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Enfermedades

La sinfonía inconclusa de las sobras III

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Foto: Lisandra de la Paz
Foto: Lisandra de la Paz

Después de aquel terrible suceso. Después de haber encontrado la bota; y haber halado y gritado. Después de ver el cuerpo abierto e inerte del joven… Dalia juró que no volvería nunca más a El Bote en la noche.

“Al operador del buldócer lo sancionaron uno o dos años –dice Dalia–. Pero él en realidad no tuvo la culpa. Está prohibido subir allí, y hacer lo que nosotros hacemos. Y a veces nos descuidamos, y nos desesperamos, y por eso pasan esos accidentes. Al andar como locos, y más de noche, nos podemos resbalar y caer. Y nadie se entera. Y cuando te mueres no pasa nada; vienen tus familiares, les dicen que te moriste en El Bote, y punto. Todo el mundo en Los Pocitos sabe lo que puede ocurrir buceando allá arriba”.

Los Pocitos

Todos en Marianao saben dónde queda el barrio insalubre Los Pocitos. Insalubre y de ilegales, donde la gente roba electricidad y agua de los sistemas públicos, aunque les cobran precios simbólicos por esos servicios; y donde hay un CDR, con su presidente, y un delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular; y donde se vota por ese delegado, aunque no se tenga dirección en La Habana.

Desde la Avenida 51 se comienza a descender. La calle se va estrechando hasta que desaparece y deja de ser de asfalto; y los microvertederos aparecen en cada esquina porque escasean los contenedores de basura. Se sigue descendiendo, y bajan, con el camino mismo, las clases sociales, hasta llegar a lo último de ambas: de la calle y de la sociedad.

Arriba, el ruido de la avenida era abrumador. Pero ahora, al final, abruma el silencio. El tránsito de vehículos es prácticamente nulo. El camión de la basura pasa cada quince días o un mes. Ese es el único ruido diferente al de las broncas de abakuá o pandillas. La gente de Los Pocitos está acostumbrada al mal olor de la basura cuando el camión pasa, porque la mayoría vive de eso, de la basura. O si no,  del contrabando, del juego o del “negocio”.

En Los Pocitos conviven muchos inmigrantes ilegales del Oriente del país. No portan dirección de La Habana y, por tanto, no tienen un trabajo en el sector estatal o en el privado , no están registrados en la planilla de ningún centro laboral. Los niños asisten a la escuela hasta que se gradúan de algún técnico medio o de obrero calificado –porque el pre universitario también se otorga según la dirección del estudiante–; y más tarde, a la hora de ejercer, no pueden hacerlo en La Habana porque no residen oficialmente en ningún lugar de la ciudad, aunque nacieron allí.

Todos tienen derecho a la atención médica. Sobre todo las mujeres embarazadas; incluso cuando dan a luz. Pero a las madres, al nacer el niño o la niña, se les obliga a inscribirlos en su provincia de origen, donde su carné de identidad dice que reside. “Yo parí los míos en Maternidad Obrera y tuve que ir a registrarlos a Granma, recién nacidos –alega Dalia casi indignada, y continúa– Y mira, ¿tú ves a ese de ahí? –me increpa señalando a un muchacho que retozaba en el suelo gris con los niños de Dalia–, tiene dieciocho años y también nació aquí, pero la madre lo llevó a Bayamo a inscribirse cuando lo tuvo”. Dayron, el joven, se graduó el pasado año de panadero, pero no puede ejercer el oficio.

La salud es para todos, infiere Tití, primo del esposo de Dalia; no obstante, “sí, tú vas a un consultorio o a un policlínico y te atienden, pero por ejemplo, para sacarte una muela, tienes que presentar tu carné… ¿entonces nosotros no tenemos derecho a arreglarnos la boca? ¡Ah!, sin embargo, no falla si le das al estomatólogo cincuenta pesos. ¡Ahí sí te saca la muela que quieras, y no está viendo que soy oriental!”.

Vivir debajo del puente

Una gran parte de Los Pocitos –y de Hindaya, otro barrio contiguo–, que se extienden en un terreno bastante amplio, no cuentan con servicio sanitario. Descargan los residuales líquidos al río Quibú, y apilan los sólidos hasta que el camión de la basura pase, y deje parte de las inmundicias por tratarse ya de un microvertedero.

Existen casas en las mismas márgenes del río, a las que se llega cruzando un puente de hierro oxidado que no se ha caído por puro milagro, y luego, bajando por una loma de tierra y ladrillos que a veces deja ver los peldaños ahuecados de las antiguas escaleras del puente. A esas casas del primer piso no baja el camión de la basura. Entonces no les queda otra que hacer una pila, un microvertedero bastante grande y extenso, y de vez en cuando, prenderle fuego.

