Día: marzo 12, 2013

III Clásico Mundial de Béisbol: “Necesidad” de la derrota

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Opinión de sobre la actuación del equipo de Cuba durante el III Clásico de Béisbol, donde el equipo nacional cayó ante Holanda congelando las intenciones de llegar al semifinal y las esperanzas de los amante de este deporte en la Isla

clasico Por Osviel Castro

En Cuba a nadie –o una inmensa minoría- le gusta escribir sobre la derrota en el béisbol porque este es sangre en nuestras arterias y latido del alma nacional. Sin embargo, a veces, la derrota hace falta para que la realidad nos pellizque y nos acabe de lanzar de la cama vanidosa en la que, con frecuencia, solemos acostarnos a pesar de reiterados fracasos del pasado.

No es que me alegre del quebranto de Cuba en el III Clásico Mundial de Béisbol; pero si la selección patria hubiese conseguido los cuatro outs que le faltaban para conseguir la victoria ante Holanda y así se hubiera inscripto entre los llamados “cuatro grandes”, difícilmente estuviéramos hablando hoy de las incuestionables lagunas de nuestro deporte nacional.

Es muy probable que hoy todo fuera loas, discursos, arengas, elogios a los peloteros, a nuestros directivos técnicos y a la “calidad” de la Serie Nacional. Lo escribo porque en 2006, cuando Cuba consiguió un impensado segundo lugar en el I Clásico, nos lanzamos a un incontenible río de halagos y no reparamos en las sombras que desde entonces asomaban en la pelota del país.

Hace siete años, el 29 de marzo de 2006, días después de aquella competencia, escribí desde mi modesta posición un trabajo en el periódico Juventud Rebelde, titulado “Sí, pedimos más”. Ahora, consultando viejos materiales, lo he encontrado y, asombrosamente, muchas de aquellas ideas conservan plena vigencia, una prueba inequívoca de que las asignaturas pendientes siguen ahí, casi en el mismo lugar.

“El Clásico nos demostró –sentenciaba- que nos urge seguir buscando esa ideal (y en algunos casos lejana) integralidad. Es decir, que los peloteros de la selección nacional tengan, por lo bajo, cuatro de las cinco puntas que reclaman los entendidos: bateo de contacto o bateo de promedio, correr rápido, fildear bien y tirar con potencia y precisión”.

 

Y párrafos más abajo apuntaba: “Esa integralidad referida presupone enseñar a todo nuestro equipo a tocar la pelota cuando menos para adelantar a los corredores”.

Ya vimos este Clásico y apreciamos cuánto nos hemos estancado –y hasta retrocedido- en ese importantísimo reglón del juego táctico.

“Los cubanos necesitamos, también, exhortar por enésima vez que termine de estimularse la dichosa especialización de los lanzadores”, proseguía aquel comentario.

Este evento no fue la excepción en la filosofía de la improvisación, algo que quedó demostrado en la brusca conversión de Vladimir García –por solo citar un ejemplo- de cerrador anunciado en abridor, y solo porque “pidió la bola” en el choque crucial ante los holandenses.

Si esa derrota no se hubiese concretado probablemente hoy anduviéramos con Víctor Mesa cargado en hombros. Por eso, de cierta forma, es aleccionador este episodio. Ahora, con estas lluvias, muchos han alcanzado a descubrir que un director técnico necesita ser una persona ecuánime, que aglutine y fomente la armonía, la paz y la confianza, y no un incontenible “verbalista” que presione desde el banco –y en el propio terreno- con gestos desmesurados y expresiones distantes de un verdadero profesional de la conducción.

No tengo, por supuesto, nada contra él. Esa es su personalidad y nadie la puede cambiar a estas alturas. Fue, para mí, una extraclase como pelotero, no solo agresivo y entregado en el terreno, sino también habilidoso, inteligente, líder. Pero no es lo mismo la grama que el puesto de timonel. Quienes rigen el béisbol en el país tienen también que trabajar con intensidad y rigor en ese aspecto más allá de nombres; es decir, trabajar en la búsqueda de conductores que sepan estudiar mejor a los contrarios, que hagan del béisbol una cátedra y no un capricho personal; que construyan y dejen huellas profundas de formación y civismo en sus pupilos.

Mesa, al menos, tuvo valentía y se atrevió a cambios que ni pensaron otros. Y mañana –un mañana acaso lejano, nadie sabe- vendrá otro piloto menos acrobático y menos temerario; mas, para avanzar, tendrá que montarse en la nave del estudio, de la enseñanza, de la maestría ajena a la improvisación, de la profesionalidad que implica dejar las diferencias o las simpatías personales a un lado.

Si esa derrota no hubiese llegado no pudiéramos rebatirle los argumentos del conocedor Frangel Reynaldo, quien nos ha dicho, en otra palabras, que no somos “segundones” en el béisbol, algo que sí fácilmente refutable a pesar de guarismos y tablas.

