Olvidos…. Y mi opinión

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“Ha sido un excelente compañero, nunca nadie ha sido tan entregado como él a las tareas que se le han encomendado. Es ejemplo de revolucionario, de sacrificio, sencillez… “
Todas esas cosas las escuché decir en la despedida de alguien a quien luego ni se acordaron de invitar a un evento importante. Y de esos olvidos hay muchos a diario. Se retiró, dejó de ser el jefe de… , han pasado muchos años desde sus glorias… ; sea cual sea la causa, no hay justificación para la ingratitud, porque echar al abandono a quien nos ha servido bien, no puede llamarse de otra manera.
Es cierto que la modestia es una cualidad digna de elogio, por eso desconfío de los que se alaban constantemente y pretenden reverencias solo porque una vez hicieron algo; creo que quizá por eso me duelen tanto los desaires a los otros, los que sin alardes, sin pedir nada a cambio, lo dieron todo en un centro laboral, en el deporte, la cultura e incluso en la lucha por conseguir un Primero de Enero.
No suelen ser personas que pidan reconocimientos aunque los merezcan, pero también tienen necesidades, a veces tan simples como ser escuchados o compartir lo que saben, y sin embargo no nos damos el tiempo para atenderlas.
No creo que esos olvidos sean solo responsabilidad del “gobierno”, como dicen algunos, aun cuando está claro que debe existir una voluntad de destinar recursos para retribuir los aportes diferenciados de algunos hombres a la construcción de esta sociedad; mas suele suceder que la falta de memoria viene de los individuos, pues cómo entender entonces que haya incluso funcionarios cuyo trabajo es justamente atender a estas personas, y no lo hagan. Gente que acaso no piensa en la tristeza que causan sus actitudes y como estas defraudan y laceran, no solo a uno, sino a todos alrededor.
Faltan cortesía, tacto y respeto, tanto para los protagonistas como para sus familias; es doloroso ver también cómo después que ha muerto aquel con el cual se tenían algunas atenciones, se olvida a quienes deja atrás, mostrando que más que agradecimiento o cariño, se hacía todo por obligación.
Hace un tiempo un trabajo periodístico llevó a una colega hasta la puerta de los familiares de un revolucionario cuyo nombre lleva un reparto de la ciudad de Holguín y sin embargo pocos conocen cómo fue su corta vida, que entregó por la libertad definitiva de este país.
También me asombré al descubrir que cerca de casa tengo a dos guerrilleros de la Sierra y una señora que se volvió maga en la clandestinidad para ayudar a los rebeldes, allá por 1958. Me habría encantado que mis profesores, en lugar de mandarme a leer un libro o intentar contarme lo que estos dicen, me hubiesen llevado frente a esas personas para vivir con sus anécdotas el frío de las noches de campaña o las tensiones de los que conspiran.
La Asociación de Combatientes tiene una gran responsabilidad en que no ocurran estos olvidos, pero también la sociedad, porque hay muchas maneras de ser héroes y a todos les debemos respeto.
“Un árbol crece bien cuando se cuidan bien sus raíces”, es una frase que escuché a alguien hace tiempo y que me encanta; tendríamos que pensar más en ello y anotar en agendas con tinta indeleble, para no pecar de ingratos y también para reconocernos, para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

KARINA MARRÓN GONZÁLEZ

Periódico Granma

Mi opinión:

Primero que todo felicito a Karina por tan acertado trabajo. Hacía falta, desde hace mucho tiempo, abordar este tema que nos implica a todos, a los olvidados y a los que nos olvidan.
Es cierto que nunca buscamos mejor gloria que la gratitud del pueblo y, eso, sobra para gratificarnos. Empero, también es cierto que esa ingratitud está enquistada en nuestra manera de pensar. Cuando somos jefes nos preocupa el trabajo, aunque a algunos les interese más sus beneficios personales.  Luego, cuando nos jubilamos, recojemos lo que sembramos, pues los nuevos jefes se olvidan de nosotros.
Los hombres de mi generación, aunque pasemos necesidades y algunos suframos las promesas incumplidas, extrañamos siempre cuando se nos pasa por alto en un aniversario o evento en el que nos sentimos merecedores de estar. Eso duele profundamente, te lo aseguro. 
¿Sabes lo que significa para nosotros una llamada preocupandose por uno, una flor que se nos obsequia en un acto de barrio, en una unidad de combatientes o en una escuela? ¿Te imaginas -abandonada ya la época de la diplomanía-, la falta que nos hace hoy un pedacito de papel que nos honre por nuestro batallar por la defensa de la vida o por la obra realizada, incluso aún más que cosa material alguna? ¿Has visto el brillo hermoso de la admiración de un niño cuando vamos a un acto en su escuela, lo reconfortante que es? Y sin embargo, muchas veces perdemos la oportunidad de regalarle lo hermoso de nuestra historia a nuestros niños y adolescentes.
Hemos sido héroes del pueblo y a él nos debemos. Pero se da la magia de que somos parte de un pueblo de héroes, y cientos de hombres y mujeres necesitan ser atendidos por sus glorias que deben de ser inolvidables, que estamos obligados a no olvidarlas nunca y mostrarles nuestro agradecimiento.
Creo que olvidar a nuestros héroes es injustificado y bochornoso, incluso, ingrato. Dejar que la apatía y el olvido los ignore es una contribución a la pérdida de nuestros valores y la riqueza de nuestra historia de luchas. ¡Dénle un minuto, aunque sea un minuto, a cada cual, y los dignificaremos! Esto también nos hará dignos.
No dejemos que se olvide la historia, pues ella está allí, precisamente allí, en nuestras gentes. Este debe ser uno de los principales objetivos del trabajo político ideológico y con él debemos comprometernos. Esa es una debilidad a vencer, pues de ella se derivan muchos males que padecemos como la falta de sentido de pertenencia de muchos oficiales y soldados, como la falta de compromiso, como el desconocimiento de nuestras tradiciones de lucha y como la falta de motivación en las jóvenes generaciones.
Mucho ha hecho la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana pero, como dices, no es solo de ella el trabajo de atención a nuestros combatientes. Debe estar respaldado por el MININT y el MINFAR, por el Partido, por las organizaciones de masa, por la sociedad toda. ¡Búsquense los recursos, que ellos existen! Mucho más se pierde a diario en corruptelas, gastos innecesarios y deficiente trabajo en la administración en todos sus niveles. Un presupuesto mínimo debe crearse para ese fin.
Una revolución que olvida a sus héroes corre el riesgo de   morir por sí misma y eso debemos evitarlo. Hacerlo garantiza la continuidad de la Revolución. Recordemos a Martí y nunca olvidemos que “Honrar, honra”.
 
Te agradezco, Karina, en nombre de los olvidados. Muchas veces quise decir eso mismo y lo he hecho en un combate diario. Hoy me enorgullece que salga de ti. No estamos solos en esta batalla por la gratitud.
 
Percy Francisco Alvarado Godoy.

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