Otra vez, un camión

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La guerrillaPor Rodolfo Romero Reyes

Los camiones siempre rugirán de la misma manera. El mismo olor, los mismos hierros, y los mismos baches que llenan las carreteras. Subí entre abrazos y besos de amigas y amigos. El destino era Viñales. Aunque los más cercanos no me crean, al principio, iba en silencio.

Decidí observar mientras recordaba mi primer viaje. 17 horas en un camión de La Habana a Santiago. 200 pesos nos costó a Camilo y a mí los seis aguaceros y la helada madrugada santiaguera que nos dio la bienvenida. Aquella era nuestra primera guerrilla. Hoy contamos 5 y una boda que casi lo fue, en apenas dos años nos estamos poniendo viejos.

Si no fuera tan impulsivo debería de vez en cuando, callarme y observar. Algunos iban de puesto en puesto conversando, otros se salían de sus piquetes habituales para intercambiar con los de provincias distantes, los amigos del pelotón suicida conversaban entre ellos y algunos veteranos les daban a los nuevos la bienvenida.

Esa ansiedad la describió Camarero hace meses: quieres conversar con todos y con cada uno, pero sabes que solo son 3 días y te apuras… entonces tratas de hablar con todos a la vez y no lo haces con ninguno.

Con esa sensación, la de no saber qué hacer, elegí conversar largo rato con Abdiel, después de más de un año ausente. Pensé incluso en escribir un pos titulado: La entrevista que Abdiel no supo que le hacía, para transcribir cada uno de los emocionantes testimonios de su misión en Haití. Después desistí cuando comprendí que la historia del niño que acompañaba cual fiel lazarillo a su padre para que fuese operado por médicos cubanos, la responsabilidad de un periodista que tiene a su cargo un editor, un cámara y un auto, la distancia que lacera a un hombre cuando está enamorado o las imágenes de la gente llorando emocionada para arrancar lágrimas también en los televidentes sin que esto signifique egos sino, por el contrario, rigor profesional, pertenecían a los cuentos discretos y cotidianos de dos amigos que hacía más de 12 meses que no estrechaban sus brazos.

Cuando terminé de hablar con Abdiel faltaba poco y aun así descubrí que me quedaban preguntas. Supe, desde ese momento, que con Tunie apenas hablaría porque hacía rato que no nos veíamos ni en FB, que Carmen Luisa no vendría, que mi veterana amiga Lasy llegaría luego y que Yuri y Gretel estarían ocupadas con novio y hermana, respectivamente. Trataría entonces de hablar mucho con Raúl e imaginar que Leo y el Kike, se hacían eco de mis palabras. También supe que con los dos agramontinos nuevos apenas tendría tiempo para conversar. Pensé en el cumpleaños de Albertico y en Alejo. Incluso imaginé, ilusamente, que eso solo me ocurriría con los camagüeyanos porque son muchos, pero es que ni con Itsván, que es uno solo, me alcanzó el tiempo para conversar.

Sabía de antemano que el Koka me recriminaría por no responder a sus saludos en FB y que para Chiringa sería imperdonable el hecho de que no nos viéramos desde la fatídica terminal de ómnibus en Santi Spíritus.

Supe, desde que el camión frenó al fondo de la terminal pinareña, que Carlos Melián planificaba descubrirme en el juego del Asesino, que Chely cantaría conmigo en la guagua y me hablaría de nuestro curso en el Onelio, que “la koka” y Mary Romero se esmerarían haciendo café para todos y que Arnaldo no subiría a lo alto del Mural de la prehistoria, pero sí lo intentaría.
Sabía que Karina y Disamis andarían de aquí para allá, que Kako haría las fotos más extraordinarias, que Claudio aprovecharía cada instante para su documental y para bailar con Mary, que Mariam hablaría de Nutela y John hablaría del diseño de la revista, que Cintia me daría una cucharada de su pote de helado y que en la cabaña 18, Camilo,Hayat, Karen y Geidy, cuidarían mi sueño, como solo ellos pueden hacer. Pero sentía que nada de aquello me sería suficiente.

Por eso, los camiones causan en mí cosas raras, por un lado la alegría del reencuentro, por el otro, la certeza de que el tiempo no alcanzará, de que son muchos amigos, de que tengo mucho trabajo y de que a veces es malo crecer y hacerse adulto.

Continuará…

 

Fuente: Letra Joven.

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