Esta derrota termina de confirmar lo que expuse hace siete años justos en el último párrafo del citado comentario periodístico: “No se trata de una ubicación decorosa o impensada en la tabla de posiciones. La cuestión radica en elevar el techo, corregir defectos, acercarnos a la perfección, “copiar” de las escuelas norteñas, de las asiáticas y de cuantas sea posible y acoplarlas a la nuestra”.

Pero eso no solo se logra con deseos sino con acciones concretas que no acaban de cuajar.

 

 

Fuente: La Chiringa de Cuba.

 

 

 

Bloqueo o embargo. (+Infografía)

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Por el Gu@jiro de Cienfuegos.

 

En nuestro mundo globalizado, cada vez que se habla sobre el tema Cuba y sus relaciones con Estados Unidos, se utilizan indistintamente dos palabras que encierran diferentes significados, me refiero a las palabras que titulan este post.

 

Vayamos al fondo del problema, analizando el contenido de cada da una de ellas:

* Bloquear: Interceptar, obstruir, cerrar el paso. Impedir el
funcionamiento normal de algo.

* Embargo: Prohibición del comercio y transporte de armas u otros
efectos útiles para la guerra, decretada por un gobierno a otro.

(Como se podrá observar, las palabras arriba expuestas no significan lo mismo).

Cuando los cubanos decimos que el Tío Sam, nos bloquea desde hace más de cincuenta años, es porque desde 1961 hasta nuestros días, los gobiernos norteamericanos de turno han tratado infructuosamente de ahogarnos en la miseria. Tal es así, que ha refrendado dos instrumentos jurídicos denominados Ley Helms Burton y Ley Torricelli, que después de una lectura se darán
cuenta que es un instrumento jurídico extraterritorial, o sea, se extiende más allá de las fronteras norteamericanas, para obligar a sus socios políticos a darle seguimiento a lo dictaminado por el Congreso norteamericano.

Producto de lo anterior, se persigue cualquier cosa que Cuba exporte o importe, con verdadera saña, incluido hasta el más simple medicamento para nuestros niños que padecen enfermedades, cuyos medicamentos no tenemos.

No quiero saturarlos de datos, por ellos les invito a que se informen mediante el documento que año tras año presenta Cuba en las Naciones Unidas, donde se expone la necesidad de poner fin al bloqueo norteamericano y que hace más de dos decanas ha tenido el respaldo internacional en ese foro, a excepción de Estados Unidos, Israel, Palau e Islas Marshall, pero como no es una votación vinculante porque no es aprobada por el Consejo de Seguridad de ese organismo, el Tío Sam, hace caso omiso.

Podrán valorar, una vez analizados los documentos que les sugiero, y darle fe o no a lo que les he expuesto.

 

No obstante como opinión personal pido al gobierno norteamericano que nos quite el bloqueo y si quiere que deje el embargo, este último no nos hace daño, porque somos un pueblo de paz.

 

 

 
Nota: Este post lo hice a petición de algunos seguidores de mis escritos, cuales pidieron les hablara sobre este tema, a ellos mi gratitud y mis respetos.

 

 

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La muerte de Chávez, Telesur y las lecciones al periodismo cubano

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Telesur cubriió la muerte del Presidente Hugo Chávez

La cobertura de Telesur mostró un indiscutible periodismo revolucionario

Quizá las mejores lecciones para la vida siempre deban provenir de los peores momentos. La nación cubana fue conmocionada este 5 de marzo por la muerte del Presidente Hugo Chávez, y casi nadie escapó a las lágrimas o los sentimientos de negación e incredulidad ante la terrible noticia. Y, créanme, la voz entrecortada y llorosa de mi madre al teléfono no es algo fácil de provocar.

Para conocer de la muerte de Chávez y su entorno noticioso, gracias a Dios, y una buena decisión gubernamental, Telesur ya había entrado en nuestras casas desde hacía poco más de un mes, lo que nos mantuvo pegados a los acontecimientos “en pleno desarrollo” que se sucedían en Venezuela. Aun con la tristeza, Telesur nos regaló una genial muestra del despliegue de su andamiaje periodístico.

Entonces: ¿qué conclusiones en materia periodística podemos sacar de esto?, ¿acaso tendrá la Televisión Cubana la organización y profesionalidad suficiente para hacer lo mismo, o al menos, algo decorosamente parecido en un caso como este, u otro semejante que conmueva los cimientos de la nación?

Detallemos algunas de las características que han tenido las transmisiones de Telesur durante estos días y hagamos las inferencias nacionales que correspondan.

Como cadena de noticias, lo primero fue sacar en vivo, al instante, las tristísimas declaraciones de Nicolás Maduro anunciando la muerte de Chávez; a lo que siguieron –ojo–, las palabras de apoyo y fidelidad de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Dada la noticia, el despliegue informativo comenzó.

