La prensa cubana en disección (II)

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adalberto roque-afp-getty images7 Tomado del Blog de Alberto Manuel León Pacheco, quien tomó este trabajo de Espacio Laical

Recomiendo leer antes la Primera Parte de este Post

Segunda parte del Dossier de espacio Laical “Propuestas para una refundación de la prensa cubana” con la participación del politólogo Esteban Morales, el Premio Nacional de Periodismo Luis Sexto, el investigador Jorge Gómez Barata, el periodista Justo Planas, el sociólogo Aurelio Alonso y el periodista y corresponsal de la BBC en Cuba, Fernando Ravsberg.

4- ¿Cuál es el resultado político, social y económico de este estado de cosas?

Esteban Morales. El principal y más peligroso resultado es la desconfianza en la veracidad de lo que se publica. El lector común ha perdido la confianza en la información tanto nacional como internacional que se brinda. Y lo más grave es que esta desconfianza no se circunscribe a la prensa, porque se identifica esta con el Gobierno y el Partido, que es quien la dirige, por lo que también afecta la credibilidad de estas instituciones.

Un dramático ejemplo ilustrativo de ese resultado es la desconfianza generada en la información internacional después de la debacle del socialismo en Europa. Recordemos que la URSS y los países socialistas eran presentados siempre en nuestra prensa como paraísos sobre la tierra. Sorpresivamente, la población conoció que existían problemas de los que nunca se les había informado y que dieron al traste con ese sistema.

Reflejo de esta desconfianza es la búsqueda de otras fuentes de información, sobre la cual, a pesar de las grandes limitaciones para el acceso a internet, no es posible ejercer un control efectivo. Es en ese escenario, que se crean las condiciones propicias para el surgimiento de los rumores o “bolas”, que aunque generalmente se culpa a elementos contrarrevolucionarios de haberlas originado, son precisamente las deficiencias informativas las que en la mayoría de los casos constituyen las causas de su origen.

Generalmente, las “bolas” magnifican los problemas existentes y en algunos casos se refieren a hechos o problemas inventados, pero en muchos casos, posteriormente son informados por la prensa, aunque con una connotación menor. Eso sirve para confirmar la veracidad de las “bolas”, lo que contribuye a aumentarlas.

La baja calidad de la información hace que esa prensa cada día esté más lejos de aquellos a los que supuestamente deben informar y tal vez, hasta orientar, lo que en la práctica, no estimula al lector. Me atrevería a decir, que está perdiendo poder, precisamente por la forma extemporánea, dogmática, inefectiva y equivocada con que está siendo conducida.

Otra consecuencia de la política informativa, es que el extranjero que se interesa en nuestra realidad, al no encontrarla en la prensa cubana, se desplaza también hacia los medios alternativos. Por lo cual, nuestra prensa continuamente pierde espacio y prestigio, también para informar sobre Cuba, más allá de nuestras fronteras, porque su política es “vender” externamente un país que no es el que realmente existe, ni el que conocen los que nos visitan y mucho menos, el que vivimos “los cubanos de a pie”.

Luis Sexto. Esos medios presuntamente no oficiales -algunos pueden pertenecer a otra “oficialidad”-, en su mayoría son digitales, y todavía su alcance es mínimo. Por exigencias de mi condición de periodista debo estar al tanto de ellos. Y me parece que predomina en muchas de sus páginas o pantallas la irresponsabilidad.

En justicia, los medios oficiales guardan cierto decoro con respecto de lo que es verdad o mentira. En cambio, salvo excepciones, esos medios alternativos se caracterizan por publicar sin concierto ni acierto cualquier cosa y ejercer una crítica que no tiene en cuenta las circunstancias en que se mueve el objeto de su diatriba o reporte. O todo es completamente bueno o todo enteramente malo.

Ya no sabemos qué se sabe y qué no se sabe sobre Cuba. Como objeto principal, algunas agencias, editadas en el extranjero, se proponen quebrantar, no importa si con la verdad o con la mentira, el actual orden en Cuba y, por ello, concuerdan con la política norteamericana. Si se olvida ese aspecto, seríamos injustos e imprecisos en cualquier análisis sobre nuestro país. Entre los medios que puedo llamar alternativos, debo mencionar algunas revistas impresas, aunque tengan versión digital, cuyos enfoques y lenguajes se distinguen por la mesura y el equilibrio. Espacio Laical, por ejemplo –y estar aquí en este momento no compromete mi juicio. Hasta dónde la he leído, aprecio en varios de sus números un enfoque sugerentemente alternativo en los análisis de nuestra realidad. Como pienso que lo es también, desde el lado oficial, la revista Temas. Ambas revistas se caracterizan por la profundidad y la multilateralidad de sus visiones. Claro, ambas también son medios especializados, menos imbricados con la información cotidiana e inmediata, y dirigidas a un universo menos general.

