Penitencia sin castigo

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Blogosfera CubaPor Adriel Bosch Cascaret

Fotos: Kako y A.B.C.

Ya ni sé a quién se le ocurrió la idea, pero aquella madrugada en ese momento supo a un castigo tan grande como el propio nombre del lugar al que íbamos una valerosa fracción de la guerrilla de blogueros: el Valle de la Penitencia.

Por sí solas las horas precedentes bastaban para agotar a cualquiera: el recorrido por lugares de interés en Viñales, la segunda visita al vecino Mural de la Prehistoria, el cumpleaños colectivo con el bailoteo que le acompañó como preparación para enfrentarse a la helada agua de la ducha, la tardía y larga reunión nocturna que no encontró punto final a buen término, y los matadores tragos de vino y ron que cayeron con fuerzas sobre la sobriedad de los jugadores madrugadores del Yo nunca he.

Luego vino la partida, adelantada dolorosamente por el cambio de horario que nos hizo sumar una hora más a la espera. La frialdad que inundaba el ambiente obligó a sacar abrigos, sábanas y todo lo que ayudara a encerrar el calor del cuerpo.

Blogosfera CubaSalimos. Dos Hermanas afuera el color de la noche aprovechaba la descortesía de la luna, que se negó a acompañarnos, y hacía más difícil el desconocido camino, algo que fue creciendo hasta que el resplandor de las luminarias del campismo quedaron tras los matorrales y ocultos sembradíos.

Nuestra única guía: el apelativo a la memoria de unos pocos que ya habían superado a plena luz del día el casi kilómetro que nos separaba de nuestra meta.

Avanzábamos y la humedad de la yerbas se iban apoderando de los zapatos, de los pies, las piernas y de todo el cuerpo. Alguna que otra piedra trataba de minar el trayecto y la obligación al silencio se imponía ante la cercanía de las casas que de forma aislada salían al paso.

Ibamos entreabrazados en dúos o tríos tratando de así asegurar aguante en caso de caída y sobre todo reuniendo el calor humano para tratar de profanar el congelante ambiente.

El cruce de un trillo de agua que atravesaba el camino, y la silueta de una pequeña laguna que se extendía a la izquierda, trajeron a la memoria de los ya conocedores que menos de 100 metros nos separaba de la meta.

“Recuerden que el señor de la casa afirmó que podíamos venir si no hacíamos bulla”, dijo una de las chicas,Blogosfera Cuba para luego otra agregar que mejor nos quedábamos en la misma posición donde estábamos hasta que el alba fuera abriendo paso en el cielo.

En espera, Kako, el fotógrafo del grupo, puso su lente a obturar compasadamente tratando de en medio de la oscuridad, poder captar el fino hilo de agua que cortaba en dos el sendero. El ladrido de los perros lugareños alterados por la presencia de extraños, y el “kikiriquiante” cantar de los gallos, eran los únicos sonidos que se atrevían a romper sin miedos la calma.

Pasado un rato, cuando el frío y la demora iban haciendo mella en las voluntades, una disimulada claridad fue dando tintes menos lúgubres a la densa negritud del cielo.

Decidimos movernos y velar el amanecer desde nuestro destino final. Avanzamos varios metros y comenzamos a subir por una débil y corta elevación en cuya cúspide se alzaba cual corona un modesto bohío, de esos de ahora que sustituyeron la madera por la mampostería y el techo de guano por la tejas.

Allí estábamos ya, en el improvisado mirador del Valle de la Penitencia, puro monte de yerbas con privilegiada posición sobre la irregular planicie que desde sus pies se desparrama buscando, menos el Norte, cada uno de los puntos cardinales.

Blogosfera CubaYa el día iba dando serios síntomas de presencia. Poco a poco habían ido tomando su lugar en el paisaje los mogotes, las palmas, las casitas regadas con sus paneles solares de necesario adorno sobre sus cabezas, y las montañas que cerraban el horizonte como telones naturales de fondo. Hasta el campismo dejaba de ser un lejano anuncio lumínico de civilización y comenzaba a mostrar sus edificaciones.

La espesa niebla que lo envolvía todo, de pronto decidió buscar altura, y fue dejando bajo ella una helada sensación que hacía caer pequeñas gotas de rocío de los techos y calaba hasta los huesos. Los perros seguían con su desafinado concierto, pero ya no era por nosotros, era por el tanto frío.

Dos de las guerrilleras, desesperadas por el azote del clima y las huellas del tanto hacer, decidieron regresar antes de tiempo bajo la pena de saber derramadas tantas horas sin lograr el ansiado final feliz.

Un regaño del dueño del bohío había apagado los murmullos humanos del piquete, y solo se sentía los sonidos naturales más el eco lejano de algún radio. La cámara de Kako ya estaba en posición esperando detener el panorama en el momento justo en que el amanecer irrumpiera sobre aquel subvalle, fragmento de la anatomía del de Viñales, y que debía el nombre de Penitencia a los tantos castigos que durante la neocolonia la Guardia Rural imponía allí a los campesinos y revolucionarios de la zona.

Se dieron las señas y comenzó la movilización. Todos corrimos a ocupar nuestro puesto dentro del campo escénico del lente de la cámara. Todos bien juntos como buenos amigos, cansados pero felices de agregar otra imagen de excelencia a los albunes de vida.

“Y ya va” –gritó el fotógrafo mientras buscaba su lugar, y se congeló el instante.

Hoy, cuando las dificultades de aquella excursión quedan en el recuerdo y solo quedan las fotos como recuento de una grata aventura, aquella penitencia ya no me sabe tanto a castigo.Blogosfera Cuba

Fuente: Desde este lado de la Isla.

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