Mes: julio 2013

Blogosfera Cuba: Amigas y amigos de la blogosfera cubana

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Nos vemos en el taller!!

Amigos nos vemos en el taller que hemos esperado por meses, aquí les dejo.

Amigas y amigos de la blogosfera cubana

Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. Ave. 53 e/ 96 y 98 #9609 Marianao. Habana. Cuba.

Nos reuniremos esta vez en La Habana los días 5, 6 y 7 de julio. El grupo que el año pasado subimos el Turquino, fuimos luego al Nicho y después a la Ciénaga ha ido creciendo y cada vez son más quienes se suman a estos encuentros. La semana pasada compartimos la idea de reunirnos y un grupo de blogueros nos confirmaron su participación. Por cuestiones logísticas podrán participar solo 40 personas con toda la logística (entiéndase hospedaje, sabanas, toallas, papel sanitario, jabón, desayuno, almuerzo y comida). También resolvimos otras 10 capacidades para panelistas y otros blogueros de La Habana (a estos solo le podemos ofrecer almuerzo). Además de estas 50 personas, puede ir cualquier otro bloguero que lo desee pero tendrá que cumplir al menos dos requisitos: 1) debe conocer al menos a dos personas que estén participando en el taller y 2) agenciarse su propio almuerzo.

Aquí les dejamos la propuesta de programa y el listado de los participantes. Todo esto es modificable. El jueves 4 deben ir llegando los chicos de provincia al Centro Martin Luther King (100 y 51, en Marianao). Para ese día no habrá comida. Pizza en la esquina a 10 pesos. Si habrá baño y dormitorio. Todos los días empezamos 8.30 a.m. y terminamos a las 10.00pm excepto el domingo que terminamos a las 5.00pm.

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El orgullo del bloguero (Ira parte)

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El orgullo del bloguero (Ira parte)

A los blogueros cubanos, esa suerte otra al decir

Llegué tarde al mundo de las nuevas tecnologías como soporte para el periodismo, o lo que es igual, al ciberperiodismo, a la «cibernoticia», a la «cibercrónica», al «ciberjuicio». A toletazos, sin mucha explicación de nadie, me abrí hace ya como dos años una cuenta en Facebook; y aunque Twitter, la segunda red social más publicitada y con usuarios en Cuba, no es hoy mi asignatura más pendiente, me queda mucho por sacar y aprender de esa síntesis informativa a la que nos obligan sus no más de 140 caracteres.

A los blogs, ni se diga. No sé si merezca llamarme ya aprendiz, o aprendiz de aprendiz, porque solo he decidido iniciarme en la dinámica del ejercicio, con el propósito de no quebrar mis intenciones por la escritura, ahora que, al parecer, me iré alejando de a poco de las bondades y alegrías que siempre me ha causado el texto impreso.

Pero no por mis morosidades ni mis penurias tecnológicas, me he sustraído a palpar con tremendo regocijo, durante todo este tiempo de postura acrítica, lo que bien pudiera denominarse «el orgullo del bloguero». Sí, así mismo, ¡orgullo!, porque cuando uno se siente útil como hacedor de un espacio que es parto genuino de tu creación, vale que cunda la jactancia más sana, el sentimiento del engreído feliz, que contempla el mundo con ansias para luego postrarse humilde, de vuelta al camino.

Con absoluta certeza, he visto crecer a muchos colegas desde sus propias bitácoras. Y los ves ahí, haciendo corresponder la agenda de su medio, con el de redactar un post por el que aparentemente no gana nada, en vez de dedicarse quizá a buscar la noticia o el argumento del género de fondo para colaborar con cierto espacio que lo haga llevar algo más que papeles de trabajo al bolsillo.

Digan lo que digan, hablen como hablen, créanlo o no ellos mismos, el bloguero es una suerte de camino empedrado, de potro salvaje tendiente a cabalgar, a como sea, en el maremagno campo del criterio. Cada bloguero es una opinión, un sentir que se abre como grito o exclamación desde la experiencia, desde la importancia de expresarse como mejor lo entiende. Cada bloguero presume de una postura diferente, una asunción desigual de los fenómenos. Y no puede ser de otra manera, no puede permitirse la copia o la réplica, porque parecerse a los otros, sería como quedarse en un estadio de extremo primitivismo ante las ventajas y posibilidades que abre la web.

Con licencia de los académicos de la Lengua a los que tanto respeto y admiro, en el «blogoperiodismo» o la «blogopinión», siempre se es más que recolector, cazador y pescador de buenas intenciones; siempre se intentan transgredir los requiebres de cualquier limitación feudalista del pensamiento; siempre se escudriña con el impulso que oxigena a las verdaderas revoluciones, las más auténticas y difíciles.

El bloguero está dondequiera, o mejor, donde él lo quiera. Ya no hacen falta credenciales ni carnet de prensa para entrar al debate de los hechos, ya se acabó el negocio con el editor al que no lo convence del todo la expresión de mi idea, o el capricho de la correctora de turno que no le gusta o no le suena clara la palabra dispuesta. Es cierto que se corre el conflicto de que no sometes lo que escribes para que te lo ausculten con una visión perfeccionista; pero se asumen otros compromisos, otros roles y otras destrezas que hacen segregar mejor la adrenalina.

Por eso, desde esa convicción tan propia del bloguero, de ser un avanzado y defensor de sus prudencias, cabe el orgullo de los que ya han sentado cátedra en este comunicacional mundo de la era blog, y a los que habría que reverenciarles ese gesto que, irreverentemente, con más y menos, como las grandes obras, han emprendido, a todas y con todas.