La suciedad, poco a poco, no solo se vuelve contra el medio ambiente, sino también contra ellos mismos. Cuentan algunos vecinos que el cólera y el dengue cayeron como “bomba” ahí, y que las intoxicaciones son frecuentes. Los vectores y roedores, como era de esperar, abundan. “Aquí una vez se murió uno porque comió azúcar embarrada de orine de ratón, que es el animal que más hay aquí en Los Pocitos –revela Tití–. Imagínate que cuando nosotros vivíamos allá –indicando la parte baja del barrio, debajo del puente–, nos sentábamos y si yo tenía un pedazo de pan en la mano, le decía a Dalia: `dale, sube los pies que vamos a contar los ratones`. Ponía el pan en el piso y calculábamos más de sesenta, la familia entera” –y ríe, como reconociendo que exageró un poco, pero que su cuenta no está muy distante de la realidad.

Frente al sumidero viven desde hace alrededor de quince años –en iguales condiciones que el resto de los habitantes del lugar: casa de madera y cartón, piso de tierra o de cemento pulido, un par de muebles donde sentarse–, dos pastores católicos extranjeros: uno mexicano, el otro, francés. Pero a la gente de Los Pocitos les gusta más Francia que México; entonces resumen y les dicen, a ambos, los pastores franceses. En Los Pocitos no hacen labor proselitista, “digamos que somos misioneros, porque no hacemos trabajo pastoral, aquí no tenemos una iglesia. Tratamos de fomentar la amistad, los lazos fraternos, el apoyo… para que la comunidad supere sus divisiones y pueda sobrevivir. Es trabajo comunitario, no nos metemos en la cuestión religiosa, respetamos las demás religiones. Intentamos infiltrarnos, adaptarnos, no que la gente cambie sus costumbres, sino que trabajamos para hacer reconocer los valores de las personas”, explica Cid el pastor mexicano.

“Gracias a ellos –sostiene Tití–, no han destruido este barrio y no han deportado a todo el mundo, como hicieron en El Husillo, donde vivía un tío mío. Ellos dicen que no se van de aquí hasta que esta situación se resuelva. Y mira, para que veas, no solo por los pastores, porque el Estado se ve que está haciendo cosas para aliviar la situación, ya han dado veinte viviendas un poco más arriba. Al darte las llaves de la casa nueva, estás forzado a destruir la tuya aquí abajo. Y ahí velan porque no se levante más nada”. O sea, los que viven ahora son ilegales legales, pero nuevos moradores serían ilegales ilegales.

Cid está consciente de que el problema de la basura afecta al medio ambiente. “No sabemos qué es más contaminante, si quemarla o echarla al río. Hemos hecho saneamiento aquí, estamos en contra, pero mientras no haya una solución concreta no se puede hacer más”.

“Si te percatas, de ahí para adelante –y Tití señala desde donde empieza el caserío hasta más allá del puente que está sobre el Quibú–, es donde está negro el río, y limpio más para atrás. Fíjate si está limpio, que la gente se baña y todo”.

Puede que el bajo Quibú en tiempos de sequía “resuelva” los apuros albañales de Los Pocitos, y de Hindaya. Pero el Quibú se venga, tarde o temprano se venga: cuando llueve mucho el río crece y arrastra con todo. Y pueden verse los televisores y los puercos, juntos, nadando allí.

“Crece tanto –cuentan Dalia y Tití–, que la gente se tira de cabeza desde el puente; y para cruzar tiene que hacerlo con sogas desde los extremos, porque puede llevarte encantado de la vida. Los pastores tiraron fotos a su casa, que queda frente al río, y hasta casi dos metros puede subir el agua. Imagínate que hay que evacuar a la gente para la escuela primaria que queda por aquí cerca”.

Dalia

Dalia tiene veintiséis años, parece mucho mayor, y es maestra. Se graduó de técnico medio en Bibliotecología y Maestra General Integral en la Ciudad Escolar Libertad, localizada en Marianao. Dalia también vive en Marianao, pero su carné de identidad dice que es natural y residente de Manzanillo, en la provincia de Granma. Un trabalenguas que los inmigrantes orientales en La Habana conocen muy bien.

Desde los quince años Dalia vino para La Habana, y desde esa edad se puso a “luchar”. Al no poder trabajar, ni siquiera en una escuela, donde tanto bien haría, va al vertedero y recoge y vende, o deja para sí y su familia.

Con veintiséis años, Dalia, a quien se le escapa una voz de niña y una mirada triste que enternece por ojos tan negros, tiene dos hijos: Abraham, de cinco, y Ruth Esther, de tres. Su segundo marido, El Coco, mayor que ella –pero no tanto como hace creer–, un día la llevó a vivir sobre un microvertedero de Los Pocitos que pertenecía a un hombre –solo en los términos en los que pertenecer significa “este pedazo de aquí es mío, y a ver quién me lo quita”; en los términos “yo llegué primero” –. En Los Pocitos las cosas funcionan así; la legalidad es un concepto ambiguo.

