Día: febrero 26, 2013

Hablando con mami, clarito, clarito…

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Por Carlos Alberto Pérez

Cada día que pasa hablar con mami se me hace más que difícil. De recia vocación comunista mi madre a sus 68 eneros no aguanta la más mínima crítica al sistema, y peor que eso, defiende a ultranza hasta lo mal hecho, siempre y cuando se esconda tras ello el más mínimo símbolo de lo que para ella Revolución significa.

Yo, que fui militante de la UJC hasta mis 30 años y considero haberlo hecho lo mejor que pude, he llegado a ser para ella en ocasiones hasta ¨un medio gusano, un disidente¨.

Así como lo leen, mami no cree ni en quién ella misma parió, y aunque conoce bien a este que hoy la cita, cuando me pongo un poco intranquilo no me deja pasar una. Mucho menos acepta mis tempestivos arranques, pues generalmente vienen con una verborrea contemporánea a la que ella no está acostumbrada, y según puedo advertir, se le llegan hasta botar los ojos y casi inconscientemente detiene la respiración hasta que me escucha concluir mi frase en ristre. Según ella, cuando yo me envalentono mejor es no dejarme terminar. Y me pregunto: ¿Es así como mi madre pretende que los jóvenes de hoy seamos punteros en la defensa de la Revolución, expresando actitudes dignas de lástima como esa, y peor aún, renegando una vez más de la manzana en su cabeza?

Anoche sucedió nuevamente. Volvimos a chocar criterios, generaciones y visiones futuras. Cuba puede provocar todo eso y mucho más, incluso dentro de las más unidas familias. Pero esta vez sucedió de manera diferente, porque la disidente fue ella, aunque apuesto que su orgullo no le permitió siquiera darse cuenta. Y es que aferrada a la vieja escuela, mami, ni porque fue el mismísimo Raúl Castro quien lo dijo, está en desacuerdo con que los mandatos presidenciales sean limitados a dos períodos de 5 años. Así de aferrada y testaruda es mi vieja, y no la culpo, porque fue lo que vio y vivió durante toda su vida política.

Ahora que la generación histórica está cediendo el mando, a muchos les costará vislumbrar un liderazgo distinto a las figuras que desde niños conocimos en los cuadernos de historia, y evidentemente esto ya está causando algunos traumas. Por eso casi puedo entenderla.

Yo personalmente después de Raúl no veía a nadie capaz de echar palánte este país como realmente nos hace falta. Y disculpen mi ignorancia política, pero un día dije que prefería meterme a disidente de verdad antes de que Machado Ventura fuera mi presidente, y por suerte, eso ya nunca será posible. Seguiré siendo entonces un joven revolucionario, un rojo comunista.

 

Ahora el Parlamento eligió a Miguel Díaz Canel, que bastante mal me caía un tiempo atrás, pero confieso que mis razones eran eminentemente personales desde su época como Ministro de Educación Superior. En aquel momento derogó arbitrariamente los cambios de carrera de las SUM, y mi esposa siguiendo el procedimiento de cursos anteriores perdió un año de su carrera solamente porque el hombre de los ojos claros así lo dispuso.

La perreta Díaz Canel me duró hasta hace apenas unos pocos meses, cuando hablando con unos amigos me ilustraban sobre sus resultados como dirigente en las dos provincias que dirigió, y de lo querido que allí era por todos. Varias anécdotas de primera mano lograron hacerme sentir hasta un cierto grado de simpatía por el Dos. Y más temprano que tarde pude darme cuenta de lo errado que siempre estuve, y que la pasión me tuvo cegado todo este tiempo. Hoy, que reconozco mi error, le auguro el mejor de los caminos a mi próximo presidente.

Cierto es que, dirigente de vasta experiencia, conocido por su sobriedad, sencillez y cultura, así como objetividad al mando, por donde ha pasado el ahora primer vicepresidente de Cuba ha dejado una huella positiva que promete a la hora de dirigir un país. Dicen que siendo Primer Secretario del PCC en Villa Clara hacía colas en las pizzerías con short y chancletas para calibrar los servicios gastronómicos, y que pasaba las tardes disfrazado en las terminales intermunicipales tocando con la mano las tristes realidades que allí se viven.  Yo, desde que lo vi ascender como lo hizo hace unos años atrás, nunca dudé que lo estuvieran preparando como el futuro líder joven de la Revolución cubana, y este domingo Raúl y el Parlamento no me dejaron equivocarme.

Ojalá y Raúl pueda culminar su último mandato con mejores resultados que los alcanzados hasta el momento, y que alcance a ver por muchos años más el resultado de su obra continuada por el joven pero experimentado Díaz Canel. Cuba hoy más que nunca lo necesita, y aunque a mami le moleste, el cambio generacional quedó dictado desde este domingo, y ahora nos toca a nosotros trazarnos nuestro propio camino.

Como dijera alguna vez alguien que ahora grito por citar: ¨Gracias por el pasado, el futuro es nuestro¨.

 

 

Fuente: La Chiringa de Cuba.

 

 

 

Nuestro diputado Fidel Castro (+ Fidel)

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Y llegó Fidel. Quizás con pasos más lentos de lo que hace algún tiempo acostumbraba a tener. Pero el tiempo no perdona. Tampoco el paso desafiante de la vida, los años, el estrés, el agotamiento físico que a veces se oculta a fuerza de voluntad, amor y sacrificio, pues fuerzas mayores necesitan su presencia.

 
Pero ahí estaba, con su enorme capacidad de análisis, de revivir la historia, su modestia y su confianza en el futuro. Así compartió con los diputados que junto a él constituyeron el Parlamento cubano este domingo y eligieron a nuestro renovado Consejo de Estado.
Allí también retomó momentos únicos y definitivos en la Cuba revolucionaria de los últimos 54 años, transmitió enseñanzas, reflexionó, vivió la emoción de unos aplausos prolongados y merecidos que agradecían su sencillez, su sabiduría y la presencia del soldado eterno que levanta su voz con orgullo, aún desde la posición de un representante del pueblo, un diputado.
Nuevamente Fidel, quien nos dice todos los días que esta lucha es sobre todo, por las ideas.

 

 

Luces, cámara y un poder sin heridas de bala

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Por Claudio Pelaez Sordo Miguel Díaz-Canel

Si yo fuera director de cine escribiría urgentemente un guión, para una película futura, sobre la vida de un cortador profesional de caña que llegó a Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba. El protagonista llevaría por nombre Esteban Lazo Hernández. Y de más está decir que sería un filme basado en una historia real.

Historia real que tuvo su máxima expresión este domingo 24 de febrero cuando los 602 diputados presentes del Parlamento cubano eligieron a los máximos responsables del Consejo de Estado y al nuevo Presidente de la Asamblea.

