¿Un asunto de pi?

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INDISCIPLINA SOCIAL
Por VLADIA RUBIO (nacinales@bohemia.co.cu )
Fotos MARTHA VECINO (fotografia@bohemia.co.cu )

Esquina llena de basura en la calle y los tanques rotos(Foto: MARTHA VECINO)

Calles sin basura, ni escombros o papeles ensuciando el andar; personas que conversan sin que nadie les interrumpa o pase entre ambos olvidando pedir permiso, balcones desde donde lanzan sonrisas y no jabitas con desperdicios o cabos de cigarro; música solo para el disfrute privado, sin agredir el tímpano de los vecinos; muros limpios, libres de graffitis o huellas de zapatos; manos tendidas para ayudar a la señora, respeto por el orden de la cola…

No es la descripción de un panorama ilusorio por abarcador, sino realidad alcanzable para todos los cubanos. La merecemos.

Y es una paradoja, porque al tiempo que abundan disgustos por tal convivencia complicada que viola normas elementales y va de la mano de la falta de educación y la indisciplina, a veces es la propia ciudadanía -una parte de ella- la que atenta contra esa cotidianidad más confortable, higiénica y ordenada.

BOHEMIA fue en busca de explicaciones al fenómeno, para nada exclusivo de esta Isla, pero que aquí resulta particularmente chocante por contradecir los valores y el paradigma de sociedad defendidos por tantos cubanos.

El presidente de los consejos de Estado y de Ministros, general de ejército Raúl Castro Ruz, hizo de este tema uno de los ejes centrales de su discurso en la más reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando incluso condicionó el avance en la actualización del modelo económico al orden, la disciplina y la exigencia. No se estaba refiriendo únicamente al sector productivo, sino al acontecer del país en general.

Lo que ven cien

Un sondeo periodístico realizado entre cien capitalinos, aun cuando para nada pretende ser representativo del panorama nacional, sí aporta un botón de muestra sobre lo que más parece estar reiterándose, al menos en esta ciudad con más de dos millones de habitantes… hasta que el censo diga su próxima y esperada palabra.

Muro de monumento pintado con graffitiEscribir paredes e incluso monumentos habla de sentidos
de pertenencia bien deteriorados.
(Foto: MARTHA VECINO)

Al interrogar a estos pobladores de disímiles edades, ocupaciones y municipios, mitad del sexo masculino y mitad del femenino, sobre cuáles eran las cinco indisciplinas sociales y violaciones de normas de convivencia que más veían reiterarse en su cotidianidad, 98 por ciento señaló el botar basura y otros desechos en sitios inapropiados concediéndole un lamentable primer peldaño.

Dayamí Arbela, de 43 años, engurruña la nariz en respuesta al mal olor que emana de la loma de desperdicios junto al contenedor de basura, mientras la señala con dedo acusador: “Yo no entiendo por qué la gente tiene que ser tan cochina. ¿Qué trabajo cuesta tirar la jaba dentro del tanque?”

Sintiéndose confortada al quejarse a la reportera, vuelve a la carga: “Pero eso no es lo único mi’ja; junto a la peste, se mete por las ventanas también la música del vecino de al lado, que no me da tregua. He pensado hasta en mudarme, pero es por gusto, porque en todas partes pasa igual”.

Hombre joven frante a un edificioLos llamados a voz en cuello, la música
alta y otros ruidos se apuntan entre lo
que hoy más atenta contra una tranquila
vida cotidiana
(Foto: MARTHA VECINO)

Junto a Dayamí, 83 por ciento de los interrogados se declaran víctimas de músicas “a todo lo que da” o de ruidos molestos, que van desde las prácticas de un estudiante de trompeta hasta la sierra de cierto carpintero partiendo en dos el amanecer.

No hubo diferencias entre los grupos de edades al señalar como la violación más reiterada la basura y otros desechos fuera de lugar, pero como peculiaridad, en el caso de los ruidos, aquellos entre 15 y 25 años no la indicaron como la segunda de sus molestias. Quizás sea porque entre ellos se apunte la mayoría de los “ruidosos”, especialmente en cuestiones musicales.

A diferencia del resto, los más jóvenes marcaron en segundo lugar los daños al transporte público, que para la generalidad ocupó con 74 por ciento el cuarto peldaño, antecedido por la indisciplina de ensuciar o escribir paredes, y que especialmente molesta a los mayores de 60 años.

Debería haber determinados muros o espacios donde se expresaran aquellos con inquietudes artísticas o de comunicador social, pero la parada de la guagua o la pared exterior de la panadería no pueden servir de soporte, por ejemplo, a un tal JM para anunciarle al mundo que él es “El locote de la Lisa”, acompañado por un dibujo obsceno que intenta graficar las dimensiones de su locura.

Aunque en el quinto lugar, las afectaciones a parques, jardines y áreas verdes en general, fueron señaladas por 64 por ciento del total, esa no deja de ser una conducta que a todos hace la vida menos grata, y llega a indignar cuando trasciende de pisotear el césped a destrozar bancos y hasta cargarlos en peso quién sabe con qué rumbo.

¿Di por qué?

Poco se avanzaría con solo describir situaciones como las mencionadas, aun cuando los números puedan aportar una magnitud algo más precisa del fenómeno. El asunto está en buscar razones, y para eso, indagamos en los motivos que los propios ciudadanos asocian a esas conductas.

