La mayoría de los norteamericanos favorece lazos con Cuba, según encuesta (+PDF + Infografía +Audio)

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¿Qué se cuece en Washington? Continúan los diarios del mainstream abordando el tema de la política de Estados Unidos hacia Cuba. Esta vez el diario The New York Times ha publicado hoy un interesante comentario a partir de la encuesta del Atlantic Council dada a conocer este martes y que revela un claro cambio de actitud por parte de los ciudadanos estadounidenses así como de la Comunidad cubanoamericana, especialmente en La Florida, con relación a las relaciones entre Washington y La Habana.

Ambos grupos favorecen mayoritariamente la normalización de las relaciones entre ambos países, lo que aconseja un cambio de política de Estados Unidos hacia la isla.

Nuevos elementos que se suman a las recientes declaraciones del millonario Alfonso Fanjul sobre su interés de invertir en el país bajo “circunstancias adecuadas”, y de otros políticos que han criticado en días recientes el mantenimiento de la política de bloqueo, entre ellos el aspirante demócrata a la gobernatura de Florida Charlie Crist.

Progreso Semanal sigue abordando esta saga y reproduce a continuación tanto el comentario del New York Times, como la nota introductoria del Atlantic Council sobre la encuesta. Además el lector puede conseguir el informe completo en pdf aquí.

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Mayoría de norteamericanos favorece lazos con Cuba, según encuesta

Por Rick Gladstone / The New York Times

Después de más de medio siglo de hostilidad oficial de Estados Unidos hacia Cuba, subrayada por un embargo comercial total, una mayoría de norteamericanos –y una mayoría aún más amplia de floridanos, residencia de la mayor población cubanoamericana de este país– favorece ahora la normalización de las relaciones o un compromiso más directo con el gobierno cubano, según una encuesta no partidista.

Los resultados de la encuesta, solicitada por el Atlantic Council, una prominente institución de investigación de Washington, y dada a la publicidad el martes, fueron descritos por el grupo como una reflexión sin precedentes del cambio de actitudes norteamericanas hacia Cuba que borran suposiciones de larga data, en particular acerca de la antipatía cubanoamericana hacia el gobierno de Raúl Castro.

Los resultados también llegan en el entorno de un sentimiento en aumento en la Florida y en todas otras partes de que el aislamiento económico y político de Cuba por parte de Estados Unidos, uno de los más perdurable elementos de la política exterior de Estados Unidos, no solo ha fracasado en satisfacer su propósito de derrocar al gobierno de Castro, sino que puede que esté ayudándolo a perpetuarse.

“Esta encuesta muestra que la mayoría de los norteamericanos de ambas tendencias está lista para un cambio político”, escribieron en una introducción a la encuesta Peter Schechter y Jason Marczak, los dos principales ejecutivos del Centro Latinoamericano Adrienne Arsht del Atlantic Council.

“Lo más sorprendente es que los floridanos apoyan aún más que una nación que ya apoyaba para que totalmente o por incrementos se cambie el rumbo”.

Aunque la encuesta mostró que a los norteamericanos les preocupa la represión política del gobierno cubano, el señor Schechter y el señor Marczak dijeron, ellos “reconocen la necesidad de alternativas a la luz del fracaso de la política actual para alcanzar su objetivo”.

La encuesta arrojó que 56 por ciento de los encuestados en todo el país favorecen el cambio de la política hacia Cuba, una mayoría que salta a 63 por ciento entre los adultos de la Florida y a 62 por ciento nacionalmente entre los latinos. Aunque el apoyo es más fuerte entre demócratas e independientes, la encuesta arrojó que 52 por ciento de los republicanos también favorecen la normalización.

Encuestas más limitadas también han demostrado el creciente número de floridanos que quieren relaciones normalizadas con Cuba, pero el señor Schechter y el seño Marczak dijeron que creen que su encuesta fue la primera en mostrar que la Florida encabeza a la nación en ese aspecto.

La encuesta arrojó que el costo económico para Estados Unidos por mantener el embargo comercial a Cuba, una nación de 11 millones, fue una importante razón para que una mayoría desee normalizar los lazos. Más de seis de cada 10 encuestados nacionalmente desean que cambie la política para que compañías norteamericanas hagan negocios en Cuba y que se permita a los norteamericanos libertad de viajar y gastar dinero allí sin restricciones.

