El orgullo del bloguero (Ira parte)

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El orgullo del bloguero (Ira parte)

A los blogueros cubanos, esa suerte otra al decir

Llegué tarde al mundo de las nuevas tecnologías como soporte para el periodismo, o lo que es igual, al ciberperiodismo, a la «cibernoticia», a la «cibercrónica», al «ciberjuicio». A toletazos, sin mucha explicación de nadie, me abrí hace ya como dos años una cuenta en Facebook; y aunque Twitter, la segunda red social más publicitada y con usuarios en Cuba, no es hoy mi asignatura más pendiente, me queda mucho por sacar y aprender de esa síntesis informativa a la que nos obligan sus no más de 140 caracteres.

A los blogs, ni se diga. No sé si merezca llamarme ya aprendiz, o aprendiz de aprendiz, porque solo he decidido iniciarme en la dinámica del ejercicio, con el propósito de no quebrar mis intenciones por la escritura, ahora que, al parecer, me iré alejando de a poco de las bondades y alegrías que siempre me ha causado el texto impreso.

Pero no por mis morosidades ni mis penurias tecnológicas, me he sustraído a palpar con tremendo regocijo, durante todo este tiempo de postura acrítica, lo que bien pudiera denominarse «el orgullo del bloguero». Sí, así mismo, ¡orgullo!, porque cuando uno se siente útil como hacedor de un espacio que es parto genuino de tu creación, vale que cunda la jactancia más sana, el sentimiento del engreído feliz, que contempla el mundo con ansias para luego postrarse humilde, de vuelta al camino.

Con absoluta certeza, he visto crecer a muchos colegas desde sus propias bitácoras. Y los ves ahí, haciendo corresponder la agenda de su medio, con el de redactar un post por el que aparentemente no gana nada, en vez de dedicarse quizá a buscar la noticia o el argumento del género de fondo para colaborar con cierto espacio que lo haga llevar algo más que papeles de trabajo al bolsillo.

Digan lo que digan, hablen como hablen, créanlo o no ellos mismos, el bloguero es una suerte de camino empedrado, de potro salvaje tendiente a cabalgar, a como sea, en el maremagno campo del criterio. Cada bloguero es una opinión, un sentir que se abre como grito o exclamación desde la experiencia, desde la importancia de expresarse como mejor lo entiende. Cada bloguero presume de una postura diferente, una asunción desigual de los fenómenos. Y no puede ser de otra manera, no puede permitirse la copia o la réplica, porque parecerse a los otros, sería como quedarse en un estadio de extremo primitivismo ante las ventajas y posibilidades que abre la web.

Con licencia de los académicos de la Lengua a los que tanto respeto y admiro, en el «blogoperiodismo» o la «blogopinión», siempre se es más que recolector, cazador y pescador de buenas intenciones; siempre se intentan transgredir los requiebres de cualquier limitación feudalista del pensamiento; siempre se escudriña con el impulso que oxigena a las verdaderas revoluciones, las más auténticas y difíciles.

El bloguero está dondequiera, o mejor, donde él lo quiera. Ya no hacen falta credenciales ni carnet de prensa para entrar al debate de los hechos, ya se acabó el negocio con el editor al que no lo convence del todo la expresión de mi idea, o el capricho de la correctora de turno que no le gusta o no le suena clara la palabra dispuesta. Es cierto que se corre el conflicto de que no sometes lo que escribes para que te lo ausculten con una visión perfeccionista; pero se asumen otros compromisos, otros roles y otras destrezas que hacen segregar mejor la adrenalina.

Por eso, desde esa convicción tan propia del bloguero, de ser un avanzado y defensor de sus prudencias, cabe el orgullo de los que ya han sentado cátedra en este comunicacional mundo de la era blog, y a los que habría que reverenciarles ese gesto que, irreverentemente, con más y menos, como las grandes obras, han emprendido, a todas y con todas.

¡Qué bueno por ustedes, blogueros! ¡Qué bueno que vienen existiendo desde hace ya buen tiempo! Pero este es un tema que no acaba, sino que con fuerza emana fresco, con nuevas ideas, con acciones que ya se escuchan y se concretan. Creo que todos pudiéramos contribuir a esa construcción colectiva en un momento que bien lo necesita. Por ello, ya no demoro más esta cháchara por ahora y propongo continuar con otras reflexiones en un próximo post.

http://yoelvislazaro.wordpress.com/2013/07/01/el-orgullo-del-bloguero-ira-parte/
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