De antemano ya se conocía que Ricardo Alarcón no saldría de presidente del Parlamento, pero una bola –como le decimos los cubanos a los rumores que andan por la calle- auguraba que sería Esteban Lazo el sustituto. Y así fue.

El negro de origen humilde, cortador de caña desde muy joven, obrero en el molino y secadero de arroz de Jovellanos, al decir del ratificado Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, es el nuevo Presidente de la Asamblea. Para desvelo de algunos y consuelo de otros.

 

Y lo que sí resulta un gran desvelo –alentador por cierto- y pone a todos a la expectativa es que los hombres que recibieron balas sobre sus cuerpos en la guerra de guerrillas ceden espacio a quienes han crecido con la Revolución. Comienza a cobrar mayor protagonismo los nacidos al amparo de la Revolución, muestra de ello es que el 61.3 por ciento de los diputados nació después de su triunfo en 1959 y que el posible Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en el 2018, Miguel Díaz Canel, tiene casi la edad de la Revolución.

Esa nueva generación sobre la cual empieza a caer el poder tiene el cometido de saldar las cuentas pendientes para una sociedad que se erigió como la más democrática del mundo, pero se quedó anquilosada a consignas. Y el no avanzar significó un retroceso.

Quienes comienzan a tener un poder cada vez mayor, resultado de sus méritos partidistas y ciudadanos, deben saber que la miel del poder intentará mostrarse cada vez más dulce. No se empalagarán quienes luchen por ideas justas y dejen a un lado la gloria y los honores.

Sin dudas, Cuba ha cambiado en sus últimos cinco años, más que en cinco décadas. Pero lo más curioso –y alentador también- es que los cambios no han venido a raíz de la muerte de ninguna de sus figuras históricas.

Estos, al fin, han cedido a los reclamos de un pueblo que más que la ley de emigración, o la venta y compra de casas, le interesa aún más, qué llevarse a la boca todos los días, que el profesor no falte en el aula de su hijo, ni que el médico se sienta sobreexplotado en su guardia nocturna.

 

La solución o no de estos problemas por la nueva generación que está llegando al poder, sin heridas de combate, a paso de ¿elefante?, pudiera ser otro argumento para un filme con un final perestroiko o martiano.

 

 

Fuente: Tremendo Explote

 

 

 

Recta dura y al centro a la prensa cubana

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La prensa cubana en disección (I)

Por Alberto Manuel León Pacheco

Aprovechando las posibilidades de este blog hoy quiero poner a su disposición un resumen del Dossier correspondiente al número uno del año 2013 ¨Propuestas para una refundación de la prensa cubana¨, que publicara la Revista católica Espacio Laical. En el mismo la revista reunió a varios intelectuales y periodistas cubanos y extranjeros para dar su opinión sobre la prensa cubana.

Una vez más el tema es tratado. Tal vez pueda parecer repetitivo y muchos podrán decir que ya todo está dicho y que no va a resolver nada tanta cháchara sobre el tema. El texto que les propongo resume de manera total las características de la prensa en Cuba, los factores que inciden en su desenvolvimiento y algunas propuestas para que cumpla su tarea de informar a pueblo cubano.

Como el texto original es muy amplio y como este es mi espacio solo les propongo un resumen (también amplio, pues me es difícil editarlo, las ideas planteadas son coherentes con las mías sobre el tema). En dicho dossier participaron: el politólogo Esteban Morales, el Premio Nacional de Periodismo Luis Sexto, el investigador Jorge Gómez Barata, el periodista Justo Planas, el sociólogo Aurelio Alonso y el periodista y corresponsal de la BBC en Cuba, Fernando Ravsberg.

Para todo el que desee conocer y estudiar la prensa de la isla este debe ser un referente importante, así que los invito a tomarse un tiempo y leer el texto, y desde su posición dar su comentario para hacer más completo el post.

1-¿Qué elementos caracterizan a la prensa cubana? ¿Sobre qué criterios se sostienen estas características que usted ha descrito?

Esteban Morales: Mucho se ha escrito y dicho sobre la prensa cubana y hay coincidencia en que no refleja, o lo hace de manera insuficiente, los problemas y las preocupaciones de la población, y en que sus enfoques son generalmente apologéticos, acríticos o insuficientemente críticos. Cuando critica, lo hace de manera evidentemente selectiva, dejando muchas cosas al margen, sin profundizar en las causas. Generalmente no aparecen en ella los verdaderos responsables de lo criticado, circunscribiéndose a aquellos funcionarios de menor rango.

No se presenta la realidad en todo su carácter contradictorio. Se dicen muchas verdades a medias y se deja de informar sobre asuntos que interesan a los lectores y que de algún modo estos se enteran. Tiene muy poco o casi nada que ver con lo que el ciudadano común comenta diariamente. Porque no es de nuestra prensa de donde lo obtiene. Se oculta, elude o desperdicia mucha información y se excluye la inmediatez. La prensa cubana apenas intercambia con la sociedad, supuestamente le informa, pero sin escuchar el rebote de la información, y si ese rebote es crítico, mucho menos. Lo anterior es resultado de que los periodistas, obligados corrientemente a quedar bien con los que dirigen los medios, edulcoran demasiado la realidad interna, buscando dentro de ella solo lo positivo y lo que supuestamente no hiera la sensibilidad de quienes los dirigen. Tal parece que más que informar al público, su interés mayor es agradar a aquellos que se afanan por presentar solo el rostro positivo del país.

 

 

La información internacional es incompleta y bastante parcializada. No se tratan los problemas existentes en aquellos países cuyos gobiernos son amigos de Cuba y solo se informan, y en ocasiones, se destacan y reiteran hasta el cansancio, los problemas existentes en los países cuyos gobiernos no lo son. En ese sentido, la prensa actúa casi solo como expresión de la posición y opiniones del gobierno y no como un medio para informar objetiva y críticamente sobre la realidad de fondo de los acontecimientos internacionales que nos afectan.

Si nos fijamos en las noticias internacionales de los noticieros televisivos, veremos que estos mantienen un esquema, que es el mismo todos los días y nada tiene que ver con el potencial noticioso que es posible extraer vía Internet de los medios informativos internacionales.

Lamentablemente nuestra prensa se sostiene sobre la base del monopolio de la información y la impunidad que esa situación le confiere. No se siente en la obligación de responder ante la opinión pública por sus deficiencias y por las críticas y reclamos que se le formulan.

Luis Sexto: Durante los años 60, 70, 80 y hasta principios de los 90, los periódicos y revistas fueron más abiertos, menos fiscalizados y sobre todo gobernaron su libertad hasta para decidir la publicación de textos conflictivos o cómo adecuar periodísticamente hasta una nota oficial. Recuerdo que, si hoy parece una hazaña publicar en la web algo contra la corrupción interna, Bohemia, por libre iniciativa, alertó de ese mal en 1990 en un artículo de opinión bajo el título de ¨Vivir como todos¨.

