La Joven Cuba: cui prodest

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LJCPor Osmany Sánchez (La JovenCuba)

Es difícil llegar a una conclusión cierta cuando son muchas las personas que opinan sobre un mismo tema, sobre todo si estas personas representan diferentes grupos y tendencias políticas. Ante una situación como esta Lenin aconsejaba preguntarse: ¿A quién beneficia? No podemos dejarnos llevar porquién opina pues en estos tiempos de pérdidas de valores y doble moral eso puede confundir. Lo importante entonces es quién se beneficia con lo que se dice.

Sabias palabras las de Lenin cuando dijo: “En política no importa tanto quién sostiene directamente determinadas ideas. Lo que importa es a quién benefician esas ideas, esas propuestas o medidas”

Si analizamos el cierre de La Joven Cuba siguiendo esta metodología no es difícil percatarse de quienes se benefician y quiénes se perjudican o para decirlo mejor quiénes ganan y quiénes pierden. Otros que aparentemente son neutrales aprovechan esta oportunidad para salir del closet político, pues la “ayuda” brindada trae veneno detrás, pero bueno esa es otra historia

Con el cierre de La Joven Cuba ganaron los que desde el mismo inicio del blog trataron de sabotearlo. Unos lo hicieron de abiertamente, es decir utilizando los métodos típicos de los

troles: ofensas, malas palabras, etc. El otro grupo de saboteadores fue más inteligente pues aprovechó la vigencia del viejo axioma que dice: “Es malo cuando tu enemigo te alaba lo que haces”.

 

Si lamentable es que exista este axioma, es mucho más preocupante que se aplique, a veces sin análisis previo, pero ese sería tema para otro post.

Ganadores son también los que siempre encontraron en nosotros un obstáculo para su labor y también los que afirman que a la Revolución la defienden solo los que reciben esa misión como una tarea y que no hay espacio para la espontaneidad.

Se benefician sin duda ciertos dirigentes que duermen más tranquilos apartando a un grupo de jóvenes que si bien son críticos e inconformes con lo mal hecho, jamás han dejado margen a las dudas sobres sus convicciones revolucionarias. (¿Qué revolucionario no es crítico e inconforme, qué joven no lo es?)

Algunas de estas personas implantaron un récord mundial en menor tiempo para cambiar de opinión. Una semana nos felicitaban por lo bien que lo estábamos haciendo y a la siguiente se daban golpes en el pecho-y en alguna que otra mesa- diciendo que ellos siempre se lo imaginaron…

Sinceramente no me molesta la actuación de estos personajes, es bueno saber lo que piensan de verdad y no seguir creyendo que sean amigos o por lo menos aliados en esta nada fácil lucha por llevar la realidad de Cuba al mundo. Una amiga hace poco nos decía que son las “miserias humanas” las que mueven sus actos. Sin apartar, claro, el oportunismo que no falta en muchos casos.

Los que sí me lastiman de verdad  son los que en algún lugar escucharon esos criterios negativos de nosotros y sin preguntar, sin buscar una segunda opinión, los secundaron o al menos se callaron su opinión. Sobre estos Lenin decía -retomando a Lenin- que “existen ciertos incautos que, por irreflexión o por la fuerza de la costumbre, defienden las ideas predominantes…”.

Aún después de varios meses seguimos esperando que alguien se siente con nosotros y nos explique cuáles fueron nuestros errores, y cuáles las causas que motivaron que no podamos seguir defendiendo a la Revolución desde La Joven Cuba. En poco más de dos años publicamos más de 780 artículos, por lo que hay bastante material de estudio para demostrar nuestras insuficiencias. Tomar uno o dos para demostrar un punto, es cuando menos mala fe.

Pueden convencerme de que estoy equivocado pero no pueden decirme que estoy equivocado sin convencerme. Estas no son palabras mías, esto se lo dijo Fidel en una carta a Nikita Jrushchov hace 50 años.

Ser difamados, utilizados en reuniones como ejemplos negativos, o que amigos se vean afectados por “culpa” nuestra, me afecta como revolucionario, como profesor y como militante del Partido. Solo lo compensa saber que siempre hemos actuado y actuaremos siguiendo lo que pensamos y lo que se necesita en estos tiempos. Hace mucha falta que se cumpla el llamado de Raúl a aceptar todos los criterios, sobre todo con los que no estemos de acuerdo.

Esta es una piedra en el camino, y de alguna forma la superaremos, pero lo que nunca haremos será perder el rumbo. Cada uno de nosotros sabe muy bien de dónde viene y para dónde va. Esto puede ser desde un mal entendido hasta el resultado de una mala comunicación. Esperemos a ver qué sucede.

 

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