Jorge Gómez Barata. Se trata de una deuda social que se acumula y crece, de errores que se profundizan y de grietas en la cohesión social que se amplían (ninguna grieta se cierra sola). No se trata tanto de los errores que podamos haber cometido, que son evidentes, sino de la tardanza en rectificarlos, lo cual puede complicar la subsanación. Tratando de servir y de ser fiel al sistema, la prensa cubana puede llegar a descalificarse a tal punto que deje de ser útil para ese y otros objetivos; de hecho la credibilidad, que un día fue su mejor baluarte, está hoy expuesta a la duda. Es verdad que la prensa cubana no miente, pero omite y silencia.

Justo Planas. Hay consecuencias, claro, pero sobre todo es necesario siempre estar conscientes de que primero la prensa nacional es resultado del estado de cosas político, social y económico de la Isla. No se puede cambiar la prensa per se, hay que cambiar la sociedad, las mentalidades. La prensa es un factor, pero es también una víctima. Siempre que alguien me pregunta socarronamente por qué no decimos lo que pasa en su centro de trabajo, lo invito que lo diga él primero allí, en vista de que le preocupa tanto. Mucha gente no quiere hablar abiertamente los problemas del país en las reuniones del trabajo o la cuadra, pero aspira a que los periodistas sí lo hagan. La prensa es reflejo de su sociedad.

Aurelio Alonso. El resultado es mucho más dramático que el de una equivocación pendiente de ser corregida, por dos motivos, a mi juicio. El primero es que se trata de algo que hemos padecido generación tras generación, con momentos de relativa apertura, casi siempre inducida, seguidos del retorno a la regimentación. ¿Estamos ahora bajo un aura aperturista? Yo diría que sí, que nos mantenemos bajo el efecto del llamado reiterado al debate, pero no me perdonaría la debilidad de creerlo definitivo, aunque me gustaría pensarlo así.

No solo por motivos personales sino, sobre todo, porque me cuento entre los que piensan, con el teólogo Anthony de Mello, que el sistema que elimina el disenso puede ser que gane su tranquilidad, pero lo hace al costo de empeñar su porvenir. Y, aparentemente, dentro del funcionariado pesa a veces más preservar la tranquilidad que asegurar el porvenir. No cabe duda –nadie la tiene ya en Cuba– que el efecto de la desinformación de saldo negativo de cara a cualquier propósito protector.

5- Existen otros medios de prensa no oficiales gestionados por actores sociales cubanos de la Isla y de la Diáspora. ¿Qué los caracteriza? ¿Qué papel juegan en la conformación de la opinión pública nacional?

Esteban Morales. La existencia de otros medios alternativos a través de los cuales la población recibe información, como Internet, la radio extranjera y los artículos de opinión y noticias que circulan por el correo electrónico, desplazan crecientemente su interés hacia la prensa oficial y aumentan el desinterés y desconfianza en lo que se publica. De todos modos, quiérase o no, está emergiendo una prensa, que apoyada en las nuevas tecnologías, esta copando paulatinamente los espacios informativos.

Prensa en la que el lector se va interesando de manera creciente. Son los blogs, los sitios webs apoyados por centros de debate, como Temas, Criterios, Observatorio Crítico, La Ceiba, Espacio Laical, Cofradía dela Negritud, Moncada, Boletín SDP y el correo electrónico, que dispersa a toda hora un tipo de información más realista, revolucionariamente crítica, de más nivel intelectual, que se corresponde mucho más con lo que la gente siente que debe recibir.

Que se parece mucho más al tipo de periodismo que necesita la sociedad cubana dentro de un momento como el que se vive hoy en el país. Entre sus principales características está la inmediatez y la diversidad de criterios. A través de estas vías alternativas se tiene acceso tanto a informaciones objetivas y veraces, de innegable valor, como a otras marcadas por el interés en dañar la imagen del Gobierno y el Partido.

Estas vías están fuera del control del aparato burocrático y consecuentemente tienen la posibilidad de referirse críticamente a problemas internos y sucesos internacionales que interesan a la población. Es cada vez mayor el número de personas que tiene acceso a estas fuentes, como he podido comprobar personalmente por los artículos que he publicado en mi blog. Aquellas informaciones más interesantes se reproducen y circulan, llegando a personas que no tienen acceso propio a esas fuentes. Su influencia en el estado de opinión de la población es también creciente y no puede ser ignorada.

