Juan de los Muertos y el Goya de la discordia

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Recientemente el filme cubano Juan de los Muertos se alzó con el premio Goya de mejor película iberoamericana del 2012. La noticia ha causado cierta polémica, y de ello le comentamos en el siguiente trabajo del periodista Eric Caraballoso Díaz:
 


Juan de los Muertos y el Goya de la discordia

Confieso que me gustaría verla de nuevo. Una vez o incluso dos, no bastan para calibrar del todo una película. Aún así –o tal vez por ello–, fue una verdadera sorpresa conocer que Juan de los Muertos, la película cubana de zombis dirigida por Alejandro Brugués, obtuvo el premio Goya como mejor película iberoamericana.

Diversas y encontradas reacciones ha generado esta noticia. Mientras unos congratulan a los ganadores y, por extensión, al cine hecho en la isla, otros se preguntan cómo ha sido posible y consideran la decisión de los Goyas como resultado de una soberana miopía en lo que al cine latinoamericano respecta. Y lo más curioso, todas esas reacciones han tenido lugar no fuera de Cuba sino dentro de ella.

Lo sensato, creo, es analizar el hecho con claridad, sin demasiados apasionamientos. Lo primero es que, como no he podido ver a sus contrincantes –la argentina Infancia clandestina, la paraguaya Siete cajas, y la mexicana Después de Lucía– no tengo elementos suficientes para establecer un juicio de valor. Así que puede que sí: que en opinión no mía –que a fin de cuentas sería la de una sola persona–, sino de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Juan de los Muertos haya sido en efecto la mejor película iberoamericana del año.

Lo segundo: ¿por qué muchos opinan, aún contradiciendo el criterio de los académicos españoles –que no por académicos y españoles tienen que estar necesariamente en lo correcto–, que esta película no merece ganar un galardón como el Goya? En ese mar de criterios parece haber de todo.

Están los que la estiman poco profunda, ligera, “menor” para un premio de esta naturaleza. Parece que abundan los que no imaginan que una comedia, de zombis por demás, pueda derrotar a un drama categórico, con explícitas y hasta densas honduras humanas. Pero, ya sabemos, el humor tiene también sus honduras.

Tampoco faltan los que, aun defendiendo la comedia como género, piensan que Juan de los Muertos apuesta por el estereotipo y por el chiste grueso y contextual, y da de lado al humor más “inteligente”. La inteligencia, sin embargo, encuentra muchas maneras de manifestarse, aún más desde la parodia y el estereotipo.

Y están también los que no le perdonan a la cinta su visión cáustica de la Cuba actual, los que opinan que ofrece una imagen distorsionada de la realidad de la isla y se ceba de los problemas existentes para lograr relevancia extra-artística. Pero este criterio, aunque tenga algo de cierto, es al final igualmente extra-artístico, y limita la posibilidad de todo realizador –en este caso Brugués– de mostrar en su obra el prisma de su subjetividad.

Extra-artístico es igualmente el criterio que margina el filme por no haber sido producido mayormente por el ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas) y por demostrar las cotas de pujanza e irreverencia que pueden alcanzar las productoras cubanas independientes. Esa opinión es incluso contraproducente con los aires de democratización audiovisual que –si no impulsados al menos no restringidos por el propio ICAIC– soplan hoy en la isla.

Por mi parte, repito que la noticia me tomó por sorpresa, pero no por ello dejé de celebrar este nuevo triunfo del cine cubano. El Goya es un lauro prestigioso, de los que no se entregan a la ligera, y es, sin dudas, un espaldarazo para todo cineasta y para todo país.

Esta es la cuarta vez que Cuba se alza con el galardón en esta categoría y, aunque pensar en los antecedentes –antes lo consiguieron cintas de indiscutible valor como La Bella del Alambra, Fresa y chocolate y La vida es silbar– no cierra precisamente las puertas a la polémica, tampoco puede olvidarse que cada tiempo, sin desterrar la historia, establece sus propios paradigmas.

Pero por sí o por no, y antes de seguir avivando la discordia, confieso que me gustaría ver de nuevo Juan de los Muertos. Porque, como creo que ya dije, una vez o incluso dos, no bastan para calibrar del todo una película.

 

 

 

Tomado de FaceBookRadio Siboney

 

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