“Y aquí hay que tener cuidado con la gente, porque mira, cuando estaba embarazada de la niña pasé tremendo susto porque vinieron vendiéndome un colchón de cuna, de espuma, nuevecito que estaba… Yo no lo compré porque todavía tenía el del niño, que ya dormía en una camita. Y esa fue la suerte, porque después me hicieron el cuento de que era recogido del vertedero, y que tenía un cartel grande que decía: «Infectado. No tocar». Pero lo recogieron y se lo vendieron a otra mujer que estaba embarazada, como yo. ¡De verdad que la gente no tiene compasión cuando se trata de dinero!”–condena Dalia.

El terreno  le costó mil quinientos pesos cubanos a El Coco, y sobre ese pedazo de tierra construyeron su hogar con cartones, tablas y tanques plásticos abiertos que encontraron en el Vertedero de la Calle 100, lugar que, relativamente, les queda cerca.

La casa tiene una salita y una cocina el doble de chica. Y dos cuartos laterales. El piso, de cemento pulido, lo vuelve todo más gris. Una silla y un sofá de maderas enclenques son los únicos muebles; un San Lázaro en el suelo con un vaso con flores, y algún que otro búcaro vacío, constituyen el decorado. Aunque un equipo de música, de los pequeños, pero muy moderno, muy nuevo, es lo primero que recibe al visitante desde un entrepaño.

El equipo de música no encaja con el resto. Como si ese resto no pudiera seguirle el ritmo; como si fuera a derrumbarse todo por las vibraciones de las ondas sonoras de una canción a mucho volumen, y se mantuviera al margen de lo que pudiera significar un lujo.

La silla y el sofá de madera también los hallaron en el vertedero. Los muebles y los equipos electrodomésticos que se utilizan en las casas de Los Pocitos, se sacan del vertedero: “camas, televisores, ollas, cocinas, batidoras… cuando cambiaron los refrigeradores por la Revolución Energética, los tiraban y la gente los recogía. Hasta computadoras ha ido armando la gente. Este barrio se mantiene de El Bote. Todo el mundo trabaja ahí –asegura Dalia–. Bien para vender, o bien para comer, porque hasta el sancocho de los puercos se saca del vertedero. Esto aquí es la “mismitica” novela Avenida Brasil, la del tiradero”.

– ¿Y por qué vinieron para La Habana?

– Aquello está muy malo, mi vida… –manifiesta Dalia refiriéndose al Oriente del país– Hay que venir para acá a luchar, porque todo eso que se vende aquí, allá no se puede, porque no hay negocios ni fábricas privadas como en La Habana, y te sale mejor negociar con los particulares que con el Estado, porque ellos te pagan casi el doble de lo que las Casas de Cambio te dan. Los trescientos pesos que me gano allá de maestra en una escuela, me los busco aquí en cuatro horas. En una noche puedes hacer mil pesos, porque del vertedero se vende todo. Y gracias que no tenemos mente mala y luchamos para ganarnos la vida, y no hacemos como otra gente que se va por mal camino. Nosotros le enseñamos a nuestros hijos buenos valores.

Dalia, aunque ha tenido la necesidad, nunca ha querido llevar a sus hijos a El Bote, “porque hay mujeres que no tienen quien se los cuide y no pueden hacer otra cosa que llevarlos. E imagínate, mientras ellas recogen, los niños están en el suelo, cogiendo y comiendo cosas”. Por sus hijos dejó de ir al vertedero, “porque cuando llegaba toda sucia ellos me saltaban arriba y eso podía enfermarlos. Después me tenía que raspar la piel para quitarme el olor a podrido de arriba”. La camisa, los pantalones, y las botas o tenis viejos que usan para trabajar en El Bote, no los protegen contra nada.

Ahora Dalia, El Coco y Tití, se dedican a comprar por todo el país pomos vacíos de perfume para después reenvasarlos con fragancias elaboradas a través de extractos, que un contacto trae de “afuera”. “Cogemos tremendo sol, y caminamos como locos durante doce horas al día, pero al menos ahora olemos riquísimo”.

Al vertedero no han ido nunca los niños, pero a la madre no le ha quedado más remedio que llevarlos consigo, todavía siendo muy pequeños, a vender cloro, salfumán y ambientador. Y estando embarazada, “hasta el día en que parí”, estaba en la calle vendiendo de manera ilegal la pesada carga de productos de limpieza, y huyendo de la policía.

