Prensa en Cuba, ¿la llaga que más nos duele? (1ra parte) | La Chiringa de Cuba

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Prensa en Cuba, ¿la llaga que más nos duele? (1ra parte)

Por Oscar Figueredo Reinaldo

¿Me pregunto qué hubiese sucedido si los medios cubanos hubiesen publicado de inmediato la noticia de la explosión en Santiago de Cuba, los casos del cóleras en la capital o el incidente del apagón que dejó por varias horas sin fluido eléctrico a más de la mitad de la isla?

Seguramente usted, al igual que yo, pensaría que algún cambio importante hacia lo interior de las rutinas productivas de los medios de comunicación de Cuba se habría producido, o que quizás, y aún más importante, se abriría de esta forma la posibilidad de contar con una prensa más creíble y menos aletargada.

Uno de los temas más polémicos que quizás pueden ser tratados en la Cuba de hoy sea el tema de la prensa, no solo a nivel internacional por parte de aquellos que pretenden interferir en los asuntos internos de la isla sino por otros que estando en el país se dan cuenta de algunos problemas que a todas luces desacreditan su papel en la sociedad.

Es muy duro reconocer que en muchas ocasiones los contenidos de los productos comunicativos ofrecidos por los diferentes medios de comunicación parecen nadar a la deriva y separase totalmente de la isla del Caribe o que quizás malos hábitos adquiridos, no se sabe cuándo, impidan que una noticia sea publicada con la inmediatez requerida.

Es muy difícil que el público confíe en su prensa cuando la mayor parte de sus espacios informativos se concentran en demostrar que viven en una sociedad casi perfecta, carente a veces de los matices y de las contradicciones normales que se generan a lo largo de la historia.

Es cierto que nuestro país ha logrado a lo lago de estos años de revolución avances considerables en materia de educación, salud, igualdad, integración, entre muchas otras conquistas que serían ridículas minimizar o peor todavía no reconocerlas como hacen la mayoría de los medios de prensas internacionales, pero también necesitamos una prensa que reconozca o de cabida a espacios más dialógicos e interactivos y que sea menos verticalista.

Una prensa que refleje los contrates y las tendencias de sus sociedad actual y que permita reconstruir de aquí a diez o veinte años la memoria histórica de su pueblo. Una prensa que sea capaz de reafirmar o reproducir un modelo social, pero que a la vez sea un espacio de confrontación revolucionaria. Tenemos que darnos cuenta, o por lo menos concientizar que el país necesita contrapesos de poder. Y como diría ese gran maestro del periodismo cubano, y ex decano de la facultad de comunicación de la Universidad de La Habana, Julio García Luis y cito:

“es incalculable el valor que esa función de contrapartida crítica, leal y comprometida tiene en nuestra sociedad. Una de las vulnerabilidades históricas del socialismo, como sabemos, ha sido la concentración del poder y la falta de fuerzas de compensación que ayuden a equilibrarlo, a que se oigan distintas voces y argumentos, a que exista participación real de los que puedan aportar un tema”

No se trata de hacer un proceso similar a la Glásnost, cuyas consecuencias son bien conocidas por todos, no se trata de desvirtuar la obra de la revolución o cuestionarnos los principios elementales de nuestro proceso revolucionario, ni de sus líderes históricos, como pretenden hacer algunos.

Si de algo sirve la experiencia es para aprender a no cometer los mismos errores del pasado, sin embargo la necesidad urgente de rescatar un periodismo crítico revolucionario, de hacer una prensa más transparente que nos permita avanzar más allá de nuestro errores (toda obra humana es perfectible) y que no caiga en críticas banales que no tienen ningún sentido es imperativo en los tiempos que corren.

Pero me pegunto, cómo la nueva era de periodistas jóvenes comprometidos con los principios de la revolución vamos a aprender el oficio de la crítica inteligente y constructiva, si a penas existen espacios para ello. Cómo madurar en un arte (el dela crítica) que necesita de la experiencia y que además nos permita calmar esos bríos a veces desmedidos.

Mucho se nos cuestiona a veces el hecho de publicar en nuestros blogs opiniones, no diría irresponsables, pero si a veces permeadas por la pasión o la inexperiencia de la juventud, y no se tiene en cuenta que esto sucede ya que en ocasiones somos víctimas de incomprensiones o malas interpretaciones en los medios más oficiales. Entonces, de quiénes aprendemos.

No dejar escapar este talento es vital, no decepcionar o desmotivar al joven que se siente atraído por esta profesión en sus primeros años, ya sea como estudiante de periodismo o como recién graduado, será clave si se quiere sumar y no restar fuerzas en la construcción de nuestro socialismo.

Muy relacionado con el tema anterior se encuentra la realización de las prácticas pre-profesionales, que a mi juicio, son una de las mejores estrategias del plan de estudio de periodismo, pero que a veces se ven afectadas por la poca organización o el desinterés mostrado por algunos, y aquí si quiero ser muy enfático, algunos medios, de comunicación.

Este es el espacio propicio para que el estudiante de periodismo desarrolle todas o por lo menos gran parte de las habilidades ofrecidas por la academia, las cuales muchas veces están algo adelantadas, por decirlo de alguna manera, a las rutinas productivas de los medios. Hecho que limita las capacidades creativas del estudiante, pues en ocasiones es tratado como un extraterrestre que pone sus pies por primera vez en el planeta tierra.

Al diablo se van, los diversos y riquísimos tipos de lead o entradas aprendidas en la facultad, los temas interesantes o más llamativos que a nuestra generación más le interesa o las maneras diferentes de concebir una noticia, reportaje o crónica que subvierta los esquemas más tradicionales a los que lastimosamente estamos acostumbrados.

Para no extenderme mucho, en consecuencia del leguaje Hipermedial que así lo exige, les propongo continuar este debate en otros post más adelante. El tema de la prensa en Cuba es bastante amplio y sería impensable abarcarlos en un solo post. Temas como los silencios mediáticos, las regulaciones en la prensa cubana, la falta de un periodismo de investigación o que sea capaza de darle seguimiento un acontecimiento, la necesidad de que se articule por ejemplo una ley de prensa y la relación con las fuentes de información, entre otros temas, serán seguramente material suficiente e inacabable de discusión en esta coyuntura.

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