Jorgito y los temblores #Cuba

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Jorgito muestra orgulloso su manilla.  Tiene su nombre, su número de identidad y el teléfono de contacto de su madre. “Me la puso la seño” –me dice entre sonrisas, con toda la ingenuidad de sus cuatro años.

“Es por los temblores –me aclara su mamá–, por si viene el grande. Todos los niños del círculo tienen que ponerse una y hasta en las escuelas primarias están haciendo lo mismo”.

En contraste con el de su hijo, el rostro de la madre luce ojeroso, desencajado. “Apenas he podido dormir. Las primeras noches nos fuimos para el parque Céspedes, y ahora en la casa me la paso vigilando al niño”.

Jorgito corre despreocupado en la entrada del círculo infantil. Saluda a sus maestras con picardía y juega con los niños que van llegando. No son muchos.

Foto: José Roberto Loo Vázquez
Foto: José Roberto Loo Vázquez

“Así mismo estaba en el parque las otras noches –me dice su madre. Los mayores con el corazón en la boca y él, como si nada. Bendita la infancia…”

Le pregunto por qué lo sigue trayendo al círculo. A fin de cuentas, ante la actual situación sismológica muchos santiagueros han optado por mantener a sus hijos en las casas o llevarlos consigo a sus centros de trabajo. Las propias autoridades de la provincia le han dado esta potestad a los padres, aun cuando las clases no se han suspendido oficialmente.

“No es una decisión fácil, pero no tengo con quien dejarlo. Mis padres están enfermos y no quiero sobrecargarlos, y en mi trabajo no podría atenderlo bien. Ese niño es un reguilete… Además, en el círculo está más seguro. Primero se cae mi casa que este lugar…”

No ha temblado en Santiago en las últimas 48 horas. Quizás la amenaza ya pasó. Pero nadie se atreve aún a bajar la guardia, un terremoto de grandes magnitudes es la desdicha más impredecible.

Por eso quizás la cara de la madre de Jorgito es pura zozobra. Desde la entrada sigue atenta los pasos de su hijo, que ahora va de la mano de una de las maestras. Apenas respira, hasta que su hijo traspasa el umbral del salón junto a unos pocos compañeritos. Mira su reloj con un gesto nervioso, apurado.

“Qué va, yo no puedo con esto–me dice como despedida. Hoy vengo a buscarlo más temprano. Ojalá y las guaguas no estén muy malas…”

Foto: José Roberto Loo Vázquez
Foto: José Roberto Loo Vázquez

 

Foto: José Roberto Loo Vázquez
A los niños en Santiago de Cuba se les han colocado manillas como precaución ante un posible terremoto. Foto: José Roberto Loo Vázquez.

Fuente: OnCuba.

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