Pero no solo de varias detenciones Dalia ha salido indemne. Una vez se pasó una semana entera comiendo solamente boniatos recogidos del vertedero. Sin sal o azúcar, sin aceite… solo pasados por agua. El Coco había subido a buscar sancocho para los puercos y se encontró todo un saco de boniatos.

– La cosa estaba tan mala que no tenía ni para comprarle una bolsa de leche al niño que estaba más chiquito, porque tú sabes que nosotros no tenemos libreta y no nos dan nada por la bodega… Bueno, por leche tenía que darle agua con azúcar o hervir una mata que le dicen mentis, y hacer que tomara eso.

– Eso debe ser lo más difícil: no tener qué darle a tus hijos de comer– le digo. Dalia me mira a los ojos con sus ojos brillantes y me siento casi cínica. Yo, con aquella grabadora que bien pudiera venderse para comprar veinte bolsas de leche.

Tití

Gilberto es el nombre de pila de Tití. Pero Gilberto no es nombre para Tití, no le pega en absoluto a su complexión física ni a sus maneras. Tití le dicen porque es homosexual; quisieron quitarle el Gilberto porque es demasiado masculino, demasiado convencional. Y Tití, que duerme sobre una almohada recogida del vertedero, prefiere el apodo.

Nació en Santiago, y aún vive en Santiago, pero se pasa en La Habana temporadas en busca de dinero. A los trece años Tití vino a la capital a vender cosas en la calle porque “no tenía ni un short que ponerme. Al principio me daba pena, pero después uno se acostumbra; como también se acostumbra la nariz a la peste de El Bote. Al principio todo es insoportable, pero a todo uno se adapta –afirma–. Estaba estudiando en un politécnico en Santiago, pero qué va, lo tuve que dejar”.

Tití se va a la misma cocina la mitad de pequeña que la sala, y se pone a preparar un té.

– ¿Quieres un té? –me invita–. Recogí este paquete de El Bote, llevo un mes tomándolo y no me ha pasado nada. Yo no había probado nunca este sabor.

Sonrío y hago un gesto de negación con la cabeza.

– ¿Has encontrado otras cosas en el vertedero que no habías comido?

– ¡Ay, hija! Todo lo exótico que se come en este barrio es de El Bote. A ver, para ponerte un ejemplo: una vez se encontraron un pavo congelado, que aquí nadie había comido nunca eso… vaya, sabíamos que era pavo porque estaba grande y se parecía a un pollo, y alguien dijo: ¡ “eso” es pavo! Estuvimos comiendo el “eso” tres días. Otro día se encontraron tres sacos de helado. ¡Uy!, ¡qué rico, por tu madre! A ver… qué más… ¡Ah!, una botella de vino blanco, pasitas, el “wake” ese que se ve en las películas….

– ¿Cereal?

– Sí, eso mismo. Una noche botaron un frigorífico lleno de carne de res, de pescado, de jabas con camarones congelados… Y cuando se encuentran latas de cerveza y de refresco eso es una fiesta aquí.

– ¿Y en este barrio se comparte todo lo que se encuentra?

– Nada más entre parientes. Nosotros somos bastantes, la verdad, y todos hemos ido al vertedero.

– ¿Sí? ¿Desde hace cuánto tiempo?

– ¡Ay, niña! ¿Quién se acuerda de eso? Imagínate que mi tía, la mamá de El Coco, lleva en eso veintidós años; y cuando ella llegó la cosa funcionaba así desde hacía siglos, con los mismos negocios. Y cada día El Bote crece un poquito más. Ahorita se puede poner allá arriba un mirador –Se burla de su propio chiste–. Y en los tres vertederos de La Habana pasa lo mismo, pero el de Campo Florido y el de la Ocho Vía no resuelven igual porque en este de 100 es donde termina la basura de la ciudad, que es la mejor.

“Eso es lo que nos duele a nosotros, porque ahí hacen decomiso de cosas nuevas, que en lugar de botar pudieran donárselas a barrios como este. Ropa, juguetes, adornos de porcelana… balsas, piscinas y pelotas inflables, que nada más por tener un pinchacito, las desechaban”.

– ¿Y pasan muchas cosas malas en el vertedero? –les pregunto a Tití y a Dalia, que están sentados juntos en el sofá de madera.

– Si empezamos a contarte, esto se va a alargar un buen rato.

– Yo tengo todo el día.

Fuente: Juventud Técnica.

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Sambo se come a #Zika

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El “pez sambo”, ¿la solución definitiva al virus del Zika?

Una comunidad costeña de El Salvador está combatiendo el amenazante brote del virus del Zika con la implementación de un original proyecto que incluye la presencia de “peces sambo”.

Fuente: RT Actualidad.

Registran en #EE.UU. el primer contagio de #zika por vía sexual. ( #UsaCondón )

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Al menos un paciente con el virus del Zika fue infectado vía relación sexual y no mediante una picadura, confirman las pruebas realizadas por un centro sanitario especializado en Texas.