Cincuenta y dos por ciento también dijo que Cuba debe ser borrada de la lista hecha por Estados Unidos de países promotores del terrorismo, siendo los otros Irán, Siria y Sudán. La designación automáticamente restringe el tipo de comercio y otras interacciones que los norteamericanos pueden realizar con Cuba. Aunque la administración Obama ha suavizado algunas de las restricciones a los viajes y a la capacidad de los cubanoamericanos para enviar dinero a Cuba, la mayoría de los tipos de comercia e inversión están prohibidos.

Realizada por teléfono y teléfono celular en inglés y español desde el 7 hasta el 22 de enero, la encuesta se basó en respuestas de 1 024 adultos seleccionados al azar, con sobremuestras de 617 residentes de la Florida y 525 latinos. El margen de error nacional fue de más/menos 3 puntos porcentuales; para los residentes de la Florida y para latinos fue de más/menos 4 puntos porcentuales.

La encuesta fue realizada por una sociedad de Paul Maslin, un experto demócrata en opinión pública y Glen Bolger, un importante estratega político republicano y encuestador.

La política norteamericana con el objetivo de condenar al ostracismo a Cuba es considerada ampliamente en el mundo como un atavismo irrelevante de la Guerra Fría. Justamente el lunes, la Unión Europea acordó comenzar negociaciones con Cuba para incrementar las inversiones y el comercio.

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Encuesta EE.UU.-Cuba: Implicaciones para la Política

Centro de Latinoamérica Adrienne Arsht del Atlantic Council

Tomado del Atlantic Council

Cuba, una nación isleña de 11 millones de habitantes, se ha convertido en una piedra del tamaño de un peñón en el zapato de las relaciones de EE.UU. con una región de más de 580 millones de habitantes. Más de cinco décadas después de haberse implementado, el embargo a Cuba está dificultando a Estados Unidos su capacidad de maximizar la cooperación con aliados en el hemisferio, en un momento en que hay mayor estabilidad, crecimiento y oportunidad.

La política de EE.UU. hacia Cuba –una red de leyes y regulaciones diseñada para forzar el cambio de régimen en La Habana– no ha producido los resultados esperados, mientras que Fidel Castro ha mantenido el poder durante cinco décadas y, en 2006, transfirió exitosamente ese poder a Raúl Castro. El gobierno cubano tampoco está totalmente aislado de Estados Unidos. Ciertos productos agrícolas, y medicamentos y equipos médicos norteamericanos son exportados con regularidad a la Isla bajo una exención del embargo aprobada por el Congreso en 2000.

También se estima que aproximadamente medio millón de visitantes de EE.UU. viajaron a Cuba el año pasado. Ni tampoco está aislada Cuba del resto del mundo. En enero de 2014, por ejemplo, La Habana fue la anfitriona de los secretarios generales de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos (la suspensión de Cuba de la OEA terminó en 2009) y presidentes de todas las naciones latinoamericanas para la Comunicad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. La Unión Europea, que introdujo sanciones después de que el gobierno cubano arrestara a setenta y cinco disidentes en 2003, eliminó las sanciones en 2008. Esto fue para alentar el cambio en Cuba, después de que Raúl Castro se hiciera jefe del gobierno. El 10 de febrero de 2014, la Unión Europea –el mayor inversionista extranjero en Cuba– acordó comenzar negociaciones con Cuba para incrementar el diálogo acerca del comercio, inversiones y temas de derechos humanos.

El embargo se ha convertido en el “facilitador” del gobierno cubano. Cuba disfruta hoy de los beneficios de un apoyo político cada vez mayor en la región, una creciente integración financiera con gran parte del mundo, y la generosidad de vecinos compatibles políticamente, mientras hace pocas concesiones a su propio pueblo. En vez de acelerar el fin del régimen de los hermanos Castro, el embargo se ha convertido en la excusa que todo lo abarca para la inacción en la Isla. Los cubanos permanecen reprimidos, controlados y en gran medida imposibilitados de forjar su propio destino.

Latinoamérica es el socio comercial de Estados Unidos con más rápido crecimiento. Como gusta de señalar el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, mil millones de dólares en comercio pasan cada día por la frontera de EE.UU. con México. Pero a nuestros aliados en la región se les hace cada día más difícil defender nuestra política hacia Cuba.

