luego vino la partida, adelantada dolorosamente por el cambio de horario que nos hizo sumar una hora más a la espera. La frialdad que inundaba el ambiente obligó a sacar abrigos, sábanas y todo lo que ayudara a encerrar el calor del cuerpo.

Blogosfera CubaSalimos. Dos Hermanas afuera el color de la noche aprovechaba la descortesía de la luna, que se negó a acompañarnos, y hacía más difícil el desconocido camino, algo que fue creciendo hasta que el resplandor de las luminarias del campismo quedaron tras los matorrales y ocultos sembradíos.

Nuestra única guía: el apelativo a la memoria de unos pocos que ya habían superado a plena luz del día el casi kilómetro que nos separaba de nuestra meta.

Avanzábamos y la humedad de la yerbas se iban apoderando de los zapatos, de los pies, las piernas y de todo el cuerpo. Alguna que otra piedra trataba de minar el trayecto y la obligación al silencio se imponía ante la cercanía de las casas que de forma aislada salían al paso.

Ibamos entreabrazados en dúos o tríos tratando de así asegurar aguante en caso de caída y sobre todo reuniendo el calor humano para tratar de profanar el congelante ambiente.

El cruce de un trillo de agua que atravesaba el camino, y la silueta de una pequeña laguna que se extendía a la izquierda, trajeron a la memoria de los ya conocedores que menos de 100 metros nos separaba de la meta.

“Recuerden que el señor de la casa afirmó que podíamos venir si no hacíamos bulla”, dijo una de las chicas,Blogosfera Cuba para luego otra agregar que mejor nos quedábamos en la misma posición donde estábamos hasta que el alba fuera abriendo paso en el cielo.

En espera, Kako, el fotógrafo del grupo, puso su lente a obturar compasadamente tratando de en medio de la oscuridad, poder captar el fino hilo de agua que cortaba en dos el sendero. El ladrido de los perros lugareños alterados por la presencia de extraños, y el “kikiriquiante” cantar de los gallos, eran los únicos sonidos que se atrevían a romper sin miedos la calma.

Pasado un rato, cuando el frío y la demora iban haciendo mella en las voluntades, una disimulada claridad fue dando tintes menos lúgubres a la densa negritud del cielo.

Decidimos movernos y velar el amanecer desde nuestro destino final. Avanzamos varios metros y comenzamos a subir por una débil y corta elevación en cuya cúspide se alzaba cual corona un modesto bohío, de esos de ahora que sustituyeron la madera por la mampostería y el techo de guano por la tejas.

Allí estábamos ya, en el improvisado mirador del Valle de la Penitencia, puro monte de yerbas con privilegiada posición sobre la irregular planicie que desde sus pies se desparrama buscando, menos el Norte, cada uno de los puntos cardinales.

Blogosfera CubaYa el día iba dando serios síntomas de presencia. Poco a poco habían ido tomando su lugar en el paisaje los mogotes, las palmas, las casitas regadas con sus paneles solares de necesario adorno sobre sus cabezas, y las montañas que cerraban el horizonte como telones naturales de fondo. Hasta el campismo dejaba de ser un lejano anuncio lumínico de civilización y comenzaba a mostrar sus edificaciones.

La espesa niebla que lo envolvía todo, de pronto decidió buscar altura, y fue dejando bajo ella una helada sensación que hacía caer pequeñas gotas de rocío de los techos y calaba hasta los huesos. Los perros seguían con su desafinado concierto, pero ya no era por nosotros, era por el tanto frío.

Dos de las guerrilleras, desesperadas por el azote del clima y las huellas del tanto hacer, decidieron regresar antes de tiempo bajo la pena de saber derramadas tantas horas sin lograr el ansiado final feliz.

Un regaño del dueño del bohío había apagado los murmullos humanos del piquete, y solo se sentía los sonidos naturales más el eco lejano de algún radio. La cámara de Kako ya estaba en posición esperando detener el panorama en el momento justo en que el amanecer irrumpiera sobre aquel subvalle, fragmento de la anatomía del de Viñales, y que debía el nombre de Penitencia a los tantos castigos que durante la neocolonia la Guardia Rural imponía allí a los campesinos y revolucionarios de la zona.

Se dieron las señas y comenzó la movilización. Todos corrimos a ocupar nuestro puesto dentro del campo escénico del lente de la cámara. Todos bien juntos como buenos amigos, cansados pero felices de agregar otra imagen de excelencia a los albunes de vida.

