Doble circulación monetaria: un gato sin cascabel

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Doble circulación monetaria: un gato sin cascabel

 

La doble circulación monetaria en Cuba suele ser una de las grandes preocupaciones para la población. Sin embargo, pocos reconocen en ese asunto la punta de un iceberg estructural en materia de economía.

El Último Jueves de febrero, la revista Temas lo dedicó a debatir, al menos en principio, sobre ese gato sin cascabel que es la doble moneda.

Los invitados, o al menos la mitad concurrente, fueron la Doctora Oneida Álvarez, profesora de Economía de la Universidad de La Habana y el ingeniero Carlos Fernández Aballí, profesor del Instituto Politécnico “José Antonio Hecheverría”, este último, comercializador por “cuenta propia” –privado– de ajo deshidratado a sectores que operan en divisas.

Luego de dos horas de un rico debate, varias fueron las conclusiones que pudimos redondear los presentes.

A principios de los noventa, al quedarnos sin los subsidios ni el monomercado soviéticos, el producto interno bruto cayó en más de un 30 por ciento, lo que dejó en un abismo devaluatorio al peso cubano –que comúnmente llamamos “moneda nacional” y se conoce por las siglas CUP. Al bajar su poder adquisitivo, el gobierno tomó la medida de despenalizar la tenencia y uso de divisas en el país y optar por una moneda –con poder de compra semejante a la divisa de cambio internacional: el dólar– que permitiera la entrada a Cuba de monedas fuertes con las que comercializar en el extranjero y sostener un poco la debacle económica que se vivía. La doble moneda fue solo una consecuencia de la crisis.

Según la Doctora Oneida Álvarez, lo que podía ser una situación pasajera –en el caso de la doble circulación monetaria–, se convirtió en una realidad perenne debido a la falta de estrategias para que la medida fuera solamente momentánea.

Sin embargo, el problema de la doble moneda no está en que si “una vale más y otra menos”. La doble moneda, como aclararon los especialistas, altera el valor de cambio del trabajo de los cubanos –aun con sectores fuertemente subsidiados–; disfraza la eficiencia del sector estatal, debido a la desigual tasa de cambio (para las empresas: 1CUC = 1 CUP; para la población 1 CUC = 24 CUP), lo que genera, a su vez, una doble contabilidad donde se distorsionan los costos, la rentabilidad y la sobrevaloración del CUP alcanza magnitudes poco realistas.

Todo esto genera desiguales relaciones de competitividad para determinados productos, como el ajo deshidratado de Carlos Fernández Aballí, que adquiere diferentes tasas de cambio a la hora de su comercialización.

Para el cubano de a pie, groso modo, la doble moneda no es el problema, sino el poder adquisitivo de su salario, de sus ingresos, los cuales cada vez más deben alejarse de las vías convencionales para su obtención, y situarse en espacios que le permitan una coherencia entre la cantidad de trabajo entregado y el valor remunerado del mismo.

Para un cambio en este ámbito, la economía cubana cuenta actualmente con varias desventajas, como la falta de liberación de sus fuerzas productivas –a lo que el presidente Raúl Castro hizo alusión en su discurso de reelección en la Asamblea Nacional del Poder Popular–; la devaluación de su infraestructura productiva y urbanística; así como cuantiosos gastos sociales, a veces sin base sostenible, lo que crea más problemas que soluciones en términos de liquidez.

Varias fueron también las sugerencias para la transformación requerida.

De las soluciones debatidas en el encuentro, las principales fueron: lograr una reducción de la vulnerabilidad externa en el sector de la economía cubana donde las exportaciones logren un mayor valor agregado y se alcance para ello una creciente productividad del trabajo, lo que debe, en consecuencia, ser estimulado suficientemente. Con este fin, la inversión extranjera será fundamental, pues los niveles actuales de generación de plusvalías en Cuba no posibilitan fuertes acciones inversionistas que desarrollen sectores claves de autosostenimiento y exportaciones como la agricultura y la industria. Otro punto necesario será la tecnología, que permita niveles productivos suficientes para generar ganancias y competitividad.

Igualmente se sugirió la necesidad de un cambio en la política monetaria actual –basada en la estabilidad de los precios– para que genere niveles equilibrados entre dinero circulante cantidad y calidad de los bienes en las redes de comercio.

Es imprescindible, además, propiciar políticas que eleven las posibilidades de competitividad de los productores privados entre ellos mismos y con las empresas estatales, así como acabar de poner en funcionamiento las cooperativas no agropecuarias, que serían el germen de la pequeña empresa en Cuba y podrían generar encadenamientos productivos con los que pueda llegarse a economías estables y organizadas, al menos a niveles básicos en el sector privado, el cual puede y debe, necesariamente, unirse al estatal como las “empresas” que de hecho son.

Para esto deberá cerrarse la “brecha de cambio” entre la empresa estatal y la privada –o cuentapropista– en busca de igualdades en las relaciones comerciales de ambos.

Un punto interesante que se debatió fue el de acabar de destinar, coherente e inteligentemente, el potencial científico-técnico cubano a los sectores productivos, donde poca presencia tiene –de la posible– el más de 1 millón de universitarios graduados en la isla. Desde psicólogos hasta ingenieros deberían enfocar sus conocimientos en áreas que “produzcan”, para lo que urge al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social planificar con mayor eficacia y perspectivas reales de futuro las ubicaciones laborales de sus adiestrados y posteriores profesionales.

El ingeniero y profesor Carlos Fernández Aballí sugirió, como parte de su última intervención, la necesidad de “ir a la pequeña y mediana industria y agronidustria de alta tecnología” buscando niveles sostenibles de producciones de calidad.

La eliminación de la doble moneda en Cuba, gato sin cascabel al fin y al cabo, radica, sobre todo, en la necesidad de un cambio de paradigma económico nacional donde las producciones cubanas y demás factores que intervienen en la generación de riquezas materiales logren proveer un mayor poder de adquisición a los salarios reales cubanos. Pero en lo que el palo va y viene… Último Jueves debatió.

 

 

Fuente : On Cuba Magazine

 

 

 

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