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En Texas se ha registrado el primer caso de transmisión sexual del virus del Zika en Estados Unidos. Según afirma el canal de televisión NBC FDW, en el territorio de ese estado no hay ningún mosquito que pueda servir de intermediario, por lo que el caso en cuestión sería el primero confirmado de contagio de una persona a otra.

Los afectados son una persona infectada durante un reciente viaje a América Latina y su pareja. Según una práctica habitual, los médicos no hacen pública la identidad de los pacientes ni ninguna otra información adicional, como la condición física de los enfermos.

Anteriormente los médicos estadounidenses solo detectaron enfermos contagiados durante los viajes a la región más afectada por el brote del zika. Ambos pacientes han sido atendidos por los Servicios Sanitarios y Humanos del condado de Dallas.

El nivel de alarma por el virus del Zika es “extremadamente alto”, admitió la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan. La infección, dijo, “se propaga de manera explosiva”, especialmente en América del Sur. Con este motivo la OMS convocó una reunión de emergencia el 1 de febrero, donde se estimó que el virus puede llegar a infectar entre tres y cuatro millones de personas en ambas partes del continente.

Fuente: RT Actualidad.

Un ejercicio inesperado que ‘disuelve’ la grasa del vientre

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Eliminar la grasa acumulada durante años en una zona localizada es ‘casi’ misión imposible.

Pero no pierdas la esperanza. Siempre se puede intentar, ¿no crees? Esto es lo que tienes que hacer si de verdad quieres librarte de esos dichosos michelines. 

Según la Escuela de Salud Pública de Harvard los hombres que realizan 20 minutos de entrenamiento de fuerza al día (es decir, con pesas) consiguen controlar el aumento de grasa abdominal, al contrario que los hombres que pasan la misma cantidad de tiempo sudando en una sesión de cardio.

“Realizar un entrenamiento de resistencia o, mejor aún, combinarlo con ejercicio aeróbico puede ayudar a disminuir la grasa abdominal al tiempo que se aumenta o mantiene la masa muscular”, cuenta Rania Mekary, autora principal del estudio.

Para llegar a esta conclusión, se hizo un seguimiento a más de 10.000 hombres durante 12 años. Los investigadores analizaron la actividad física, el peso y la circunferencia de la cintura para determinar qué ejercicios tenían el efecto más significativo sobre sus cinturas, o la cantidad de grasa abdominal que tenían.

Los resultados, publicados en la revista Obesity, no dejan lugar a dudas: para conseguir un vientre liso hay que añadir peso al entrenamiento diario. Con el ejercicio aeróbico (o de baja intensidad como subir escaleras o trabajar en el jardín) no se consigue este efecto ‘reductor’.

Por otro lado, los hombres que se fueron volvieron más sedentarios con el transcurso de los años sufrieron un aumento progresivo de la grasa abdominal.

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No se trata de lucir un six-pack a cualquier precio, pero dejarse llevar por la moda de los ‘fofisanos’ tampoco es aconsejable. En serio, no es un tema baladí. Controlar tucircunferencia abdominal es importante ya que está relacionado con un mayorriesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras patologías. 

La mejor solución para combatir esa barriga es reducir la grasa total del cuerpo, y el modo de hacerlo es combinando el entrenamiento de pesas con el ejercicio aeróbico.

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Ya sé que esto supone un problema para muchas chicas porque aún siguen creyendo que hacer pesas es cosa de chicos y que si se pasan van a convertirse en la mujer forzuda o en un marimacho. Pero no es así, las pesas te ayudarán a ‘definir’ tus músculos. Para ganar músculo y que se note tendrías que trabajar muy duro, mucho tiempo y con mucho peso.

Como decía, el entrenamiento de fuerza provoca un mayor consumo de exceso de oxígeno tras el ejercicio que el de cardio por sí solo, lo que significa que tu cuerpo sigue quemando calorías hasta 48 horas después de levantar pesas. 

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Pero no por esto vas a centrar únicamente tu rutina en el ejercicio de resistencia, recuerda que tienes que realizar un entrenamiento integral donde también haya ejercicio aeróbico para lograr crear un equilibrio entre fuerza y resistencia.

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Pues ya lo sabes. Para mantener un peso saludable (y la cintura a raya), es fundamental incorporar el entrenamiento con pesas al ejercicio aeróbico.

Fotos: Getty Images.

Fuente: Yahoo Noticias.

Fallece la mujer protagonista de una de las fotos más icónicas del 11-S

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Marcy Borders, una mujer que sobrevivió a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, en una imagen de aquel día en la que aparece cubierta de ceniza
AFP/AFP/Archivos – Marcy Borders, una mujer que sobrevivió a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, en una imagen de aquel día en la que aparece cubierta de ceniza.