El 92 por ciento de los interrogados las atribuyen a la falta de exigencia por parte de las autoridades para hacer cumplir lo establecido. Aunque este multifacético tema no puede quedar solo en manos de los agentes del orden, el coronel Juan José Hernández, de la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), durante el acto central de esa institución por los 60 años de los sucesos del 26 de Julio, subrayaba que “para la PNR, el Moncada de hoy está en garantizar la eficacia, eficiencia y profesionalidad en el enfrentamiento al delito, las ilegalidades y las indisciplinas sociales en el actuar diario, en la cohesión de las acciones con los órganos del Estado, las organizaciones políticas, de masas y sociales, bajo la dirección del Partido, con el objetivo de mantener el orden y la tranquilidad del pueblo”.

Jóvenes saludándose
El habitual saludo que por tradición distinguía al cubano, se
ha ido desdibujando. (Foto: ANTONIO PONS BEATO)

Por su parte, la viceministra de Justicia Rosa Charró comentó a esta reportera la necesidad de “ser mucho más exigentes en la aplicación de las normas con quienes infrinjan la disciplina social y vulneren la tranquilidad ciudadana. No basta con lo educativo. Las dos cosas son importantes y deben aplicarse en la justa medida que correspondan”.

Resolver ese tema nos toca a todos los ciudadanos, también precisaba la viceministra; pero, paradójicamente, la segunda causa por la que acontecen tales hechos, según la muestra con que BOHEMIA interactuó, resultó ser el individualismo y la escasa solidaridad, seguida en tercer lugar por la falta de exigencia sobre la propia ciudadanía.

Es revelador constatar cómo la mayor cantidad de encuestados declaró hacer siempre lo correcto en bien de las otras personas y de su comunidad, al pedirle a cada uno que indicara la frecuencia de ese actuar. De ser así, entonces ¿quiénes son los infractores y los mal educados?, ¿perpetuamente los de al lado? Asoma de manera evidente la falta de una conciencia crítica. Por suerte, fueron los jóvenes quienes más dijeron que solo ocasionalmente hacían lo correcto, con 44,4 por ciento.

Instruidos pero no educados

Violar normas de convivencia ciudadana, incurrir en indisciplinas, usualmente se hace acompañar de mala educación. Por eso, la revista se propuso además indagar en cuáles eran las faltas de educación que más se reiteraban en el diario acontecer.

Ómnibus urbano escrito y rayado
Daños al transporte público, a teléfonos y a otros servicios
de uso colectivo hablan de una indisciplina social a la que ya
debe ponérsele coto (Foto: MARTA VECINO)

El centenar de entrevistados no dudó en señalar mayoritariamente, con 83 por ciento, el no pedir permiso para pasar, entrar o salir; y le siguieron -marcados por 71 por ciento en ambos casos- hablar en un tono de voz inadecuado y la ausencia de las “gracias” y el “por favor”. Comunicarse en voz alta, gritar y vocear molesta a todas las edades, según este sondeo; mas a los abuelos parece disgustarles en particular que la gente no salude.

“Llegas a cualquier lugar, al consultorio, a un centro de trabajo, a una cola… y es como si no te vieran, porque nadie te da los buenos días”, refiere dolido Antonio Vistalegre, de 67 años. Junto a este abuelo, 64 por ciento de los encuestados indicó la omisión del saludo como la cuarta falta de educación que más constatan.

Entre las causas de tan maltrecha educación formal los entrevistados apuntaron mayoritariamente a la familia y también a que “los conciudadanos no se respetan entre sí”, 86 por ciento en los dos casos. Como tercera causa quedó señalada por 69 por ciento que “los malos tratos a nivel institucional acarrean la mala educación personal”.

Jóvenes jugado futbol en la calle durante un aguacero
¿No hubo una autoridad que impidiera que ellos
prácticamente se adueñaran de la calle, cerrándola y además
exhibiendo a todos sus torsos desnudos?
(Foto: LEIVA BENÍTEZ)

A propósito de tal estado de cosas, en su ya citada intervención ante el Parlamento, Raúl había expresado: “Conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar, han venido incorporándose al actuar de no pocos ciudadanos, con independencia de su nivel educacional o edad”. Luego de una larga y dolorosa enumeración de inadmisibles conductas y faltas de educación, apuntaba: “Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos”.

No pocos se han percatado de dicha desidia porque 67 por ciento del sondeo indicó entre los motivos de la mala educación que “a nadie le importa”; ello, sin que hubiera variaciones significativas entre los grupos de edades, salvo en el caso de los abuelos, quienes, en comparación con los de menos edad, fueron los que menos señalaron esa causa.

Yuniel Vladimir Velázquez, por ejemplo, con 24 años, declara sin entibiar mucho las palabras “yo no soy nadie para decirle a la gente lo que tiene que hacer. Mientras el problema no sea conmigo…”

Gente caminando por las calles, cruzándolas sin mirar el tráfico
En el diario y agitado acontecer ha ido
calando la desidia e indiferencia ante lo
mal hecho en no pocos pobladores
(Foto: MARTHA VECINO)

El problema es de todos, y todos somos alguien. Nos empodera el sentido de pertenencia por el lugar donde habitamos, el respeto hacia uno mismo y hacia el prójimo, la ética y en general los valores que han fraguado personalidades y conductas. Pero esas tuercas parecen estar flojas en algunos puntos del engranaje social.

Sin embargo, el primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez recordaba durante un diálogo con la prensa, en vísperas de la sesión parlamentaria, que “a nosotros siempre nos ha distinguido la decencia, el buen comportamiento, no somos una población históricamente chabacana ni vulgar. Con todos esos valores, y debatiéndolo de manera abierta y sin tapujo, comprendiendo que hay una situación económica pero con la voluntad de superarnos a nosotros mismos, podemos resolver esos problemas”.

 

Fuente: Bohemia.

 

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