Día: octubre 3, 2016

Perdidos en la diana

Posted on

Ilustración de Carralero

 Apenas se tiene un pie dentro de la Universidad, la incertidumbre sobre el futuro laboral persiste casi hasta la fecha misma de graduación. Lo digo por experiencia propia. A mí llegaron a dibujarme la posibilidad (real) de trabajar como maestro en algún centro educativo, incluso fuera de la enseñanza superior. «Será donde el país los necesite», nos decían de forma lapidaria.

Con tales relámpagos, imaginen el desconcierto. El destino de quienes apostamos por estudiar Periodismo no lo determinaban las decisiones ni el desempeño docente del alumno. Las aspiraciones personales carecían de valor ante la estrechez arbitraria de las opciones.

Por suerte, mi generación no acabó tan mal. El éxodo de profesionales de los medios de comunicación dejó espacio para todos, aunque algunos fueron ubicados a kilómetros de distancia de su casa, desprovistos de transporte para el viaje diario de un municipio a otro. Sí, en estos términos operó la garantía de empleo.

Todavía recuerdo aquella comiquísima reunión de quinto año, después de los «machetazos» por concretar los lugares del escalafón. De pronto, apareció ante nosotros el principio de «territorialidad», que le impedía al mejor estudiante del grupo optar por su sueño dorado, y lo obligaba a conformarse con una plaza en la pequeña emisora de su pueblo. No les cuento todos los detalles, pero a punto estuvo el muchacho de devolverle los relámpagos a la decana.

Historias similares perturban la esperanza de los graduados universitarios a lo largo del archipiélago, al chocar con la verdadera circunstancia de su perfil laboral, muchas veces distante de los conocimientos adquiridos durante la carrera, y de la vocación adolescente que los llevó a elegirla.

Lo peor es que tales desafueros tienen un amparo legal en el Código de Trabajo, sometido a debate en las agrupaciones sindicales, sin tomar siquiera como referente los criterios del sector estudiantil (específicamente de las enseñanzas técnica y superior), inmediata fuerza productiva en cuya formación se invierten millones de pesos.

El artículo 89 de su Reglamento precisa que la ubicación laboral debe corresponderse, primero, con las necesidades de la producción y los servicios, y segundo, con los estudios cursados, siempre que no resulte «imprescindible» situar al recién egresado en un cargo distinto a su especialidad, acorde o no con las particularidades de su profesión. Ya lo afirma un viejo dicho: «en la ley está la trampa».

Bajo esta norma, la mayoría de las ofertas de trabajo lucen poco llamativas frente a las lógicas ambiciones de un joven que inicia su vida proletaria, para colmo consciente de que el salario a cobrar no le alcanzará para comprar la ropa de moda, mantener el celular o darle un gustico a su pareja. Si acaso, aportar algo a la economía familiar.

Conozco varios casos que deberían suscitar una discusión seria sobre la política de empleo existente: agrónomos dedicados a la

compra-venta de CD, cibernéticos en el negocio de las bisuterías, filólogos en la cría de cerdos, arquitectos en función de fotógrafos, ingenieros automáticos en la reparación de celulares, licenciados en Lengua Inglesa en el comercio de artesanías…

Honestamente, tampoco creo que constituya un propósito del Estado cubano desvirtuar el gasto en la educación universitaria, sobre todo cuando tanto se habla de fortalecer la empresa socialista. Sin embargo, en la base de la pirámide las disposiciones no andan por buen camino.

Al margen de las condiciones objetivas (la escasa remuneración), al adiestrado le toca padecer el mal del último que llega, o sea: trabajar en las tareas menos atractivas de cualquier entidad, situación que afronta en rol de cordero para no ver perjudicada su evaluación.

Otro elemento cuestionable es el proceso de demanda, supuestamente elaborado a partir de la necesidad de fuerza calificada, según las exigencias del desarrollo socioeconómico. Lo regula la Resolución 8 de 2013, del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, mecanismo que en ocasiones se trastoca, pues las políticas del país van por un rumbo, y las «necesidades» por otro.

El descontento o la frustración resulta el pago final a un grupo nada despreciable de graduados universitarios. Podrán decir que miles de jóvenes trabajan en el sector estatal, y otros tantos en las nuevas formas de gestión. Pero en la frialdad de esos números jamás hallaremos el desajuste de la diana en el entorno laboral cubano.

Mientras se acoteja (si lo hace), habrá quienes resistan o esperen el cambio, y habrá quienes continúen apostando por encontrar la felicidad en un empleo para el que nunca estudiaron.

Fuente: Revista Alma Mater.

La fiesta del vino en #Cuba

Posted on

A tono con la fiesta del vino en Cuba que próximamente tendremos en el Hotel Nacional, en ocasión a su XVII edición. Entre los días 4 y  6 de octubre empresarios, comerciantes y profesionales vinculados al mundo vitivinícola se dan cita en los salones del emblemático centro turístico cubano.

Acá les dejo un articulo con algunos beneficios.

