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Blogueros cubanos en el río Toa, el más caudaloso de Cuba.

Blogueros cubanos en el río Toa, el más caudaloso de Cuba.

Por Yohana Lezcano y Rodolfo Romero

La siguiente entrevista tiene el ruido de las teclas, el sabor a selva y a río, un olor innegable a post. ¿Qué es un post? Preguntarían los que no son «nativos digitales». La respuesta más sencilla: todo lo que se publica en blogs y redes sociales en Internet. István Ojeda tiene una bitácora que lleva por nombre Cuba Izquierda. Hicimos un trato: como respuestas a nuestras preguntas, él escribiría un post. Si el libro finalmente se publica, es decir, si usted lo está leyendo ahora, este bloguero de Las Tunas publicaría estas líneas en su espacio digital, a disposición de miles de usuarios que quizás no puedan acceder a la versión impresa. Sería una manera más de mezclar estos mundos tan unidos irremediablemente: el virtual y el off line. En la «Guerrilla de Bloguer@s» participan, dos veces al año, alrededor de cuarenta jóvenes de diferentes provincias del país. A diario interactúan entre ellos virtualmente. En ocasiones organizan iniciativas en espacios físicos como «La suelta de libros» (para promover la lectura y el intercambio de volúmenes) y «Una ronda por Teresita» (en homenaje a Teresita Fernández). Después de subir el Turquino en julio de 2012, han realizado excursiones comunitarias a El Nicho, la Ciénaga de Zapata, el Valle de Viñales, Topes de Collantes, la ciudad de Camagüey y Baracoa, además de un encuentro–taller que celebraron en el Centro Memorial Martin Luther King Jr. Por eso, si usted no tiene acceso o no ha consultado todavía este blog, le adelantamos que se ve de la siguiente manera:

UNA HISTORIA CON MUCHOS CAMINOS

Por István Ojeda

Quizás lo mejor que tiene esta historia es que nadie puede adjudicarse absolutamente la autoría de un guión único. Así que, seguramente, cuando preguntas ¿cómo y cuándo surgió la guerrilla de blogueros?, te sorprenderán las diversas maneras de contarlo.

El consenso estaría en que, en el ascenso al Turquino, «esta cosa» ya se hizo material, pues hasta entonces había discurrido por las fibras ópticas o las líneas telefónicas que soportan la red en Cuba. Yo, como en muchas otras cosas de la vida, llegué sin tener una idea clara de qué era eso en lo que me estaba metiendo. Fue la fe en Karina (bloguera de Holguín) el motivo sufi ciente para enrolarme en la expedición que suponía era únicamente para vencer el reto de llegar hasta la montaña más alta de Cuba.

Con el tiempo, fui descubriendo el valor, hasta sentimental si se quiere, de tener un blog y de hacerlo con un sentido menos panfletario, pero definitivamente mejor. Eso lo comencé a aprender bajo las estrellas de la ruidosa y hasta agresiva playa de Río la Mula; andando los incógnitos senderos de Los Morones y hasta perdiendo el aliento, montaña arriba, hasta quedarme a solas con José Martí, a 1 974 metros sobre el nivel del mar.

Luego, la guerrilla comenzó a tener conciencia de sí misma en la red, en los intercambios en el chat que alimentaron las ganas de encontrarnos otra vez en algún lugar de la Isla. Porque ese es otro de los valores: hemos visto al país con otros ojos. Puedo asegurar que en los últimos tres años he recorrido más kilómetros que en el resto de mi vida y si hoy puedo dar fe de cómo viven los cubanos más allá de la patria chica, ha sido gracias a haberlos visto con la mirada de la gente que suda y casi siempre anda a pie.

Hay quien dice que solo somos un grupo de gente que «turistea » cada seis meses o más. Tal vez tengan razón, pero cada vez que cuento cómo lo hacemos: juntando los pesos uno a uno, durmiendo donde se pueda (unas veces mejor que otras), nacionales y foráneos se asombran de lo que hemos logrado.

Somos un grupo variopinto donde los periodistas somos unos pocos. Nos unen las ganas de contar lo que nos pasa y lo que le ocurre al país. Debatimos y nos damos el lujo de no estar de acuerdo los unos con los otros. Así que la organización a lo interno ha ido creciendo paulatinamente. Más de una vez, hay que decirlo, nos han acechado fantasmas que casi nos inmovilizan.

Si tuviera que establecer los principios, me guiaría por aquello que escribió la Tunie (se refiere a la bloguera camagüeyana María Antonieta Colunga) en un papelito allá en el Centro Martin Luther King Jr.:

“Somos una comunidad espiritualmente joven, conectada por lazos de amistad y por la pasión común de escribir de la Cuba que vivimos a diario, con sus luces y sombras. Somos, por tanto, diversos en materia de geografía, lenguajes, prioridades temáticas, tempos editoriales, tonos… Pero en esa diversidad feliz que resulta de la combinación de nuestras individualidades y que respetamos con celo y animamos con gozo, algo nos imanta y nuclea invariablemente: la intención de que nuestros mensajes respalden la soberanía y la justicia social de esta nación que ampara los sueños que nos mueven. Nos une por encima de todo el amor a Cuba, que es también a pequeña, pero imprescindible escala, el amor que existe entre nosotros, y un irrenunciable optimismo por los futuros individuales y colectivos hacia los que enrumba este país donde hemos elegido echar vida y letras.”

Aprendimos que las institucionalizaciones no son siempre necesarias, o al menos no al estilo que conocíamos, y que el antídoto para sobrevivir, creo, ha estado en que los liderazgos no han sido impuestos, sino sobre la base de confiar y compartir valores o principios, descubriéndole a cada cual sus capacidades. Igual, no hemos estado exentos de planes no declarados de hacerse con el control o el crédito de la obra común. Pero, al menos, siempre hemos conservado la lucidez suficiente para, no sin algunas heridas y exabruptos, seguir adelante.

El futuro de la guerrilla, como el de Cuba, es un enigma, porque está sujeto a muchas variables. Tal vez con los años, los hijos, los proyectos de vida individuales, llegue el día en que ya no podamos reunirnos como ahora. Pero con la misma fe en que seguí a Karina para subir al Turquino, seguiré creyendo que es posible mantenernos cerca al menos por la red y juntarnos de a poquitos y crear, entre todos, un país mejor, que pasa por ser también mejores cada uno de nosotros.

Esta entrevista se publicó por vez primera en el libro «Narrar Cuba. Sueño joven de un país», que pertenece a la colección Juventudes en Cuba, de la editorial Ocean Sur.

Fuente: Juventudes en Cuba.

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