Estos aliados regionales señalan que Estados Unidos negocia con Irán. El presidente de Vietnam, un país con el que Estados Unidos estuvo en guerra y que continúa siendo un gobierno de un solo partido, fue recibido en la Casa Blanca en julio de 2013 y es ahora un socio negociador en el acuerdo comercial Sociedad Trans-Pacífico. Es cierto que el gobierno cubano reprime la libertad, pero Estados Unidos se relaciona todo el tiempo con gobiernos desagradables. ¿Por qué –preguntan ellos– Estados Unidos se niega a hablar con un país a noventa millas de la costa de la Florida?

Al mismo tiempo, casi toda Latinoamérica ha avanzado. Hasta Colombia, el firme aliado de Estados Unidos, está realizando en La Habana conversaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –un grupo guerrillero que está en guerra contra el estado desde la década de 1960. Mientras tanto, Estados Unidos continúa apoyando políticas que dificultan aún más el apoyo al emergente sector privado de Cuba y a su sociedad civil. Independientemente de recientes cambios de política, a los aliados de EE.UU. en la región se les hace difícil defender el embargo norteamericano. Están forzados a segregar reuniones a fin de satisfacer a Estados Unidos. Los países latinoamericanos están unidos en insistir que la próxima Cumbre de las Américas en 2016 incluya a Cuba, incluso si eso significa que Estados Unidos no participe.
La administración Obama ha hecho una serie de ajustes loables a la política EE.UU.-Cuba. En 2009, eliminó las restricciones a los viajes familiares y las remesas, y proclamó nuevas medidas para suavizar las restricciones a los viajes y permitir a norteamericanos enviar remesas a Cuba en 2011. Ahora los norteamericanos pueden viajar a Cuba por razones religiosas y educacionales bajo licencias persona a persona y al menos diecinueve aeropuertos de EE.UU. ofrecen vuelos directos.
Esta encuesta demuestra que la administración Obama debiera expandir esos cambios e incrementar su compromiso para aumentar el apoyo al pueblo cubano.

Las implicaciones de política de esta encuesta son de amplio alcance:

1. Cambios profundos a la política de EE.UU. hacia Cuba serían bien recibidos por el pueblo norteamericano, y aún más por los floridanos y latinos.

Cincuenta y seis por ciento de los norteamericanos están de acuerdo con la proposición general de que Estados Unidos necesita normalizar relaciones (mayor compromiso) con Cuba. En la Florida, esa cifra salta a un apoyo de 63 por ciento, y entre los latinos a 62 por ciento. Una y otra vez, la encuesta señala repetidas instancias en que el pueblo norteamericano –hasta en una relación de tres a uno en algunos casos– apoya el cambio. Puede que los norteamericanos no conozcan todos los detalles. Pueden que no sean expertos en la complejidad del conjunto traslapado de regulaciones federales conocidas como sanciones a Cuba. Pero los norteamericanos saben que Cuba no es amiga de Estados Unidos –caracterizando las relaciones EE.UU.-Cuba como peores que las relaciones con Irán– y son conscientes de que el gobierno cubano viola los derechos básicos de su propio pueblo. Aún así, creen que una política iniciada a principios de la década de 1960 no está funcionando y apoya alternativas.

2. Los pasos que en gran medida pudiera tomar la Casa Blanca para incrementar su política de apoyo al pueblo cubano provocan más apoyo que una eliminación general del embargo.

Esto encaja perfectamente con la realidad política. Los norteamericanos desean el cambio, pero se sienten más cómodos si se avanza paso a paso. Cuando se les pregunta acerca de cambiar las especificidades de la política, los norteamericanos apoyan aún más. Ya sea cambiar la prohibición a los viajes, la enmienda de las restricciones financieras, reunirse con el gobierno cubano para discutir asuntos de interés común, o eliminar a Cuba de la lista de estados promotores del terrorismo, el apoyo al cambio de políticas individuales aumenta a más de 61 por ciento. Más de 80 por ciento de floridanos y latinos dice que Estados Unidos debiera conversar con las autoridades cubanas acerca de asuntos de interés común, como la prevención del narcotráfico.

Los norteamericanos están claramente a favor –casi tres a uno– con mensajes que comuniquen razones imperiosas para cambiar la política. Sin embargo, incluso después de oír estos mensajes, prefieren los pasos en incremento en vez de apoyar un cambio total de política. Como existen pocas posibilidades de eliminar en su totalidad la red de leyes aprobadas por el Congreso, los norteamericanos están diciendo al presidente Obama de que él es libre de expandir aún más los límites del compromiso, siempre y cuando esto se haga al mismo tiempo que una fuerte defensa de los derechos humanos.