“Y ya va” –gritó el fotógrafo mientras buscaba su lugar, y se congeló el instante.

Hoy, cuando las dificultades de aquella excursión quedan en el recuerdo y solo quedan las fotos como recuento de una grata aventura, aquella penitencia ya no me sabe tanto a castigo.Blogosfera Cuba

Fuente: Desde este lado de la Isla.

Viñales, punto de partida II

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Dos Hermanas, un campismo que me tragaba entre sus mogotes. Mi cabaña, la 11. Mis cabañeros: el archiconocido Arnaldo, István y Yairis. La catalogaría como la mejor cabaña, la de la fiesta, la de la bulla, la del ruido, la de compartir tequila, vodka con naranja, ron, vino y de cuanta bebida alcohólica dispusiéramos; en conclusión, la de la gozadora. No sé porque, pero todos los que entraban a ella, se quedaban.


A la llegada todos teníamos un hambre atroz. Todos fuimos de cabeza para la cafetería. Y esa frase de que los últimos serán los primeros o los mejores, es puro cuento. Los últimos se quedaron sin comer porque el pan escaseaba, y sin pan la cosa no camina.

Sacamos las cuentas de la comida, buscamos la ropa de cama, nos aclimatamos. Luego en la cabaña “caliente”. Camilo abrió la super botella de tequila, La Leyenda del Milagro y de mano en mano, de boca en boca, nos la fuimos bebiendo, semejante a la pipa de la amistad.

Por la noche, como todas las noches que le sucedieron, la pista de baile se llenó, y aunque el animador fantasma se iba y dejaba la música puesta, y aunque la música fuera pésima y el repertorio fuera el mismo siempre, nos divertimos cantidad.

Yairis y yo ese día nos acostamos temprano.Y a la mañana siguiente. 
-Pero ustedes, no sintieron nada. 
-No, nada, qué pasó. 
-Na, na, na, eso es mentira.
-Que no escuchamos nada.  
-Pero si el televisor lo encendimos. Lo alzamos a todo el volumen.Cantamos casi al reventar: ¡Felicidades (…) en tu día, que la pases con…”Bahhhh, Bahhhhhh, les gritaba Claudio. Bahhhhh, Bahhhhhh, gritabamos todos”. 
-Pues, no los escuchamos.

Aún no sé si nos creyeron. La duda quedó sembrada. Y a la verdad que tuvimos un sueño profundo, profundo.…………

Al despertar, un mural refrescaba mis ojos con su encanto. De Viñales nunca olvidaré su escalada y la cara de Arnaldo, con su vértigo andante y su cara de resaca, siempre con gafas para intentar ocultarla, al no poder subir. Y esa vista desde la cima, en la que se apreciaba el valle en su plenitud. Tampoco la sección de fotos que nos hicimos saltando en el aire, formando un círculo acostados sobre la fina hierba.
En donde sacamos los niños que llevamos dentro y lo echamos a volar. Y es que esa sensación de libertad, de sentirte liberada, relajada, sin preocupaciones, es la mejor receta para cuando uno está cargado y agobiado. Y yo la experimenté en Pinar.

Me impresionó la Casa Taller, del proyecto comunitario Raíces. Sorprendente por la cantidad de figuras talladas en madera por un hombre que comenzó a tallarlas a partir de la revelación de un sueño y ahora lo ha convertido en realidad, haciendo de su casa, un lugar mágico y singular.
El memorial de los Malagones, también me impactó. Me dio la impresión de ser un templo sagrado. Qué decir del historiador de Viñales, de sus leyendas sobre los Acuáticos, del profundo conocimiento que tiene de cada detalle, de cada historia que lo rodea y de la Cueva del Indio, de los niños con Síndrome de Down, que nos presentaron su música y su baile, de la alegría dibujada en sus rostros.
…………

Otra de las cosas que nunca olvidaré es cuando a Itsván se le perdió la llave de la cabaña. Mayra, Yairis y yo fuimos a hablar con el administrador y resulta que la llave no tenía copia, solo unas pocas la tenían. No sabíamos qué hacer, la solución fue con un destornillador sacar cada persianita sin forcejearla y sin romperla y entrar de esa manera. Parecía que estábamos en un iglú. Le llamábamos nuestro iglú o nuestra casita de perros. Le tendimos una sábana y los que nos visitaban se tenían que agachar. Pensábamos dormir así y mudar nuestras pertenencias para el lado, en la cabaña de nuestros vecinos, la segunda mejor cabaña después de la nuestra, por el cafecito, jeje.

