Emigración

El problema de la cubanía

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El problema de la cubanía

LA HABANA. La formación de la identidad nacional es un proceso histórico largo y complejo, donde en la cultura, y quizá solo en ella, se concreta cierto grado de unidad entre personas de diversos orígenes sociales y experiencias de vida diferentes.

En realidad, siempre dentro de una nación conviven o confrontan muchas culturas, por lo que la identidad nacional cuaja a partir del establecimiento de factores comunes que distinguen a estos individuos del resto de los habitantes del planeta.

Por esos misterios de la naturaleza humana, la identidad nacional actúa como un sello genético que singulariza a un grupo de personas y los acompaña de manera inevitable el resto de sus vidas, transmitiéndose con mayor o menor intensidad a sus descendientes, incluso cuando viven fuera de sus países de origen.

La cultura constituye uno de los escenarios fundamentales de las luchas nacionales, toda vez que define al sujeto social que debe llevarlas a cabo y las contradicciones políticas implícitas en este proceso.

Cuba es un buen ejemplo de ello. A pesar de la gran diversidad de sus componentes, el tránsito hacia una identidad nacional, definida como la “cubanía”, ha estado marcado por la tendencia a la consolidación de expresiones culturales muy homogéneas, en contraposición con proyectos de nación no solo diversos, sino en ocasiones antagónicos.

Aunque la rápida extinción o asimilación de las culturas aborígenes limitó las diferencias étnicas y su condición insular los problemas territoriales presentes  en otros pueblos de América, la nacionalidad cubana tuvo que abrirse paso enfrentándose al colonialismo, la esclavitud y el anexionismo. Esta identidad, basada en la independencia, antecedió a la República y devino un sentimiento muy poderoso, aun cuando lo alcanzado estaba lejos de ser la patria “con todos y para el bien de todos”, que había soñado José Martí.

La influencia cultural norteamericana estuvo presente desde los primeros momentos en la formación de la nacionalidad cubana y devino un recurso hegemónico del modelo neocolonial implantado en el país a partir de 1902. Como resultado de esto, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 constituyó también una confrontación en el plano cultural, que tuvo implicaciones en la propia interpretación del concepto de la nacionalidad.

La aplicación de un “nacionalismo excluyente” desde el bando revolucionario, como lo definió el intelectual cubano Ambrosio Fornet, o la acusación de que Cuba se había convertido en un satélite soviético, por parte de sus contrarios, definieron los extremos cuestionadores de la nacionalidad de cada una de las partes, en los momentos más agudos del enfrentamiento.

En particular, los emigrados fueron víctimas de esta diferenciación. Bastaba emigrar del país para dejar de ser considerado cubano y en buena medida el discurso político revolucionario se articuló a partir de este presupuesto. La ideología de la contrarrevolución también contribuyó a esta percepción, debido a su vínculo orgánico con Estados Unidos, la promoción de proyectos antinacionales que incluían la invasión militar del país y el desprecio a una cultura popular que no identificaban como propia.

El surgimiento del cubanoamericano, resultado de la integración de los emigrados cubanos a la sociedad norteamericana, vino a complicar más las cosas. Para algunos, simplemente resultaba la confirmación de que habían dejado de ser cubanos, pero en realidad se trataba de un proceso mucho más complejo: la emergencia de una identidad cultural cubana que se expresaba en un entorno nacional distinto.

Tal parecía que estábamos en presencia de dos culturas cubanas separadas por la política, pero Fidel Castro, el más radical de los revolucionarios cubanos, se encargó de rectificar conceptos, esclarecer la problemática y establecer pautas para su análisis. Tan temprano como 1978, Fidel decía a un grupo de periodistas procedentes de Estados Unidos de visita en Cuba:

“La comunidad cubana, como todas las comunidades que están en otro medio, en otro medio nacional, digamos que trata de mantener su identidad nacional (…) No importa, no importa lo que sean, si es un millonario cubano en la emigración o es trabajador cubano en la emigración (…) no se trata aquí de una cuestión de clase, es un problema de tipo nacional (…) Y eso, lógicamente despierta la solidaridad nuestra (…) No importa que ellos no simpaticen con la Revolución, pero a nosotros nos satisface saber (…) que la comunidad cubana trata de mantener su idioma, sus costumbres, su identidad nacional cubana”.

Dicho unos meses antes de la convocatoria al “diálogo con figuras representativas de la comunidad cubana en el exterior”, algunos de los cuales habían combatido duramente a la Revolución, marcó un punto de inflexión de la política migratoria cubana. Con seguridad Fidel no era ajeno a la importancia política que tenía alimentar este sentimiento nacional para el futuro de la nación cubana.

Tal apreciación es mucho más actual ahora, donde las transformaciones ocurridas en la emigración alientan de manera natural la reafirmación de la identidad nacional cubana en ese escenario. En primer lugar, porque es una necesidad de los cubanoamericanos dentro del contexto multiétnico que le impone la sociedad norteamericana, lo que potencia el interés por el vínculo con su patria de origen, pero también porque ha cambiado la apreciación de la sociedad cubana respecto a la emigración y las condiciones políticas que determinaban las relaciones entre ambas partes.

Se dan así las condiciones para que la “cubanía” se imponga una vez más sobre otras diferencias, incluso entre personas que por una razón u otra adquieren otra nacionalidad o sean descendientes de cubanos nacidos en otros países, y ello tiene una importancia estratégica para Cuba, no solo en el plano político o económico, sino también en lo cultural, por todo lo que puede contribuir a su enriquecimiento.

Como dijo el sabio Fernando Ortiz, “cubano es quien quiere serlo”, y para el bien de Cuba, a todos nos conviene alentar el orgullo compartido de ser cubano.

Fuente: Progreso Semanal.

