Capítulo Cubano: un blog entre ‘oficialismo, trinchera y disidencia’

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Hace pocos meses llegó el primer aniversario de Capítulo Cubano, mi bitácora personal. Desde que decidí abrir este espacio íntimo, esta válvula de escape, mi visión del acontecer diario cubano ha madurado mucho, gracias a tantas nuevas experiencias y -sobre todo- a nuevos extraordinarios encuentros virtuales que me han abierto una ventana constante sobre la Isla, y consecuentemente mi propiedad de lenguaje ha mejorado de una manera que nunca hubiera podido imaginar en las largas tardes del colegio, cuando fatigaba en memorizar las conjugaciones de los verbos irregulares en mis libros de gramática española.

 

Aunque sea claramente consciente de que no soy cubano y sepa que no pertenezco a la blogosfera cubana propiamente dicha, con el pasar del tipo me he ido siempre más identificando con ella, con los jóvenes blogueros cubanos revolucionarios, quienes por definición son inconformes, rebeldes, críticos, perennemente cuestionadores, en una sola palabra, disidentes, disidentes por Revolución.

 

Este creciente grupo virtual trata de los más diversos temas relacionados con la cotidianeidad de la Isla, de los problemas diarios de los cubanos, de las aspiraciones para el futuro, y resulta claro -como todo lo que se refiere a la cuestión cubana- que la connotación política es inevitable. Lo expresaba meses atrás con esas palabras tan gráficas Roberto Peralo, bloguero de La Joven Cuba: “Yo creía que bloguear era un juego para utilizar mi tiempo ocioso, a lo mejor en otro lugar si, pero lamentablemente en Cuba no. Como me gustaría poder escribir un día en el blog “quiero que mi suegra desaparezca” y que no salga un titular en la prensa internacional “gobierno castrista insta a jóvenes a masacrar a las madres cubanas”.

 

Estas parlabas sintetizan perfectamente el reto que encuentra toda persona -cubana o extranjera- que llegue a tener un blog que trata problemas y cuestiones de la Isla o que simplemente se atreve a comentar algún aspecto -político o no político- de Cuba. ‘El hombre es un animal político’ dijo una vez Aristóteles. Quien sabe qué diría hoy el filósofo griego si conociera al hombre cubano.

 

A pesar de todo eso, lo que más me ha sorprendido, y no lo digo con sentido crítico sino con gana entender, es que -sobre todo en los últimos tiempos- muchos jóvenes ‘colegas’ cubanos, a pesar de la irrefutable veracidad de la afirmación de Roberto Peralo, me han tildado de ‘peleador’, de ‘oficialista’, de alguien que ‘coge lucha’ y que escribe textos ‘de trinchera’, de alguien que escribe artículos caracterizados por una fuertísima carga ideológica y política, y eso solamente por dedicarme principalmente a comentar las manipulaciones mediáticas internacionales contra la realidad de Cuba, mientras que ellos -justamente como debe ser- se ocupan más de temas cotidianos y localmente circunscritos, lo que -según ellos- aliviaría a la connotación política de sus textos.

 

No sé por que razón, me ha surgido la impelente necesidad de explicar las razones del ‘matiz político de mi blog’, los motivos que me llevan a escribir esos artículos de trinchera y, consecuentemente, a coger lucha.

 

Admito que cuando decidí abrir el blog mi idea originaria era, como dijo José Martí, “cantar todo lo bello, encender el entusiasmo por todo lo noble, admirar y hacer admirar todo lo grande”. Ese era mi objetivo. Quería abrir una ventana sobre la realidad diaria de Cuba, quería enseñarle al mundo lo maravilloso que puede ser esa hermosa Isla, con su gloriosa y heroica historia de lucha revolucionaria y al mismo tiempo criticar todo lo que debe ser criticado, todos los aspectos negativos de la realidad isleña que he vivido en mi propia piel, evitando así innecesarios y anacrónicos triunfalismos y evitando de convertir mi blog en una especie de catálogo turístico para románticos soñadores anclados al siglo pasado.

 

Y así fue. Mi primera publicación en el blog -llena de errores e imperfecciones- titula “Las razones de mi amor”, en la que intenté expresar las innumerables sensaciones que atravesaron mi cuerpo y mi espíritu cuando por primera vez, en el año 2008, viajé a Cuba. Y esa hubiera tenido que ser la línea editorial de mi página personal. Contar trozos de la Isla. Lanzar al mundo virtual pequeñas fotografías de la imperfecta realidad cubana.

 

Pero, claramente, ese propósito resultó inmediatamente arduo y con el tiempo imposible; es difícil ‘cantar todo lo bello’ o criticar todo lo que debe ser criticado de una realidad que no se vive diariamente; es imposible poder dibujar fielmente una verdad tan lejana, sin caer en exageraciones, tópicos o simplificaciones. Entrar en contacto con la realidad cubana significa -como escribí una vez- entrar en un ciclón del cambio que nunca se detiene, y quedarse un solo instante afuera de ese vórtice, hace perder la visión general y sistémica de los hechos y hace caer definitivamente la capacidad de analizar con la debida prudencia el suceder corriente de esa realidad.

 

Por esas razones puse a un lado mi inicial propósito y me di cuenta de que la manera más eficaz para poder sacar el máximo provecho de la ventaja tecnológica que poseía era dedicarme a la destrucción de las manipulaciones mediáticas contra la Revolución cubana. Esa fatal decisión ha condicionado el rumbo de mi blog y ha traído las consecuencias mencionadas al principio.

 

Pero sigo llevando dentro mi original idea. Quizás un día, cuando estaré definitivamente en la Isla, pueda volver a escribir lo bello, lo que enciende los entusiasmos, y criticar lo absurdo. ¡Cómo me gustaría analizar el problema de la conectividad, hablar del asfixiante transporte, de la dualidad monetaria, de la apática prensa cubana! Mientras tanto, esperando ese fatídico día, me dedicaré a lo que más me resulta posible viviendo al otro lado del mundo, es decir, encontrar mentiras e internar destruirlas, con la fundamental aclaración que ignorar los problemas internos no significa desconocerlos o subestimarlos.

 

Ese primer año de actividad y los muchísimos comentarios que han llegado me han llevado a sacar la conclusión que mi blog es incalificable. Mis textos a veces pueden resultar demasiado ‘indisciplinados’ para los ‘oficialistas’, y en ese sentido muchos anónimos comentaristas me lo han confirmado, y demasiado parecidos a los ‘oficialistas’ según los blogueros revolucionarios ‘disidentes’. Ni hablar de los verdaderos contrarrevolucionarios: para ellos soy un agente castrista.

 

 

Se trata claramente de epítetos muchas veces fastidiosos que no me gustan y que nunca he pedido. Mi blog es un espacio libre e independiente. Si eso me convierte en un oficialista o en un disidente, no sé decir. Para mi, el resultado es irrelevante. Éste es y seguirá siendo mi indefinido rincón personal, mi bitácora íntima, perennemente pendiente en un limbo entre oficialismo, trinchera y disidencia, pero siempre y en cualquier caso al lado de Cuba, su pueblo y su auténtico e irrefrenable proceso revolucionario.

 

 

Tomado del Blog Capitulo Cubano.

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