Luis Sexto. A la prensa cubana le ocurre lo que hasta hace muy poco le ocurría a la emigración: estaba sometida a las coyunturas políticas; era un rehén político en ambas orillas, es decir, en Cuba, en Estados Unidos y en otros sitios donde se asientan ciudadanos cubanos.

A nuestra prensa, pues, le convendría una ley que regulara, también en términos generales, el papel de los medios y su espacio, además de la expresión legal de la deontología periodística. Sería una base. Por otra parte, los medios necesitan ser regulados endógenamente. Si la ley apareciera y no reconociera la capacidad autorreguladora de la prensa, no tendría sentido. Y

no reclamo la independencia, ni reclamo la privatización. La prensa es esencialmente una institución política de servicio público y, por lo tanto, no la concibo de otro modo que no sea como defensora de los intereses colectivos de la nación y como propiedad de la nación. ¿No se contradicen el servicio público de la prensa y su apropiación privada?

Es decir, la prensa se caracteriza, aunque ya nos resulte extraño oírlo decir, por una compleja esencia de intereses clasistas e institucionales. ¿Acaso The NewYork Times se separa de los intereses de sus propietarios y accionistas, y de los intereses globales de los Estados Unidos? ¿Era Forbes uno de los “indignados” que reclamaban justicia en Wall Street? ¿Y se inscribe el grupo Prisa en el directorio comoórgano de trabajadores sin trabajo? En lo estratégico, pues, necesitamos una prensa como instrumento de las causas fundamentales de nuestra historia: la independencia y la justicia social, y en lo táctico la autonomía para decidir desde un consciente compromiso político. Pero determinar qué editores y qué profesionales ejercerían ese papel, sería, a mi juicio, el problema más peliagudo. Me inclino siempre hacia los más aptos en los órdenes profesional, ético y político. También esa ley tendría que dictar, con derechos y deberes, la posibilidad de existir de medios alternativos en instituciones cuya relevancia e influencia social necesiten de constituirse en voz.

Jorge Gómez Barata. No me parece buena idea mezclar las cosas. Hay medios institucionales cuya misión es otra como son los de la Iglesia Católica que, como está ocurriendo con Espacio Laical, desbordan su cometido no porque quieran hacerlo sino porque ocupan vacíos creados por las omisiones de la prensa oficial. En cuanto a la “diáspora”, en el pasado hubo intentos legítimos, algunos de los cuales sobreviven: Réplica, Areito, Radio Progreso Alternativa y Radio Miami, pero, excepto la revista Contrapunto, ninguno se planteó circular o tener vigencia en Cuba y, dado a las “políticas informativas” y el trato dispensado a los actores políticos dentro de la emigración, son virtualmente desconocidos entre nosotros.

Además de los medios de la Iglesia Católica que de alguna manera (a veces muy precaria) han existido siempre, hoy día se conocen los espacios digitales y los blog personales, entre los cuales no hay nada que pueda llamarse “un medio de difusión” y que siempre tendrán radios de acción específicos y limitados. En cualquier caso, esos espacios deberán prosperar, y de hecho lo hacen y es importante que se conozcan, se disfruten y se utilicen en una acción social positiva, lo cual es una contribución a la cultura política y la formación de la opinión pública. Contra ello conspira la escasa conectividad, que no siempre es atribuible a elementos materiales y al bloqueo.

Creo que los medios alternativos, de una u otra orientación, tienen derecho a existir y de hecho hoy se multiplican, pero no será por ellos que los problemas en ese sector se resuelvan. Del mismo modo que los cuentapropistas no resolverán los problemas de la economía cubana, tampoco en el área informativa lo hará la prensa alternativa. La tarea corresponde a la “gran prensa cubana”.

Justo Planas. Las prácticas de estos medios no oficiales suelen ser muy parecidas a las de los oficiales en el plano formal. Son absolutistas, parten del criterio de que existe una verdad única, la suya, no matizan. Sobre todo los blogs padecen de cierto subjetivismo que los lleva a generalizar (exagerar) hechos bien puntuales que suceden a sus autores. Las publicaciones más serias, como es el caso de Espacio Laical, se deben a una institución (así sucede con los medios oficiales) que limita en mayor o menor medida sus acercamientos a la realidad por razones extraperiodísticas.

