Hablando con mami, clarito, clarito…

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Por Carlos Alberto Pérez

Cada día que pasa hablar con mami se me hace más que difícil. De recia vocación comunista mi madre a sus 68 eneros no aguanta la más mínima crítica al sistema, y peor que eso, defiende a ultranza hasta lo mal hecho, siempre y cuando se esconda tras ello el más mínimo símbolo de lo que para ella Revolución significa.

Yo, que fui militante de la UJC hasta mis 30 años y considero haberlo hecho lo mejor que pude, he llegado a ser para ella en ocasiones hasta ¨un medio gusano, un disidente¨.

Así como lo leen, mami no cree ni en quién ella misma parió, y aunque conoce bien a este que hoy la cita, cuando me pongo un poco intranquilo no me deja pasar una. Mucho menos acepta mis tempestivos arranques, pues generalmente vienen con una verborrea contemporánea a la que ella no está acostumbrada, y según puedo advertir, se le llegan hasta botar los ojos y casi inconscientemente detiene la respiración hasta que me escucha concluir mi frase en ristre. Según ella, cuando yo me envalentono mejor es no dejarme terminar. Y me pregunto: ¿Es así como mi madre pretende que los jóvenes de hoy seamos punteros en la defensa de la Revolución, expresando actitudes dignas de lástima como esa, y peor aún, renegando una vez más de la manzana en su cabeza?

Anoche sucedió nuevamente. Volvimos a chocar criterios, generaciones y visiones futuras. Cuba puede provocar todo eso y mucho más, incluso dentro de las más unidas familias. Pero esta vez sucedió de manera diferente, porque la disidente fue ella, aunque apuesto que su orgullo no le permitió siquiera darse cuenta. Y es que aferrada a la vieja escuela, mami, ni porque fue el mismísimo Raúl Castro quien lo dijo, está en desacuerdo con que los mandatos presidenciales sean limitados a dos períodos de 5 años. Así de aferrada y testaruda es mi vieja, y no la culpo, porque fue lo que vio y vivió durante toda su vida política.

Ahora que la generación histórica está cediendo el mando, a muchos les costará vislumbrar un liderazgo distinto a las figuras que desde niños conocimos en los cuadernos de historia, y evidentemente esto ya está causando algunos traumas. Por eso casi puedo entenderla.

Yo personalmente después de Raúl no veía a nadie capaz de echar palánte este país como realmente nos hace falta. Y disculpen mi ignorancia política, pero un día dije que prefería meterme a disidente de verdad antes de que Machado Ventura fuera mi presidente, y por suerte, eso ya nunca será posible. Seguiré siendo entonces un joven revolucionario, un rojo comunista.

 

Ahora el Parlamento eligió a Miguel Díaz Canel, que bastante mal me caía un tiempo atrás, pero confieso que mis razones eran eminentemente personales desde su época como Ministro de Educación Superior. En aquel momento derogó arbitrariamente los cambios de carrera de las SUM, y mi esposa siguiendo el procedimiento de cursos anteriores perdió un año de su carrera solamente porque el hombre de los ojos claros así lo dispuso.

La perreta Díaz Canel me duró hasta hace apenas unos pocos meses, cuando hablando con unos amigos me ilustraban sobre sus resultados como dirigente en las dos provincias que dirigió, y de lo querido que allí era por todos. Varias anécdotas de primera mano lograron hacerme sentir hasta un cierto grado de simpatía por el Dos. Y más temprano que tarde pude darme cuenta de lo errado que siempre estuve, y que la pasión me tuvo cegado todo este tiempo. Hoy, que reconozco mi error, le auguro el mejor de los caminos a mi próximo presidente.

Cierto es que, dirigente de vasta experiencia, conocido por su sobriedad, sencillez y cultura, así como objetividad al mando, por donde ha pasado el ahora primer vicepresidente de Cuba ha dejado una huella positiva que promete a la hora de dirigir un país. Dicen que siendo Primer Secretario del PCC en Villa Clara hacía colas en las pizzerías con short y chancletas para calibrar los servicios gastronómicos, y que pasaba las tardes disfrazado en las terminales intermunicipales tocando con la mano las tristes realidades que allí se viven.  Yo, desde que lo vi ascender como lo hizo hace unos años atrás, nunca dudé que lo estuvieran preparando como el futuro líder joven de la Revolución cubana, y este domingo Raúl y el Parlamento no me dejaron equivocarme.

Ojalá y Raúl pueda culminar su último mandato con mejores resultados que los alcanzados hasta el momento, y que alcance a ver por muchos años más el resultado de su obra continuada por el joven pero experimentado Díaz Canel. Cuba hoy más que nunca lo necesita, y aunque a mami le moleste, el cambio generacional quedó dictado desde este domingo, y ahora nos toca a nosotros trazarnos nuestro propio camino.

Como dijera alguna vez alguien que ahora grito por citar: ¨Gracias por el pasado, el futuro es nuestro¨.

 

 

Fuente: La Chiringa de Cuba.

 

 

 

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