Mes: abril 2011

Cuentapropistas o revendedores

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(Tomado de Granma)

Soy un asiduo lector de esta Sección. Quiero señalar un tema que me preocupa en lo particular, pero que a la vez considero una preocupación de muchas personas y está referida a las personas que ejercen como cuentapropistas en los puntos de venta llamados “catres”, que por lo menos en nuestra Ciudad de Holguín son muy comunes encontrarlos en disímiles lugares.

Considero que en este tipo de puntos de venta se deben autorizar la comercialización de productos artesanales, bisutería y diferentes objetos de esta misma línea, lo que no puedo entender es que se vendan en estos puntos productos que se comercializan en las redes de tiendas en divisas o mercados estatales a los que se les aumenta desmedidamente su precio, luego de realizar la conversión de su precio original al peso cubano o se aumenta por lo general dos o tres veces el que tenía en el mercado estatal; además, generalmente se trata de productos que o son deficitarios, o han sido rebajados de precio, dando lugar al acaparamiento de estas mercancías para su reventa en los ya citados “catres” adonde tienen que acudir en definitiva quienes no pudieron adquirirlos en las tiendas en divisas o mercados, igualmente allí pueden encontrarse artículos que no se venden en las tiendas y que no se sabe de qué manera llegaron hasta allí. Pienso que es aconsejable analizar esta situación. No estoy en contra de esta forma del trabajo por cuenta propia, pero sí de que se revendan con total impunidad productos que se comercializan de manera estatal y que constituyen una fuente de enriquecimiento para personas inescrupulosas que les hacen llegar los mismos a estos revendedores que es realmente en lo que se convierten quienes los comercializan.

J. A. García Caballero

La ley y la mala interpretación de otros

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(Tomado de Granma)

Soy un joven de 27 años que a pesar de mis esfuerzos no logré la ubicación laboral deseada; vi los cielos abiertos cuando fue promulgada la Resolución No.32 del 2010 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social que pone en vigor el Reglamento del ejercicio del trabajo por cuenta propia, por lo que decidí con los pocos recursos con que cuento y con esfuerzo propio y de otro compañero de la cuadra, construir un pequeño carrito y solicitar licencia de acuerdo al Anexo 1 de la Resolución 32 donde se especifican las actividades autorizadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia y específicamente la actividad No.37, Elaborador vendedor de alimentos y bebidas no alcohólicas al detalle, en su domicilio o de forma ambulatoria.

Con este objetivo me dirigí a la Dirección de Trabajo del municipio del Cerro a buscar información y a documentarme en lo que había que presentar a este órgano para hacer efectiva mi solicitud. Allí me atendió la funcionaria encargada de esta actividad a la que le expliqué mis pretensiones y me manifestó que debía presentarle los documentos siguientes: chequeo pre-empleo, licencia sanitaria, dos fotos y esquema de vacunación.

Mi odisea comenzó al dirigirme al Policlínico Abel Santamaría Cuadrado del municipio del Cerrro para obtener la licencia sanitaria; en este lugar me manifestaron que para obtenerla para realizar la actividad No. 37de forma ambulatoria debía tener la autorización de Planificación Física del municipio. Allí me dirigí y me atendió el compañero Roberto, quien me planteó que ellos no tienen que expedir ningún tipo de autorización, que ellos se limitan a decir dónde puedo realizar la acción de venta, sin embargo, conozco que a otras personas con igual situación les han proporcionado el documento.

Nuevamente me enviaron al policlínico, donde vuelven a mandarme a Planificación Física diciendo que sí tienen que darme un documento de autorización y de nuevo el mismo compañero se niega a darme documento alguno y me da la misma respuesta. Al dirigirme otra vez al policlínico me plantearon que no se estaba autorizando a ejercer la actividad de forma ambulatoria que tenía que ser en un punto fijo.

Viendo esto me dirigí a la administración de un pequeño agro que se encuentra próximo a mi domicilio y le planteo mi problema, y me dicen que sí, que allí podía situar mi pequeño carrito y realizar la venta.

Entonces el 8 de abril con toda la documentación, excepto con el documento de Planificación Física (negado) fui a la Dirección de Trabajo del Cerro, después de más de 15 días de gestiones y cuál sería mi sorpresa al plantearme la compañera que habían recibido indicaciones de no otorgar más licencias de este tipo.

Yo me pregunto: quién está autorizado a modificar una Resolución publicada en la Gaceta Oficial de la República y firmada por la Ministra del Trabajo, por qué no se me dijo en primera instancia y yo no hubiera invertido ni tiempo ni los pocos recursos con que contaba. No pretendo que esta misiva se publique, lo que me interesa fundamentalmente es que se le dé solución a mi problema y que además otras personas como yo no sean víctimas del burocratismo y el peloteo, y la no observancia de la legalidad.