El abordaje de las formas periodísticas, géneros y estilos suele ser igual de esquemático y pobre que en los medios oficiales pues están a cargo de periodistas amateurs frecuentemente (y en muchos casos peor). No pienso que ejerzan una influencia notable en la opinión pública nacional porque en su mayoría se publican en Internet, sus lectores necesitan como mínimo correo electrónico y una computadora donde leerlos. Y el cubano promedio carece de estos recursos.

Las publicaciones impresas no cuentan con la estructura de distribución de la prensa oficial, no pueden comprarse en estanquillos, ni cuentan con suficiente tirada ni suficiente frecuencia, ni con la estabilidad para influir sobre la opinión pública nacional. Eso sí, imagino que varios de estos medios alternativos ejerzan cierta presión sobre los actores políticos cubanos más importantes, que deben leerlos. Pero de manera general, tanto las publicaciones “reformistas” como el fenómeno de los bloggeros, por muy buenas intenciones que inspiren a algunos de ellos, siguen siendo asuntos periféricos dentro de la realidad mediática nacional.

Aurelio Alonso. Sería mejor comenzar por preguntarnos qué hace oficial o no oficial a un órgano de prensa, dónde y por qué es legítimo (estoy entre los que creo que lo es) la existencia de lo oficial y donde no. En Cuba, hoy, el diario Granma, el semanario Verde Olivo, o el mensual Palabra Nueva, por citar solo tres casos, son la expresión más estricta de oficialidad (del Partido Comunista, de las Fuerzas Armadas y de la Iglesia Católica). La revista Casa de las Américas se reconoce como órgano oficial de la institución homónima, en tanto Espacio laical se inscribe desde hace poco en el Proyecto del Centro Cultural Padre Félix Varela, lo que se me antoja que la hace tácitamente oficial del mundo eclesiástico, si no lo era ya ¿no es así? Una y otra albergan, sin menoscabo de su carácter oficial, la diversidad, el debate y el disenso. Sin embargo, Bohemia, publicación no oficial, se acerca, por su contenido, a las más oficiales de las publicaciones.

Hoy el universo digital ha revolucionado la información, lo cual quiere decir, en primer lugar, que fluye en mayor cantidad y variedad de formatos, como el sitio web, el blog, etc. En segundo lugar, significa que la correlación de lo útil y lo inútil en el caudal informativo también aumenta y se hace más necesario discernir ante el riesgo de terminar aplastados por un mar de banalidades. En tercer lugar, es más libre en tanto se hace más difícil controlar su circulación. Crea sus quimeras y sus farsas. Sin embargo es un mundo donde el oficialismo ocupa un espacio más entre otros miles. Aunque el acceso a Internet es aún muy restringido en Cuba, los órganos de la diáspora se vuelven accesibles a la Isla, y dinamizan con ello el debate en torno a la prensa. Pienso que el primer saldo de este caudal es la competitividad y, en mi opinión, solo puede ser positiva.

6. ¿Cuáles deben ser las garantías legales y materiales para desarrollar una prensa que satisfaga las necesidades de la sociedad y pueda, a su vez, ser controlada por la sociedad? ¿En qué medida podrían generar un impacto positivo?

Esteban Morales. Se va manifestando, haciéndose evidente, que una nueva prensa, que fuera capaz de superar las deficiencias de la actual, debiera tener las características siguientes: Romper el vínculo estructural que la ata a ser una prensa administrada solo por el aparato ideológico del Partido Comunista

de Cuba. Eso puede continuar siendo así para el Granma, órgano oficial del Partido, y que solo debería quedar para las cuestiones políticas oficiales. Juventud Rebelde, debe ser un periódico dirigido y escrito por jóvenes y con un contenido enfocado hacia ellos. Debe existir otra prensa, tal vez liderada por la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC), que tengas enfoques diversos y más atractivos, con trabajos de investigación. La estructura que hasta ahora funciona ya no es conveniente para la prensa en general. Debe permitirse a otros medios que desempeñen un papel más activo e independiente, en el contexto del debate político que vive actualmente el país. Lo que les permitiría participar más abiertamente en ese debate y entrar en asuntos y temas sin comprometer la política oficial del gobierno y el Partido. Lo que al mismo tiempo, les posibilitaría hacer política, nutrirla en su proceso de formulación, ejecución y rectificación, sin comprometer los esquemas propios de la política oficial, que tienden siempre a ser necesariamente más rígidos y duraderos.

Es necesaria la formulación de una Ley de Prensa que garantice a los periodistas el acceso a la información en instalaciones de los organismos; a los funcionarios y dirigentes, la obligatoriedad de brindar información y simultáneamente, la obligación de los periodistas de informar verazmente y no escribir artículos o noticias que promuevan la violencia y la discriminación por ningún motivo.

