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LA MALA PRENSA Y EL DELITO IMPOSIBLE

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BarataPor: Jorge Gómez Barata

Publicación en Cubano1er.Plano

Un residente en Miami fue acusado de asaltar un banco en La Habana.

─ ¿Cuándo llegó usted a La Habana? preguntó el juez.

─ Jamás he estado allí respondió el encartado.

─ ¿Dónde estaba usted la tarde en que fue asaltado el banco?

─ En el estadio de los Marlín junto con otras 50 000 personas.

─ ¿Tiene algún testigo de su presencia en el estadio?

─ Además de los 50 000 aficionados al beisbol que pueden haberme visto, pregunte usted a quien me vendió la entrada, al portero y a un señor al que compré palomitas de maíz. Seguramente mi presencia estará registrada en alguna de las cámaras que graban todo lo que ocurre en la instalación. 

El magistrado interrogó al jefe de la policía.

─ ¿Ha verificado usted las coartadas del acusado?

─ Son ciertas e impecables señoría. 

─ Obviamente tienen al hombre equivocado ─declaró el letrado que con un golpe de mallete dio por concluido el proceso.

Así debió ocurrir con Gerardo Hernández al que se acusó de conspiración para asesinar aludiendo al derribo por Mig de la  aviación cubana de dos aviones de la organización contrarrevolucionaria Hermanos al Rescate que rutinariamente efectuaban vuelos sobre Cuba para lanzar propaganda y realizar otras actividades.

Debido a que no formaba parte del staff directivo de aquella organización, Gerardo Hernández no podía saber que sus aviones volarían sobre La Habana la tarde del 24 de febrero de 1996, información que, por otra parte, no  necesitaba la fuerza aérea de la Isla.

Debido a que tampoco pertenecía al Alto Mando de la Fuerzas Aérea Cubana y a que no estaba en Cuba en el momento de autos, el reo no pudo participar en la decisión de derribar los aparatos y muchos menos en la operación aérea. Gerardo no volaba en ninguno de los Mig y no fue su mano la que oprimió el disparador.

No existe una sola evidencia de que en algún momento anterior o posterior a los sucesos de los que se le acusa el antiterrorista cubano se haya involucrado con aquella operación. Por añadidura, entre el 24 de febrero de 1996 fecha de los sucesos y septiembre de 1998 cuando Gerardo fue detenido transcurrieron más de 30 meses, casi mil días, cada uno de los cuales pudo utilizar para abandonar los Estados Unidos, cosa que haría cualquiera que hubiera intervenido en hechos de semejante connotación.

La única explicación que existe para que el famoso Cargo 3, que no apareció en la acusación original realizada por la Fiscalía de Miami en septiembre de 1998, se agregara siete meses después, fue la presión ejercida por la prensa anticubana de Miami y el oportunismo de la fiscalía que de ese modo politizó aun más el  juicio contra los antiterroristas cubanos.

Más grave aún es que con posterioridad al juicio se descubrió que la presión mediática ejercida en la prensa de Miami y que llegó a la intimidación de jurados y la coacción de testigos se realizó por periodistas que cobraban salarios del gobierno, lo que vició un proceso que debe ser anulado.

 

Evidentemente los Estados Unidos tienen preso al hombre equivocado, un inocente que no pudo cometer el delito que se le imputa. Allá nos vemos.