Cuba, ¿un primero de mayo diferente?

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Hace ya varios años los cubanos no tenemos mucho que celebrar el 1 de Mayo, Día del Trabajo, y aunque irónicamente sobran las demandas por hacer, tampoco se utilizan los espacios públicos para formular protestas, así que definitivamente esa no es una preocupación latente para los de esta orilla.

Si damos una rápida ojeada al mundo, esta fecha suele ser una ocasión para el inicio de tempestivas luchas y manifestaciones antisistema, una oportunidad para denunciar violaciones de derechos humanos o exigir mejoras laborales, leyes antidemocráticas, o incluso que se utilice el momento para hacer diferentes demandas que trascienden el marco de esta celebración, sin embargo la realidad ha demostrado que en Cuba ocurre todo lo contrario.

Aunque suene raro y pocos puedan entenderlo, a los cubanos se nos ha engendrado la cultura antiprotesta, y por esto que aún con el estómago vacío, salarios miserables y un sinfín de problemas económicos y sociales, lejos de organizar alguna huelga demandando por estos derechos cada 1 de Mayo, se repletan las plazas de todo el país en apoyo total al sistema socialista y el día internacional de los trabajadores.

Los conflictos, sin embargo, no han dejado de estar presentes. Desde hace varias décadas y sobre todo a partir de los años noventa con la despenalización del dólar, el igualitarismo se fue haciendo hacia un lado con la contratación de cubanos por firmas extranjeras, embajadas, así como por la adquisición constante de divisas a través de remesas familiares.

Lo cierto es que si antes todos vestíamos igual, comíamos lo mismo y teníamos acceso a los mismos lugares de ocio y recreación, con el devenir de los años el panorama ha venido cambiando y hasta podría decirse que ya tenemos grandes diferencias de clases sociales en la Cuba socialista.

Esto ha tenido su mejor momento desde que el gobierno autorizó el trabajo por cuenta propia, un impulso importante para la economía interna y a su vez el despegue de un mercado laboral hasta hace poco prácticamente virgen, lo cual se ha revertido en un cambio radical en las relaciones de comercio internas, así como en una visible mejoría económica de las muchas familias cubanas.

 

Para nadie es un secreto que si hoy el movimiento sindical cubano se encuentra estático y falta de crédito y dinamismo, su oxígeno le llega precisamente de las filas del cuentapropismo, que entre otras esferas hoy es vanguardia en la producción de bienes y servicios.

Gracias a la actualización del modelo económico cubano, en general y salvo algunas polémicas decisiones el pueblo está contento con los avances en este sentido.

Recientemente se acaba de aprobar un nuevo código del trabajo que protegerá mucho más los derechos del trabajador, el sector de la salud recibió un importante aumento salarial que podría extenderse hacia otras esferas, y se visualiza para fines de este año la unificación monetaria, que paulatinamente influirá de forma positiva en el bolsillo de cada cubano. Como colofón, se está desarrollando en Mariel un colosal puerto que también servirá como zona franca, una obra que a propósito de la ampliación de Canal de Panamá podría repercutir en la creación de nuevas propuestas laborales para los profesionales. Este sector sigue quedando rezagado como efecto de la pirámide invertida.

La ley de inversiones, los profesionales y el futuro de Cuba
La única forma que Cuba tiene para despegar su economía a niveles internacionales es abriéndole el camino a nuevos inversionistas. Para esto ya fue aprobada la nueva ley de inversión extranjera, y según las autoridades de esta rama, el país está dispuesto a otorgar jugosas prebendas con tal de garantizar el desarrollo de este sector.

Esta sería una oportunidad única para los jóvenes profesionales, pues en más de cinco décadas no hemos conocido otras dinámicas y experiencias de trabajo, lo que raya en un círculo vicioso laboral después de tanto esfuerzo y estudios universitarios, lo que termina decepcionando a los profesionales o sencillamente migran hacia el cuentapropismo u oficios de obreros calificados, quienes a fin de mes tienen mucha mejor remuneración.

Por ahora la llegada de nuevos empresarios, su establecimiento en Cuba, y la contratación de mano de obra isleña es de lo que más se comenta por las calles, lo que demuestra que lo que nos falta a los cubanos no son deseos de trabajar, sino la motivación necesaria para el trabajo.

Aún con estos avances sería muy prematuro hacer predicciones, pero está claro que como nunca antes el panorama se aprecia con perspectivas de futuro. Esperemos entonces que el país avance, que para el bien de todos nuestra isla se convierta en zona de interés inversionista para los empresarios extranjeros, que esos incentivos económicos mejoren la calidad de vida de los trabajadores, pero sobre todo que nuestro trabajo logre ser correspondido con un salario digno como en cualquier otro país del mundo.

Fuente: Chiringa de Cuba.

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