Cubanos en Costa Rica: Mi consejo, regresen a #Cuba

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EDMUNDO GARCIA – Durante años, y sin entender sus razones, Cuba fue criticada por la existencia de la llamada “tarjeta blanca” para salir al extranjero; luego de implementar una actualización migratoria que facilita a sus ciudadanos viajar al exterior, siguen criticándola.

Los cubanos pueden viajar a cualquier parte del mundo siempre y cuando dispongan de autorización por parte del país que recibe. Hay varios países que según acuerdos vigentes con Cuba no exigen visas a los cubanos para darles entradas, como es el caso de Ecuador. País que después de un tiempo de libre entrada ha tenido que implementar una cuidadosa revisión de requisitos y razones de los viajes, porque algunas personas inescrupulosas han aprovechado el estímulo que crea la Ley de Ajuste Cubano para montar un negocio de tráfico humano que conduce a estos viajeros ilegalmente desde Ecuador, a través de Centroamérica, hacia los Estados Unidos.

Alrededor de esto se creó recientemente una situación difícil en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, donde un grupo de cubanos pasó ilegalmente la línea entre los dos países, y luego de llegar a Peñas Blancas fueron regresados a Costa Rica por autoridades nicaragüenses. Más adelante daré detalles sobre esto

No quiero hablar de cifras. Unos hablaron de miles, otros de centenares o de decenas. Un hecho que llama la atención, y es algo que la prensa del sur de la Florida no ha hecho esfuerzo por aclarar, es por qué se produjo esta vez tal embotellamiento de cubanos en el paso de Costa Rica hacia Nicaragua, si como se ha denunciado desde hace tiempo el contrabando humano a través de Centroamérica se ha convertido en una actividad regular. Como declaró el canciller de Costa Rica Manuel González a medios de prensa de su país, esta infracción es algo que se ha venido consintiendo por varios gobiernos centroamericanos que “miraban hacia otro lado”; sin excluir por supuesto al propio gobierno costarricense.

Sobre lo que sucedió en esta ocasión provocando la aglomeración de emigrantes ilegales en la citada frontera, ofrece luz un editorial del periódico La Nación de Costa Rica, publicado este martes 17 de noviembre. El medio destaca en primer lugar que el tráfico humano a través del país ha alcanzado proporciones anteriormente desconocidas. Dice La Nación que “Hasta hace pocos días, el negocio se mantenía activo y nadie parecía percatarse, o prefería no hacerlo, de su enorme crecimiento”. Entre las causas de ese auge puede señalarse la ambición de los inescrupulosos traficantes, conocidos como coyotes; y la también creciente propaganda, hecha principalmente por la prensa de Miami, encaminada a atemorizar a los cubanos con que la Ley de Ajuste Cubano está a punto de ser abolida, por lo que deben apurarse quienes deseen emigrar al “paraíso terrenal” de los Estados Unidos.

Pero el editorial del periódico La Nación revela un dato fundamental, desatendido por los medios, que esclarece bastante la situación creada: “Bastó con que una de las más poderosas y eficientes bandas de coyotes fuera desarticulada en nuestro país (Costa Rica) para que el drama saliera a la superficie e hiciera crisis.” Lo que puede concluirse de esta información es que al ser detenidos los traficantes, las operaciones ilegales abortaron temporalmente y los emigrantes cubanos quedaron a su suerte, varados y desorientados, en la parada costarricense de su ruta ilegal hacia los Estados Unidos. De otro modo podía estacionarse un grupo, dos, tres…; pero no “cientos” o “miles” de personas.

¿Qué hizo Costa Rica cuando esta papa caliente le cayó entre las manos? Pues que el viernes 13 le otorgó visas temporales por 7 días a una parte de esos cubanos, facilitándoles la entrada a Nicaragua, donde les fue cerrado el paso el domingo 15. ¿Avisó el gobierno de Costa Rica a las autoridades de Nicaragua que había decidido apoyar el paso de los emigrantes a través de su territorio? No lo hizo. Como, por cierto, tampoco hizo Panamá con las autoridades costarricenses; de lo que estas ahora también se quejan demostrando lo relativo del “humanismo” que dicen profesar.

Así que Nicaragua lo tomó como una violación de su territorio nacional y empezó a regresar a los recién llegados; una porción de los cuales se resistió, provocándose el cierre temporal (ya restablecido) del tráfico vehicular y algunos desórdenes.

Quiero decir que no me gusta nada ver a compatriotas cubanos en escenas donde se usa la fuerza; sobre todo si hay niños y ancianos que a lo mejor fueron puestos en esa situación sin su consentimiento; aunque tampoco me gusta que negociantes y periodistas inescrupulosos les den cuerda para que desafíen las autoridades de otros países.

Si de verdad las autoridades costarricenses fueran tan “humanitarias” como se dice, muy bien podían haberles otorgado una visa de permanencia de mayor duración; o solicitar al gobierno de los Estados Unidos, a donde quieren llegar, que les dé el visado directamente.

Pero digo más. Si Costa Rica, los legisladores cubanoamericanos y otras personas que han estado clamando “justicia” por estas personas quieren que esta situación de ahora y otras similares en el futuro se solucionen, deben cesar de promover la emigración ilegal y pedir a Estados Unidos que si de todas formas les va a dar entrada en su territorio, les entregue la visa en La Habana a todos los que la soliciten; o de lo contrario que elimine la Ley de Ajuste Cubano y la condición de “pies secos pies mojados”, y converse seriamente con las autoridades cubanas la forma de establecer una emigración totalmente legal.