El trabajo político-ideológico se tiene que desenvolver en un contexto diferente. A pesar de todo ello, por razones que en el fondo aún son desconocidas, se limita el contacto con Internet,(…) y solo un porciento ínfimo de ciudadanos dispone de correo electrónico. No obstante, la dispersión de esa nueva prensa es asombrosa. El costo de Internet resulta demasiado alto, prohibitivo, para cualquier ciudadano común.

Hoy no obstante, resulta imposible impedir que el ciudadano común tenga acceso a una información alternativa a la que el país oficialmente le suministra. Por lo cual, la prensa llamada “oficial” (calificativo que ella misma se buscó) pierde prestigio y credibilidad crecientemente, cuando parte de su trabajo se circunscribe a brindar un tipo de información preseleccionada, sesgada, apologética, precocinada, y se hacen campañas demonizando a Internet, lo que trae como resultado una “reaccionaria y retrógrada oposición” al avance de las nuevas tecnologías. Todo esto tiende a producir un creciente retraso informativo, cultural e intelectual que ya estamos pagando.

No es difícil encontrarnos con cuadros de dirección que demonizan a Internet y al correo electrónico, considerándolos como simples emisarios del capitalismo. No es solo que no usen estas tecnologías, sino que se niegan a aceptarlas y hacen el ridículo ante los ciudadanos por pretender eliminarlas. Actitudes de ese tipo han existido siempre dentro del desarrollo social y a veces han logrado obstaculizar o frenar, pero solo momentáneamente, porque al final, siempre esas posiciones han resultado aplastadas por el incesante devenir de la historia.

Dudo mucho que en el futuro nadie se atreva a repetir el ridículo de desarrollar nuevamente una campaña de demonización como la que recientemente se desplegó por la televisión nacional sobre Internet y las nuevas tecnologías. Que como es de imaginar, no tuvo ningún impacto y a la gente “le entró por un oído y le salió por el otro”. Porque, por suerte, tenemos un pueblo bastante instruido y con un apreciable nivel cultural, al que no se le puede dar “gato por liebre”.

Jorge Gómez Barata. Francamente, no creo que la prensa cubana necesite más garantías legales de las que tiene. El problema no es jurídico, sino político, y no es funcional, sino estructural. No hace falta regular los derechos de los periodistas sino equilibrar los del Estado y de la burocracia. No me parece que haga falta una ley de prensa ni un Ministerio de Información; sino leyes y prácticas institucionales transparentes y correctas. Hace años se hizo una pregunta: ¿De quién son los archivos del Ministerio de Economía? ¿Del Ministro o de la sociedad? Y es en nombre de la sociedad que los periodistas procuran la información que se destina al consumo social. Una ley de prensa puede complicar más la situación y crear la ilusión de que por vía judicial algo se resolverá.

Justo Planas. Repito que el sistema de comunicación mediática depende directamente de otras esferas sociales que deben cambiar a la par. No pueden existir garantías legales en la prensa nacional si no existen transformaciones legales en todo ámbito. Sin embargo, por mucho que sea una idea difundida por “los malos”, por los primermundistas, sigo pensando que la prensa debería funcionar como un cuarto poder, independiente de otras instituciones, sin deudas con estas últimas, la prensa debería er el perro guardián de los intereses del pueblo.

Pero como ya no creemos que exista un solo pueblo, compacto y de una sola cabeza, creo que la variedad de publicaciones, con diferentes tendencias políticas, con diferentes intereses noticiosos, estilos… a variedad es ahora mismo el paso más sencillo que puede darse camino a una comunicación más democrática en Cuba.

Aurelio Alonso. Me parece que para definir eso que llamas “garantías legales” falta todavía el paso de dar forma a una concepción de la prensa que se avenga al socialismo que queremos crear, que se centre en el valor de la verdad y tenga como divisa la entronización de un régimen definido y claro de democracia participativa, del cual debe ser parte. Pero le falta también al país avanzar en los presupuestos de este régimen, puesto que los resortes de perfeccionamiento democrático no se muestran tan prestos al cambio como los económicos. Pero pensar en voz alta no siempre es inútil, por lo que diré que a mi parecer lo primero (en lo que puede avanzarse ya) es definir que la oficialidad de los órganos de comunicación se limite a los vínculos explícitos de los mismos y la intencionalidad con que fueron creados. Haciendo la salvedad de aquellos reconocidos como órganos oficiales, la prensa cubana debería funcionar como prensa independiente.