B. Rodríguez Bueno

Lo que es de todos no es de nadie

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(Tomado de Granma)

Nunca he estado de acuerdo con la consigna de que tal actividad es tarea de todos o este centro laboral es de todos.

En la actualidad lo que es tarea de todos, no es tarea de nadie, lo que pertenece a todos, no es de nadie. A modo de ejemplo: La higiene de la ciudad es tarea y responsabilidad de Comunales, el cuidado del transporte público y la exigencia por su pago es tarea y responsabilidad de las direcciones de Transporte, cuidar y mantener los teléfonos públicos es tarea de ETECSA y así sucesivamente.

Para que un obrero se sienta dueño de su centro de trabajo no basta que este pertenezca al Estado y no a un privado, además de sus deberes y comprensión de la tarea que realiza, tiene que sentir que recibe beneficios económicos según las ganancias obtenidas, para que se preocupe porque sea rentable, y no verse afectado económicamente, de lo contrario es dueño ficticio y no ve sentido de pertenencia a su centro laboral al cual asiste simplemente a ganar un salario aunque reciba indirectamente otros beneficios subsidiados por el Estado.

Si el obrero recibiera ingresos según la rentabilidad de su centro laboral, difícil que se hagan gastos innecesarios, que se produzcan robos; se incrementaría automáticamente el sentido del ahorro de electricidad, de materias primas, bajarían los costos de producción, se preocuparía porque hayan más servicios y ofertas, incrementaría la calidad, sentiría la presión de la competencia con otros centros, etc. Se sentiría como dueño y velaría por la eficiencia, el cuidado de todos los bienes, entonces, sí es de todos y se manifestaría el sentido de pertenencia.

Las administraciones deberán analizar con la masa trabajadora mensualmente el resultado del balance económico y aprobar en asamblea las medidas necesarias para revertir cualquier ineficiencia.

Las administraciones no podrán hacer las cosas anárquicamente, no podrán excederse en su autoridad o competencia, entonces sí el plan y el presupuesto del centro serán sagrados¼

Entonces sí las asambleas de afiliados del sindicato tendrán objetividad y no un formalismo, donde la administración propone y mecánicamente se aprueba por unanimidad sin que nadie sepa ni le interese lo que aprobó.

En un centro laboral se discute el plan de producción para el próximo año, la administración informa lo planificado, la masa de trabajadores que asiste aprueba y se da como discutido por los trabajadores. Después se eleva al organismo superior y le hacen modificaciones casi siempre aumentando el plan y ya, ¿qué papel desempeña lo aprobado por los trabajadores?

El beneficio económico que debe recibir el trabajador a partir de la rentabilidad de su centro laboral, lo puede recibir en cada cobro de salario, en dependencia de su aporte a la producción.

Cuando esto funcione de esa forma se alcanzará más cultura económica en los que participen en el proceso productivo y los servicios, ganarán más lo que más aporten, la pirámide se invertirá y florecerá la economía. Si no es así lo demás será como hasta ahora, pura consigna.

Si se hiciera realidad esta fórmula, entonces el sindicato de cada centro laboral sí se preocupará como representante de los trabajadores porque todo funcione bien, entonces sí dejará de ser lo que es de todos no es de nadie, para convertirse en verdaderamente de todos y estará presente el sentido de pertenencia.

E. del Valle Martínez

¿Realmente queremos solucionarlo?

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(Tomado de Granma)

Concreto a los hechos, en aras del espacio y de evitar las reiteraciones inútiles.

Tarde de sábado 2 de abril, 2:00 p.m. Céntrica librería de Ediciones Cubanas ARTEX, calle Obispo 527, recientemente acondicionada, al menos en la iluminación. Empleados que lucen en exceso, como en tantos sitios de servicio, casi todos en tareas disímiles. Dos disfrutan de un video en un ordenador portátil sobre libros apilados, la cajera habla extensamente al teléfono, varios que te observan para “evitar” delitos, ninguno que te orienta o se ofrece a ayudarte.

Libros con códigos de barra hechos a mano, ausencia de comprobantes en la caja, al reclamo: no tenemos cinta para imprimir. A la pregunta: ¿y cómo obtengo mi comprobante? Indiferencia absoluta. Una segunda y obligada pregunta: ¿cómo veo al responsable?, con apatía: en la planta alta.

Después de las escaleras encuentro en el pasillo a la compañera que conversa animadamente con alguien que la visita y a quien identifico por casualidad. Explicación similar que por supuesto no me convence. Le exijo mi comprobante, se retira y va por un modelo que hace llegar a la cajera en la planta baja para su llenado manual (una página en papel bond, con cuños y firmas, una factura).

Si al inadaptado y majadero cliente le interesaba el comprobante, que lo luche. Son tiempos de lucha.

Por supuesto que no había bolsas, es algo a lo que ya nos vamos acostumbrando.

Poseo el modelo (una especie de propiedad, más que un comprobante), un monumento al pseudocontrol y la desidia.

