Del cable, un pelo

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Del cable, un pelo

Del cable, un peloLa noticia no me la dio el diario de la juventud cubana, que en un atípico rapto de primicias editoriales publicó antes que nadie las declaraciones de ETECSA; ni el noticiero del mediodía, que repite lo que ya vienen informando los medios desde la jornada anterior, sino un vecino joyero que suele entablar kilométricas discusiones conmigo sobre la posibilidad de que el dinero lo compre todo. “Casi todo”, le respondo siempre, y mantengo la cabeza en alto en un arranque de dignidad con el que le impido avasallarme.

De modo que entiendo su satisfacción de ayer en la mañana cuando me restregó en las narices las tarifas aprobadas para que los cubanos accedan a la red de redes. “¿Viste, periodista? El dinero ya compra hasta Internet”.

Iba a responderle que este país se ha propuesto priorizar el uso social de la tecnología, que se irán abriendo las capacidades en dependencia de los sectores que más necesiten la información, que se explotarán al máximo las facilidades del cable submarino de fibra óptica y un larguísimo rosario de argumentos que esgrimen los funcionarios del Ministerio de Comunicaciones en casos como este. Iba a responderle pero me contuve, porque saqué un cálculo de primaria: para navegar durante una hora por el ciberespacio -más allá del limitado ciberespacio nacional- un trabajador estatal promedio debe invertir el sueldo de cuatro o cinco días de trabajo. Me quedé sin palabras.

No pude explicarle, porque en principio no lo entiendo, que las exorbitantes tarifas de la navegación internacional favorezcan el tan cacareado “uso social” de Internet. Se pone Internet al alcance de quien lo pueda pagar y punto, sin traumas, sin que tal realidad pueda andarse enmascarando con eufemismos.

Tampoco le dije, por supuesto, que la liberación del acceso a Internet me confirma lo que ya sospechaba desde que se autorizó la compraventa de casas y carros, se eliminaron las trabas que impedían a los cubanos viajar al extranjero u hospedarse en los hoteles del país: que no hay peor coyunda al desarrollo personal que la precariedad de los salarios.

http://cubaprofunda.wordpress.com/2013/05/29/del-cable-un-pelo/
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