Me permito recordar que hasta 1968 unos de los diarios de mayor prestigio en Cuba fue El Mundo, que después de perderse en un incendio provocado por un atentado contrarrevolucionario, nunca se reconstruyó. Tuvo menos suerte que el teatro Amadeo Roldán; no debe haber tenido tan buenos abogados. Cabría pensar que el atentado sirvió para borrar del mapa de la prensa cubana al único diario independiente que recorrió, dentro de la Revolución, aquella primera década. No propongo volver a crearlo (tampoco lo objetaría), pero sí tomar en cuenta que la prensa revolucionaria independiente mostró ya su capacidad de existir y de ser funcional al nuevo proyecto socialista. La prensa que no responda oficialmente a instituciones no tiene por qué padecer que e le restrinjan hoy sus contenidos o sus fronteras. La legislación que regule la prensa debería incluir la garantía del derecho del periodista en la defensa de la verdad tanto como en la defensa del ejercicio libre del criterio dentro de la Revolución.

7. ¿Qué ideales y principios deberían sostener/ordenar/estructurar a la prensa y a la sociedad cubana?

Esteban Morales. El compromiso de la prensa es con la verdad y debe buscarla por todas las vías, sin dejarse llevar por las apariencias, las limitaciones o las presiones ejercidas desde instancias superiores. Debe cumplir un papel educativo tanto en su contenido como en su forma. Pero educar significa informar sobre los problemas y los acontecimientos en la forma en que se suceden, analizarlos correctamente y sin prejuicios políticos ni ideológicos y exponerlos con un lenguaje correcto. Debe además procurar por todos los medios informar sobre los acontecimientos más importantes y aquellos que aunque no son importantes, suscitan interés en la población, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

La prensa tiene que ser una institución de la sociedad civil, administrada y dirigida por los que la hacen: los periodistas; seleccionados por los mismos colectivos a los que van a dirigir, sobre la base de sus meritos, capacidades, prestigio político, social y capacidad técnico- profesional. Una prensa cuya eficacia sería medida por el nivel con que responde a la cultura del país, sus necesidades informativas, los avances en el uso del instrumental tecnológico y los objetivos de desarrollo de la nación, incluidos los de su defensa, desarrollo económico y social.

La prensa tendría bajo su responsabilidad ser la voz crítica de la sociedad civil y el freno a todos los potenciales excesos que contradijesen el desarrollo económico, social, político y cultural del país. Dentro de un equilibrio democrático, sustentado en un poder elegible, compartido por todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. Lo que sería la base de su poder dentro de la sociedad.

Luis Sexto. A mi modo de ver, hay una sola vía: la política, sin importarnos las coyunturas condicionadas por la posición de Estados Unidos frente a la Cuba que es.

Del lado de Cuba, en tanto no se extingan desviaciones como el autoritarismo y el centralismo excesivo y excesivamente limitador, y nuestras estructuras mantengan espacio para inyectar algún vigor a la mentalidad burocrática, será muy difícil lograr esa prensa regulada desde dentro. Mientras las estructuras sociales y políticas, en vez de facilitar sus funciones críticas, preventivas, educativas, culturales, las estorben quitándoles credibilidad y efectividad a los medios, será muy difícil organizar la prensa que necesitamos.

Y dicho sea de paso: hay que diferenciar la prensa que necesitamos de la que queremos. Este último extremo suele ser un equívoco, porque “querer” exige un sujeto muy condicionado por la voluntad individual.

Jorge Gómez Barata. Los rectores superiores de los medios de difusión y sus directivos deberían comprender que la prensa tiene obligaciones y cometidos múltiples y que si bien debe servir a los objetivos del sistema, también tiene obligaciones con el público a quien no sólo debe educar, sino servir. La información de aquello que interesa a la sociedad, a los diferentes sectores, las localidades y los individuos es un deber y no una concesión de las autoridades.

Una buena defensa del socialismo y un antiimperialismo consecuente plantean exigencias de calidad y enfoques que la prensa cubana hoy no cubre.

Además de escrupulosamente honestos, apegados a una verdad que no deforman ni escamotean, los periodistas necesitan independencia de juicio, cosa que se consigue cuando se acepta el derecho a pensar y opinar diferente y, sobre todo, a difundir esas ideas.

No son los dueños de periódicos ni los directores, tampoco los cuadros del Partido o del Gobierno, quienes hacen la prensa, sino los periodistas. La prensa cubana puede y debe ser fiel al Partido y al orden estatal socialista, pero no dependiente de ellos, lo cual plantea el problema de su estructura e incluso de su financiamiento.

