Topes de Collantes: Heridas sanas

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 A Topes de Collantes se va a sanar, y eso precisamente fue los que encontramos allí los guerrilleros de la blogosfera cubana: Un bálsamo para restañar las heridas de las batallas pasadas, esas que entre tanto delirio de grandeza, egoísmo y esquematismos quiso destruir lo más puro de nuestros lazos, los mismos que hemos construido bajo principios sagrados sin necesidad de escribirlos.

Pasarán algunos días hasta que mis piernas vuelvan a ser las de antes después de tres días andando por los trillos de macizo del Escambray espirituano. Todavía no sé de quien fue la idea de cantar el Himno Nacional, la Marcha del 26 de julio y “Viva Fragle Rock” debajo de la cascada de Vega Grande pero igual fue uno de los mejores momentos vividos aunque el Rodo todavía no quiera creerme.

Estar en Topes era, también saldar una deuda con mi madre, quien a finales de los años 60 fue una de las maestras “makarencos” que pasó una temporada allí. Por suerte, para cuando ella llegó ya había sido erradicada la plaga del bandidismo en la zona, aunque las huellas aún no se han borrado del todo. Por eso hicimos una parada en el monumento al Alberto Delgado, “el hombre de Maisinicú” y Darío preguntándose si sería capaz de no tener rostro al enfrentar la muerte como lo hizo Alberto.

Tampoco me perdonaría olvidar a Andrés, a quien el calificativo de guía le queda pequeño. Con él escuchamos una y mil historias de cómo se fundó en los años 50 el Sanatorio, de los días en que fue el Puesto de Mando en la lucha contra los bandidos, o de cuando sirvió de albergue para los maestros que, como mi mamá, se formaron allí. Entre chistes y una picaresca sumamente agradable, él nos “descalificó” las historias medio extrañas de cuando, antes de 1991, el Kurhotel de Topes vio andar por sus pasillos y dormir en sus habitaciones a quién sabe cuántos miembros de la élite soviética que vinieron aquí buscando la cura milagrosa para sus males.

Pero la verdadera pasión Andrés es el café, de cuyos orígenes, características y variedades nos habló con amplitud para la final mostrarnos las delicias de catar una buena tacita… “sin azúcar, porque el dulce le mata el sabor”, dijo.     Escucha a Andrés
¿Solo eso lo me dejó el encuentro en Topes?

Del frío matutino, los trillos angostos y empinados, de las aguas tremendamente frías de los ríos salgo extrañando a Karina a quien las responsabilidades que le di en parte con mi voto la alejaron solo en el cuerpo, no de espíritu, de este encuentro; regreso con la confirmación de cada espacio de expresión intercambio es válido por eso las retiradas no son una opción pero tampoco me interesan las discusiones bizantinas ni las intrigas cortesanas.

En fin bajo de Topes… sabiendo que nuestra fuerza nace de la unidad, de la comunicación y de las buenas acciones, no de la retórica
 

Fuente: Cuba Izquierda.

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