Hoy, en cambio, los medios impresos, incluso las secciones informativas de la radio y la televisión, son objeto de un mayor control por parte de lo que llamamos el aparato oficial. ¿A causa de actitudes y capacidades humanas, o por razones estructurales, o por imperativos de las circunstancias? Me parece que esas causas se convierten en concausas: todas intervienen. No podemos desconocer el papel de la falsa conciencia con que desde hace más de 20 años se juzga a la prensa. Todavía pesa en la ideología dominante la última etapa de Novedades de Moscú y la revista Sputnik, cuyos contenidos y lenguaje crítico estaban influidos por la Perestroika y la Glasnost. Por ello, pende como una amenaza el criterio de que la prensa soviética, sin control, colaboró en la caída de aquel socialismo que, a pesar de sus aciertos, según sabemos, tenía muy poco que ver con Marx y Lenin.

Hemos de tener en cuenta también que las fuentes de noticias permanecen cerradas, o casi renuentes a tolerar la presencia de periodistas. Posiblemente, ministerios y empresas no hayan recibido, para ello, una recomendación u orden explícita del Partido. Pero ministros y directores tienen poder en sus respectivos organismos, y pienso que el temor de estas estructuras a la prensa no sea político, sino pragmático: la prensa descubre, la prensa denuncia y hace públicos errores y erratas. Por ello, en algún momento de los últimos 15 o 20 años, la prensa, para entrar en ciertas fábricas o instituciones, ha tenido que contar con autorización, hasta del ministro. Incluso, algunos de cuantos hoy critican acérrimamente a la prensa, cuando ocuparon funciones oficiales dijeron lo mismo: ¨Eso no se puede publicar¨.

Sin embargo, tengo la certeza de que la prensa recibirá el espacio que le corresponde. No parece coherente haber aprobado resoluciones que apoyen políticamente el ejercicio de la crítica y el acceso de la información y que existan luego limitaciones impuestas desde los organismos políticos, además de los estatales. También influye el cambio generacional en la calidad de la prensa. Dicho un tanto sintéticamente, en un periódico han de coincidir tres generaciones: la que está a punto de terminar su vida profesional, la madura y la que comienza a ejercer el periodismo.

Jorge Gómez Barata: Como en cualquier lugar, la prensa en Cuba es parte de la estructura social, del sistema político y del contexto cultural. Por tanto, las evaluaciones deben remitirse a esos escenarios que en nuestro país se caracterizan por el control estatal centralizado, la dirección vertical y la homogeneidad ideológica; todo ello en una coyuntura de cambios y en el contexto de una plaza sitiada, cosa que no es una metáfora sino una realidad dramáticamente vigente.

La prensa en Cuba no es plural ni abierta porque así no es la sociedad en que existe, la cual establece idénticos cánones para todas las instituciones sociales. La diferencia radica en que, dado su significación para la conducción de la sociedad, en la prensa se procede con menos flexibilidad y tolerancia que en otras aéreas de la cultura, el cine o el sector académico. No debe obviarse el detalle de que la prensa revolucionaria cubana no fue siempre como es ahora. Los diarios Revolución, Noticias de Hoy, El Mundo, la revista Bohemia, así como los espacios informativos de la radio y la televisión, incluso el periódico Granma en su primera época, desempeñaron brillantemente su papel y acompañaron eficazmente los cambios que se realizaban. Todo cambió cuando se adoptó la experiencia soviética y se importó no solo su modelo económico, sino también la superestructura política, los criterios institucionales y las prácticas ideológicas vigentes allí. Aquel trasvase no dio lugar a una mutación progresiva, sino a un proceso anómalo mediante el cual se importaron diseños fallidos y malas prácticas. Así apareció en Cuba la prensa oficial, rectorada centralmente, que a la larga no fue un avance sino todo lo contrario.

Por razones conocidas, y en algunos casos explicables, asociadas a la necesidad de resistir para sobrevivir, la rectificación de aquellas situaciones se aplazó y luego se congeló. La prensa cubana quedó como detenida en el tiempo. En clave política es como si para ella los últimos 20 años no hubieran transcurrido.

El error de nuestra generación no fue aplicar una experiencia que creímos positiva, ni seguir un camino para la construcción del socialismo que estimamos exitoso, sino ignorar las evidencias de que habíamos errado al copiar del modo como se hizo. La culpa es mayor porque en los años 80, antes incluso de que se iniciara la Perestroika y la Glasnost, Fidel Castro se percató del error, particularmente con respecto al modelo económico, por lo cual convocó a la Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. Inexplicablemente, las reflexiones de entonces no fueron acompañadas de análisis sobre otras esferas. Treinta años después de los llamados a la rectificación, y 20 del fin de la Unión Soviética, todavía la prensa cubana se gestiona con criterios que eran discutibles ya en la época de los bolcheviques. El exceso de control y el celo ideológico no han hecho mejor a la prensa cubana.

Justo Planas: Primero creo que es bueno aclarar que considero prensa cubana a toda aquella que realizan cubanos sobre Cuba o con la mira puesta en Cuba para lectores cubanos. No pienso que se limite a la prensa que se publica en la Isla, pues fuera de ella también existe una diáspora que necesita consumir informaciones y comentarios que se ajusten no solo a sus necesidades, sino a sus perspectivas; y hay medios que se proponen cumplir estos objetivos. Ignorarlo sería caer en las muy oportunas exclusiones que, tanto en la Isla como fuera de ella, realizan los medios de prensa cubanos, cada uno de ellos generalmente dispuestos a reconocer solo la parcela de realidad y pensamientos que mejor se les aviene, si bien permanecen muy atentos a lo que dice el Otro. La falta de pluralidad, la escasez de un diapasón de criterios y enfoques al interior de cada medio de prensa cubano no se restringe a la esfera política, sino que se extiende al periodismo deportivo, cultural, de salud no solo es una cuestión de contenido, tiene también una base formal.

En su libro Géneros de opinión, decía el fallecido decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Julio García Luis, que se debía luchar en dos sentidos: de un lado frente a la superficialidad y el liberalismo, muchas veces asociados a la ignorancia y a la falta de criterios sólidos; y del otro, frente al esquematismo, la machaconería y la repetición aburrida de citas, consignas y clisés, que tampoco prestan ningún servicio a la prensa o a la Revolución. En la mayoría de los casos, basta con argumentos sólidos para convencer al lector, no hace falta gritar. Ese periodismo exaltado, poco reflexivo, ha hecho estragos fuera y dentro de la Isla; se enfrenta al criterio ajeno como si de una guerra se tratara (oficialmente se cree que así es en efecto), e impide ver lo que tiene de sensato el discurso del contendiente. Se resume en lo siguiente: la prensa cubana no cree que existen múltiples verdades, cree en una sola Verdad.