No acepto visitas de “funcionarios asombrados y preocupados”, tengo el tiempo contado. Y vuelvo a preguntarme ¿realmente queremos solucionarlo?

L. Senra

Lo de los tanques de agua no fue solo en La Lisa

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(Tomado de Granma)

Me dirijo a esta redacción pues, leyendo la carta publicada el 18 de marzo del 2011, en la sección Cartas a la Dirección, titulada “Venta de tanques de agua con una diferencia de precio de casi mil pesos”, quedé sorprendida pues yo también compré dicho tanque, pero en una tienda supermercado llamada Actia, situada en avenida Van Troi y Boyeros de dicho municipio, al precio elevadísimo de 2 315,00 pesos y tengo constancia de ello en el vale de compraventa que emite la tienda, fechado el 19 de febrero. La tienda en cuestión se llama El Caney, y está ubicada justo en el área que ocupa el supermercado Catia, situado a la entrada de la avenida Van Troi, que es la que conduce a la terminal 1 de vuelos nacionales.

Me sumo a la preocupación de la persona que escribió a su redacción y estoy segura de que otros también lo harán, pues fueron vendidos varios tanques al mismo precio de 2 315,00 pesos.

G. Miranda Gutiérrez

Creatividad o ineptitud en la venta de medicina verde

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(Tomado de Granma)

Hace unos meses me acogí a la jubilación y dentro de mi gran abanico laboral, estuve más de 30 años trabajando dentro del sector de la Salud, donde obtuve la Medalla Piti Fajardo. En estos años estuve en las direcciones sectoriales, en el MINSAP y en la Industria Médico Farmacéutica.

Mi gran sorpresa es que hace unos días visité la farmacia de turno permanente (piloto) de Bauta, y solicité algún anticatarral de medicina verde, informándome la técnica que los anticatarrales se iban a vender en la Feria de Nuevo Vedado.

Me dirigí hacia el lugar indicado, que es un área que ocupa dos cuadras, donde los domingos se realiza una llamada “Feria Agropecuaria” que deja mucho que decir, dada la poca oferta y variedad, así como la falta de estética, porque tal parece que las tarimas de ventas han sido hechas con los desperdicios de los basureros.

Al dirigirme a una mesa improvisada de venta de fármacos, vuelvo a preguntar por el anticatarral y me dicen que sí hay, pero que tengo que llevarme el módulo completo que estaba en un nylon, y era un frasco de jarabe de naranja agria, un frasco de yodo, un frasco de caléndula y no recuerdo el otro y todo lo del nylon porque no se vendía separado. Según me explicó la compañera Esperanza, que me dijo ser técnica de farmacia y al indagar sobre ella era la administradora, me informó que en Artemisa también lo hacen así, y esa era la orientación que tenían.

Y aquí está la creatividad de la ineptitud de algunos funcionarios administrativos. ¡Qué bueno, vamos a vender tres pesos más porque estamos en Feria!, como si fueran los productos convoyados de las tiendas del comercio, que le ligan el desodorante con el jabón de baño.

Por problemas de espacio debo dejar esta lamentable historia que aquí no acaba, porque tuve que ir al policlínico y después dos veces más a la farmacia y para qué contar.

No acabamos de interiorizar las políticas que nos pide nuestra máxima dirección de la Revolución.

H. Sit Pacheco


¿Qué hacer con el alumbrado público encendido de día?

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(Tomado de Granma)

Desde principios de la presente semana se restableció en nuestro barrio el alumbrado público, el cual se encontraba desactivado desde hacía años, sin embargo, desde que se repusieron las luces permanecen encendidas de día y de noche, a pesar de que quien les escribe y otros vecinos nos hemos quejado por teléfono a la Empresa Eléctrica.

En mi caso llamé el lunes 28 al 188 88, que aunque es un teléfono para reportar interrupciones buscaba en él información para reportar el problema y la compañera que me atendió me orientó llamar al 208 2848, donde un compañero que parecía muy presto a cumplir con su deber me aseguró que de inmediato se encargaría del asunto, pero a estas alturas aún estamos a la espera de que se apaguen las luces de día.

Todos conocemos lo de la subida del precio del petróleo, del cual nuestros medios de prensa han informado ampliamente y de la campaña en la que todos estamos involucrados para el ahorro de energía, por eso nos es difícil entender que una entidad estatal como la Empresa Eléctrica, que debe ser ejemplo para otras en este sentido, haga caso omiso de una queja como esta.

También todos conocemos las bondades de contar con el alumbrado público y más en la zona donde vivimos, el Reparto Siboney, que es un reparto residencial en los suburbios de la capital, por lo general muy solitario y poco céntrico. El alumbrado público ayuda desde facilitar la realización de la guardia cederista hasta la tranquilidad de aquellos que tienen sus hijos jóvenes y salen a pasear con sus compañeritos los sábados, regresando tarde a casa.

A. Emilia Hernández