La independencia de la prensa no llegará porque el sistema haga una concesión, sino cuando quienes lo conducen comprendan que la necesitan para dialogar con la sociedad, conocer lo que ocurre, pulsar la opinión pública y perseguir a los violadores de la ley y el orden y a los que faltan a la moral y a la ética. Al limitar los horizontes de la prensa, la Revolución conspira contra sí misma.

Una prensa mediatizada contribuye a la impunidad y hace feliz a los burócratas, a los corruptos y a los autoritarios. Escamotear la verdad, creer que el pueblo no está en condiciones de participar de ciertos procesos, no es una posición revolucionaria, sino todo lo contrario. La transparencia es una necesidad social, una conquista revolucionaria y un derecho.

Justo Planas. José Antonio Benítez en su valioso libro Técnica periodística, insiste en la integralidad del profesional de la noticia, y lo hace para explicar que los textos periodísticos no pueden contener verdades a media, deben llegar al fondo de los hechos, explorar causas, prever consecuencias. Julio García Luis en su Géneros de opinión habla de una crítica no apologética ni machacona sino responsable e incisiva. Miriam Rodríguez Betancourt y Luis Sexto en sus libros defienden siempre que un periodismo con mayor elaboración formal ayudaría notablemente a cambiar la manera en que se siente y se piensa nuestro pueblo. Y sobre todo, Osmar Álvarez Clavel nos deja claro en El ensayo periodístico que la comunicación con el lector debería ser menos vertical, el periodista no debe creerse portador de todo el conocimiento, dueño de la única verdad, y propone un periodismo más dialogante que ¡sería tan útil para cortar de raíz esa mentalidad de “tú ordenas y yo ejecuto” con que se enfrentan los cubanos a sus jefes, no importa si dicen sensateces o disparates!

Aurelio Alonso. Para responderte con coherencia, yo diría que si, en el contexto del sistema, se trata de inventar el socialismo del siglo XXI, también hay que pensar en buscar el camino de la prensa que le sea coherente a ese socialismo que solo puede ser democrático, y a esa democracia que solo puede ser socialista. Si los defectos de nuestra prensa son fáciles de definir puede que no sean tan fáciles de resolver, porque liberalizar linealmente, literalmente, en sentido abstracto, nos llevaría de regreso a la prensa burguesa. Me parece que eso sucedió con Novedades de Moscú y con Sputnik a finales de los años 80 en la entonces Unión Soviética, publicaciones que devinieron rápidamente en portadoras de un aire de demolición desde un liberalismo sin fronteras. Pero tampoco se trata de sentarse a esperar a que los criterios de participación política cambien en las esferas del poder para desprender del cambio corolarios que se puedan aplicar a la prensa. Más bien habría que procurar también que el cambio posible avance dentro de una nueva prensa parejamente al cambio socioeconómico.

¿Por qué vía se podría alcanzar esos objetivos?

Esteban Morales. La prensa cubana debiera acabar de echar por la borda los prejuicios, la desconfianza y la prepotencia que aun acumula y formar fila junto a todo el conglomerado intelectual revolucionario que la sociedad cubana ha logrado crear. Aprovechando sus potencialidades para lograr ofrecerle al ciudadano una lectura veraz, equilibrada, informada, progresista, culta, que despierte el interés por informarse, debatir y por la lectura en general. Al mismo tiempo que ofrezca un mensaje político creíble, sustancial, realmente educativo, digno del nivel cultural alcanzado por nuestro pueblo.

Consideramos que las vías para lograr una prensa como la que hemos dibujado más arriba, están dadas, existen dentro del proceso de análisis crítico que se va abriendo paso para alcanzar el “cambio de mentalidad”, al que el presidente Raúl Castro nos ha convocado. Y al que solo se están oponiendo algunos burócratas, que incapaces de adaptarse a las nuevas situaciones, sienten que van perdiendo las prerrogativas y privilegios de los que un día gozaron. Todo, a pesar de las fuertes críticas que el Presidente ha realizado a nuestra prensa nacional.

A la que pienso no se reacciona solo por sordera, comodidad u oportunismo. Por eso nuestra prensa debe ser una prensa no administrada, sino liderada, por la verdad, por el mejor y más avanzado pensamiento, donde quiera que este se encuentre. Para eliminar la apología, las falsas esperanzas y la bochornosa actitud de tratar de hacer ver a Cuba como una sociedad perfecta, capaz de satisfacer todas las expectativas.