Otra característica es que las intenciones de cualquier trabajo periodístico cubano son políticas, no importa que se escriba una crítica de ballet o una crónica sobre el día de los enamorados. Resulta difícil hacerle comprender a los colegas cubanos que debe existir también un periodismo lúdicro, de ocio. Un artículo de esos que aparecen en yahoo.es sobre el vestido que usó Shakira en su último concierto tiene ¡muy al fondo! un discurso político; sin embargo, en nuestros textos son los otros temas los que sirven de respaldo.

La prensa cubana de la Isla, afortunadamente, ha expurgado el sensacionalismo que tanto daño hace en otras naciones, si bien suele ser demasiado estricta con todo lo que le huela a banalidad. Nuestros periódicos (no tanto la radio y la televisión) realizan un uso encomiable del español, si se le compara los de otros países caribeños y latinoamericanos; pero, ojo, los periodistas cubanos no toleramos otro registro que no sea el formal, nos cuesta ser coloquiales y jamás escribiríamos una mala palabra como hacen los diarios españoles en ciertas columnas, sin cargo alguno de conciencia.

Con decir que el periodismo cubano pertenece a la tercera edad y va dirigido a la senectud, creo que lo digo todo. Porque su manera de acercarse al público, sus intereses noticiosos y su uso del idioma no se ajusta a nuestros tiempos, al ciudadano de hoy. Para comprobarlo, basta con ver las colas que se hacen en los estanquillos cada mañana, basta con fijarnos en los más fieles consumidores de noticieros de radio y televisión. La prensa está hecha a la medida de ese público.

Aurelio Alonso: Un tema que merece valoraciones críticas, las cuales tampoco han faltado. Pero cuando el dedo es puesto en la llaga, la censura hace su aparición. Hacia 1994 participé en el jurado de la segunda edición de la colección Los Pinos Nuevos y entre los títulos escogidos figuraba la versión resumida de un trabajo de diploma de una recién graduada en periodismo, bien argumentado, con testimonios críticos, un libro polémico, el cual, tras algunas discusiones, llegó a imprimirse con toda la selección que propusimos, para ser después hecho pulpa.

Es un ejemplo que me tocó vivir de manera directa. En todo caso, creo que dos elementos caracterizan una tendencia generalizada al hacerse juicios sobre el tema de la prensa en Cuba: uno es que extremar el inventario de errores y defectos es muy fácil porque las deficiencias de nuestra prensa son evidentes y recurrentes; el otro es que la cuenta de los problemas de la prensa se le suele pasar completa a los periodistas.

Los patrones informativos esperados del periodismo de la nueva sociedad, tenían que corresponderse con un cambio de valores. Pero en el plano informativo, el peso de la orientación y las restricciones impuestas desde las instancias de decisión política anula, en la práctica, todas las virtudes que querríamos ver extendidas en nuestra prensa: frescura de pensamiento, agilidad y claridad informativa, espontaneidad, carácter polémico, cuestionamiento crítico y, hasta por carambola, la veracidad, proclamada como consigna principal de una prensa revolucionaria. Porque al final, sin quererlo, podemos faltar también a la verdad tratando de salvar la espalda.

Para resumir, caracterizan a la prensa cubana de hoy la desinformación, la retención temerosa de lo que es noticia; el sometimiento vertical de los diarios (y otras publicaciones periódicas) a un criterio externo, oficial (el de una instancia del Partido, aunque igual daño haría que lo fuera de un ministerio u otra institución política); la falta de confrontación, el rechazo al disenso en la selección de lo publicado, la censura (cuando se dice simplemente eso no puede publicarse) y la autocensura (la deformación profesional de omitir todo lo que se presume que va a ser omitido); el desencanto profesional que me imagino debe sufrir gran parte de los periodistas en el ejercicio de realizar su misión de informar con el mayor provecho del público.

2- ¿Existe una política informativa en Cuba? ¿Quién diseña esa política y quién define lo que se publica?

Esteban Morales: Hay claramente una política informativa. El que los dos periódicos nacionales de circulación diaria tengan las mismas noticias, expresadas de casi idéntica forma y que el noticiero estelar de la televisión sea una copia casi exacta de esos periódicos, evidencia, por una parte, que existe esa política informativa y, por otra, la inflexibilidad de ella, que no permite aportes o variaciones a lo que se considera que deba ser informado.

Se repite constantemente por la radio, la televisión y la prensa escrita, un mismo esquema informativo. De modo que si usted ve la Revista de la Mañana en televisión y escucha la primera emisión mañanera de Radio Reloj, prácticamente se puede ahorrar la lectura del periódico. El noticiero televisivo de las ocho de la noche, es una versión resumida del transmitido al mediodía, que resulta ser el menos malo, principalmente por ser el más extenso.

El noticiero del cierre, es apenas una raquítica minuta del Noticiero Estelar de las ocho de la noche, que dura apenas media hora. Solo el periódico Trabajadores, semanalmente, refleja algunas cosas nuevas de interés. Juventud Rebelde es una inaceptable repetición del periódico Granma, sin apenas tratar ampliamente y a fondo los problemas e inquietudes de los jóvenes, a quienes supuestamente está dirigido.

No son los periodistas, ni siquiera la dirección de los distintos medios, los que trazan esa política y deciden lo que debe ser dicho y cómo debe decirse, los que debaten la estrategia ni deciden lo que se publica. Los periodistas no pueden influir en nada en su estrategia, ni siquiera a veces atreverse a dar sus opiniones. Solo obedecer. Y eso no lo digo yo, lo han dicho periodistas de los propios medios. La política informativa la traza un aparato político administrativo, que censura o permite qué se puede y qué no se puede publicar. Esa superestructura político-ideológica de mando, se comporta como rectora de la información y la orienta y dirige. Eso provoca que la prensa tenga la desventaja de carecer de voz propia y oído crítico, lo cual le impide desempeñar el papel que le corresponde.

Recientemente una gran parte del país, incluyendo La Habana, estuvo a oscuras y tuvimos que esperar varias horas para enterarnos de lo que estaba sucediendo. Eso ocurre porque, aunque estén lloviendo raíles de punta, nadie puede tomarse la iniciativa de informar si previamente no recibe la orden desde arriba. La programación deportiva está también sujeta a la misma política. No hace mucho, en una transmisión de los juegos de pelota del equipo de Cuba en México, cuando los narradores mexicanos comenzaron a hablar de los jugadores cubanos con éxito en las Grandes Ligas y se refirieron al Duque Hernández, se cortó la transmisión de la voz y el narrador cubano informó que había problemas de audio, y siguió él describiendo el juego.