Marcy Borders, una mujer que sobrevivió a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York y que fue fotografiada en una de las imágenes más icónicas de aquellos ataques, murió de cáncer de estómago a los 42 años, anunció su familia.

En el momento de los atentados, Borders, que tenía entonces 28 años, acababa de ingresar a trabajar hacía un mes en las oficinas del Bank of América en las Torres Gemelas.

Al desplomarse una de las torres, Borders se refugió en un edificio cercano, donde el fotógrafo de AFP Stan Honda le tomó una inolvidable fotografía en la que aparece cubierta por una espesa capa de ceniza, que le granjeó el apodo de ‘The dust lady’ (‘La dama de polvo’).

En la imagen, el aire luce espeso y una consternada Borders aparece como un espectro en medio de una nube de polvo e iluminada por una inquietante luminosidad amarillenta.

“No puedo creer que mi hermana haya muerto”, escribió su hermano Michael Borders en Facebook.

Su primo Elnardo Borders afirmó en las redes sociales: “Ella descansa en paz ahora!!!”.

Tras los atentados, Borders ingresó en una profunda depresión que incluyó abuso de drogas y alcohol, aunque logró recuperarse tras más de una década. Perdió su trabajo en el Bank of America, ignorando reiteradas ofertas para ser transferida. Pasaba la mayor parte del tiempo recluida en su piso de dos habitaciones en una de las zonas más pobres de Bayonne, ciudad de Nueva Jersey al otro lado del puente de Manhattan.

– “Todavía vivo con miedo” –

Algo dentro de ella murió aquel terrible día: “Todavía vivo con miedo. No puedo pensar en estar allí, en esos objetivos, esos puentes, esos túneles, esas estaciones (de metro)”, afirmó a AFP con voz baja en una entrevista en marzo de 2012.

“El padre de mi hija se la llevó. No puedo ocuparme de mí, así que no puedo ocuparme de ella”, confesó.

Su nevera estaba vacía y su televisión apagada. “Solía ver mucho la televisión, pero ahora tengo miedo de que lo que pasa en Jerusalén pase aquí. Toda esa violencia. Así que la dejo apagada”, explicó.

En aquel momento, Borders era ayudada por su madre para conseguir comida y decía que nadie había contactado con ella en los meses que siguieron a los ataques, que dejaron un balance de unos 3.000 muertos. Ninguna organización la ayudó ni nadie le dijo que los supervivientes del 11-S podían contar con tratamientos psicológicos gratuitos.

“Básicamente no hago nada. Me quedo en casa. Me siento segura dentro”, dijo. “Siento que tendría que haber muerto para que mi hija tuviese algo. A veces pienso que hay que ser la esposa de un bombero o policía para recibir dinero. Es tan deprimente. A veces estás listo para suicidarte”, agregó.

Tras ser diagnosticada con la enfermedad, Borders dio a entender que la exposición a sustancias químicas contaminantes emitidas por la caída de las Torres Gemelas pudo haber tenido un papel en su salud.

Fuente: Yahoo Noticias.

S.O.S para las mascotas en #Cuba

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Este articulo de OnCuba me recordó aquellos amargos días que pasamos en casa con nuestra pequinesa “Lia”…. en 15 días se nos fue por falta de un solo medicamento que no tenia el veterinario, hacia muchísimo tiempo estaba en falta.

La muerte de cualquier animal domestico (o no), nunca se olvidan si realmente los amastes. Sentimos su falta, todavía cuando compramos un paquete de perritos nos recordamos de cuanto le gustaba.

Pues nada, recomiendo este articulo.

Saludos,  y que siempre haya un hogar para estos desprotegidos.

Julio C. M. editor Kokacub@

La medicina para mascotas en Cuba necesita un suero

La medicina para mascotas en Cuba necesita un suero
Foto. ARPAC/Varadero 

Por: Carlos Durán de la Cruz

“Ya”. Solo eso dijo Humberto a Gretel apenas llegó a la clínica o, mejor dicho, regresó. Su esposa entendió y caminaron hacia el repleto salón de espera en busca del veterinario. De su mochila sacó dos bolsas de suero fisiológico, el medicamento faltante para poder operar de un fibroma a Toki, un pastor alemán a quien los años le están generando achaques.

Como Humberto, no pocos cubanos deben recorrer varias instalaciones sanitarias (para humanos) valiéndose de artimañas para conseguir los medicamentos que necesitan sus mascotas.

La situación, angustiosa y desesperante a veces, es palpable con solo llegar a las instituciones del Instituto de Medicina Veterinaria.

