Día: noviembre 18, 2013

Hay que cantar

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Aguacero

Tendré que acurrucarme en los más hondos recuerdos de mi infancia para espantar la soledad del niño que vive en mí (Rafa).

En-una-palangana-vieja

Esta palangana, ustedes ya lo saben, vive en mi casa de Alamar. Es una palangana vieja como cualquier otra palangana en un patio, parece abandonada, hasta que florece… Mi madre la sembró hace algún tiempo porque las madres, ustedes también lo saben, son criaturas distintas, son capaces de adelantarse a cualquier circunstancia, son capaces, incluso, de construir, de hacer verdad una canción.

En una palangana vieja como esta se quedaron todas mis palabras y pensamientos el 11 de noviembre del 2013. Quería escribir, no podía. Quería ver a mis amigos, había poco tiempo y casi pocos amigos… Quería cantar, pero se me había perdido la niña de serenatas encima de la mesa del comedor y se me habían ido las guitarras familiares. No sé dónde están…

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La ronda para Teresita que convocó la gente (+ Fotos)

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Desorientados, sin saber qué protocolo seguir pero convencidos de que Teresita Fernández era motivo más que suficiente para desafiar el calor de domingo y el transporte público –empeorado por la celebración del Marabana- decenas de personas se llegaron hasta la Plaza de San Francisco de Asís para compartir canciones y risas en homenaje a la maestra cantora.- Estoy muy contento de haber venido a esta actividad convocada por la FEU, por los estudiantes- dijo para romper el hielo Fidel Díaz Castro, director de la revista cultural El Caimán Barbudo, con lo que provocó un montón de risas y comentarios.- No, no la covocó la FEU- le dijeron.

-¿Y quién lo convocó?- preguntó.

– La gente- le respondieron-, la gente.

La gente, inconcebiblemente, la gente se unió sin convocatorias de factores, y regaló una tanda de rondas a Teresita con la única recompensa de sentirse un poco niño otra vez.

Siguiendo un anunci lanzado desde las redes sociales, y a pesar de no contar con ningún otro mecanismo de difusión que no fuera Internet y el boca a boca, la gente convenció a otros amigos de ir, imprimió las letras de las canciones, llevó guitarras, cantó Lo feo y Pitusa y Eusebio, se dio de la mano y danzó una y otra vez.

Una mañana mágica y extraña, cargada de la poesía entrañable de las cosas sencillas, tal y cómo le gustaban a Teresita Fernández. Una mañana de juglares improvisados, de rondas concéntricas, de infancia feliz, de amor compartido, como una flor, y nada más.

(Publicado originalmente en Trabajadores)

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Fuente: Diario de un Navegante.