Esto fue interpretado por los oyentes, como un acto deliberado para impedir que se siguiera hablando del tema. ¿Por qué la gente no podía saber qué pasaba con el Duque Hernández? ¿Por qué se transmiten los partidos de fútbol internacional y no se puede ver el béisbol de las Grandes Ligas, como desearían muchos cubanos, cualesquiera que sea su posición política?

Se trata de una prensa que más de 40 años después de haber asumido un esquema informativo, no lo ha abandonado, y se ha quedado desactualizada y a gran distancia de lo que el público de hoy, más instruido y culto, necesitaría recibir. Este esquema parte de dos premisas; una de que aquellos a los que va dirigida la información, son poco menos que ignorantes, no tienen capacidad de discernimiento y análisis y deben ser orientados. La otra, de que no tienen otra vía para informarse y solo conocerán lo que nuestra prensa le suministre, con los análisis que incluya. Ambas premisas son erróneas. La población cubana actual es mucho más instruida y culta que la de los años 60 y tiene suficiente cultura y perspicacia política para analizar la información que recibe.

No es posible pretender que el ciudadano vea, escuche o lea, solo aquello que está dentro de un esquema nacional de comprensión del mundo y de nuestra realidad, que no se sabe qué genio la formula. De manera directa o indirecta tiene acceso a otras fuentes de información, que en los años 60 no tenía, gracias a la computación, a los turistas que visitan nuestro país, a las relaciones con los familiares en el extranjero y a los viajes que hacen a otros países.

Luis Sexto: No creo que exista hoy, en la práctica, una política informativa. Al menos no existe como reguladora consecuente (.) Esos propósitos, evidentemente, integran una política. Habría, por tanto, que desterrar también las trabas que aún impiden aplicarla. Diría, incluso, que un artículo o un reportaje críticos no dañan al país; que un amplio universo informativo no lo daña. En cambio, lo perjudica la falta del artículo crítico o de la información. De ese déficit se aprovechan también cuantos satanizan al gobierno cubano.

La política informativa se ha decidido comúnmente en los congresos del Partido Comunista. Ahora bien, como hemos visto, la política se desvía, y donde se ha de abrir se cierra. Imaginar, sin embargo, que todos los días un funcionario del Partido visita a los medios para decir qué se publica y qué no puede publicarse resultaría un tanto simplista. Quizás, por ciertas evidencias, en algunos medios provinciales se actúe así, tan descarnadamente.

Los medios tienen un espacio para decidir sobre su forma y su contenido. Sería injusto afirmar que, actualmente, todo se consulta y que para todo se pide permiso. Se consulta, en efecto. Pero descontando asuntos estratégicos, existentes en cualquier país, el consejo editorial de un medio, al menos en los nacionales, decide qué y cómo se pública o se difunde, aunque la brecha se abre o se cierra dependiendo de qué se clasifique, políticamente, como estratégico.

En esa percepción, exacta o desmesurada, operan también las actitudes y las capacidades humanas. Como es evidente, no aprovechamos hoy, internamente, el espacio que nos dejan las regulaciones exógenas, más rígidas que nunca antes en las presentes circunstancias. Nadie ha prohibido el título sugerente, ni el lead interesante, ni el reportaje formalmente revelador, o el artículo que roce la realidad más profunda, aunque sea sugiriéndola.

Jorge Gómez Barata: No obstante la existencia o no de una política informativa me parece francamente irrelevante. Las políticas tienen derecho a existir; lo importante es que sean correctas, viables y permitan un desempeño eficiente del área que se trate. No se cuestiona hoy la política cultural, ni la que rige las relaciones con la religión, la Iglesia y los creyentes porque son básicamente correctas, inclusivas, permisivas y aperturistas.

En realidad lo que importa es que las políticas sean eficaces, coherentes y compatibles con las exigencias generales de una profesión cuyo desempeño requiere de márgenes de libertad. Es también importante que los operadores a cargo de la ejecución de las políticas dispongan de la calificación necesaria, no sólo para controlar que se cumplan las reglas sino para diseñar reglas apropiadas. Tal vez si hubiera una política informativa consensuada con periodistas y directivos, todo marcharía mejor.

Justo Planas: Claro. Es una política diseñada, al final de una larga cadena, por el gobierno de Cuba. Primero, los jefes de redacción son cuadros del Partido Comunista de Cuba (PCC); segundo, los directores de medios de prensa algunos de ellos ni siquiera periodistas o con una idea muy pobre de lo que es el periodismo reciben la asignación directamente del Comité Central; tercero, los medios de prensa están asociados a una institución rectora, generalmente política: Juventud Rebelde a la UJC, Trabajadores a la CTC. Con esta estructura, es difícil que un texto escape de las intenciones informativas oficiales de moda, aunque para mayor seguridad, antes de llegar a las manos de los lectores, cada trabajo al menos de la prensa escrita sigue una lista de ojos expertos en encontrar frases descarriadas o intenciones dobles. Los periodistas de a pie, puesto que son pueblo raso como cualquier lector, conocen al dedillo las aristas polémicas de la situación nacional, están generalmente muy al tanto de lo novedoso (o peligroso) que está sucediendo en las áreas que atienden; y negocian con sus jefes como pueden (aunque ganan uno de los salarios más bajos de los profesionales cubanos) la publicación de los textos malditos, que suelen ser los que más trabajo dan y muchas veces nadie les pide (porque no conviene) que los hagan. Por eso siempre me resulta chocante que ciertos políticos muy al tanto de la estructura mediática nacional, se refieran (demagógicamente) a las incapacidades de los periodistas cubanos, cuando en realidad se trata de incapacitaciones.

Aurelio Alonso: Por supuesto que existe; no solo una política informativa sino una bastante objetable por la excesiva regulación informativa desde el aparato ideológico del Partido sobre los órganos de prensa y el ejercicio del periodismo. Y aclaro que no es que piense que el Partido no tenga por qué involucrarse en el fenómeno mediático, sino que estoy convencido de que no es así que tiene que hacerlo. Yo diría que la política informativa cubana se basa en la interpretación más estrecha e impropia de la proverbial formulación de 1961: Dentro de la Revolución todo. Contra la Revolución nada. Aquella reflexión en la cual Fidel Castro redujo a su exacta expresión el sentido del término prohibitivo nada, precisando ningún derecho a destruir el sistema, con la amplitud que ofrecía afirmar dentro en lugar de limitar, al desechar el con, la legitimación de libertades a niveles estrictos de compromiso ideológico

La política informativa en vigor, sin embargo, parece haber estado dominada por otra lectura: una que busca el contra en cualquier disenso. Hasta tal punto que para que se produzca un signo de audacia periodística ha habido que esperar a que sea inducido, o incluso orientado, por las instancias de dirección política, normalmente por las más altas, o al menos que haya señales. La responsabilidad se convierte en la relación entre quién debe consultar y quién puede autorizar. La lista de los consultantes sería, por supuesto, la de los periodistas; y la de los que autorizan, un número reducido de escalones de la nomenclatura partidaria.

