Celulares/Cuba: Tan solo uno

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120923101409-iphone-5-new-york-story-top Por Osmel Almaguer

A mi amigo Leslie, ETECSA le negó la posibilidad de comprarse una línea de teléfono celular. Le dijeron que cada ciudadano tiene derecho a solo una, y él ya tiene una a su nombre, la cual, por cierto, vendió hace mucho tiempo a un sujeto desconocido.

Me dice que esa pauta le parece irracional, y yo asiento con la cabeza. Y se pregunta si para los empresarios y personas jurídicas que viven o visitan nuestro país la regla funciona de igual manera.

Sería muy engorroso que fuera así, le respondo. Pero además, ¿no se supone que a la empresa le conviene vender más su producto? Entonces me contesta con una frase que ya se va haciendo habitual en las conversaciones entre cubanos: “aquí no te puedes guiar por la lógica, si no te vuelves loco”.

Hasta el 4 de febrero de 2011 ETECSA era una corporación a base de capital extranjero y cubano. Fue entonces que quedó 100 % local.

ETECSA es el monopolio de las comunicaciones telefónicas en Cuba. Como sucede en muchos otros renglones de la vida comercial del país, se trata de un “monstruo” que no tiene competencia.

Ignoro si esa política tan rígida databa de la época en que la empresa era mixta, cosa que me extraña, pero de cualquier modo se trata de un pensamiento anti-comercial a tono con el que lleva muchos años imperando en la sociedad cubana.

Y yo pregunto: ¿Cómo podremos aspirar a desarrollarnos si nuestras propias empresas no se desarrollan? Es probable que Cuba sea el único país donde sus ciudadanos tienen que pagar un dinero mensual si no quieren perder el derecho a la línea de celular. Y es que, ¡con esto de los teléfonos móviles se están viendo cada cosas!

 

Ahora hay un modelo de móvil a la venta en los “tele-puntos” de ETECSA que cuesta 23.00 CUC. Debe tener como diez o más años de creado. Tiene una apariencia muy antigua. Lo más curioso es que hace uno o dos años costaba cerca de 70.00 CUC.

Entre el aparato, la línea y su mantenimiento, ni qué decir que exceden el salario de cinco o seis meses del cubano promedio, y aun así la empresa se da el lujo de regular las ventas. “Me siento como cuando voy a comprar el pan, que también me dicen «solo uno»”, dice mi amigo.

Yo me compadezco y le presto mi carnet para que compre la línea a mi nombre, comoquiera que la mía aparece a nombre de mi hermana…

Fuente: Chiringa de Cuba.

 

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