Mientras todo esto sucede; y si no se encuentra otra salida, yo me atrevo a darles un consejo a esos compatriotas atrapados entre tantos intereses extraños: regresen a Cuba. Nadie se los impide. Salieron legalmente; no tienen que renovar sus papeles hasta dentro de aproximadamente dos años; no han perdido nada de lo que dejaron atrás. Para más seguridad, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba publicó una declaración que garantiza: “los ciudadanos  cubanos que hayan salido legalmente del país y cumplan con la legislación migratoria vigente tienen derecho a retornar a Cuba, sí así lo desean.”

Digo esto porque las cosas se pueden complicar. Alrededor del infortunio de estos cubanos están apareciendo buitres que los pretenden aprovechar. Como dijo el colega Eddie Levy en nuestro programa La Tarde se Mueve del martes, no por gusto los mismos que hace unos días declaraban que deseaban llegar a Estados Unidos para mejorar económicamente, han empezado a decir, quizás aconsejados por algunos abogados y políticos oportunistas, que están huyendo del comunismo, de la represión, de la falta de democracia, etc. Incluso se pudo ver en televisión a un inescrupuloso periodista de Miami que les pedía que corearan “Libertad, libertad”; lo que además de ser humanamente miserable es muy poco profesional.

Este martes en Miami un grupo de personas entre las que se encontraba Ramón Saúl Sánchez, un violento personaje que se les da ahora de luchador pacífico, se presentó ante el Consulado de Nicaragua para entregar una queja. Las autoridades consulares no lo recibieron por precaución; pues estimaron que este asunto ya venía enfocándose con manifiesta violencia.

La mayoría de las pancartas que portaban estos manifestantes no tenían que ver con reclamos “humanitarios”. Tomaban claro partido en el diferendo bilateral al proclamar por un lado “Gracias Costa Rica por respetar los derechos humanos”; mientras que en otros cartones habían escrito: “Nicaragua, paren el abuso”. Había también señas de una utilización partidista del incidente; en defensa de la oposición y una crítica al actual gobierno de Nicaragua que nada tiene que ver con el problema migratorio. Unos carteles decían: “No a Daniel”, “No al canal”, “No al fraude”, “No a los crímenes”.

Los medios de Miami se han empeñado en presentar esto como una “crisis humanitaria”; cuando en verdad es una cuestión de soberanía territorial de cada país por donde se trate de cruzar ilegalmente. Por otra parte se quiere convertir en un problema internacional que perjudique las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; el proceso hacia la normalización que la extrema derecha miamense no acaba de entender, ni de aceptar. Todos esos senadores y congresistas que quieren construir un muro infranqueable en la frontera para que no entre ni un emigrante más a los Estados Unidos, cambian de criterio si se trata de cubanos porque eso les permite difamar a la Revolución.

La verdad que no tienen remedio. En lugar de improvisar políticas y manipular la información, deberían defender principios acorde con la realidad. Cuba tiene su política definida; es la misma de siempre y la ratifica ahora, una vez más, la declaración de la cancillería cuando dice: “El Ministerio de Relaciones Exteriores reafirma el compromiso del gobierno de Cuba con una emigración legal, segura y ordenada.”

Fuente: Contrainjerencia.

Una tormenta perfecta sobre los cubanos varados en #CostaRica

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Una tormenta perfecta sobre los cubanos varados en Costa Rica

La grave situación humanitaria que viven cerca de dos mil cubanos varados en Centroamérica son solo los nubarrones de una tormenta que viene formándose hace varios años y amenaza con desatar una nueva crisis.

En enero de 2013 Cuba actualizó su política migratoria y eliminó algunos mecanismos de control que por décadas habían servido como barrera para contener la migración legal.

Aunque la llamada “carta blanca” del gobierno para autorizar la salida de todos sus nacionales generaba un evidente descontento popular, constituía un mecanismo relativamente efectivo para filtrar a aquellas personas que tenían la clara intención de abandonar el país.

El costo político de asumir esa responsabilidad no era sostenible por más tiempo. Además, quienes encontraban cerradas las puertas de la aduana siempre podían optar por salidas ilegales, poniendo en riesgo sus vidas y generando una imagen negativa a nivel internacional.

El Estado optó por dejar de ser el malo de la película y devolvió a las respectivas embajadas la tarea de reconocer quién quería visitar a sus familiares o hacer turismo y quién buscaba asentarse de manera permanente, lo que es mucho más lógico y la práctica habitual en cualquier lugar del mundo.

A pesar de algunos malentendidos iniciales, la nueva ley fue bien recibida y puso fin a la interpretación restrictiva de un derecho básico.

Los cubanos descubrieron de la noche a la mañana cuán difícil es obtener legalmente una visa, en especial si se trata de un país del primer mundo, que son muy cuidadosos a la hora de escoger sus visitantes. Los profesionales jóvenes son usualmente bienvenidos, pero no sucede igual con personas poco calificadas o con alguna limitación.

Pero Cuba no juega con las mismas reglas en un lugar muy especial, ubicado a solo 90 millas de sus costas, que es el santo grial de todos los migrantes del mundo: Estados Unidos.

Mientras sus pares latinoamericanos o africanos son perseguidos y deportados por las autoridades norteamericanas, los cubanos tienen una vía expedita a la residencia en el país más desarrollado del mundo.

A estos privilegios pueden aspirar no solo aquellos que viajan legalmente, sino todos los que alcancen territorio estadounidense, sea por la vía que sea. La misma persona que aplicó para una visa y fue rechazada en La Habana, tiene vía libre en caso de que ponga en riesgo su vida en el mar o en una larga y peligrosa travesía por tierra.

La Ley de Ajuste Cubano de 1966 y la política de pies secos-pies mojados, establecida por el gobierno de Bill Clinton en 1995, son una muestra clara de la hostilidad que ha marcado las relaciones bilaterales desde el triunfo de la Revolución.

Por más que se intenten encubrir con un manto humanitario, su objetivo no puede ser otro que el de desestabilizar el país, drenar su capital humano e intentar desacreditar el modelo social y político escogido en 1959.