Una prensa que nos evite las sorpresas desagradables y quedarnos anonadados (que es algo así como caer de ano en el agua cuando nos sorprende algo que debimos haber sabido) y el deslumbramiento ante los falsos valores. Al mismo tiempo que presente un país real, creíble, e incluso, en la medida de lo posible, potencialmente imitable.

Una prensa lo suficientemente preparada, inmersa en nuestra realidad y entendedora de la realidad del mundo, como para que nadie tenga que decirle lo que debe publicar, ni haya quien pueda frenarla cuando se hace necesario informar sobre algo. El próximo congreso de la Unión de Periodistas de Cuba es, en mi opinión, la vía idónea para discutir estos asuntos y formular propuestas concretas al Gobierno y al Partido, para hacer de la prensa un instrumento de mejoramiento de nuestra sociedad.

Jorge Gómez Barata. El problema me parece absolutamente conceptual. Para ser eficaz, la prensa tiene que acoger la diversidad de opiniones y criterios que naturalmente se generan en torno a los grandes temas nacionales e internacionales, actuales e históricos, para lo cual es preciso consagrar el derecho a pensar y opinar diferente. Gústenos o no, en Cuba la prensa es reflejo de un pensamiento único y en el orden de los acontecimientos mundiales se subordina a los intereses más inmediatos de la política exterior; ello ocurre incluso en asuntos irrelevantes y ni siquiera en el deporte y ni en la crítica literaria hacen la excepción.

El socialismo real estuvo plagado de dogmas y mitos, muchos de los cuales se trasladaron a Cuba, donde algunos hansobrevivido y han dado lugar a un fenómeno cultural que actúa como lastre, ancla o retranca, y crea lamentables situacionesprácticas en el ámbito periodístico. Entre otros pudiera mencionarse la sacralización del poder y la consagración de la infalibilidaddel liderazgo, incluso en los niveles inferiores de la cadena de mando.

En Cuba la estructura social ha comenzado a cambiar y el modelo económico se mueve hacia adelante mientras la prensa no lo hace. En esa área la retórica de hoy es idéntica a la de 30 años atrás y no se conoce ninguna iniciativa para modificar su estado ni para cambiar las estructuras que la condicionan. Es preciso trabajar y luchar, debatir y criticar, no temerle a la herejía ni a la irreverencia. Nadie puede comer tortilla sin cascar los huevos. Es inevitable correr riesgos.

Creo que los periodistas y, sobre todo, los directivos de la prensa cubana deben estar dispuestos a arriesgar el cargo y el crédito. Ser fiel no es lo mismo que ser obediente y para ser leal no se necesita ser súbdito. El concepto de subordinación es un asunto de organigrama que no rige ni siquiera en la gerencia empresarial moderna y no es aplicable a la política y mucho menos a la comunicación social, ámbitos donde no se imparten órdenes sino que se elaboran consensos. Allá nos vemos.

Justo Planas. A una sociedad mejor, una prensa mejor.

Aurelio Alonso. En primer lugar, la prensa no puede esperar a que un órgano de control externo, por encima de ella, le autorice a divulgar una información, o le indique cómo analizar un suceso, o le diga qué puede o no publicar: los órganos designados para dirigirla tendrían que variar sus mecanismos de orientación, sus contenidos, sus estatutos. La UPEC tendría que hacerse igualmente de un estatuto más independiente, revisar sus funciones, mostrarse contestataria con el Partido o con el Estado cuando se limiten los derechos de expresión del periodista, convertirse en una voz discordante donde y cuando no llegue a acuerdo con los órganos de prensa.

Los órganos del poder popular debieran acoger tales disensos, y no ceder simplemente su espacio a las justificaciones de las instituciones administrativas, y de la burocracia de los órganos de prensa. El periodismo tendría que hacerse más audaz, comenzar a correr más riesgos. Un periodismo que desafíe la capacidad de respuesta de los funcionarios y dirigentes en temas que atañen a la población no es, por definición, un periodismo de oposición. Y si lo fuera no se le puede combatir eludiendo las respuestas a los problemas, que son casi siempre problemas reales.

Cuando los cuestionamientos desde la prensa disgustan a un ministro, la solución no puede ser castigar al periodista. El periodista debe contar con todas las posibilidades (incluidas las legales) de formarse un criterio ante cualquier problema, sea coyuntural o de estructura, y de actuar en correspondencia con el criterio que se ha formado, y a la vez el deber de no ocultar la verdad ni distorsionarla en la defensa de sus posiciones. En Cuba no han sido pocas las ocasiones en las cuales se le ha hecho pagar al periodista por su disenso, o simplemente por desacuerdos.

Fuente: La Chiringa de Cuba

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