¿Quién recoge los “regalos”?

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¿Quién recoge los “regalos”?

Alfonso Nacianceno
alfonso.gng@granma.cip.cu

A primera vista, es un basurero más. Como los que envenenan. Ostenta su fea categoría de suciedad callejera, y, aunque el de la foto no fue hijo de la indisciplina social, hoy ya engulle desperdicios del vecindario.

Foto del autor Fluye el tráfico por la reparada calzada Beltrán, pero sobre el asfalto viejo retirado la población comienza a botar desechos.

El pasado junio llegó una brigada de reparación de viales para eliminar los baches de la avenida Beltrán —bastante utilizada por el transporte en San Miguel del Padrón— porque, entre tantas, una de las honduras del pavimento ya tenía dimensión de cráter y dificultaba sobremanera el acceso de los vehículos.

Los hombres, equipados con sus instrumentos de labor y la mezcla asfáltica humeante, trabajaron para resolver el problema… y crearon otro. La circulación por allí quedó restablecida en un par de días. Un hoyo sellado aquí, otro menor suturado allá, en fin, la obra se ve bien para satisfacción de los conductores que ya no zigzaguean a su paso. Pero, ¿dónde depositaron los escombros retirados del pavimento?

Las intersecciones de tres calles secundarias, que desembocan en Beltrán, fueron escogidas como los lugares idóneos para adornarlas con las ruinas del viejo asfalto. Los vecinos se preguntan por qué, como apoyo a la brigada, no viajó un camión donde cargar esos escombros, ahora convertidos en monumentos a la desidia. Han pasado más de 15 días de “terminada” la reparación, sin que los ejecutores retiren aquellos indeseables “regalos”, con la amenaza de establecer en esos puntos nuevos basureros permanentes.

Un modus operandi similar también lo vimos lejos del mencionado municipio. El pasado sábado, en plena mañana, otro grupo de trabajadores remendaba un tramo de la carretera que pasa por delante del cementerio de Calabazar e, igualmente, los desechos eran amontonados en la esquina más cercana, escena contemplada por todos como algo común y corriente. Son solo dos ejemplos, ¡vaya usted a saber en cuántos otros lugares ocurra lo mismo!

Ante el irrespeto al derecho de la población de vivir en un entorno saludable, cómo exigirles a esos vecindarios que cumplan con su deber ciudadano de no botar desechos en la vía, si precisamente los encargados de evitar situaciones como las descritas y mantener el ornato, dan pie al fomento de las indisciplinas.

La indolencia de cara a los problemas del prójimo, muestra la pérdida de la sensibilidad. Predicar con el ejemplo es el principio inviolable para sembrar en cada uno de nosotros la motivación por ser mejores.

http://www.granma.cubaweb.cu/2013/07/12/nacional/artic05.html
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