Jaime Ortega, el afiche y la cruz

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Este martes apareció el Cardenal Jaime Ortega en el programa Con dos que se quieran 2; mi padre llegó a casa con un afiche y dos pegatinas obsequiadas por una vecina de las que ya reparte la Iglesia Católica dándole la bienvenida al Papa Francisco; ante partió hacia Holguín el Cristo Crucificado de la parroquial mayor de Las Tunas para estar en la misa que oficiará el Sumo Pontífice en la Plaza Calixto García de la Ciudad de los Parques. Los tres sucesos conducen a pensar que tanto en el escenario real como en el mediático, comenzó la recta final hacia la llegada a Cuba de Jefe del Estado Vaticano.

En horario estelar el Arzobispo de La Habana conversó con Amaury Pérez sobre su vida, le respondió a sus críticos e hizo un recuento sobre la relación entre la Iglesia Católica y el Gobierno Revolucionario. Ortega se vio feliz y razones no le faltan para estarlo pues han quedado atrás las etapas de franca hostilidad entre ambas partes y Cuba puede precisarse de recibir a tres Papas en menos de 20 años, privilegio muy raro en este hemisferio.

El país se transforma y la Iglesia Católica quiere participar, dijo; y no hay nada de malo en eso, creo. Nadie puede negarle su estatus dentro de la sociedad cubana. Por supuesto que la estancia aquí del Obispo de Roma vendrá a fortalecer su prestigio, más allá de si la cuantía de la feligresía es mayor o no con respecto al resto de las instituciones religiosas que conviven en este Archipiélago. Ahora bien, que los enemigos de la nación le quieran asignar otros roles ya eso algo bien distinto. Afortunadamente el Cardenal aclaró, citando palabras de Benedicto XVI y apoyadas por su actual sucesor que, “La Iglesia no está para cambiar gobiernos”.

El regocijo del clérigo es el mismo que vi en los rostros de los creyentes que despidieron solo por tiempo al Cristo Crucificado de la Parroquia de San Jerónimo de Las Tunas, para verlo el 21 de septiembre en la misa papal de Holguín. Ambas son señales inequívocas de lo mucho que se le quiere aquí a Francisco, cuya figura goza de prestigio más allá de los fieles católicos.

Sin tener nada en contra de Amaury Pérez ni considerarme enemigo de su programa, honestamente hubiera preferido escuchar al Cardenal primero en un espacio típicamente informativo (audiovisual o escrito) y no en uno de un sentido más cultural como lo es Con dos que se quieran 2. Que Jaime Ortega fuera visto, o leído, antes en alguno de los diarios o noticieros de alcance nacional no hubiera sido entendido, opino, como una concesión a Iglesia sino como la parte de la atención mediática que requiere la institución que él representa, teniendo en cuenta la inminencia del arribo de una figura de prominencia global. De nuevo, parece, nos han trastocado los papeles.

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