Julio C. M editor de Kokacu@

 

 

10 grandes beneficios del vino tinto que no conocías

El vino tinto ayuda a depurar la sangre, evita coágulos y protege los tejidos de los vasos sanguíneos.

Tomar una copa de vino  tinto al día puede hacer mucho por nuestra salud en general. Pero recordemos, siempre con moderación y equilibrio. Un vasito diario de este tributo natural y de hechizante sabor acompañará tus platos y mejorará notablemente tu bienestar. Te explicamos por qué.

El vino tinto y sus grandes bondades

vinos

1. Un aliado para bajar de peso

¿Lo sabías? En efecto, el vino tinto dispone de una propiedad muy especial: activar un gen que impide la formación de nuevas células de grasa y, por si esto fuera poco, nos permite estimular las existentes para depurarlas e ir eliminándolas poco a poco. Para demostrarlo, el  Instituto Tecnológico de Massachusetts realizó varios estudios y publicó sus resultados en diversos medios.

No obstante, para que este efecto lo veamos reflejado en nuestra silueta, recuerda que no debes beber más de una copa al día. En la imagen tienes una referencia de la cantidad: no llega a un vaso lleno. Obviamente, los resultados serán más visibles si lo combinamos con una dieta equilibrada y libre de grasas.

2. Potenciador para nuestro cerebro

El vino tinto es un buen mediador para mejorar nuestros procesos cognitivos. ¿Y cómo puede ser esto? Son muchos los estudios que nos demuestran que beber vino de forma equilibrada, moderada pero constante, hace que podamos prevenir demencias y enfermedades degenerativas de nuestro cerebro.

Resuelve las inflamaciones, evita el endurecimiento de las arterias ,y además, inhibe la coagulación mejorando así el riego sanguíneo. Es fabuloso.

 mujer_tomando_vino

 

3. Trata las infecciones de las encías

Si eres de esas personas a las que, por ejemplo, les sangran las encías, no lo dudes y acompaña tus comidas con un vasito de vino tinto. Existen compuestos presentes en las uvas que, al ser fermentados en vino, tienen la virtud de evitar la aparición de los estreptococos y bacterias vinculadas a las caries, además de ser muy eficaz contra la gingivitis e incluso dolores de garganta.

4. Combate el cansancio

Curioso, ¿verdad? La investigación apareció en The FASEB Journal, y nos dice que es precisamente el resveratrol presente en las uvas quien mejora nuestra situación en esos días en que estamos algo más apáticos o cansados. Vale la pena tenerlo en cuenta.

5. Aumenta nuestras endorfinas

Recuerda: siempre con moderación para disfrutar más de ese vino tinto sano y delicioso. Al hacerlo, liberamos endorfinas en nuestro organismo, relajándonos y disfrutando más del momento. Dicho estudio se llevó a cabo en la Universidad de California. No olvides que el vino combinado con determinados alimentos y platos potencia aún más su sabor y el disfrute de los mismos. ¿Lo sabías?

 

vino

6. Limpia nuestro paladar

Realmente curioso pero cierto.  Tomar vino tinto mientras comemos hace que, gracias a sus propiedades astringentes, el sabor de la comida se perciba de modo más intenso.Reduce el sabor de las grasas si comemos carne y nos da una sensación gratificante al limpiar nuestra boca. Un detalle que debemos tener en cuenta y que nos convence, más aún, de la utilidad de acompañar almuerzos o cenas con esa copita de vino tinto.

7. Bueno para reducir el colesterol

Como ya sabes, el vino tinto es un tesoro natural rico en polifenoles, siendo uno de ellos el beneficioso resveratrol, una sustancia química rica en antioxidantes que,según la Clínica Mayo, nos ayuda a cuidar de nuestros vasos sanguíneos, ya que evita la formación de coágulos y la reducción del llamado colesterol “malo”.

8. Excelente para nuestra salud cardíaca

Además de los polifenoles que hemos mencionado anteriormente, el vino tinto es rico en vitamina E, que ayuda a limpiar nuestra sangre, evitar coágulos, protegiendo los tejidos de los vasos sanguíneos. Así pues, una simple copa de vino tinto eleva notablemente el potencial de nuestra salud cardiovascular.

 

vino tinto

9. Reduce el riesgo de cáncer

Es un gran antioxidante. Un recurso natural capaz de bloquear por ejemplo el crecimiento de las células responsables del cáncer de mama o pulmón. Una de sus mejores propiedades es precisamente la acción que ejerce el revastratol a la hora de impedir que el estrógeno derive en problemas cancerígenos en las mujeres.

10. Combate las infecciones urinarias

Gracias sus propiedades antioxidantes y astringentes logra evitar que las bacterias se adhieran a nuestra vejiga o riñones y optimiza, además, el filtrado y depuración de estos órganos. Basta, como decimos, una copita al día para beneficiarnos de estas importantes dimensiones. ¿Te las vas a perder?

Fuente: Mejor con Salud.