EL DETONANTE DEL 17 DE DICIEMBRE

La persistencia de EE.UU. en utilizar la migración como un arma y la actualización de la política cubana de 2013 (que como se explicó respondió a una coyuntura sobre todo interna), eran de por sí una mezcla explosiva, pero el detonante que faltaba llegó el 17 de diciembre del año pasado.

Sin que casi nadie lo previera, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron ese día que Cuba y Estados Unidos estaban dispuestos a abrir un nuevo capítulo en sus relaciones bilaterales, tras más de medio siglo de distanciamiento.

Si la Ley de Ajuste Cubano viene tambaleándose desde hace rato — pues resulta cada vez más difícil catalogar de exiliados políticos a personas que vienen de vacaciones a Cuba tres veces por año — , pocos dudaron de que el nuevo deshielo era casi una sentencia de muerte para esa reliquia de la Guerra Fría.

¿Quién puede encontrarle un espacio cuando ambas naciones emprenden el camino hacia la normalización de sus relaciones, con canales abiertos en diferentes sectores, incluido el de la migración?

La pregunta de si la Ley tenía futuro fue sustituida por cuándo sería su fin.
Las autoridades estadounidenses, incluido el secretario de Estado John Kerry, mantienen hasta hoy la posición de que la Casa Blanca no tiene intenciones de cambiar su legislación, pero a nadie se le escapa el detalle de que ese no es el tipo de medidas que se anuncia por adelantado, pues equivaldría a una invitación a lanzarse al mar para tratar de llegar antes de que se cierre la puerta del “sueño americano”.

La política de pies secos-pies mojados es gubernamental, es decir que no requiere de aprobación del Congreso para derogarla, y la propia Ley de Ajuste puede interpretarse de distintas maneras, pues su letra no indica que todos los cubanos tengan el derecho al asilo político exprés.

Esos detalles no pasaron inadvertidos a este lado del Estrecho de la Florida, donde una parte considerable de la población tiene aspiraciones de migrar.

LOS PIES SUCIOS

El número de cubanos que ingresan a los Estados Unidos comenzó a dispararse desde los anuncios del 17 de diciembre. Cerca de 30 mil llegaron por esa vía durante los nueve primeros meses de este año, un 78 % más que en igual período del 2014, según cifras oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza norteamericana.

A su vez, las entradas por vía marítima también se duplicaron en relación al año anterior hasta llegar a 7000, un número notablemente inferior al de la vía terrestre, a pesar de que tienen que recorrer cerca de 3000 kilómetros y cruzar varios países.

Este fenómeno no es nuevo. Incluso se le ha dado el nombre de “pies sucios” (dusty-foot) a aquellos que entran por la frontera mexicana, principalmente desértica, en lugar de mojarse los pies en el Estrecho de la Florida.

Pero a partir de las medidas de 2013, los cubanos aprovecharon legislaciones especiales de países como Ecuador — cuya reforma constitucional incluyó un concepto muy abierto de nacionalidad y eliminó el requerimiento de visados — para salir legalmente del país y de ahí emprender una complicada travesía hacia el norte.

El trayecto se puede extender por varios días e incluir tramos por vía marítima. En la mayoría de los casos son organizaciones criminales la que se encargan del lucrativo negocio, que incluye a ancianos y menores de edad.

Existen reportes de agresiones, violaciones, maltrato, días enteros sin comida o agua, viajes sofocantes y uso de medios de transportes sobrecargados, expuestos a accidentes.

Se desconoce el número total de personas que han muerto durante esos viajes.

Muchos sudamericanos y latinoamericanos utilizan vías y métodos similares, pero mientras ellos tienen que huir de las autoridades migratorias e insertarse en el desierto, sus pares de la Isla solo tienen que presentarse en el puesto aduanero.

EL TAPÓN DE COSTA RICA

Fue precisamente ese flujo el que se vio repentinamente cortado la semana pasada, cuando las autoridades de Costa Rica desmantelaron una banda de trata de personas.

Más de mil cubanos quedaron varados en Paso Canoas, un puesto fronterizo con Panamá, y cada día llegaban decenas más.

Según las versiones de los medios locales, tras varios días de presiones y protestas, el ejecutivo tico decidió otorgar un salvoconducto a los cubanos para que siguieran su paso hacia el norte por Nicaragua.

Pero resulta evidente que, más allá de las razones humanitarias, Costa Rica estaba tratando de pasarle la bola a un país con el que está enfrentado hace varios años precisamente por problemas limítrofes, y que da la casualidad que su presidente es un amigo de Cuba y miembro del ALBA.

Es difícil saber realmente lo que pasó cuando los cubanos intentaron cruzar a Nicaragua por Peñas Blancas. Los reportes indican que se utilizaron gases lacrimógenos y se hizo un uso excesivo de la fuerza para dispersar a casi dos mil personas, incluidos niños y ancianos.

Habría que haber estado en el lugar parar verificar el grado de violencia que utilizó el Ejército de Nicaragua, que de haber sido injustificado constituiría una afrenta grave a un país que puso muertos en la Revolución Sandinista y que ha aportado lo poco que tiene para su desarrollo.

Pero, en cualquier caso, los nicaragüenses tenían el derecho soberano a negarle la entrada a su país, especialmente si consideró que se trataba de una maniobra costarricense.

Habría que precisar si el grupo venía en zafarrancho después de su éxito en Costa Rica, algo que no ha trascendido en los medios. Sin embargo, los cortes de carretera y las manifestaciones que están llevando a cabo en la frontera con Nicaragua son una mala señal.

¿UN NUEVO MARIEL?

Algunos fantasmas del pasado han regresado mientras el foco de atención se centra en el drama personal, manipulado para sacar réditos políticos, pero sin dudas real.