Tocaron a nuestro iglú. Agáchate, le gritamos. De pronto abrieron la puerta. Era Aracelys con la llave, que la tenía su novio. Nunca supimos cómo llego ahí, pero nos sirvió para hermanar nuestros lazos y darnos un tiempo de abrazos.

Tampoco olvidaré la solidaridad de Ulloa, al ayudar a István a arreglar la puerta. Ni el hombro del Jhony cuando no los ofreció a Yairis y a mí para que durmiéramos en el camión durante el viaje de regreso.

Y ni hablar de la última noche, en la que estuvimos discutiendo hasta pasada las doce de la noche y no llegamos a ningún o casi ningún acuerdo. Hecho este que reafirma la heterogeneidad de Blogosfera Cuba y que nos impone el reto de buscar más la unidad dentro de la diversidad.

Viñales me sirvió de mucho. Me ayudó a conocer a muy buenas personas. A sentirme como hacía tiempo no lo hacía, a ser simplemente yo, otra vez. Y sobre todas las cosas, a ser un poquito mejor bloguera. Creo que mi blog ya no será el mismo después de Viñales. Viñales fue solo el punto de partida.

 

Fuente: La cachaza del otoño.

Viñales, punto de partida

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Mira que le he dado vueltas a la idea de cómo empezar este post. Dice el profe Luis Sexto que los inicios siempre son los más difíciles, yo creía que no, que eran los finales, pero ahora no sé qué decir o quizás sea todo lo contrario que tengo mucho que decir, lo que no sé es por donde empezar. 


Matanzas- La Habana
De 3:30 p.m. a 4:00 p.m. acordamos vernos en el viaducto de Matanzas. El destino: el valle Viñales con escala en La Habana. Al llegar, ya Yairis y Arnaldo hacía rato estaban allí. Con mochila y bolsos al hombro nos trasladamos hacía el paseo Martí porque ninguna “botella”, como le llamamos al transporte que nos lleva por 20 pesos hasta la capital, ya sea un carro estatal o una guagua, no nos paraba.
En la nueva ubicación estuvimos horas. Hasta que al fin, nos montamos en una de esas guaguas como caídas del cielo, con aire acondicionado y todo. La única que cogió asiento fue Yairis, Arnaldo de pie y yo sentada al fondo, en el piso.
De noche invadimos La Habana. Llamamos a Camilo y él nos dijo que fuéramos para su casa, que nos tenía preparada comida, pero el hambre que llevábamos no nos dejó evitar comernos unas deliciosas galleticas de chocolate que Yairis compartió en un banco del Parque Central.
Luego nos dirigimos al Parque de la Fraternidad a coger un taxi hasta Guanabacoa. Un hombre que hacía de intermediario para conseguirle pasajeros al chofer nos preguntó:
-¿Para dónde van?
-Para Guanabacoa -respondimos los tres a coro-.
-Pero, para que parte de Guanabacoa -insiste-.
-Pues, ummmm, no sabemos y nos miramos las caras.
Espera, espera, y saca Arnaldo un papelito. Aquí dice, por la termoeléctrica…., doblar a la izquierda, coger por un trillito…
-Y eso es una dirección o una carta, se ríe el hombre…
-¿Cuánto nos cuesta?
-Cinco pesos
-No, que va asere, mira que nosotros no somos de aquí, y mañana nos vamos para Pinar del Río y no tenemos tanto dinero.
-Bueno, cuatro, menos no puede ser.
-Está bien, cuatro entonces.


Qué dolor nos dio, pero a esa hora, no nos quedó de otra. Por suerte el chofer conocía la zona y nos dejó en la puerta de la casa de Camilo. Camilo no solo nos ofreció un techo y su propia cama para dormir, sino que tanto él como su familia, especialmente su mamá, nos llenó de atenciones, y esa hospitalidad, se ve bien poco en estos tiempos modernos y se agradece.


