José Martí: La Edad de Oro

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Hoy en día, bueno antes del Internet, encontramos la obra infantil de Martí, La Edad de Oro, en las librerías y bibliotecas en forma de un libro. En realidad fue una revista mensual que Martí publicó para los niños, “y para las niñas, por supuesto”. Durante su larga estancia en Nueva York y en el proceso de preparar una revolución para liberar a Cuba de los abusos que cometía allí el Imperio Español, Martí nunca no se olvidó de “la esperanza del mundo”. Con un esfuerzo sobrenatural logró publicar esta obra para la posteridad de América.

Por razones que no han de ser difíciles de imaginar en un hombre con tantas responsabilidades, Martí eventualmente tuvo que suprimir esta labor. Sólo cuatro números le fueron posibles imprimir. A pesar que todos los que hemos leído esta obra nos hemos maravillado, fue tan perfecta, que no se ha podido continuar.

Índice de las composiciones en La Edad de Oro por su publicación

Primer Número
A los niños que lean “La Edad de Oro”
Tres Héroes
Dos Milagros
Meñique
Cada uno a su oficio
La Ilíada de Homero
Un juego nuevo y otros viejos
Bebé y el señor Don Pomposo
La última página
Segundo Número
La Historia del Hombre contada por sus casas
Los dos príncipes
Nené traviesa
La perla de la mora
Las ruinas indias
Músicos, poetas y pintores
La última página
Tercer Número
La Exposición de París
El camarón encantado
El Padre las Casas
Los zapaticos de rosa
La última página
Cuarto Número
Un paseo por la tierra de los anamitas
Historia de la cuchara y el tenedor
La muñeca negra
Cuentos de elefantes
Los dos ruiseñores
La Galería de las Máquinas
La última página

Índice de las composiciones en La Edad de Oro por su género

Poesías

 

A los niños que lean “La Edad de Oro”

 

Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este
periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Les vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora.

Para eso se publica La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan como se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras; y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa porqué tiene colores la piedra, y que quiere decir cada color; para que el niño conozca los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos antiguos. Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra: y les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra; y les contaremos cuentos de risa y novelas de niños, para cuando hayan estudiado
mucho, o jugado mucho, y quieran descansar. Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.
Cuando un niño quiera saber algo que no este en La Edad de Oro, escríbanos como si nos hubiera conocido siempre, que nosotros le contestaremos. No importa que la carta venga con faltas de ortografía. Lo que importa es que el
niño quiera saber. Y si la carta está bien escrita, la publicaremos en nuestro correo con la firma al pie, para que se sepa que es niño que vale. Los niños saben más de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían. Por eso La Edad de Oro va a tener cada seis meses una competencia, y el niño que le mande el trabajo mejor, que se conozca de veras que es suyo, recibirá un buen premio de libros, y diez ejemplares del número de La Edad de Oro en que se publique su composición, que será sobre cosas de su edad, para que puedan escribirla bien porque para escribir bien una cosa hay que saber de ella mucho. Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros.
Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar, porque las mujeres de la casa
no sepan contarle más que de diversiones y de modas. Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque La Edad de Oro tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan curioseando por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que las leyesen los colibríes si supiesen leer. Y les diremos cómo se hace una hebra de hilo, cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja, cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas
también pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y mandarnos sus composiciones para la competencia cada seis meses. ¡De seguro que van a ganar las niñas!
Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: “¡Este hombre de La Edad de Oro fue mi amigo!”

Cuadro de Edwarol Magum en A los niños que lean La Edad de Oro, por José Martí

 
José Martí

 

 

(Tomado del Blog Damisela)

 

 

 

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