Las autoridades de Costa Rica comienzan a defender la idea de un corredor humanitario para solucionar el problema. Sin embargo, no aclara si sería solo para los que están en la situación actual o para todos aquellos que quieran pasar por Centroamérica.

La diferencia es clave.

Si las reuniones regionales que se van a llevar a cabo durante los próximos días acordaran la creación de una vía directa y segura hasta la frontera estadounidense, estaríamos ante la posibilidad real de un nuevo Mariel.

Pues ese mecanismo no solo sería usado por el grupo que está hoy en Costa Rica, sino por decenas de miles de cubanos esparcidos por América Latina que, de no tener que arriesgar su vida ni la de su familia con los coyotes, seguramente valorarían la opción de asentarse en Estados Unidos.

Además, sería una vía segura y relativamente barata para que cientos de miles de cubanos que potencialmente pudieran aspirar a emigrar, lo hagan combinando salidas legales con el tránsito por el corredor.

Esto no debe sorprender a nadie. Costa Rica es uno de los países con mejores indicadores sociales en Centroamérica y en América Latina en general, pero si se les diera la opción de un viaje expedito a los EE.UU. y tuvieran una ley de ajuste para acceder a la residencia, la cifra de potenciales migrantes también sería millonaria.

En el caso de otros países de la región, afectados por la violencia y la pobreza, el número sería aún mayor.

PRESIÓN EN LA CALDERA

Por el contrario, la crisis en Costa Rica pudiera convertirse en el primer tapón a este flujo migratorio. El presidente Luis Guillermo Solís viajará a Cuba en diciembre y sin dudas ese será uno de los temas a abordar.

Otro freno podría ser el acuerdo que acaban de firmar las autoridades cubanas y mexicanas, uno de los países que más está implicado en esta situación.

Todavía se desconoce su contenido pero hay especulaciones de que se podrían activar los mecanismos para combatir la trata de persona que han sido ineficaces hasta ahora.

Pero la tapa definitiva sería, sin dudas, que Estados Unidos decidiera cambiar la política de pies secos-pies mojados o la interpretación de la Ley de Ajuste, como muchos esperan que haga.

Ambas medidas son un problema también para una administración que busca resolver el estatus de millones de inmigrantes ilegales y que hace con Cuba una excepción difícil de justificar.

En ese sentido, el propio Fidel defendía la idea de que lo más justo era aplicar una legislación similar para todos los migrantes, pues la clave del problema estaba en la selectividad que se hacía con la Isla y no la ley en sí.

Otras crisis en el pasado han llevado a la Casa Blanca a sentarse en la mesa de negociaciones. Sucedió con la administración de Bill Clinton después de la crisis de los balseros, que derivó en los acuerdos migratorios de 1995, aún vigentes.

De llegar a ese escenario, que conllevaría sin dudas una renegociación del monto de visas legales que otorga la embajada de Estados Unidos, Cuba estaría frente a un reto adicional.

Más allá de los mecanismos de control que aplica cada país, las tensiones sociales, especialmente después de la crisis económica de los años noventa, se han solventado fundamentalmente de dos maneras: en primer lugar el aparato de asistencia social que se mantiene en pie para garantizar condiciones dignas a la población, el cual tiene logros indiscutibles que han sido reconocidos por organismos internaciones; y en segundo la salida de aquellos que aspiran a más.

La migración de sur a norte resulta un fenómeno natural, pero también es cierto que aquí se llevó cabo una Revolución para transformar la realidad económica y social y superar esas contradicciones. Incluso por encima de las agresiones como el bloqueo.

Sirve de bien poco el consuelo de que los cubanos emigran igual que los demás.

Si el descontento que se ha visto en Costa Rica se vuelca a las calles del país, sería mucho más lógica la prisa que la pausa para lograr un impacto real en el nivel de vida de la mayoría de los ciudadanos.

Además, el deshielo de las relaciones con Estados Unidos genera expectativas en amplios sectores, y capitalizar las frustraciones puede ser una parte de la estrategia norteamericana, que ha dejado claro que cambia sus métodos pero no sus objetivos.

Y esta tormenta perfecta que se está formando en torno a la crisis en Costa Rica, pero sobre todo sus derivaciones finales, coincidirán en el tiempo con la transición generacional en el máximo liderazgo de la Revolución.

Cuba es sobre todo un proyecto de sociedad diferente. En cualquier escenario, la prosperidad es la única garantía para su estabilidad.

Fuente: Medium.

“No sé lo que hay que hacer, pero estoy seguro de que hay que hacer algo.” @citaconsilvio

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Hay que hacer algo

Desde hace días es noticia, especialmente en medios que suelen atacar al gobierno de Cuba, la situación de unos dos mil cubanos que se han congregado en la frontera de Costa Rica con Nicaragua. Los matices, como era de esperar, favorecen al gobierno de Costa Rica y condenan al de Nicaragua. No he visto hasta ahora ningún análisis sobre las particularidades de esta situación, sin dudas provocada por la angustia de familias enteras que quieren llegar a los Estados Unidos, como muchas otras familias de países de la región.

Haber visto a estos coterráneos cargando sus niños (la inocencia de esta amarga aventura), me conmueve profundo y moviliza. El corazón que también soy pulsa con mi conciencia: me doy cuenta de la manipulación mediática y de los intereses contra Cuba, justo en el momento en que los titulares están copados de terrorismos y migraciones forzadas hacia Europa. Sin embargo esos niños lanzados irresponsablemente a semejante incertidumbre me acorralan.

Por diversas noticias sabíamos que estos cubanos venían reuniéndose desde hace tiempo en Costa Rica, pero parece que alguien se dio cuenta de que era el momento de actuar. Aparentemente fueron rechazados en la frontera de Nicaragua y ahora el canciller costarricense lanza la nada providencial “solución” de tender un puente para que estos dos mil cubanos lleguen a su destino.