La Habana-Pinar-Viñales
Sentí un ruido bien temprano. Afuera oscurecía todavía. Era Camilo haciendo batido para el desayuno, y al despertarnos ya estaba servido a la mesa. Así es Camilo de especial con sus amigos, y no amigos. Yo odio levantarme temprano, pero el lugar adonde me dirigía valdría la pena hasta que dejar de dormir una noche entera, si fuese necesario.
Una nuevo día y un largo viaje nos esperaba. El desandar montes y ciudades, con espíritu guerrillero, se tornaba una opción apetecible.
De Guanabacoa un camión de cinco pesos, otra guagua y otra hasta 100 y Boyeros. No veíamos a nadie, me asusté un poco. Pero al frente se encontraba parte del grupazo que se internaría en los mogotes pinareños.
Otro camión hasta Pinar. El sueño, el cansancio y la gripe que se gestaba en mi interior casi me vencían, pero por suerte duermo casi en cualquier lugar, tengo un sueño de plomo y ya había tomado cogrip. En el camión se sentía el furor, la alegría de quienes hacía tiempo no se veían. Había caras conocidas de la facu, del face, pero allí todos me eran familiares, hablábamos el mismo código, no existían distancias.
Unos leían, otros no paraban de reír, otros no paraban de conversar, muy normal dentro del gremio periodístico, extraño sería que no hablaran. El camino se tornaba agradable, el gris de la ciudad y sus matices se sustituían por el verde, verde de los campos, de las vegas de tabaco.
Por un momento intenté leer, pero los saltos del camión, me lo impedían.
Era un jueves, pero en Pinar parecía domingo, las calles se encontraban casi semidesiertas. Caminamos hasta el estadio y allí nos esperaban los blogueros de la provincia y nos esperaba OTRA GUAGUA…
De la ciudad de Pinar a Viñales, era como adentrarse en otro universo, la naturaleza, el clima, las casas… eran diferentes. Y por fin, después de este largo viaje, arribamos al campismo Dos Hermanas. Y con nosotros la lluvia, y con ella muchas historias que no caben en este post.

 

Fuente: La cachaza del otoño.

Cubriendo distancias

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Al parecer, cubrir la distancia entre Guáimaro y Viñales, con todas las madrugadas, etcéteras buenos y etcéteras diferentes que eso implica -los etcéteras no los detallo porque ya otros se encargan de esos chismes- me enfermó ligeramente, de lo cual ya estoy recuperado.

La primera opinión especializada diagnosticó una hiperyurimariagretelgricellosis múltiple, provocada por el exceso y luego la falta total de algunas sustanciosas proteínas indispensables para que el cuerpo, pero sobre todo el alma, sigan Adelante.

La situación se complicó aún más cuando me confirmaron una Disamia, que es algo parecido a la anemia pero provocada por la falta de arroz con pollo de Guanabacoa. Por supuesto no se cura si te mandan el pollo, tienes que comértelo allá, donde no se puede meter La Habana.

Por suerte hay cura. Me recetaron una pelusitaria, que no es tener parásito, sino ser el parásito de mi pelusita. En este caso ella debe tomarme cuatro veces al día, no importa el orden ¿No suena mal, verdad?  Por eso continúo el tratamiento.

Ustedes no tengan miedo a los males menores que implica reunirse cerca o lejos.  Bien la pasamos allá, donde Cuba nació como isla. Así que nos vemos acá, donde Cuba nació como República.

 

Fuente: Gelen por Cuba.

Otra vez, un camión

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La guerrillaPor Rodolfo Romero Reyes

Los camiones siempre rugirán de la misma manera. El mismo olor, los mismos hierros, y los mismos baches que llenan las carreteras. Subí entre abrazos y besos de amigas y amigos. El destino era Viñales. Aunque los más cercanos no me crean, al principio, iba en silencio.

Decidí observar mientras recordaba mi primer viaje. 17 horas en un camión de La Habana a Santiago. 200 pesos nos costó a Camilo y a mí los seis aguaceros y la helada madrugada santiaguera que nos dio la bienvenida. Aquella era nuestra primera guerrilla. Hoy contamos 5 y una boda que casi lo fue, en apenas dos años nos estamos poniendo viejos.

Si no fuera tan impulsivo debería de vez en cuando, callarme y observar. Algunos iban de puesto en puesto conversando, otros se salían de sus piquetes habituales para intercambiar con los de provincias distantes, los amigos del pelotón suicida conversaban entre ellos y algunos veteranos les daban a los nuevos la bienvenida.

Esa ansiedad la describió Camarero hace meses: quieres conversar con todos y con cada uno, pero sabes que solo son 3 días y te apuras… entonces tratas de hablar con todos a la vez y no lo haces con ninguno.

