“Ya las mañanas no me saben iguales, ya mi café no me sabe igual.”

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Por: Julio C. Moreno, Editor del Blog Kokacub@

Eran pocos los elegidos para participar en el encarcelamiento en la obra “No agradezcan el silencio” de Kcho, por ser un gran número de trabajadores los que fuimos. Tuve la dicha de ser uno de los que participó en el primer grupo (ese gran sabor de ser el primero) que nos concedió el tiempo de pasearnos y ver todo de cerca, mirar los cuadros de Antonio, puertas de hierro y rayas amarillas. Luego me invitan a vivir la obra que implicaba experimentar en carne propia lo que Gerardo, Antonio, Ramón, René y Fernando sintieron en aquellos oscuros días, por lo que me dispuse a participar. En eso llega el artista plástico (Kcho) y venía bien, porque así completaba la fase de la visita.

Busqué el momento oportuno para conversar con Kcho y me comentó que los cuatro jóvenes que custodian la obra son de su equipo de trabajo. Al principio los jóvenes por no irrespetar al visitante trataban “suave” a los prisioneros. Tuvo que explicarles que los oficiales de la Unidad de Alojamiento Especial carcelaria de Estados Unidos no podían flaquear en ninguna ocasión, fuera cuales fuera la condición o estatus del proceso del reo, y que debe ser así, “Duro”, sin vacilaciones. Puesto que es muy peligroso porque grandes asesinos han intentado revelarse y ha ocurrido grandes problemas o causado la muerte a agentes de seguridad.

Kcho explicó además que hay estados en que el sistema carcelario es todo un negocio, pues existen empresas pequeñas y grandes que hacen artículos para los reos. Desde calzados, vestuarios, guantes y hasta medicamentos. Los medicamentos vienen sellados con sus nombres y la cantidad requerida prescrita por los médicos. Para que no haya fallos de intercambios entre ellos o alguien que quisiera facilitarles algún otro. Comenta además que los reos trabajan en varias obras que decida la prisión y que esos ingresos por el trabajo realizado entra netamente a la cuenta de la prisión. Por lo que no se les paga por el trabajo realizado.

Después de una foto con Kcho, me tocó entrar a vivir la experiencia, me sentía un poquito preparado después de la conversación. Tanto fue así que cuando entré a buscar la vestimenta (overol anaranjado) escogí la de Gerardo Hernández Nordelo impreso en la espalda junto a la sentencia.

SAMSUNG DIGITAL MOVIENunca nos acercaremos a sentir lo que ellos vivieron, pero una obra como esta te hace reflexionar considerablemente.

“Levante los brazos, sacúdase el pelo, saque la lengua, levante el pie izquierdo, ahora el derecho, muestre sus partes, inclínese y tosa, haga tres cuclillas…”: indica una grabación del protocolo de seguridad, revisión obligatoria para todo encarcelado.

Me esposaron…. y me invadió una mala sensación que estremeció todo dentro de mí.

En un instante ya estaba sobre la línea amarilla, pegado a la pared y escuchando la actitud fuerte del agente de seguridad, que me llevaba sin margen de que pudiera tener un chance para hacer o decir cualquier cosa, no podía sacar la vista de la pared. Luego de entrarme a la prisión, me dice con voz fuerte “siéntase libre” ¿Libre? Me pregunte sonriente.

Poco conversador fue mi compañero de celda, su rostro decía mucho, tal parece que se remontaba a alguna vivencia echa por los Cinco o de sus familiares. Conversamos un poco, merendamos y limpiamos, pero no dejamos de pensar en la situación en la que nos encontrábamos.

Me llamó la atención el ajedrez pequeño con sus bien delineadas piezas y recordé el cuadro de Antonio donde está representado gráficamente en la galería que se encuentra fuera.

Llegó el momento de salir y nuevamente me invadió esa sensación. Siempre se piensa en los seres más queridos, luego recordando el nombre que llevaba en la espalda me hizo recordar en Adriana la compañera incansable de Gerardo. En los momentos duros para ella y en estos largos y tortuosos años.

Colgando el overol anaranjado se encontraban los de René y Fernando, estos los toqué a sabiendas de que ya están en casa, pero recordando las palabras del primero cuando dijo que no faltan tres, sino cinco, “aún faltan cinco”. Después de haber pasado por una experiencia como esta se siente la falta de los otros. Pueden estar libres René y Fernando, pero seguro que sentados en la mañana tomando un sabroso café, no dejan de pensar en Ramón y de su enfermedad, en Antonio y en Gerardo, por eso siempre serán cinco.

Después de haber vivido esta experiencia, me reafirmo una vez más la necesidad de reclamar el retorno de los que no están en casa, por cualquier vía en cualquier espacio incluyendo mi blog personal. Porque ya las mañanas no me saben iguales, ya mi café no me sabe igual.

 

Julio C. Moreno

 

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2 comentarios sobre ““Ya las mañanas no me saben iguales, ya mi café no me sabe igual.”

    Adriel BC escribió:
    mayo 21, 2014 en 8:25 pm

    Reblogueó esto en Desde este lado de la Islay comentado:
    Buena experiencia Koka, algunos andamos muy lejos para vivirla personalmente pero nos queda el consuelo de que otros nos cuentan. Esto se va para mi blog. Saludos compadre. Y que ya regresen los 5 de René a Gerardo a casa, a Cuba.

      kokacub respondido:
      mayo 22, 2014 en 5:10 pm

      No te aflijas, tienes mi casa para cuando deseés experimentar

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