Qué bueno es este señor, que hace esto por los cubanos, sabiendo sin dudas que en Estados Unidos existe una ley especial que favorece la llegada de nuestra gente con pies secos.

No tengo noticias de pronunciamiento alguno a favor de otro grupo de latinoamericanos. Sólo veo a un canciller haciendo un llamado internacional en un rotundo intento de legalización moral de la Ley de Ajuste Cubano (y de paso quitarse un problema de encima). Justo ahora que el acercamiento entre Washington y La Habana pone a temblar esa “ley”. ¡Tremenda carambola multibandas!

Aún así, sigo pensando en esos niños inocentes del tráfico de personas al que sus mayores eligieron someterse y arrastrarlos con ellos.

No sé lo que hay que hacer, pero estoy seguro de que hay que hacer algo.

Tomado del Blog Segunda Cita

Causas y azares de la emigración cubana. Por @JimmydeCuba

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Causas y azares de la emigración cubana

Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu) @JimmydeCuba
A punto de publicar un artículo sobre el salario en Cuba –relacionado con otro publicado antes– nos escribe un amigo preocupado porque La Joven Cuba no ha escrito algo sobre los cubanos embarcados en una crisis migratoria en Centroamérica. Otro hace un comentario irónico en su muro de Facebook preguntándose si LJC estaba de vacaciones por estos días.

Aprendí del Che a sentir en carne propia el sufrimiento ajeno y si es cubano, mucho más. Lamento que los jóvenes –sobre todo los jóvenes- no vean su futuro en Cuba y salgan a buscarlo en otro país, y también que esa migración haya sido utilizada como arma política. Nadie en su sano juicio se opondría a que sus compatriotas puedan obtener el permiso de trabajo en cuanto ponga un pie en los Estados Unidos, la residencia al año, además de otras ayudas, pero esos privilegios falsean la realidad de la migración cubana.

Cuba es el único caso en la historia de la humanidad donde los exiliados políticos regresan luego de vacaciones con su familia, juegan dominó en el barrio, y caminan por sus calles sin el más mínimo peligro. Por obra y gracia de la política migratoria de los Estados Unidos y de su Ley de Ajuste Cubano, los inmigrantes económicos se convierten en exiliados políticos. Los mismos que han hecho carrera política con este tema, ahora piden revisarlo.

Resultado: La Ley de Ajuste tiene sus días contados.

El incremento de emigrantes cubanos en los últimos tiempos tiene una relación directa con la extinción de la Ley de Ajuste. Ser residente en los Estados Unidos y tener la posibilidad de viajar, tener negocios e incluso vivir en Cuba tiene enormes ventajas.

Todos los días se generan en el mundo crisis migratorias, sin embargo el único caso donde se vincula la migración con el sistema político vigente en el país es con Cuba. Los migrantes cubanos “votan con los pies” dicen. Siempre he pensado que si los demás tuvieran las ventajas que tienen los cubanos, regiones enteras se quedarían despobladas.

El gobierno cubano no debe estar ajeno a la situación de nuestros compatriotas en Centroamérica, pues si bien ellos eligieron su camino, eso no significa que rompieran con su país, además, al hacerlo arrastraron con ellos a menores que no tienen la culpa de la irresponsabilidad de sus padres. Los medios se encargan de darle un matiz político al asunto, si los abandonamos les estaríamos dando la razón.

Son muchos los que hoy se solidarizan con la situación de esos cubanos y me uno a ellos. Pero me aparto de los oportunistas que se preocupan de las vicisitudes de los cubanos solo cuando estas les permitan atacar a su gobierno.

Tomado del Blog La Joven Cuba.

Análisis sobre las relaciones #USAvsCUBA por Esteban Morales

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Por Esteban Morales

Decía una de mis abuelas que,  “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.

La política de bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba cumple ya 52 años,  desde que fue instaurada oficialmente en 1962 y nos parece que  ya hace largo tiempo   ha comenzado  a presentar serios signos de agotamiento. Sobre todo, si tomamos en consideración, que a pesar de  los años transcurridos y las administraciones  norteamericanas  que la han puesto en práctica, se ha hecho  evidente que se trata de la política más ineficiente sostenida por una administración estadounidense. Ninguna política formulada por Estados Unidos contra otro país,  se ha hecho tan impopular y ha sido tan  criticada como la  del  bloqueo  contra  Cuba. Tal vez,  solo la presencia norteamericana en Viet Nam sobrepasa esa impopularidad.

A obama le ha  correspondido vivir el periodo en que tanto internamente como a nivel internacional se ha conformado un estado de opinión, diríamos un  consenso,  de que el bloqueo debe ser eliminado. Por lo cual, cuando en su último discurso de campaña del 2008,  dijo que lo mantendría,  ya estaba comenzando con lo que  ahora debiera  terminar.

Porque hay que decir que entonces  Obama  insistía en mantener una política, que diseñada para un mundo,  que imaginaban  supuestamente  no cambiaría, ahora  las realidades vividas durante estos años,  han superado todas las  expectativas   de lograr mantener esa política. Cuba sobrevivió, el mundo comenzó a cambiar, Estados Unidos también cambio y   la política de bloqueo ha quedado   como un anacronismo de la Guerra Fría.

Por eso  Obama, paga personalmente  el primer error,   al   considerar que una política llevada adelante por casi más de 50 años,  aún tenía capacidad para cumplir,  dentro de su administración, los objetivos que no había logrado en las 10 administraciones que le  habían precedido.

Es cierto que Obama, inteligentemente,  hizo un aporte  particular, al seccionar en dos  la política de bloqueo, manejándola entonces diferenciadamente, contra la sociedad civil cubana y contra el gobierno;  aunque  de todos modos,  tal  seccionamiento  tampoco ha funcionado. Porque se trata de una  simple manipulación cínica, por medio de la cual, supuestamente gobierno  y pueblo  cubano podrían ser separados.

