Entrevista a Esteban Morales: “tuve que luchar por mi militancia” (Parte I)

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Entrevista a Esteban Morales: “tuve que luchar por mi militancia” (Parte I)

Por: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

¿Cómo se ve Esteban Morales a sí mismo?

Como un intelectual formado por la Revolución. En la Cuba de antes del 59 no habría tenido esperanzas de serlo; pobre, nacido en el último cuarto de una cuartería de provincia, de padre obrero carpintero y madre ama de casa, negro… ¿Cuál hubiera sido mi oportunidad? Ayudar a mi padre en la carpintería, como lo hice desde los ocho años. Me veo comprometido con la realidad del país y obligado a opinar sobre todos aquello que considero sea importante para mejorarla. Muy comprometido en ayudar a todo el que me lo solicite y con la perenne necesidad de sentirme en el debate ideológico nacional. Muy comprometido con no temer nunca alertar sobre problemas que yo considero importantes, aun cuando lo que yo diga pueda no agradar. La Revolución me salvó a mí, yo tengo el compromiso de participar en salvar a la Revolución.

Esteban, la historia no puede omitirse o escamotearse bajo ningún pretexto, el día de mañana nos juzgarán por nuestros errores y aciertos, mejor que seamos nosotros quienes contemos ambos: cuente qué le ocurrió a usted con su militancia y qué actitud tomó al respecto.

Escribí un artículo sobre la corrupción y de repente me llaman del municipio para discutir mi actitud, no el artículo, que nunca se discutió. Se partió de la base de que mi escrito no congeniaba, no era compatible con mi condición de militante, cosa con la que no estuve de acuerdo y no me lo creí nunca, porque yo estaba convencido de que lo que estaba haciendo era lo que debía hacer. En mi núcleo se discutió nuevamente mi actitud, no el artículo, hubo debilidades en ese momento y yo me quedé solo entonces. Salvo unos pocos compañeros, que estaban muy molestos pero no pudieron lograr nada en mi favor, la mayoría se fue por lo que planteó el organismo superior, el Municipio. Aunque era evidente que el asunto no venía de ese nivel. Por el carácter que le dieron y quienes participaron.

Existía en mi núcleo cierto espíritu de no pedirme una sanción fuerte, aunque algo debía hacer, pues solicitaban sancionarme de todos modos. Mi núcleo entonces plantea una sanción que era la medida más benigna a tomar, pero cuando llega la Comisión que había discutido el problema, comunica que la sanción debía ser separación de las filas del Partido por esa razón. Aquello cayó como una bomba, el asombro fue general, hubo protestas, pero no un debate fuerte acerca de que la sanción era inadecuada en mi caso.

Es difícil describir lo que significa el Partido para mí como militante y revolucionario, con tantos años de militancia política, desde la AJR en 1959, hasta hoy. Cinco décadas, por eso me chocó tanto la sanción que se me ponía. En realidad no lo podía creer. Me costó trabajo recuperarme y poder analizar las cosas más fríamente.

Esta medida asombró a todos, hubo lágrimas y el director del centro afirmó que eso era imposible. Que para él yo seguía siendo militante. Yo lo vi como una sobredimensión, porque no se había discutido mi artículo que no creía hiciera daño alguno o fuera incompatible con algún principio y me preocupó que esa situación le fuera a hacer más daño al Partido que a mí, como ocurrió luego.

Después de quitarme la militancia, continúe escribiendo sobre el tema y di entrevistas sobre el mismo. Ninguno de estos escritos fue discutido conmigo. En realidad lo que vino después de conocerse mi sanción fue una avalancha de críticas a la decisión del partido, llamadas, hubo embajadas nuestras que tuvieron que dar explicaciones. Muchos amigos de varios lugares y en particular de Estados Unidos, que me llamaron preocupados y molestos; todos decían que ese artículo, en lugar de hacer daño fortalecía a la Revolución. Durante meses y aun hoy, hay personas conocidas y no conocidas por mí que me paran en la calle para hablar del problema, preguntándome de si ya se solucionó.

Nunca nadie me ha dicho que yo estaba equivocado, ni me ha dicho que esté en desacuerdo conmigo. Todo lo contrario, me embargaba una sensación como de dolor muscular, angustia de sentir que denostaban del Partido, de mi partido y yo tenía que aceptar honestamente que creía que el partido se había equivocado, o alguien dentro del partido, para salvar mejor el momento. En el transcurso de todo el proceso, que duró un año, nunca manejé las conclusiones negativas intermedias que me dieron, solo la sanción y la devolución de la militancia. No quería hacer más agudo el proceso, por la actitud siempre crítica hacia el partido que observaba. Además, porque tenía la esperanza de que todo se resolvería.