“Tenemos mucho déficit de insumos para realizar cirugías, principalmente de anestesia”, confesó a OnCuba bajo condición de anonimato una trabajadora de la clínica “José Luis Callejas”, conocida como la de Carlos III, la más famosa y concurrida de La Habana.

“El problema no es de hoy, es muy viejo y arrastrado”, dijo Niurka, una usuaria que, abanico en mano, esperaba para ser atendida en la propia instalación. “Esta es la primera vez que vengo para una operación, pero vecinos y compañeros de trabajo han estado en situaciones similares en meses pasados y siempre han tenido que salir a resolver”, asegura.

En el banquillo aledaño Amílcar toma parte en la conversación: “Yo tuve que ver a una doctora amiga mía, conseguir una receta, llegar a la farmacia y además, echarle un lloraito a la dependiente, porque si no es así Dante se me muere”, recuerda, mientras su melenudo compañero empieza a agitarse.

“No es solo para cirugías, para los análisis tampoco tenemos todas las condiciones. El déficit de reactivos es algo habitual, y por acá pasan diariamente decenas de pacientes”, expresó otra especialista del laboratorio en la propia institución.

Foto: ARPAC/Varadero
Foto: ARPAC/Varadero

Ni salchichas, ni pequineses, ni satos mestizos escapan de los trajines médicos. Como muchas otras prestaciones, la medicina veterinaria “oficial” es altamente subsidiada (una operación de fibromas: 55 pesos cubanos, 2 CUC, y las cirugías ortopédicas 50 pesos) pero la atención centralizada no llega con suficiencia ni a tiempo para la mayoría de los usuarios.

Para resolver su situación, los dueños con mayores recursos llevan a sus mascotas a clínicas privadas, donde los análisis cuestan entre 1 y 2 CUC, y una desparasitación como mínimo 5 CUC.

Pero incluso allí, donde se han “refugiado” los veterinarios de mayor experiencia y algunos jóvenes recién graduados, también debe recurrirse al desvío de recursos desde policlínicas, farmacias y hospitales para humanos, porque es la única manera de adquirir medicamentos tan comunes como Ibuprofeno, Penicilina, vitaminas y anestésicos. Ni hablar entonces de los aparatos electromédicos para los exámenes a las mascotas.

Dos años atrás una resolución estatal facultó al Instituto de Medicina Veterinaria a gestionar farmacias y vender en moneda nacional medicamentos producidos en su mayoría por la empresa estatal LABIOFAM; pero desde entonces no se conoce que haya sido abierta ninguna instalación de este tipo.

“Con la cantidad de animales que hay en este país, yo no sé por qué no les dan más recursos a las clínicas”, comenta Alfredo, un anciano que pasea regularmente dos canes por la zona de la calle Zanja. “Debería ser priorizado, al igual que la salud humana, no solo por el valor de los animales, también porque muchas veces su estado influye directamente en nosotros”, insistió

“Hasta conseguir Labiomed es complicado”, apunta Sonia, otra habanera que conoce el producto elaborado en Cuba para desparasitaciones, especialmente de perros. “Cuando preguntas a veces te dicen que hay medicamento, pero están en dos o tres tiendas en divisas”, nos cuenta. En esos lugares (o en el mercado informal) pueden encontrarse vacunas sextavelentes de la marca Merial (a 4 CUC la unidad) y Quantum Dog, a 7.

Foto tomada de la página de PAC en la red social Facebook
Foto tomada de la página de PAC en la red social Facebook

En este contexto de difícil atención médica a las mascotas comienza a llamar la atención el crecimiento de grupos de ciudadanos que se organizan para actuar en favor de los animales, casi siempre los que no tienen hogar.

El llamado PAC, Protección de Animales de la Ciudad, y la Asociación Cubana de Protección a Animales y Plantas, Aniplant, destacan por el esfuerzo de sus miembros que trabajan voluntariamente y sin fines de lucro.

“Mayormente situamos muchos casos de ofertas para adopciones o informes sobre situaciones preocupantes de animales en la calle, y solicitamos donaciones para intervenir en las calles”, explica Sucel Jurado, coordinadora de PAC, mientras relata la dinámica en los espacios digitales que maneja este grupo.

“Como promedio, dos veces al mes realizamos una acción para desparasitar a estos animalitos callejeros en algún lugar de la ciudad, lo mismo en un lugar público que en algún patio”, agrega Jurado.

PAC y Aniplant realizan un trabajo que muchos creen complementa al que realizan los grupos de Zoonosis pertenecientes al Ministerio de Salud Pública, los cuales acumulan también notable impopularidad por sus brutales métodos de recogida de animales callejeros.

“Casi todos aquí pensamos que la situación sería muy diferente si pudiéramos funcionar como cooperativa”, vuelve desde la clínica de Carlos III, Cosme, otro de los trabajadores. El salón de espera es un concierto de ladridos. “Yo creo que así podríamos prestar mejor servicio a las cerca de  200 mascotas que atendemos diariamente”, agrega.