Obama no ha logrado vencer a la administración cubana, a pesar de llevar sus medidas represivas,  financieras en particular,  hasta niveles insospechados; pero  tampoco ha logrado manipular subversivamente    las flexibilidades que harían de la sociedad civil cubana  su  potencial aliado,   al recibir los  beneficios de  visados,  paquetes y  remesas, tal y como se  ha esperado  por la administración hasta hoy.

Obama,  sin dudas,  ha pensado  que beneficiando a una parte importante de  la sociedad cubana, como lo ha hecho, ello sería suficiente para limitar al gobierno cubano  en  su capacidad de controlar políticamente la situación interna. Frente a un manejo  tan cínico del bloqueo, que quiere decirle al ciudadano cubano que no es contra él  y al gobierno que  es  solamente en su contra. Olvidándose, por parte del  Presidente,   que no es solo con mercancías  y  ventajas materiales como se conquista a un ciudadano que ha vivido  una experiencia política tan dramática  como la que ha padecido  la inmensa mayoría de la población cubana. Por lo que muchos, demasiados ciudadanos,  disfrutan de las ventajas  que Obama ofrece,  pero ello no los  convierte en defensores de la política norteamericana. Por eso, a diferencia de lo que pudo haber calculado, Obama no ha logrado inclinar la balanza política a su favor  dentro de Cuba. Habiendo solo obtenido  la aceptación de los mercenarios y anexionistas  de siempre.

Ya el Presidente ha probado las dos vertientes del bloqueo, inventadas por su administración, por lo que  a punto de  finalizar  la primera mitad  de  su  segundo mandato,  esta como al principio: manejando  una política que no solo no  ha ganado adeptos, sino que paradójicamente  los pierde  crecientemente;  por lo que son muchos más   los que se encargan hoy  de reiterarle que está ante una política fracasada.

Como si fuera poco, los llamados a cambiar la política les  vienen también  de quienes antes  fueron  sus  aliados. Todo en medio de un escenario político internacional,  interno y hemisférico, que lejos de mejorar se le ha continuado  complicando al  Presidente.

Obama  está enfrentando hoy a una situación mundial y hemisférica,  a la que Estados Unidos no ha tenido que enfrentarse en los últimos 100 años. Sus fracasos económicos, internos, militares y políticos, no habían sido nunca tan grandes como lo son hoy. Lo cual se expresa muy  claramente en una pérdida de la  popularidad, tanto dentro como fuera, un  desconocimiento de sus intereses y  una existencia de consensos de contrapartidas a su política,  como Estados Unidos no había  tenido que enfrentar nunca.

Además, en medio de  su afán por  reforzar la vertiente subversiva de su política hacia Cuba,  se le ha atravesado el caso de Allan Gros, un craso error  de sus  Servicios de Inteligencia,  del cual aún  no sabe   cómo va a  salir.

Las complicaciones surgidas  para su política hemisférica, en la que ni la OEA ni la llamada Cumbre de las Américas, juegan a   su favor, el Sistema Interamericano se desmorona   y  donde tampoco  las políticas generadas para atender  al resto de sus conflictos en el mundo  pueden  exhibir logros. Como si fuera poco, la situación  mundial y hemisférica se ha venido articulando de tal modo,  que Estados Unidos debe enfrentar hoy una correlación de fuerzas políticas y económicas  a nivel internacional  con la que nunca había tenido que  bregar. Expresándose esto, entre otros,  en  los  asuntos siguientes:

-América Latina y el Caribe han comenzado a comportarse de tal modo que ya  han   dejado de ser  el  traspatio  seguro  de la política norteamericana.

– China y Rusia, que antes se enfrentaban entre sí,  han comenzado a  formar  un frente común para defender sus intereses  económicos y políticos, frente a las intenciones hegemónicas  de Estados Unidos y  Europa.

– Países como China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica se coordinan en los BRICS,   reclamando el espacio económico y político que les corresponde a su poderío económico y que hasta hace muy poco  Estados Unidos controlaba.

-Los países de América Latina y el Caribe se van agrupando bajo formas de integración política y económica,  para defender de manera conjunta el espacio que consideran deben tener en las relaciones    mundiales. Haciendo emerger organizaciones en las que Estados Unidos no logra  ocupar   espacio.

– Europa Occidental, en particular Alemania,  ha comenzado a mirar  para Rusia, China y  América Latina.

-Se están realizando no pocos intentos por  sacar al dólar de su histórica posición hegemónica.

-China acaba de inaugurarse como primera potencia económica mundial.

-Las agrupaciones que Estados Unidos históricamente ha liderado, como la OEA, la Cumbre de las Américas, el Banco Mundial y  el Fondo Monetario Internacional, entre otras,  van perdiendo su otrora  capacidad. Mientras van emergiendo otras organizaciones en las que Estados Unidos no participa. Proceso que paulatinamente va teniendo lugar lo mismo en America Latina, que a nivel mundial,  en Asia  y Europa. Produciéndose un proceso de reagrupamiento de fuerzas políticas y económicas,  en el que Estados Unidos va dejando crecientemente de ser el núcleo central de las  nuevas agrupaciones que se han venido formando.

-Estados Unidos, de una potencia mundial que tenía sus pies afincados   en todas partes, ha comenzado a quedarse al margen de las últimas agrupaciones de países que se están formando y  que por demás,  se  van  creando precisamente para  contrarrestar  la hegemonía norteamericana.

Ahora, cuando usando como pretexto la lucha contra el terrorismo, Estados Unidos, se lanza a la conquista de los territorios del Medio Oriente, parece haberse metido en una situación de la que demorara mucho tiempo en salir o de la que  podría  no salir  nunca.