Con esa sensación, la de no saber qué hacer, elegí conversar largo rato con Abdiel, después de más de un año ausente. Pensé incluso en escribir un pos titulado: La entrevista que Abdiel no supo que le hacía, para transcribir cada uno de los emocionantes testimonios de su misión en Haití. Después desistí cuando comprendí que la historia del niño que acompañaba cual fiel lazarillo a su padre para que fuese operado por médicos cubanos, la responsabilidad de un periodista que tiene a su cargo un editor, un cámara y un auto, la distancia que lacera a un hombre cuando está enamorado o las imágenes de la gente llorando emocionada para arrancar lágrimas también en los televidentes sin que esto signifique egos sino, por el contrario, rigor profesional, pertenecían a los cuentos discretos y cotidianos de dos amigos que hacía más de 12 meses que no estrechaban sus brazos.

Cuando terminé de hablar con Abdiel faltaba poco y aun así descubrí que me quedaban preguntas. Supe, desde ese momento, que con Tunie apenas hablaría porque hacía rato que no nos veíamos ni en FB, que Carmen Luisa no vendría, que mi veterana amiga Lasy llegaría luego y que Yuri y Gretel estarían ocupadas con novio y hermana, respectivamente. Trataría entonces de hablar mucho con Raúl e imaginar que Leo y el Kike, se hacían eco de mis palabras. También supe que con los dos agramontinos nuevos apenas tendría tiempo para conversar. Pensé en el cumpleaños de Albertico y en Alejo. Incluso imaginé, ilusamente, que eso solo me ocurriría con los camagüeyanos porque son muchos, pero es que ni con Itsván, que es uno solo, me alcanzó el tiempo para conversar.

Sabía de antemano que el Koka me recriminaría por no responder a sus saludos en FB y que para Chiringa sería imperdonable el hecho de que no nos viéramos desde la fatídica terminal de ómnibus en Santi Spíritus.

Supe, desde que el camión frenó al fondo de la terminal pinareña, que Carlos Melián planificaba descubrirme en el juego del Asesino, que Chely cantaría conmigo en la guagua y me hablaría de nuestro curso en el Onelio, que “la koka” y Mary Romero se esmerarían haciendo café para todos y que Arnaldo no subiría a lo alto del Mural de la prehistoria, pero sí lo intentaría.
Sabía que Karina y Disamis andarían de aquí para allá, que Kako haría las fotos más extraordinarias, que Claudio aprovecharía cada instante para su documental y para bailar con Mary, que Mariam hablaría de Nutela y John hablaría del diseño de la revista, que Cintia me daría una cucharada de su pote de helado y que en la cabaña 18, Camilo,Hayat, Karen y Geidy, cuidarían mi sueño, como solo ellos pueden hacer. Pero sentía que nada de aquello me sería suficiente.

Por eso, los camiones causan en mí cosas raras, por un lado la alegría del reencuentro, por el otro, la certeza de que el tiempo no alcanzará, de que son muchos amigos, de que tengo mucho trabajo y de que a veces es malo crecer y hacerse adulto.

Continuará…

 

Fuente: Letra Joven.

a-POST-ando por la amistad y la unidad 2

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Cuando desperté los mogotes se habían ido…Mis pies descalzos tocaron el suelo y me abrazó la fría realidad.
La eterna belleza del Valle de Viñales se desvanecía en un vago recuerdo y yo forzaba mi mente para revivir cada instante de éxtasis incomparable.

Aún sentía la adrenalina de escalar el Mural de la Prehistoria, mis manos barnizadas de tierra pinareña, el paisaje sonriente, el sudor lavando mi pullover y el tiempo, otro esclavo de las circunstancias.

¿Esta es la Cueva del Indio?, pregunto, y me convenzo de que jamás podré abandonar a esa niña, ávida de aventuras e historias fabulosas, que siempre me acompaña. Suspiro.

La oscuridad me sumerge en un universo paralelo, siento frío, mi amigo me extiende su mano y de pronto estoy en una pequeña embarcación rumbo a la luz.

Más fotos, todos quieren perpetuar ese momento.

El monumento a los Malagones capta mi atención, y ahí está el veterano Juan Paz, símbolo de la heroicidad del pueblo cubano, quien nos relata pasajes de la lucha contra bandidos y nos recuerda cuánto hemos luchado por una tierra libre y soberana.

Otra foto, y escucho a Noel, un guajiro que conoce el lenguaje de la madera y que con su Taller Raíces transforma el mundo que le rodea en uno mejor, más artístico y consagrado.

No me cansan las palabras de Ricardo Álvarez Pérez, el historiador local, quien nos cuenta sobre los acuáticos, sus tradiciones, creencias y los mitos que le rodean.

