Los jubilados cubanos, los grandes perdedores

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Por: Fernando Ravsberg / febrero 22, 2013

Foto: Raquel Pérez

La crisis económica de los años 90 llevó a gran parte de la población cubana a la pobreza pero las reformas posteriores han permitido que diferentes sectores de la población mejoren su nivel de vida, por las más variadas vías y mecanismos.

Sin embargo, uno de los grupos que no ha logrado recuperarse de la crisis es el de los jubilados, cuyos retiros de U$D 15 mensuales no les permiten llegar a fin de mes. Por eso las calles de Cuba se han poblado de ancianos tratando de ganarse la vida.

Muy temprano en la mañana los kioscos se llenan de abuelos comprando periódicos para revender, mientras a la misma hora otros empiezan a asar el maní que ofrecerán en los semáforos y algunos se preparan para pasar el día cuidando automóviles.

La reducción de las subvenciones y el constante aumento de precios los obliga a seguir buscando el pan después de haberse jubilado. Cualquier cosa sirve, desde vender encendedores en la calle hasta recolectar latas vacías de cerveza y cartones.

Al que madruga…

Foto: Raquel Pérez

A Alcides Pérez de 76 años se le encuentra cada día, entre las 4 y 5 de la mañana en el poligráfico recogiendo periódicos y revistas para revender en la ciudad. “Yo soy jubilado y vendo periódicos porque la pensión es muy bajita”, nos dice sonriente.

Antes de jubilarse trabajaba como Jefe de Vigilancia del Ministerio de la Construcción. Nos explica que “el gobierno me da una cuota de periódicos y eso me sirve para ganar algo pero es poco” y agrega que está en la calle hasta que los vende todos, “uno se cansa pero hay que trabajar”.

Foto: Raquel Pérez

Apenas dejamos a Alcides en la puerta del Hotel Inglaterra, nos topamos con una señora que va revisando las papeleras del Boulevard San Rafael. “Yo recojo materia prima para Comunales”, nos explica Dagmaris González de 70 años.

Busca latas de refresco y de cerveza para vendérsela al Estado. “Con un saco lleno de latas aplastadas se gana 60 o 80 pesos (unos U$D 3) y se puede recoger en un día. No me siento muy bien pero gano $ 242 (U$D 10) de jubilación y eso no alcanza”.

La ayuda que no llega

Foto: Raquel Pérez

A pocos metros de Dagmaris, en un escalón de la puerta lateral del Gran Teatro de La Habana se sienta Luisa Bolaños vendiendo encendedores, “yo gano de retiro $200 pero me queda en $ 141 (menos de U$D 6) porque me descuentan por el refrigerador”.

“Tengo 68 años y debo mantener a mi madre de 98 años”, nos explica Luisa y agrega que “estoy pidiendo a Bienestar Social ayuda pero hace ya un año que la solicité y aún no he tenido respuesta. Dicen que hay que esperar a que investiguen”.

Foto: Raquel Pérez

Paro el automóvil a pocas cuadras, en el semáforo de Paseo del Prado y Malecón y otro anciano, José Romero, se acerca a mi ventanilla para ofrecerme maní.  “Yo vendo maní por necesidad sino no lo hiciera, es que la jubilación no alcanza”, me dice.

Antiguamente era administrador de una bodega (tienda de alimentos) y ahora empieza su jornada “a las 5 de la mañana, cuando comienzo a tostar el maní y sobre las 8 vengo para aquí, solo trabajo 3 o 4 horas para ganar lo diario, unos $50 (U$D 2).

El descanso

Foto: Raquel Pérez

De regreso a casa paso por el supermercado y me quedo conversando con Félix Batista, un señor de 76 años que cuida los automóviles, una actividad a la que se dedican bastantes jubilados. Durante su vida laboral fue jefe de inversiones de la industria deportiva de Cuba.

“Yo empecé aquí porque estoy retirado y la moneda no me daba. La gente da lo que quiera, $0.50 o $1, al mes saco unos $400 (U$D 17), con eso tengo un estándar de vida normal”, nos dice y asegura estar “agradecido de la revolución porque tengo otro trabajo más”.

En medio de esta situación, entre los ancianos la revolución sigue teniendo gran apoyo a pesar de que muchos viven en la pobreza. La mayoría de ellos conocieron el sistema anterior a 1959 y lo sufrieron porque pertenecían a los sectores más desfavorecidos.

 

Eran los más pobres, los que se beneficiaron de la reforma agraria, recibieron la propiedad de la casa que alquilaban y mandaron sus hijos a la universidad pero seguramente nunca se imaginaron que al final del camino no tendrían derecho al descanso.

 

 

(Tomado de Cartas desde Cuba)

 

 

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