Para mí fue algo muy asombroso, darme cuenta de cuánta gente me seguía, sabía de mí, me leía, me reconocían y se habían hecho una opinión sobre mi persona. No pocas gentes me abordaban en la guagua, mujeres que se levantaron para darme el asiento, en un gesto de respeto y de solidaridad y me hacían señas desde lejos, yo en cambio, me sentía muy mal por todo lo que estaba pasando. Los que me conocen saben cómo yo soy, sentía la solidaridad, pero me molestaba tener que escuchar las críticas al Partido.

Los procedimientos no decursaron como debió ser, con una discusión en mi núcleo partidista, un proceso natural, un debate del artículo (teniendo en cuenta que estaba en un medio académico), una serie de métodos correctos que no hubo. Sencillamente se me dijo que el artículo no estaba acorde a mi condición de militante y se me retiró el carnet. Cuando llego a casa y le digo a mi esposa lo que me había ocurrido, ella tuvo que sentarse y no paraba de repetir que no era posible. Militante fundadora del Partido, no podía entender aquello. Yo tuve que convencerla de que si era posible, pero también de que lucharía y no tanto por mí.

Lamentablemente ocurrió y fue muy negativo desde el punto de vista político, por eso creo que debo responder a la pregunta con toda franqueza, para no provocar fantasmas o demonios que en el futuro nos persigan, no fueron demonios los que me sancionaron. Fueron personas revolucionarias, por lo cual abordar mi expulsión y posterior reintegro, como expresión de una sociedad con contradicciones como todas las demás, es un deber como haber escrito mis artículos. Una revolución es un proceso muy complejo, algo que debemos repetirnos todos los días. Se trata de un proceso lleno de realizaciones, pero también de las imperfecciones de las personas imperfectas que la hacemos todos los días.

Entre mis compañeros habían algunos que hubieran podido salir en mi defensa, pero todo fue llevado de una manera muy ríspida, muy ácida, infundiendo preocupación y sin tener en cuenta mi historial. Por mantener mi posición y fundamentar mis opiniones no faltaron los que me dijeron autosuficiente y prepotente, algo común cuando los argumentos escasean para atacar a una persona. Hubo un compañero mío de trabajo, que en el contexto de la reunión para sancionarme me dijo que “yo había cagado al centro”. Fue muy lamentable, me dieron ese año la evaluación más mala que he recibido como profesor en toda mi vida, en la que se decía que yo había perdido prestigio en la Universidad por ese artículo. Y le firmé esa evaluación a mi director, porque me di cuenta que lo contrario le crearía problemas con la Rectoría; el director nunca me envió mi copia de la evaluación, les dije que ya la vida se encargaría de poner las cosas en su lugar.

Me chocó que me excluyeran inmediatamente de los espacios televisivos en los que participaba. Esto último fue muy mal recibido, porque se tenía una buena opinión pública de mi participación en la televisión, especialmente en la Mesa Redonda, aún la gente me para en la calle, me da su opinión y me pregunta que cuándo voy a volver. Soslayo la pregunta. Los métodos empleados no fueron para nada partidarios, al punto de que en una reunión con un alto funcionario de la Universidad, fue incluso grabada y transcrita mi conversación por él, sin mi consentimiento. En un acto que realmente considero deplorable. Después, tuve la oportunidad de descalificar esa entrevista, en la que prácticamente no me dejaron hablar.

Hubo también una carta que venía de Venezuela de un grupo de profesores allá, en que me calificaban de “disidente oportunista”, la enviaron directamente al Comité Central, parece que para congraciarse con el Partido, o en “desagravio” por lo que yo había hecho. Yo me pregunto, “ahora donde meten la lengua”. El oportunismo siempre ocupa espacio en tales circunstancias.

Se creó una situación bien complicada, yo sentí mucha solidaridad de compañeros en la calle y en mi centro de trabajo, nunca me encontré a nadie, en la calle o en la Universidad, que me dijera que mi actuación había sido equivocada. Hubo muchas expresiones críticas sobre mi proceso.

Presenté mi apelación en tres ocasiones; Municipio, Provincia y Comité Central, y todas las veces en que lo hice me dijeron que no, hasta que le escribí al compañero Raúl Castro y fue entonces que comenzó a revertirse el proceso. Obviamente en esa circunstancia, alguien se había equivocado, en un momento de exabrupto, y por eso fue que apelé a Raúl. El 29 de junio del 2011, un año exacto después de la sanción de separación, al retornar de una estancia de trabajo en los Estados Unidos, (ya habían insistido varias veces en llamarme estando aun allá) me llamaron a la Comisión de Apelaciones del Comité Central, la misma que había denegado mi última apelación, diciéndome entonces que luego de analizar profundamente el problema y mi actitud después de la sanción, me iban a devolver el carnet del Partido.

