El “Caso Taringa” y la protección de los autores y creadores

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20130822-135216.jpgCon la reciente resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, donde se rechazó el recurso interpuesto por los procesados en el “caso Taringa” contra el auto de elevación a juicio oral, se reavivó en las redes sociales y en diversos medios periodísticos el debate sobre internet y los derechos de propiedad intelectual.

La causa penal que se sigue contra los directivos del sitio “Taringa!” cuenta ya con el procesamiento de los imputados, confirmada el 29 de abril de 2011 por la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en Criminal y Correccional, como partícipes necesarios del delito previsto en el artículo 72 inciso “a” de la ley 11.723 (cometido en 29 oportunidades). También confirmó el embargo dispuesto por el juez de grado sobre su dinero y/o bienes hasta alcanzar la suma de $200.000 (pesos doscientos mil).

En la causa se imputó a los dos procesados Matías y Hernán Botbol, en su carácter de propietarios de la firma “Wiroos S.R.L.” que contrata el servicio de hosting del portal web http://www.taringa.net, ofrecer a usuarios anónimos la posibilidad de compartir y descargar gratuitamente archivos cuyo contenido se encuentra protegido por derechos de autor, garantizando con ello la reproducción ilícita del material.

Uno de los fundamentos fue que “…el funcionamiento como biblioteca de hipervínculos justifica la existencia de la página que tiene un ingreso masivo de usuarios, mediante el cual percibe un rédito económico con la venta de publicidad, la que en el negocio informático se abarata o encarece en función de la mayor cantidad de visitas que recibe…” y “….ha permitido que personas, aún no identificadas, publicaran links para descargar ilegítimamente las obras descriptas por los denunciantes… sin que la maniobra fuera evitada por la administración del sitio de los imputados, facilitando con ello las copias cuestionadas..”.

 

Contra el criterio de primera instancia apelaron los imputados y en su defensa los demandados argumentaron que “las obras literarias no están almacenadas en la página, sino en el sitio rapidshare, cuyos servidores están localizados fuera del territorio nacional, por lo que no puede aplicarse al caso la ley penal argentina”.

En la resolución se argumentó que “más allá de que los links desde los cuales se habrían descargado las obras reproducidas ilegalmente (rapidshare.com, 4shared.com y mediafire.com) están efectivamente fuera del país, los del dominio taringa.net desde donde se ofrecía su descarga (kui.wiroos.com.ar y lanark.wiroos.com) y cuyos titulares serían los imputados, registran domicilio en la República Argentina”.

A su vez, se coincidió con el criterio del a quo en cuanto a que la conducta antijurídica de los demandados constituye una acción comisiva consistente en “facilitar los medios para que los usuarios pudieran compartir y descargar gratuitamente archivos que contenían obras sin las respectivas autorizaciones de sus autores”, extremo que es reconocido por el propio impugnante.

Así las cosas, la causa se encuentra en condiciones de que se fije fecha para el debate oral y público.

Con respecto a la causa concreta, lo único que vamos a observar es lo siguiente: por el principio legal de inocencia, los procesados son inocentes hasta que se dicte una sentencia condenándolos y pase en autoridad de cosa juzgada. Por lo tanto, y siendo trabajo del Tribunal Oral ahora determinar la existencia de delito y la culpabilidad de los procesados, si se diera así el caso, lo único que resta por hacer es esperar la decisión judicial.

Lo que genera este caso es la renovación del debate sobre qué pasa con la protección de los derechos de autor en esta era de avances tecnológicos imparables, donde cualquiera, desde cualquier lugar del mundo, puede poner a disposición del resto de la humanidad diversos contenidos.

Las posiciones y los argumentos son de los más variados. Tenemos quienes sostienen que el conocimiento es un patrimonio de la humanidad y no puede ni debe ser coartado de ninguna forma. Otros, más morigerados, reconocen que el autor de una obra, sea literaria, de música, programas informáticos, etc, tiene derechos patrimoniales sobre su creación, al menos durante un mínimo de tiempo. Este es un tema importante, ya que las legislaciones universales no son unánimes al respecto, y los tiempos de protección varían. En el otro extremo están los defensores a ultranza de los derechos de autor, y en el medio también encontramos a quienes vislumbran que parte de la problemática no pasa por el reconocimiento y la protección de la autoría de la obra, sino por la posibilidad de explotación de la misma. En definitiva, en algunos casos la defensa del derecho de autor pasa a representar la defensa de las ganancias económicas por una obra, y no siempre esto está directamente vinculado con las ganancias percibidas por el autor de la misma.

Otra de las posiciones extremas es la de quienes consideran que cualquier tipo de protección de copyright es un avasallamiento a la libertad de expresión y que inhibe en muchos casos el acto creativo en sí mismo.

El debate está planteado y hay que abrirlo a las distintas posiciones. El Derecho siempre, y necesariamente, viene atrás de los cambios sociales. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación imponen cambios vertiginosos que nos obligan a repensar permanentemente los conceptos. Entre el conocimiento y los intereses de las editoriales, las discográficas y las empresas creadoras de software, por poner sólo tres ejemplos, está el derecho inalienable del autor de una obra a ser reconocido por su creación y a disfrutar de los beneficios que la misma puede depararle. La forma y la medida responderá a principios más profundos, que están vinculados a cuestiones tan filosóficas como la forma de percibir el mundo, la postura económico-política, la generosidad a la hora de compartir lo creado con el mundo y los beneficios que una obra puede brindar a la humanidad.

El debate está planteado y es absolutamente necesario. Cada posición debe escucharse porque, seguramente, de cada una de ellas tenemos cosas para pensar y aprender.

Inés Tornabene

Fuente: Sigue al conejo blanco.

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