3. En la actualidad, la Florida lidera la nación en su clamor por una nueva dirección.

Esta encuesta invalida décadas de una opinión ortodoxa ampliamente aceptada. Los líderes políticos que promueven suavizar las restricciones no deben temer una reacción adversa de los floridanos cuyas opiniones ya no deben ser un impedimento para cambiar la política de EE.UU. hacia Cuba. Durante décadas, la política de la Florida dominó la política nacional. Esto ya no es así. Aunque los que se oponen a cualquier cambio tienen mucha emoción y determinación de su parte, está claro que la demografía y la inmigración han cambiado la ecuación de la política de la Florida.

Los cubanoamericanos de segunda y tercera generación son ya hoy una parte más pequeña de la población latina del estado. Los jóvenes cubanoamericanos con razón se enorgullecen de su herencia y siguen reconociendo la represión del gobierno cubano. Sin embargo, también creen que las políticas de las últimas cinco décadas no han funcionado. Esto se refleja en sus opiniones acerca de la política hacia Cuba. Esta encuesta demuestra que los políticos nacionales podrían ser beneficiados si reconocen las nuevas realidades de hoy y cambian la política hacia Cuba para enfrentarlas. Esto es coherente con el apoyo del presidente Obama entre los cubanoamericanos en 2012, cuando las encuestas a boca de urnas apoyaban su reelección.

4. La mayoría de los norteamericanos apoya políticas adicionales que suavicen las restricciones a los viajes, el gasto de dinero en Cuba y la capacidad del sector privado de hacer negocios en Cuba.

Se han suavizado las limitaciones en los últimos años, pero puede hacerse más. Más del 60 por ciento del público norteamericano está a favor de eliminar las restricciones a los viajes y una relación financiera mayor con Cuba. Entre los latinos, la cifra salta a más de 65 por ciento. Un apoyo aún mayor se ve entre los floridanos (67 por ciento), a favor de una eliminación total de la actual política de viajes.

Una relación financiera mayor también ayudaría a desatar una nueva ola de pequeños negocios independientes en la Isla que comenzaron a abrir por medio de un cambio en la política del gobierno cubano en 2010. Estos negocios están clamando por capital de inicio y representan un gran potencial para que el pueblo cubano aumente su independencia de su gobierno. Sobre todo, más de dos tercios de los norteamericanos consideran que debemos iniciar un diálogo con el gobierno cubano en asuntos de interés mutuo, tales como terrorismo, narcotráfico, seguridad medioambiental y manejo de recursos. La cooperación bilateral y el diálogo son esenciales para la seguridad de ambos países.

5. La administración Obama tiene un número considerable de herramientas que usar si deseara seguir las cuidadosas recomendaciones de los norteamericanos, incluyendo eliminar a Cuba de la lista de terrorismo y nombrar a un enviado especial para Cuba.

La eliminación de Cuba de la lista del terrorismo es una alta prioridad, con 67 por ciento de los floridanos y 61 por ciento de los norteamericanos en general a favor. El gobierno de Cuba es represivo y dictatorial., pero Cuba no debe estar en una lista junto a Irán o Sudán. Es más, mantener a Cuba en esa lista dificulta suministrar apoyo al pueblo cubano. Estados Unidos habla regularmente con gobiernos con políticas censurables (y que no están en la lista de terrorismo) e incluso está envuelto en un proceso de negociación con Irán acerca de su programa nuclear. Sin embargo, al mismo tiempo Estados Unidos debiera insistir en que el gobierno cubano reciprocara cualquier apertura, incluyendo la liberación de Alan Gross.

El nombramiento de un enviado especial a Cuba –una medida apoyada por 61 por ciento de los norteamericanos– demostraría que la administración Obama está lista para un mayor compromiso con la Isla.

(Todos los documentos han sido traducidos por Progreso Semanal)

A continuación una infografía con  los resultados de la encuesta aplicada:

Infografía encuesta a norteamericanos sobre su percepción sobre las relaciones con Cuba

Puede consultar y descargar el documento origianal de la encuesta a continuación:

PDF: Atlantic Council Poll: Americans Want New Relations With Cuba

Audios de las presentaciones de los resultados de las encuestas a los senadores Patrick Leahy y Jeff Flake AQUÍ

 

Fuente: La Chiringa de Cuba.

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