“Hoy aportamos más de 60 mil pesos mensuales al presupuesto estatal, a pesar de los bajos precios en cada prestación. Imagínate si tuviéramos libertades para administrar nuestros recursos”, añade.

El sistema veterinario está estructurado en Cuba para llegar a casi  todos los rincones, pero las desatenciones golpean a un área tan fundamental como cualquier otra…y muchas veces más emotiva.

Foto: Yaciel Peña, AIN
Foto: Yaciel Peña, AIN

 

Fuente: OnCuba © 

 

PD: Protección Animales de la Ciudad PAC Cuba, Las personas que deseen ayudar deben comunicarse a través de:

Responsable General proteccionanimalesdelaciudad@gmail.com  

Responsable de Adopciones adopcionespac@gmail.com

Relaciones Públicas pacadvisorcuba@gmail.com.

Gracias por interesarse.

Letra del año 2015 (Casa de 10 de Octubre).

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A WO ODI KA

Para Cuba y el Mundo.

A los sacerdotes de Ifá, a los hermanos Oriates, Babaloshas, Iyaloshas e Iworos.

Pueblo religioso en general.

Siguiendo una tradición de 28 años se reunió la Comisión Organizadora De la Letra del Año el 31 de diciembre del 2014, en la Casa Templo situada en Avenida 10 de Octubre #1509 entre Josefina y Gertrudis, la Víbora, Municipio 10 de Octubre, Ciudad de La Habana, Cuba.

Esta ceremonia fue presidida por el Sacerdote de Ifá David Cedrón “Otura Sa” y el respaldo de los Sacerdotes de la Ifá de todas las familias de Cuba y sus descendientes en el Mundo, sacó la Letra
el Sacerdote más pequeño.

Signo Regente: BABA EYIOBE
Oración Profética: Un Beneficio Económico a través de los negocios, firme y seguro proporcionado por Elegua.
Onishe a Elegua: Aladimu, Otan.
Onishe ara: Baños con flores, Otan.
Onishe ile: Baldeos con las siguientes hierbas: Albahaca, Paraíso y Siempre Viva, Otan.
EBBO: 1 Chivo, una Botella de Aguardiente y los demás ingredientes.
Divinidad Regente: OSHUN
Divinidad Acompañante: OBATALA
Bandera del Año: Mitad Amarilla y Mitad Blanca.

Enfermedades de cuidado extremo:
1. Enfermedades en las vías respiratorias.
2. Enfermedades cardiovasculares.
3. Enfermedades en el sistema óseo.
4. Posible brotes epidérmicos.

Acontecimientos de Interés social:
1. Conflictos Interpersonales.
2. Conflictos entre naciones que pueden generar conflictos bélicos.
3. Marca pérdidas de líderes religiosos, líderes políticos y mayores en sentido general.
4. Serios trastornos en la armonía familiar.
5. Desequilibrio ecológico y posible penetración del mar.
6. Apertura de los convenios entre países, utilizando como medio fundamental la navegación.
7. Lucha generacional y sus fatales consecuencia.

Recomendaciones:
1. El diálogo y el respeto al criterio ajeno es la única forma para evitar los conflictos.
2. Se recomienda especial atención en la formación ética y moral de los hijos.
3. Ifá recomienda una organización social, política y económica para beneficio de los pueblos.
4. Extremar las medidas higiénicas y sanitarias para evitar la proliferación de epidemias.
5. Remuneración salarial adecuada al ejercicio de las actividades.
6. Brindar adecuada atención al Adulto Mayor.
7. Un llamado a la unidad respetando al diversidad.

NOTA: Tomar como referencia los modelos positivos (avances) y los modelos negativos (errores) de los años 1959, 1989, 1995, 1998, 2004, 2011 y 2014 donde este Odú tuvo regencia.

Refranes conductuales del Odú:
1- El pensamiento sabio es la fuerza que mueve la tierra.
2- El error mayor es no aprender de los errores cometidos.
3- Mientras hay vida, hay esperanzas.
4- Las deudas cuelgan de nuestros cuellos como pesadas piedras.
5- Divide y vencerás.

La Comisión después de un profundo análisis exhaustivo acordó ratificar las recomendaciones del pasado año por considerar que las mismas se ajustan plenamente al signo en el presente año.

Nuestra Comisión agradece a los Órganos Masivos de Comunicación que hacen posible que estas Predicciones lleguen a todos los rincones del Mundo.

Feliz y próspero año 2015

Les desea la Comisión Organizadora de la Letra del Año “MIGUEL FEBLES PADRÓN”

Tomado del Blog de Yusnaby.

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