Los periodistas tienen muy poco espacio para decidir por sí mismos (los órganos para los cuales trabajan también), y en ocasiones se ven sometidos a un adocenamiento creativo impuesto por la imposibilidad de ejercer su oficio con la autonomía, la imaginación, la audacia y el sentido crítico indispensables. Por tal motivo, repito que considero superficial limitarse a definir el problema como deficiencia del ejercicio profesional, sin decir tampoco con ello que no haya periodismo malo. Y lo triste radica también en que, como contrasentido, la mediocridad puede ser evaluada por encima de la excelencia, en tanto se prioriza un rasero de obediencia.

3- ¿Qué propósitos proclaman quienes defienden ese estado de cosas?

Esteban Morales: No son muchos los que escriben ripostando las críticas que se hacen a la prensa cubana, pero los que lo hacen, proclaman defender a la Revolución del daño que haría el que se divulgaran informaciones críticas sobre nuestra realidad. Parten de que el bloqueo y la enemistad del gobierno de Estados Unidos y los grupos de cubanos de Miami que desean y actúan con el interés de derrocar al gobierno revolucionario, son suficientes argumentos para no divulgar nuestros problemas.

Pero esa política no puede justificarse con el bloqueo, con la histórica agresividad de la política norteamericana, ni con la pobreza que debemos estoicamente combatir y soportar. Porque eso es tener lástima de nosotros mismos. Justificaciones como esas, lejos de contribuir a solucionar los problemas, los agravan y ponen en manos de las personas menos adecuadas, y en ocasiones mal intencionados, la exposición y análisis de ellos.

Luis Sexto: Sin generalizar, ni exagerar, advierto que algunos funcionarios gustan del secretismo, del misterio. Esa actitud de actuar bajo un riguroso hermetismo es una construcción ideológica cuyo generador fue, en un principio, la guerra que los Estados Unidos libran contra la revolución y el socialismo. Por mucho tiempo el país ha necesitado guardar secretos. Y se comprende esa medida cautelar.

Pero si el secreto es una acción o reacción justificada ante la agresión, el secretismo es una manifestación de patología social. Esta última reacción integra la llamada vieja mentalidad. Pero aclaremos: aun en los mejores momentos de nuestra prensa, hubo criterios opuestos a darle excesiva libertad. Convengamos en que la prensa, tanto como la crítica, según Alfonso Reyes, es una insolencia de segundo grado. ¿Quién que haya sido periodista antes de 1990 no encontró una puerta cerrada, o una mirada hostil proveniente de una u otra persona?

Pero ello hoy podría considerarse normal si el profesional de la información pudiera tener alternativas. Antes de esa fecha las había. Valga un ejemplo personal. En 1994 o 1995, el ministro de Agricultura me negó una entrevista sobre las Cooperativas de Producción Agropecuaria (UBPC). No obstante, pude buscar otras fuentes, incluso no oficiales, para lo cual invertí más tiempo, pero conseguí la información de modo que el artículo apareció en Bohemia con el título de Ser o no ser autónomas, esa es la cuestión. Fue el primer texto publicado en la prensa que alertó sobre la burla burocrática de la autonomía en las UBPC.

Recientemente, el Ministerio de la Agricultura ratificó e instrumentó la aplicación de la autonomía, establecida también en la antigua ley, para estas cooperativas sobre tierras estatales. ¿Tardíamente? No sé; ese adverbio temporal puede ser engañoso. A mí me alegra más la rectificación que pasar cuenta al error ya superado. Creo, por otra parte, que al no parecerse al país en lo que informa u opina, la prensa pierde credibilidad, y con esta pierde capacidad para secundar las políticas sociales y económicas. Con una prensa restringida en su alcance editorial, las alfombras también podrían esconder acciones muy negativas. Para evitar la corrupción no bastan la Contraloría General y el control administrativo.

Jorge Gómez Barata: No se trata de ellos y de nosotros. No creo que dentro de la Revolución haya unos que defienden un estado de cosas y otros que se oponen. La cohesión todavía existe. El problema es más global y alude al proceso en su conjunto, a las estructuras sociales que están urgidas de una rectificación total. Nadie en su sano juicio puede creer que las instituciones cubanas son perfectas y no necesitan ser actualizadas. Lo que ocurre es que, en la definición de las prioridades, se ha preferido avanzar primero en la economía y luego en lo demás. El problema es que esa definición de las prioridades sea atinada.

Justo Planas: Imagino que los otros hayan respondido muy claramente esta verdad a gritos, por eso quisiera referirme al despropósito que esto implica, como todos conocen, la oficialidad de cualquier medio de prensa cubano, su vínculo institucional. No se pueden cuestionar ni discutir ciertos temas con el nivel de seriedad que exigen porque al instante la prensa internacional deduce de lo dicho una postura oficial. Por mucho que para el gobierno no implique conflicto alguno, y que le sea incluso de ayuda, la prensa nacional debe hacerse de la vista gorda ante ciertas noticias del mundo o ciertos retos del hoy cubano, para evitar el cotorreo de la prensa no cubana.

Aurelio Alonso: Yo diría que son seres humanos, revolucionarios marxistas, posiblemente sin tacha, que profesan una fe sin muchos matices, la cual responde a una visión equívoca de la responsabilidad política, entendida como facultad discrecional, y que toca principalmente a la prensa, aunque no solo a ella.

Los investidos de la competencia de decidir son considerados protectores de la pureza informativa, provistos de la capacidad de juzgar por encima de los que escriben. La idea de que no todas las cabezas están preparadas para todas las verdades, y que alguien tiene que dosificarlas es muy vieja en la Historia. Pero específicamente ahora se manifiesta como uno de los rasgos heredados de la lectura catequética del pensamiento marxista, a partir de que la revolución proletaria se convierte en fuente teórica del nuevo poder.

Se compensa con el argumento de que no se deben poner a la luz los defectos o los errores de la Revolución para evitar el uso que el enemigo puede hacer de ellos, limitando además a los que tienen que corregirlos con un peligroso espejismo conformista. Stalin hizo, tal vez, la mayor contribución a este modo de concebir las relaciones entre el ejercicio de la política y su relación con la prensa, aunque no conozco que uno sólo de los regímenes proclamados en el pasado siglo como socialistas no haya practicado un control riguroso y a menudo arbitrario de lo que se publica, y aplicado la censura sin vacilación. Mijaíl Gorbachov, presunto introductor de la transparencia informativa en su propuesta de reformas (glasnost), no vaciló en ocultar cuanto pudo a la opinión pública la tragedia de Chernóbil. Llegó a ser tan grave y nocivo el desastre del silencio y el ocultamiento como el del accidente en sí mismo.