Claramente, Estados Unidos va dejando de ser la potencia con la que todos  querían aparearse. Se va quedando solo. Sus propios antiguos aliados van perdiéndole   confianza y buscan,  discretamente aun, encontrar sus espacios en las nuevas organizaciones que emergen y vincularse a naciones que no podrían ser nunca consideradas como  aliadas de Estados Unidos.

Generándosele una situación dentro de la cual, si Obama desea presentar algún logro en su política exterior, pero paradójicamente,   Cuba es  casi el único conflicto en que se le presentan  las   oportunidades  para  exhibir  algún fruto positivo en su actual política exterior. No porque Cuba sea hoy  el conflicto más importante que tiene Estados Unidos,  sino porque es el   único en el que se le presentan  a Obama la capacidad, la oportunidad y el consenso  favorable para  solucionarlo.

De manera particular, Obama está obligado a mejorar su imagen en el hemisferio y es Cuba quien le  está  ofreciendo  la mejor oportunidad para hacerlo. Al tratarse este ultimo de un asunto en el  que la mayoría de los líderes latinoamericanos le han dicho a Obama que un trato diferente con Cuba, que elimine la política de bloqueo,  representaría una buena señal para mejorar sus relaciones en el hemisferio. Por lo que Cuba  concentra buena parte de la capacidad política de Obama para lograr entenderse con América Latina y El Caribe. Oportunidad que considero,  Obama no debe dejar pasar. Todo lo cual  parece dependerá de la actitud que el Presidente asuma ante la realidad de tener que enfrentarse  a  Cuba, históricamente no invitada,  en la próxima Cumbre de las Américas,  en  abril del 2015.

En cuanto al cambio de Allan Gros por los tres antiterroristas cubanos, Obama no debiera dar más largo a la situación. Creo que el  Presidente es lo suficientemente inteligente como para saber que tal cambio no representa  peligro  alguno  para la seguridad nacional norteamericana;  mientras que se trata de un caso por el que el Presidente ha recibido muchas críticas y llamados de atención,   dado que  los jóvenes cubanos presos aun,   representa  una mancha  para   el sistema de justicia norteamericano y para el prestigio de la nación en general.

Obama ha recibido múltiples  señales que le   están  indicando  la necesidad de cambiar  la política hacia Cuba. Nunca un presidente norteamericano había acumulado tantas señales conminándole  a cambiar la política hacia un país.

Las señales las  ha tenido dentro de su propia administración y  de los sectores de derecha  de la comunidad cubana;   de los hombres de negocio, en Naciones Unidas, de sus  aliados,  y en general  provenientes  de  un ambiente político que se ha generado y  que  ha formado un consenso que no cesa de  presionar  contra el bloqueo. De lo cual es clara expresión el reciente editorial del New York Times. No tratándose de un simple  artículo, sino del llamado conjunto de una serie de sectores poderosos dentro de la sociedad norteamericana, que pueden estar considerando lo perjudicial que ya resulta que Estados Unidos mantenga su  actual política   contra Cuba .Es como si les estuvieran diciendo a Obama  “… esta bueno ya, pues estas perjudicando intereses que salen de tu alcance…”

Siendo realista,  es posible decir que nunca antes se había   acumulado  tal suma de  actitudes  favorables a un cambio de política hacia Cuba. Tanto internamente en Estados Unidos como a nivel internacional. En lo que respecta  a Cuba además, porque esta, paulatinamente también,   va dando señales  de fortaleza y de que avanza   hacia una mejoría de su situación interna, lo cual favorece el posible cambio de política. Pues hay sectores de negocio, sociales, científicos, religiosos, políticos,  que observan con atención las oportunidades que Cuba está ofreciendo.

Siempre hemos dicho que la situación interna de Cuba es una variable determinante a la hora de considerar un potencial cambio de política de Estados Unidos hacia la Isla. Y a pesar de todos los esfuerzos realizados y el  dinero gastado por la administración, esta no  ha  logrado los objetivos de subvertir la situación interna de la Isla.

Pienso que Obama no está en condiciones internas ni internacionales, de darse el lujo de no solucionar un conflicto de tan larga data, en su histórico traspatio y  que  ha devenido,  como nunca antes,  en un reclamo,  por el  cual,  tanto Cuba como Estados Unidos,  podrían salir objetivamente beneficiados.

Obama no debe esperar más, tiene todas las cartas a su favor  y no son pocos los que le están pidiendo que actúe.

Tal vez una señal positiva de parte de la administración la  acaba de dar John Kerry, secretario de estado, cuando ha  halagado a Cuba por su actitud de colaboración ante el fenómeno de la epidemia del Ébola.

Es muy significativo que el Secretario de Estado emita una opinión como esa, tratándose de Cuba. ¿Se  trata de una señal amistosa, de buena voluntad? Veamos. Creo que Cuba debiera  responder el gesto.

 

Fuente: La Chiringa de Cuba.

Sostienen #Cuba y #EstadosUnidos conversaciones migratorias

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La Jefa de Departamento de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), Josefina Vidal, encabeza la delegación cubana en las conversaciones migratorias con la nación norteña que comenzaron hoy en Washington.

El Departamento de Estado norteamericano anunció el inicio de las negociaciones este miércoles entre la delegación liderada por Alex Lee, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental y la guiada por Vidal.

Estas conversaciones tienen lugar cada seis meses desde los acuerdos migratorios entre las dos naciones en la década del 90 del pasado siglo, y fueron suspendidas en 2011, pero reanudadas dos años después. En las mismas se discuten frecuentemente otras cuestiones entre los dos países que rompieron relaciones diplomáticas en 1961, según un reporte de la agencia AP.

 

Fuente: OnCuba.