Lo sacaron de una gaveta y me lo entregaron. Pregunté si podía hacer pública tal decisión, me dijeron que si, y al llegar a mi casa puse una nota en mi blog. Lo que provocó otra avalancha. Unos me decían que por qué había regresado a esa “basura”, refiriéndose al Partido. Les dije que ese era mi partido, que no tenía ni tendría otro nunca. La mayoría se alegraba y me felicitaba. Estos últimos asumían siempre mi modesta victoria como propia.

¿Literalmente lo sacaron de la gaveta?

Sí, eso me sorprendió mucho, porque pensaba que el carnet debía habérmelo devuelto mi núcleo. El proceso fue muy complejo, muy llevado y traído, bastante al margen de lo que yo pienso son los métodos más adecuados.

Después, el mismo compañero Raúl Castro dice en un discurso que la “corrupción es equivalente a la contrarrevolución”, casi el título de mi primer artículo; de esa forma tal vez podría interpretarse que me estaba dando la razón. Indudablemente las personas que tomaron esas decisiones se equivocaron, no lo dirán públicamente nunca, pero con la almohada si lo admitirán. Yo sé quién fue la persona que se equivocó. Por una cuestión de ética, no de política, me reservo su nombre.

Pese al uso de métodos nada ortodoxos, que me hayan devuelto el carnet significó una victoria del sentido común y un fortalecimiento para el propio trabajo del Partido. La gente me decía que esa batalla que yo había librado no era por mí solo sino por muchos revolucionarios más que tienen que enfrentarse a estas contradicciones. Yo terminé comprendiéndolo así, creo que después de ese problema se abrió un momento relativamente nuevo para todos. Me tocó a mí en suerte vivirlo.

La reversión de todo lo que me estaba ocurriendo pienso que estuvo condicionada porque el momento político comenzaba a ser otro y los discursos de Raúl Castro, nuestro presidente, lo expresaban muy bien. Raúl llamaba a la crítica honesta y revolucionaria. Quien me sancionó no comprendió el contexto en que lo hacía; en segundo lugar, porque entonces ya el discurso político tenía suficientes elementos para defenderse en una situación como aquella y finalmente por la propia actitud que yo asumí de luchar por mi militancia, que nadie me había regalado. La suma de estas 3 cosas produjo una circunstancia nueva.

Un coronel me preguntó sobre mí caso para discutirlo en su núcleo y en una fábrica del Cerro también se discutió el asunto; pero en una asamblea del INDER una dirigente de alto nivel, llegó a decir: “ese compañero se equivocó y le pasamos la cuenta”, creo que eso no es manera de referirse a un militante, ni a nadie. Tenemos que exigir constantemente que el Partido sea lo que tiene que ser y que nadie se pueda dar el lujo de ser tan chabacano, tan inhumano y poco político al expresarse de otra persona. Sobre todo en un momento como en el que yo me encontraba.

Vivimos un momento de nuestro país en que “quien quiera seguir siendo revolucionario debe tener su propia guerra, librar sus propias batallas y aceptar las consecuencias que le vengan encima”. Ahora estamos en un momento mejor que hace 3 años, y el trabajo de ustedes los blogueros nos pone en una mejor situación para que se respeten nuestras opiniones, divergentes o no, y que ese proceso transcurra por cauces normalmente críticos y democráticos, especialmente dentro del Partido.

¿Qué recomendación tiene para aquellos que atraviesen una situación semejante?

Yo estoy casi seguro, que algo como lo que me ocurrió a mí no se va a repetir, la experiencia fue muy dolorosa. Creo que no se va a repetir el error. Eso es lo que hemos ganado todos de mi caso.

Diría, que se mantengan firmes en su actitud, existen muchas formas de defender a la Revolución y nadie puede decirte cómo hacerlo si la defiendes a conciencia. Sobre todo, si ya tienes 70 años como yo. Que no dejen de hacer lo que estaban haciendo, participando siempre críticamente, no como un “jarrón de mesa”, críticamente, que es el único punto de vista que puede tener un revolucionario cubano de hoy. Y le repito lo que dije anteriormente, el que quiera seguir siendo revolucionario, en la Cuba de hoy, debe tener su propia guerra, de lo contrario se tiene que quedar debajo de la cama todos los días porque no podrá salir a la calle.

¿Cómo quisiera que lo recordaran?

Como una persona que trató de ser revolucionario por encima de todas las dificultades y las limitaciones que impone la vida, alguien que siempre fue fiel a su origen y a las ideas en las que se formó.

Continuará…

(En la segunda parte: ¿En qué estado se encuentra el debate racial en Cuba? ¿Qué opinión le merece lo acontecido recientemente con Roberto Zurbano? Y más…)

http://lajovencuba.wordpress.com/2013/06/11/entrevista-a-esteban-morales-tuve-que-luchar-por-mi-militancia-parte-i/
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