Se busca un héroe

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Por Karina Marrón González

De tanto decirles héroes a veces olvidamos que son o fueron seres humanos de carne y hueso, quizás porque no contamos los actos heroicos como se cuentan las novelas o las películas.

Adriana y Gerardo no han podido verse desde 1998.

Y en ese camino vamos sembrando una distancia, un encumbramiento que en ocasiones nos hace creer que nunca podríamos ser como ellos. Entonces, repetimos las historias en esa encartonada forma que un día hace que los héroes ya no sean verdaderamente personas, sino leyendas a años luz de los sentimientos como el miedo, la duda o el amor.

Recientemente a un buen amigo su hija le preguntaba qué le gustaba a Martí, y eso lo puso ante la difícil tarea de rebuscar en libros y anécdotas esa otra parte del Apóstol que se nos ha perdido: la de saber si prefería los espaguetis, los mangos o las guayabas, la de descubrir sus más pequeños y secretos placeres, aun cuando mucho dijo de sí mismo en versos y prosa.

A mí nunca me fueron más cercanos los jóvenes de la Generación del Centenario que en esos pequeños recuerdos que atesoran sus familiares y amigos, y que de vez en vez algún medio o persona acuciosa, como mi profe María Julia, logra sacar a la luz.

Del mismo modo me ha sucedido con los Cinco. Muchos años llevamos hablando de la injusticia que se ha cometido en su caso y, como cubana, entiendo la grandeza de su sacrificio para proteger a nuestro país de tantos retorcidos planes que se han tejido con los hilos del odio. Sin embargo, nunca entendí bien la dureza de la prueba, la renuncia de estos hombres y sus familias, hasta que vi a Irma, la hija mayor de René, embarazada, y me pregunté cómo me sentiría yo misma si estuviera en su lugar y no pudiera compartir esa alegría con mi padre.

Gerardo se me tornó inmenso en el pensamiento el día en que junto a unos amigos visité a María Orquídea Artiles Ruiz, en Cien-fuegos. Esta sencilla mujer ha dedicado su casa a la causa de los luchadores antiterroristas cubanos y siempre que alguien va a verla, recuerda con especial cariño el día en el que escuchó la voz de Gerardo en el teléfono.

A pesar del reducido tiempo que le dan para comunicarse con su familia y abogados, él dedicó unos minutos para preocuparse por ella y brindarle consuelo ante la pérdida de su madre. Como si en lugar de cumplir una condena de dos cadenas perpetuas más 15 años, se tratara del amigo que está a la vuelta de unos pocos kilómetros, en una provincia vecina.

Sé, porque he tenido el privilegio de escuchar las anécdotas durante la realización del Coloquio por la liberación de los Cinco en Holguín, que Ramón, Tony y Fernando también han compartido ese tiempo, y que junto a sus hermanos se han convertido incluso en consejeros o han aliviado las tensiones entre padres e hijos.

Cada vez que escucho estas historias se me renuevan las energías para hacer algo, aunque parezca muy poco, para luchar por su regreso. Porque 15 años es demasiado para ellos y sus familias que esperan, y porque la humanidad necesita que los hombres buenos compartan su corazón, multipliquen su ejemplo.

Y no es que no sea suficiente para admirarlos el saber las razones por las cuales estaban en Estados Unidos, la dignidad con la que decidieron enfrentar la prisión antes que aceptar cualquier trato engañoso que tergiversara el hecho de que no pretendían otra cosa que proteger a su país de las agresiones provenientes de grupos terroristas, radicados en esas tierras del Norte. Pero tanto hemos andado en este camino por su libertad, que temo a veces que un día despierte sin que me duela su encierro, sin las ansias de buscar qué más hacer para que vuelvan pronto.

Es por eso que ayer cuando escuchaba a alguien decir que en el pueblo hay muchas historias que revelan la esencia de estos, nuestros héroes modernos, no pude sino tener ganas de conocerlas todas. Se me antojó recopilarlas, para que no anden dispersas entre tanta gente de Cuba y el mundo, y luego compartirlas, porque quizás en ellas se encuentre la fuerza que sea capaz de abrir las rejas que los mantienen lejos de casa.

Si se animan a colaborar pueden contactarme en la redacción del periódico Granma o escribirme a mi correo personal: karina@granma.cu

Estaré esperando.

 

Fuente: Granma.

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