 

 

Fuente: La Chiringa de Cuba

 

 

 

Juan de los Muertos y el Goya de la discordia

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Recientemente el filme cubano Juan de los Muertos se alzó con el premio Goya de mejor película iberoamericana del 2012. La noticia ha causado cierta polémica, y de ello le comentamos en el siguiente trabajo del periodista Eric Caraballoso Díaz:
 


Juan de los Muertos y el Goya de la discordia

Confieso que me gustaría verla de nuevo. Una vez o incluso dos, no bastan para calibrar del todo una película. Aún así –o tal vez por ello–, fue una verdadera sorpresa conocer que Juan de los Muertos, la película cubana de zombis dirigida por Alejandro Brugués, obtuvo el premio Goya como mejor película iberoamericana.

Diversas y encontradas reacciones ha generado esta noticia. Mientras unos congratulan a los ganadores y, por extensión, al cine hecho en la isla, otros se preguntan cómo ha sido posible y consideran la decisión de los Goyas como resultado de una soberana miopía en lo que al cine latinoamericano respecta. Y lo más curioso, todas esas reacciones han tenido lugar no fuera de Cuba sino dentro de ella.

Lo sensato, creo, es analizar el hecho con claridad, sin demasiados apasionamientos. Lo primero es que, como no he podido ver a sus contrincantes –la argentina Infancia clandestina, la paraguaya Siete cajas, y la mexicana Después de Lucía– no tengo elementos suficientes para establecer un juicio de valor. Así que puede que sí: que en opinión no mía –que a fin de cuentas sería la de una sola persona–, sino de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Juan de los Muertos haya sido en efecto la mejor película iberoamericana del año.

Lo segundo: ¿por qué muchos opinan, aún contradiciendo el criterio de los académicos españoles –que no por académicos y españoles tienen que estar necesariamente en lo correcto–, que esta película no merece ganar un galardón como el Goya? En ese mar de criterios parece haber de todo.

Están los que la estiman poco profunda, ligera, “menor” para un premio de esta naturaleza. Parece que abundan los que no imaginan que una comedia, de zombis por demás, pueda derrotar a un drama categórico, con explícitas y hasta densas honduras humanas. Pero, ya sabemos, el humor tiene también sus honduras.

Tampoco faltan los que, aun defendiendo la comedia como género, piensan que Juan de los Muertos apuesta por el estereotipo y por el chiste grueso y contextual, y da de lado al humor más “inteligente”. La inteligencia, sin embargo, encuentra muchas maneras de manifestarse, aún más desde la parodia y el estereotipo.

Y están también los que no le perdonan a la cinta su visión cáustica de la Cuba actual, los que opinan que ofrece una imagen distorsionada de la realidad de la isla y se ceba de los problemas existentes para lograr relevancia extra-artística. Pero este criterio, aunque tenga algo de cierto, es al final igualmente extra-artístico, y limita la posibilidad de todo realizador –en este caso Brugués– de mostrar en su obra el prisma de su subjetividad.

Extra-artístico es igualmente el criterio que margina el filme por no haber sido producido mayormente por el ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas) y por demostrar las cotas de pujanza e irreverencia que pueden alcanzar las productoras cubanas independientes. Esa opinión es incluso contraproducente con los aires de democratización audiovisual que –si no impulsados al menos no restringidos por el propio ICAIC– soplan hoy en la isla.

Por mi parte, repito que la noticia me tomó por sorpresa, pero no por ello dejé de celebrar este nuevo triunfo del cine cubano. El Goya es un lauro prestigioso, de los que no se entregan a la ligera, y es, sin dudas, un espaldarazo para todo cineasta y para todo país.

Esta es la cuarta vez que Cuba se alza con el galardón en esta categoría y, aunque pensar en los antecedentes –antes lo consiguieron cintas de indiscutible valor como La Bella del Alambra, Fresa y chocolate y La vida es silbar– no cierra precisamente las puertas a la polémica, tampoco puede olvidarse que cada tiempo, sin desterrar la historia, establece sus propios paradigmas.

Pero por sí o por no, y antes de seguir avivando la discordia, confieso que me gustaría ver de nuevo Juan de los Muertos. Porque, como creo que ya dije, una vez o incluso dos, no bastan para calibrar del todo una película.

 

 

 

Tomado de FaceBookRadio Siboney

 

Ramonet: “En Cuba hay un gran movimiento bloguero” (+ video)

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Clodovaldo Hernández

Ignacio Ramonet. Foto Yessireé Blanco, Ciudad CCS

Ignacio Ramonet. Foto Yessireé Blanco, Ciudad CCS

—¿Cómo percibió usted las noticias sobre la el 4 de febrero de 1992?

—Yo conocía ya al país [Venezuela], venía desde principios de los 80, sabía lo que estaba pasando. Cuando ocurrió la rebelión del 4 de febrero, no me extrañó para nada porque yo había venido después de los acontecimientos de 1989 y había escrito un reportaje. Entendía perfectamente que aquello era consecuencia de la gran crisis que se venía gestando. Algo tenía que ocurrir en un país que había recibido ingresos equivalentes a tres planes Marshall en 20 años y tenía una estructura socioeconómica de tanta desigualdad: 80% de personas en la pobreza y una minoría dándose lujos babilónicos. Vine dos meses después de la rebelión y también escribí varios trabajos. En ninguno de ellos, por cierto, califiqué lo ocurrido como un golpe de Estado porque entendí que no lo fue. Recorrí varios barrios de Caracas y pude comprobar que Hugo Chávez era, de la noche a la mañana, la persona más popular de Venezuela. En esa visita me entrevisté con el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, con el ministro de la Defensa, con varios generales, y salí convencido de que ni habían entendido ni lo que había ocurrido en 1989 ni tampoco lo que les acababa de pasar. Era evidente que estábamos en una República que había llegado al final de un ciclo.

—Entrando en el tema de la comunicación, usted vincula la crisis ética del periodismo con lo que llama “la agonía de los medios tradicionales”. ¿Son dos procesos paralelos o uno es causa el otro?

—Debo decir que no creo que haya habido una edad de oro del periodismo, una época o un lugar en los que se haya hecho todo correctamente, algo ejemplar que luego se haya perdido. No, históricamente, el periodismo, al menos el periodismo dominante, la gran prensa, ha dependido del poder económico y ha tenido que defender sus intereses; y también del poder político o de la interferencia política. En pocos casos hemos tenido la oportunidad de ver un periodismo que se enfrente a esos dos poderes. La excepción han sido los momentos en que, como dicen los mexicanos, “la revolución aún no ha degenerado en gobierno”. ¿Qué ocurre ahora en el mundo? Bueno, por una parte, los periódicos de papel se están extinguiendo y, por otra parte, hay una sobreabundancia de información que hace muy difícil distinguir lo cierto de lo falso.

