La Cuba que nunca quise (+ fotos)

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Por Carlos Alberto Pérez

Si algo incuestionable tiene Cuba es lo bien organizada que está. De eso a nadie le caben dudas; como tampoco de que existen las más impensables leyes y regulaciones a todos los niveles, un proceso que ha tomado al Estado más de medio siglo construir y que por diversas razones, en la actualidad  pocos eligen respetar o cumplir.

El problema emerge cuando el desgaste económico de la isla, causado por el injusto bloqueo impuesto por los Estados Unidos así como por la errada administración de un Estado de economía centralizada, ha hecho mella en una estrategia económica  mayormente empírica que no ha dado ni cerca de la diana en más de medio siglo de fórmulas erradas. Esto, como efecto dominó, al mismo tiempo dio al traste con una larga lista de consecuencias negativas para millones de cubanos entre la que distingue por su expansión a todo el territorio nacional bajo impacto negativo, que determinadas instituciones y autoridades hayan bajado la guardia ante comportamientos inmorales y antisociales, observándose como resultado a largo plazo fallidas prácticas en el orden social, cuyas dinámicas incluso se cuestionan pero no siempre se combaten.

Y si digo cuestionan es porque constantemente se escuchan reclamos de todo tipo, ya sea en plena calle como en nuestros medios de comunicación, pero lo cierto es que a pesar de estar más que reconocida la problemática, poco se ha avanzado en el rescate de valores que tanto necesitamos los jóvenes. Una solución que se impone con urgencia si se tiene en cuenta que seremos nosotros, quienes mañana tendremos que sortear el difícil reto de guiar este país hacia aguas más prósperas y seguras.

“Es frustrante vivir en un país donde todo está escrito y regulado, y sin embargo, el relajo parece estar tan legalizado como la propia ley que lo prohíbe”, me reveló en tono decepcionante un anciano que presenciaba cómo el chofer del ómnibus P-4 que nos trasladaba, fumaba y cantaba como si estuviera en la sala de su casa. Sonaba además un estrepitoso alarido de reggaetón en todo el ómnibus, y para rematar tenía casi encima de sus piernas a una hermosa dama que parecía robarle, peligrosamente para todos, la mayor de todas sus atenciones.

No es un hecho casual, sucede con diferencia de matices casi todos los días. Pero hay más. Si vas a la farmacia, la muchacha que despacha te dice con total desfachatez: “te debo los 60 centavos del vuelto mi chino”, y se voltea sin darte tiempo a reclamar el dinero que es tuyo y que con todo descaro te está robando, cuando se sobreentiende que su administrador debe garantizar a diario todo tipo de billetes y monedas para fraccionar los cambios de los clientes. Si vas a hacer las compras en una tienda en divisas, no es raro encontrarte como respuesta un parco “no hay bolsas de nylon” acompañado de un gesto de indiferencia. Lo irónico de todo es que a escasos metros de la puerta de la misma tienda, te encuentras varios revendedores ambulantes que casualmente tienen a la venta la jabita de nylon que te tocaba gratis, (dicen que muchas veces estos personajes actúan en combinación con el tendero o gerente de la tienda, es decir, que prácticamente te obligan a comprar afuera lo que adentro te tocaba gratis). Pero si tu hijo(a) se antoja de una golosina y precisamente el dulce que quiere no existe en esa tienda donde te acaban de multar, búscala en los merolicos de la esquina al doble o triple de su precio original, pues nadie sabe a ciencia cierta qué arte tienen estos negociantes no estatales para acaparar y revender ilegalmente decenas de productos estatales en las vías y avenidas más confluidas de La Habana, sin que a nadie se le ocurra indagar el origen de algunos de estos productos o sencillamente, que algún ingenuo comience a halar la soga mágica que sostiene las verdades de ambas puntas.

Seguir poniendo ejemplos de casos similares a estos, de administraciones a la deriva o de inspectores corruptos, sería hacer de este el post el más largo y aburrido escrito en casi tres años de incansable vuelo. No obstante, como creo que se entendió la idea, aquí les dejo en fotos la historia de otro ciudadano X que también se cree dueño de un ómnibus estatal, y que sin explicación alguna a los pasajeros que lo abordamos en la tarde de ayer, fuera de todo pronóstico detuvo el bus en pleno recorrido al parecer, para saldar alguna deuda personal o sencillamente hacer las paces con algún tormentoso amor…

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 Fuente: Chiringa de Cuba.

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