Nicolás Maduro

Las explicaciones que no necesito

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Leticia Martínez Hernández

 
No se cómo murió Chávez. A ciencia cierta casi nadie conoce los detalles de la enfermedad que lo arrebató de nuestros ojos. Y está bien que no se sepa. Está bien que ese dolor quede solo en el alma de quienes vivieron con él hasta el último suspiro, ese en el que según cuentan algunos continuaba aferrado a la vida, a Cristo.

 
Anoche dejé de querer saber. Anoche, cuando los médicos que tantos pactos hicieron con la vida, se cuadraron frente al ataúd que ahora preserva al paciente más amado, dejé de preguntarme por qué murió. El llanto de esos hombres y mujeres al pie del ataúd me confirmó que nada humana podía salvarlo. No quiero estar por un segundo en sus zapatos, en sus pieles, en sus almas, aunque me hubiera gustado tanto acompañarlos en esa apuesta por la vida. ¿Cómo se vive ahora con la inconformidad que desgarra?
No. No quiero explicaciones, no las necesito. No quiero saber los detalles de esta lucha contra el cáncer que duró casi dos años. No sé los nombres de estos médicos, no sé la especialidad que ejercen, no sé sus edades…Solo sé que anoche cuando Nicolás Maduro les daba gracia por tanto amor, cuando este hombre tan leal a su líder pedía vivas para Fidel y Raúl porque cuidaron a Chávez como al hijo que se niegan a entregar sin antes luchar hasta desfallecer, sentí estallar la Isla que llevo por corazón. El aplauso cerrado que recibieron allí de parte de todos los que aman a Chávez aún después de la muerte confirmó la gratitud.
En la Academia Militar de Fuerte Tiuna, en el silencio que guardaron por varios minutos frente al Comandante inerte, en esos rostros hecho dolor por la pérdida, en esas ojeras que delataron cansancio tras tanto tiempo de batalla a brazo partido contra la muerte, estaban las explicaciones que quería recibir.
Y es tanta la nobleza de esos seres humanos que cuando fueron a abrazar a la señora Elena Frías parecían estarle pidiendo perdón. ¿Será que no saben que el agradecimiento para ellos es eterno?

 

Fuente: Facebook

 

Los cojones de Chávez

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Por: NegraCubana

 

 

Estaba frente al televisor aquel sábado que Chávez nos hizo saber de la recidiva del cáncer. Eran más de las 10 de la noche y ponían en la TV cubana la película del sábado, espacio habitual que buena parte de la población espera. Por la interrupción del filme supuse que se trataba de una noticia demasiado importante como para limitar momentáneamente el disfrute de quienes consumen dicho espacio.
Ahí estaba Chávez, cojones en mano (no encuentro otro modo de decirlo), explicándonos sobre su estado de salud. Pero lo que ahorita mismo me hace erizar, es la transparencia y valentía con que este hombre declaró, sin hacerlo, que se iba a morir. Aún en vida, entregó el mando del país a Nicolás Maduro. Por eso, no tengo duda, Chávez sabía que iba a morir.
Ibbaé  Comandante!