—Lo que viene surgiendo como alternativa, las redes sociales, lo digital, tampoco ha demostrado ser confiable. ¿Hacia dónde vamos?

—No es que vamos, sino que ya estamos en una etapa de total incertidumbre. Tenemos que aprender a evaluar la fiabilidad de la información en estos tiempos. Facebook tiene menos de 10 años y Twitter, menos de seis. Aún no hemos aprendido a “bien circular” esa información. Los blogs tienen un poco más, pero se están creando 100 mil cada día, 36 millones al año. Tanta oferta de información genera un gran ruido, aunque no es muy diferente a un quiosco donde hay muchos periódicos y revistas.

—La industria cultural mundial y las grandes oligarquías mediáticas siempre han sabido absorber y domesticar los fenómenos contraculturales que surgen. ¿Eso va a pasar con las redes sociales?

—Eso es lo que está pasado, pero no lo vemos. ¿Quién saca el mayor provecho del gran desarrollo de las redes sociales? Las empresas como Facebook, Google o Twitter, que cotizan en la bolsa. Claro, no son los actores tradicionales de la industria cultural, como Time-Warner, Sony, MGM o Disney, pero son nuevos actores.

—Usted ha dicho que si José Martí viviera hoy sería bloguero. Los voceros de la derecha internacional denuncian que en Cuba se persigue a los blogueros. ¿Sería Martí un perseguido?

—Ja, ja, no, claro que no, porque hay blogueros cubanos revolucionarios, como Iroel Sánchez (http://lapupilainsomne.wordpress.com/), que también es Sánchez, pero no tiene nada que ver con la otra (Yoani Sánchez, opositora), y hay un gran movimiento bloguero. La semana próxima* habrá en La Habana un encuentro internacional de blogueros. El Congreso Mundial de Blogueros, que tiene sede en Brasil, es un movimiento progresista. Dije eso de Martí porque él fundó, cuando tenía 16 años, un periódico llamado El Diablo Cojuelo, a pesar de que unos días antes habían suprimido la libertad de imprenta en Cuba. Si un chico así creó un periódico, hoy en día hubiese sido bloguero para atacar al colonialismo y defender las ideas de emancipación, independencia y libertad.

—Según la frase de los mexicanos, en Venezuela la Revolución ya degeneró en gobierno… ¿cómo ve usted el periodismo de los medios gubernamentales o públicos?

—No, no, esa frase no vale para Venezuela porque acá la Revolución no ha terminado, ja, ja. El problema acá y en otros países que están en pleno proceso revolucionario es que esos medios están respondiendo a la permanente provocación de los medios privados. En consecuencia, no se puede hacer un juicio objetivo porque estamos en plena guerra mediática. Esa guerra no la han iniciado los medios revolucionarios o progresistas, sino los medios privados, de la reacción, golpistas. Por eso, los medios públicos no tienen aún algunas de las características que quisiéramos que tuviesen y que los propios periodistas progresistas quisieran tener, como una mayor distancia con respecto al Gobierno y un más agudo sentimiento crítico acerca de lo que ocurre. Pero en este momento la guerra no ha terminado, estamos en plena batalla. Cuando termine, los juzgaremos… Bueno, no cuando termine, cuando se haya ganado la guerra.

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Como el toro a la muleta

Ignacio Ramonet (Galicia, 1943), director de la publicación mensual francesa Le Monde Diplomatique, es doctor en Semiología e Historia de la cultura, profesor de Teoría de la Comunicación de la Universidad Denis-Diderot, de París y autor de más de 20 libros sobre temas de comunicación, industria cultural y globalización. Además, ha sido y sigue siendo, fundamentalmente, un reportero en ejercicio. Con esas credenciales, juzga uno de los más recientes escándalos mundiales del periodismo: la publicación de la foto de un hombre en un quirófano, por parte del diario El País, de España, periódico que dijo a sus lectores que se trataba del presidente Hugo Chávez.

“Lo que ocurre es que un periódico como El País, que pretende dar información objetiva sobre el mundo entero, cuando se trata Venezuela pierde toda su sangre fría, ataca como un toro a la muleta y basta con presentarle una foto que pueda ser hostil al proceso bolivariano o cualquier dato que ellos piensen que puede perjudicar a la Revolución venezolana, para que se precipiten y la publiquen, perdiendo todo sentido de la precaución”, dice.

Ramonet comenta que los mismos directivos de la redacción del diario madrileño admitieron que no sabían en qué momento fue tomada la foto. Y ese, periodísticamente, era un dato clave. “El presidente Chávez ha sido operado varias veces. Supongamos que esa foto hubiese sido tomada en 2011, durante la primera operación ¿qué importancia tendría ahora mismo?”, reflexiona. (Tomado de Ciudad CCS)

 

*Se refiere II Taller Internacional “Las redes sociales y lo medios alternativos, nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”, efectuado en La Habana del 11 al 13 de febrero de 2013.

 

 

Fuente: La Pupila Insomne

 

 

EE.UU. lanza un sistema para espiar a los internautas y bloquear el pirateo en la web

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Los empresas de telecomunicaciones en los EE.UU. empiezan esta semana a espiar a los usuarios para buscar infractores de los derechos de autor.

EE.UU. lanza un sistema para espiar a los internautas y bloquear el pirateo en la web

Corbis Solis Barki

 

Copyright Alert System, conocido como el sistema de ‘seis advertencias‘ (‘six strikes’), criticado por los activistas para la libertad en internet y cuyo lanzamiento estaba previsto para finales del año pasado pero fue aplazado, ha entrado en la fase de cumplimiento.

Desde esta semana los principales proveedores estadounidenses -AT&T, Cablevision Systems, Comcast, Time Warner Cable y Verizon- identificarán las IP de los clientes sospechosos de transferencia ilegal de archivos y les advertirán sobre las inconveniencias de sus actos. Las primeras alertas serán meras advertencias, las siguientes dos obligarán al usuario a confirmar que recibió las alertas anteriores y entiende que comete actos ilegales, y con la quinta y la sexta irán aparejadas sanciones: los proveedores van a bajar la velocidad de conexión o redirigir el tráfico del cliente.

Los usuarios que quieran denunciar que no son culpables podrán apelar pagando 35 dólares. El dinero se les devolverá en caso de que se confirme su inocencia.

Los oficiales detrás del programa admiten que hay más probabilidad de que la medida influya en los que se descargan contenidos en alguna ocasión más que en los infractores ‘crónicos’. Jill Lesser, director ejecutivo del Centro de Información sobre Derechos de Autor (CCI, por sus siglas en inglés) que está detrás del programa, escribió en su blog que el programa “tiene como objetivo educar, no castigar, y dirigir a los usuarios a las alternativas legales”.

Fuente: RT Actualidad