¡Qué bueno por ustedes, blogueros! ¡Qué bueno que vienen existiendo desde hace ya buen tiempo! Pero este es un tema que no acaba, sino que con fuerza emana fresco, con nuevas ideas, con acciones que ya se escuchan y se concretan. Creo que todos pudiéramos contribuir a esa construcción colectiva en un momento que bien lo necesita. Por ello, ya no demoro más esta cháchara por ahora y propongo continuar con otras reflexiones en un próximo post.

http://yoelvislazaro.wordpress.com/2013/07/01/el-orgullo-del-bloguero-ira-parte/
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Los precios y los naúgrafos (con permiso de YOSS)

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Los precios y los naúgrafos (con permiso de YOSS)

Publicado por lilithalfonso

Hay cada gente por ahí, y hay cada precios. Porque los precios, cuando vienes a ver, los pone la gente y los acepta la gente. Sí, de parte y parte, aunque la necesidad ayuda y a veces determina.

Un día, por ejemplo, Manolo se levanta de soñar con un campo de lechugas y, convencido de que la verde tiene más propiedades que un bistec de vaca, de los que le dan a su nieto en la carnicería, decide que en vez de tres pesos por el paquete, ese día va a proponerla a cinco.

Y así sale a la calle. Lechugaaaaaaaaaaaaaa, a cinco peeeeeeeeeesos. Y Juana, que sabe que no está a cinco, que por la tarde aparecen cinco o seis vociferándola a tres, le estira la cara y le dice que hoy no, que prefiere esperar.

Pero Cacha, la señora de al lado, tiene visita y como siempre en estos casos, la necesidad visceral de todo cubano que se respete, y se prepara para tirar la casa por la ventana. Cocido de garbanzos con masitas de cerdo, congrí, refresco de la tienda, dulce también de la shooping, de todo menos ensalada.

Así que cuando pasa Manolo, no lo piensa dos veces y le alarga un billete de 10 pesos. “Oye, pero qué cara…” pero ya tiene los dos mazos en la mano. Entonces, Jorge, que viene por el otro lado con su carretilla repleta de lechuugaaaaaaaaa a tres peeeeesosssssss, ve el panorama y esa noche, seguro, también sueña con surcos y surcos de la hortaliza.

Y así pasa con casi todo.

Hay otros que, sencillamente, están bien entrenados en vivir del bobo y el necesitado. Esos son los que pescan bien con ríos revueltos o cualquier cosa que huela a catástrofe. Pasa un ciclón y al otro día, cuando la gente está ocupada en recuperarse, en remendar la teja que se le partió, Alberto se levanta más temprano que nunca para cambiarle el precio a todos los productos que vende en el agro.

“Oye, el ciclón acabó con todo”, “sí, sí, no leíste mal, la malanga a siete, es que la cosa está mala mi hermano, el cicloncito ese acabó con Troya”, aunque el organismo meteorológico no haya tocado ni un surco sembrado del tubérculo.

Como le pasó a la carne de cerdo luego del huracán Sandy, que de 20 en algunos puntos se empinó a 22, y cuidadito a 24 y 25, y eso que no hubo reportes de daños significativos en ese sector.

La carne es también muy de fiesta. Cada vez que hay un evento grande se da unas encaramadas que para qué contarles, sobre todo si es día de los padres, de las madres, fin de año, carnavales o el vendedor se entera de que es tu cumpleaños y también quiere darte un regalito.

Pero la soga de los precios no es sólo made in cuentapropista. No, qué va. Y quien no me crea que pase por el puestecito que queda a un costado del Policlínico 4 de Abril, en la mismísima Avenida Che Guevara, y vea cómo por arte de magia el queso que hasta hace una semana costada 13 pesos, parió y ahora cuesta 16.

Y todos contentos, todos menos los que, en esa misma mañana, nos levantamos con ganas de comernos una buena ensalada de lechugas fresquecitas y nos damos contra el muro de los cinco pesos, o tenemos que regresar del agro con una libra de carne en vez de dos porque no importa que sean sólo dos pesos, en ese templo del dios dinero no hay día nublado ni fiadores.

Lo malo es que, por mucho que soñemos por ejemplo, con un puerquito de yeso repleto de pesetas de las pesaditas, al otro día nos levantamos con el mismo salario en el bolsillo -y eso si cobramos ayer por supuesto, sino el salario sólo queda en el recuerdo-, y las mismas necesidades de comprar las mismas cosas que ya no están en el mismo precio.

La mayoría se escuda en la oferta y la demanda. Y la ley de oferta y demanda los arrulla. Nada hay, en las leyes, que obligue a un vendedor de alimentos a observar precios topados como sucede, por ejemplo, en la Argentina donde todo ese mercado es privado.

No me gustan las prohibiciones. Pero dejar, por ejemplo, que una malanga -que no se vede prácticamente en los mercados estatales y es vital en la dieta de niños y enfermos- cueste siete pesos, y una libra de carne de ovejo 22 y hasta 23 pesos, es ponerle al trabajador la vida más difícil.

Porque es el trabajador el que sufre, y el trabajador es la inmensa mayoría de los cubanos que, cada vez más, se cerciora de que su salario no vale para casi nada, y al piso va su ánimo.

Nada, que si algunos tienen manía de pescadores, y del cielo les caen los ríos revueltos; otros engordamos para náufragos de ese mar de precios que, en cualquier momento, salen volando como Matías Pérez.

http://eskinalilith.wordpress.com/2013/06/29/los-precios-y-los-naugrafos-con-permiso-de-yoss/
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