Mi nueva amiga me da la mano, formamos un círculo, nos acostamos en la hierba, todos sonreímos y pienso “quiero compartir esa foto en Facebook”.

Al final de la noche, algunos rostros se ven contrariados. Ni los padres logran ponerse de acuerdo para decidir qué es lo mejor para el hijo.

Alguien pregunta: ¿Sin un blog que habría pasado?, mi amigo responde, yo comienzo a escribir este post.

Respuesta para Claudio, de Tremendo Explote: ¿Qué es Blogosfera Cuba?

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Por Rodolfo Romero Reyes

Después de mucho reflexionar, defiendo la idea de que Blogosfera Cuba es una comunidad. Aunque no convivimos, algunos ni nos conocemos y muchos no hacemos vida juntos, tenemos cosas en común. Es una comunidad que agrupa a diversos grupos (valga la redundancia) y también a otros blogueros y blogueras que andan por ahí, solitarios y andantes. ¿Cuántos grupos? No sabría. Algunos lo son por determinación geográfica: los de Granma, que se reunieron hace poco, los de Pinar del Río con Mary Perdigón a la cabeza… y otros trascienden el espacio fronterizo, como La guerrilla impulsada por Karina y su pelotón suicida. Todos ellos somos Blogosfera Cuba. Porque así nos conocen, porque así bautizamos una revista y porque un día así decidimos nombrarnos.

Cada grupo tiene su vida propia. Se reúnen, se leen, hacen cosas juntos, sin que nadie, más que ellos, decidan lo que tienen que hacer. A veces se mezclan e intercambian experiencias. Hay blogueros como Chiringa que pertenece al grupo de La Habana, pero también se siente parte de La Guerrilla. Hay otros que, a lo mejor, no se sienten parte de ninguno.

Entonces, tu pregunta, Claudio: ¿en qué fecha se fundó eso que -a lo mejor erróneamente pero con mucha pasión y sentido de la unidad- llamamos comunidad Blogosfera Cuba? No tiene una fecha fija porque las comunidades no se crean, no se fundan como los partidos. Surgen y se van organizando poco a poco, con discusiones, meteduras de patas, pero también con mucha pasión y mucho sacrificio. Me atrevería a decir que Blogosfera Cuba se conformó en un amplio periodo que incluye desde el primer Twitthab hasta la última guerrilla en Viñales o el encuentro de blogueros en Granma. Es cierto que 2013 fue un año importante para estos 169 miembros que voluntariamente se sumaron a un nombre porque allí creyeron encontrar unidad en su diversidad. ¿Por qué? Bueno, porque en 2013, el 10 de mayo, surgieron los perfiles en FB y Twitter, porque el 9 o el 10 de julio nació la revista y porque luego, en septiembre, tuvimos un sitio con extensión .ORG. ¿Cuál de las tres es LA FECHA? Ninguna. Fue un proceso acumulativo. Ahora, no está mal que escojamos un día para celebrar un cumpleaños. ¿Será mayo, julio, septiembre? A mí, en lo personal, me da lo mismo.

Eso sí, no creo que nadie deba verse como el fundador o la fundadora de la comunidad, como tampoco nadie debe autocalificarse como el creador de la revista, o del sitio. Tampoco existen coordinadores generales y siempre diré que es un error hablar en nombre de Blogosfera Cuba. La forma de mejorar la página en FB, el sitio o la revista, no es criticando desde afuera o salirse del proyecto grupal para querer brillar con luz propia. La solución está en meter las manos allí, en un espacio que, desde su creación, se dijo, sería de todos. Hagámoslo entonces.

Y si alguien por el título de este post pensó que este texto iría en torno a alguna polémica entre Claudio y yo, lamento decepcionarlo. Solo aproveché una pregunta que él hizo en Viñales. Claudio y yo somos CAUSA y estamos “jurados en el mismo charco”. Cuando eso ocurre, las discusiones no mancillan, al contrario, siempre enriquecen. Espero que después de tantas discusiones, aprendamos de Céspedes y Agramonte, salvando la distancia, y seamos capaces de ceder o de sumar. Y ojalá, cada uno de nosotros se lleve la revista al barrio, postee su post en el sitio web y comparta cosas en el grupo de Facebook. Quizás así nos sentiremos parte de un sueño colectivo que no nació en el Martin, ni en Turquino, ni en el Blogazo… nació el día que cada uno de nosotros decidió abrirse un blog para escribir sobre Cuba.

 

Fuente: Letra Joven.