Un pasito pa´lante María…

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Un pasito pa´lante María…

El Presidente habló en la Asamblea y mucha gente comenta los significados de sus palabras. Algunos piensan que debería hablar más a menudo, y razones no faltan: la crisis en Cuba admite ahora mismo, facilito, 11 millones de adjetivos, y no pocas veces por culpa de los medios que viven en Saturno se tiene la sensación de que el país anda suelto y sin vacunar, y que al compás de sus vaivenes los de adentro hacemos la ola diciendo ¡ooeee, ooeeeeee!. Y no es así.

En su intervención Raúl se refirió a temas de economía, pero sin entrar demasiado en lo que considero problemas trascendentales que interesan a la población: la dualidad monetaria, los precios de espanto, el salario del obrero y el trabajo honrado en relación con el bienestar ciudadano, la corrupción en el alto mundo empresarial, la prensa que se chupa el dedo.

El plato fuerte del discurso fue el problema ciudadano, o sea: las conductas incivilizadas, las indisciplinas sociales, las ilegalidades y el robo al Estado visto como natural (que es el robo de bajo vuelo), y cosas así más relativas al arroz del arroz con pollo que al pollo.

Esos temas ciertamente están y fastidian bastante: el salvajismo y el irrespeto por el derecho ajeno a la tranquilidad nos preocupan a la mayoría porque los sufrimos a diario; más que mala educación, sufrimos violencia y agresividad, generalizadas en la versión verbal, y nacientes en el plano de lo físico. Sin embargo, puesto así en el tono de que podrido está este mango no se descubre nada pues todos aquí sabemos cómo está este mango. Lo que no todos sabemos es cuáles son las causas reales de su pudrición, qué gusanos lo amargan, etc., lo cual ayudaría a entender cómo ponerlo de nuevo jugoso, o sea cómo resolver las cosas.

El gobierno no puede disolver al pueblo y elegir un pueblo nuevo, como dijera algún famoso por ahí. El pueblo que ofende, raya, grita y tira piedras, es resultado de muchas cosas, entre ellas la fractura de la familia y el deterioro del sistema de educación de valores en Cuba. Yo tengo 26 años y desde que tengo uso de razón vengo oyendo a la gente advertir de que si se hace tal cosa la educación y la familia saldrían perjudicadas, y las cosas se han hecho de todas maneras, y todo se ha ido jodiendo. De modo que la culpa no puede ser de la vaca.

Por qué los niños de la comunidad El Cristo, en Santiago de Cuba, le tiran piedras al tren regular, y por qué tantos jóvenes quieren perderse de Cuba en el primer avión que se montan, no son preguntas reductibles al argumento espiritual, ni me parecen arreglables desde ese plano, porque las personas no son globos vacíos que se llenen soplándoles aire blanco o humo negro.

Los juegos ilícitos como el de marear roedores para que luego se metan en cajitas con regalos, o las apuestas en el estadio, es otro de los asuntos declarados como persistencia del mal. Habría que hacer una encuesta para ver cuántos cubanos en la vida real quieren un país sin juegos de azar. El de marear roedores es una putada para el infeliz ratón, pero hay que verles las caras a las personas aglutinadas alrededor del círculo, esperando a que le toque la buena suerte de conseguir algo necesario sin sangrearlo tanto.

Sobre la velocidad de los cambios, bueno, hasta donde sé el Partido Comunista de Cuba tendría hasta su próximo Congreso para cumplir los acuerdos del último, lo cual incluye hacer de Cuba un país sin el fósil de la libreta de abastecimiento, sin la cagazón monetaria que tanto le recondena la vida a los millones de cubanos que no vendemos dólares a las entradas de las CADECA (Casas de Cambio), y a la vez un país sin las urgencias vitales de siempre y donde el salario se pueda transformar en vida mejor: en comida y riopas suficientes, en viviendas, en proyectos individuales y en descanso. Pocos se plantean estos temas en término de plazos fijos y yo, sinceramente, percibo más desánimo que optimismo entre las personas con que hablo a diario.

Con respecto a las iniciativas de la pequeña empresa y al surgimiento de nuevos tipos de cooperativas, las palabras de Marino Murillo me parecen más bien tibias e inexactas, a saber por qué. Los sastres y modistos en Cuba que se dedican a la reventa de ropa y zapatos importados no son muchos, ni tampoco un grupo significativo, sino casi todos, y además gozan de preferencia comercial sobre las TRD (Tiendas Recaudadoras de Divisas) entre los cubanos que tienen la posibilidad de comprar para vestirse.

Las TRD, además de vender más caro que su incipiente competencia, venden más feo, tratan peor al cliente y no permiten negociación alguna, y entonces yo-consumidor prefiere lidiar, por mucho, con estafadores privados que con el monstruo de las Tiendas.

Además, la mayoría de la gente tiene la absoluta certeza de que la ley puede venir como ella quiera, y aún así el negocio de la ropa seguirá creciendo porque satisface, y porque el capital se las ingenia siempre, más ahora que sabe lo que bien que se anda sin tanto freno. Que crezca oculto, como hacía antes, es otra cosa, muchísimo peor en todos los sentidos.

http://alejo3399.wordpress.com/2013/07/10/un-pasito-palante-maria/
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