Las pautas seguidas fueron simples:

– información al minuto de cuanto pronunciamiento gubernamental, venezolano o extranjero, ocurriese al respecto;

– tratamiento objetivo y claro de la persona y obra de Chávez como revolucionario y Presidente de la República;

– humanización perenne de los acontecimientos –alejados, por supuesto, de la propaganda o melosa sensiblería–, con los sentimientos populares como protagonistas;

– contextualización escueta y dinámica de la actualidad venezolana con respecto a la muerte de Chávez;

– y, como labor fundamental, la lucha calmada pero certera contra la manipulación mediática acerca de la constitucionalidad de los poderes bolivarianos.

Para realizar esto, Telesur conformó  su parrilla de programación –y lo sigue haciendo– con reportajes, entrevistas en la calle a los venezolanos, o en estudio con personalidades y analistas, reportes en vivo, intervenciones de sus diferentes corresponsales en el extranjero, y una gráfica e información complementaria que apoyaban la cobertura informativa con datos claros, precisos y contrastados sobre el impacto económico y social del gobierno de Chávez.

Tampoco ha faltado la oposición antichavista en sus señales televisivas, a la que se le permite hablar sin mediaciones y, por supuesto, se le contrapone la limpieza y objetividad periodística de los datos u opiniones que avalan al chavismo como la fuerza indiscutible y progresista de la nación venezolana. Tanto así, que pudimos ver, por sus propias palabras suicidas, la intervención del irrespetuoso y reaccionario candidato de la derecha venezolana a la presidencia Henrique Capriles.

A todo esto, unámosle una limpísima visualidad y la profesionalidad de sus comunicadores y podremos decir, entonces, que estamos presenciando la impecable cobertura PERIODÍSTICA de un acontecimiento triste, doloroso, pero que necesita de finísimas políticas televisivas e informacionales para permitir a Venezuela, a Cuba, y al mundo entero, comprender, sin dudas ni esfuerzo, los sentimientos de dolor y el apoyo que profesan los venezolanos a su fallecido Presidente Hugo Chávez.

Y como la democracia, la constitucionalidad y la ley son de vital importancia en esta nación latinoamericana, hacia lo interno y hacia lo externo, poco antes de los Funerales de Estado y mucho más después de la juramentación de Nicolás Maduro como Presidente Encargado, el mismo viernes Telesur comenzó su ofensiva contra las mentiras de las campañas mediáticas y opositoras, en pos de esclarecer la legitimidad y constitucionalidad del actual gobierno bolivariano. Otra vez, la información oportuna, confiable e inmediata como divisa fundamental.

En resumen, que sin abandonar la mayor parte de su programación habitual, Telesur ha podido volcar en ella todos los contenidos relacionados al acontecimiento principal: la muerte de Chávez, dejando sentir, de forma entretenida, bella y contundente, su visión política chapista, al lado de los venezolanos y su proyecto de desarrollo.

¡Ah, cuánto debemos aprender de Telesur!

Porque para semejante “despliegue periodístico”, la televisora debe estar preparada para este tipo de contingencias y poseer planes –sí, como lo hace Cuba con su inigualable Defensa Civil– que posibiliten respuestas informativas inmediatas y coordinadas, así como archivos organizados y rápidamente accesibles que permitan emitir programas y trabajos periodísticos acordes mientras la actualidad dicta sus requerimientos. Y créanme, Telesur apenas se preparó antes para ello: tanto la cadena de noticias como el gabinete de Chávez se negaron a esta posibilidad, no obstante, pronto y sobre la marcha nos han ofrecido una soberana muestra de periodismo comprometido, revolucionar, pero PERIODISMO.

Para esta exquisita cobertura, donde millones de cubanos han podido conocer la historia de Venezuela de los últimos quince o veinte años, sus datos económicos y sociales, el sentir de la gente dentro y fuera de las fronteras venezolanas, las aclaraciones constitucionales y las más diversas aristas de una realidad rica y productora de material televisable; para ofrecer esta cobertura, y, además, hacerlo con la rapidez que la actualidad demanda, Telesur tiene, más allá de los millones de dólares de presupuesto, una organización y concepciones de noticiabilidad que, “más temprano que tarde”, deberemos –no aprender, sino que– acabar de implementar en el periodismo cubano.

Es claro para Telesur que la televisión, los acontecimientos noticiables, el mundo a través de su pantalla, no es solo política o realidad, es también, en el mejor y más profesional sentido de la palabra: un espectáculo, para un público.

El día que entendamos estos preceptos, las lágrimas de mi madre, o el seguimiento incansable y atento de nuestros servicios informativos a cualquier suceso, tendrán como mejor y única razón la profesionalidad de nuestro periodismo.

 

PD necesaria: que conste, la culpa no es solo de los periodistas, que tienen su cuota, pero no es solo de ellos -¿de nosostros?-. El que tiene oídos, que oiga. (Mt. 13:9)

 

 

Fuente: Esquinas