Día: junio 11, 2012

Envía Mariela Castro ( @CastroEspinM ) mensaje de amistad tras visita a EE.UU.

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En la misiva, publicada en su blog, la directora del CENESEX reconoció que el afecto de la gente sobrepasó todas sus expectativas, y criticó la «limitada capacidad ética» de ciertos congresistas cubano-americanos que ya no representan a la comunidad cubana en EE.UU.

CubaSí reproduce, íntegramente, el mensaje:

MENSAJE DE AMISTAD

A propósito de mi visita San Francisco y Nueva York

Amigas y amigos:

Durante el gobierno de George W. Bush, obtuve visa para viajar a los Estados Unidos en 2 ocasiones del año 2002: la primera, la recibí tardíamente, por lo que no pude asistir a un congreso de sexología al que había sido invitada; la segunda, me permitió participar  en la Reunión Anual de la  Society for the Scientific Study of Sexuality (SSSS), una de las asociaciones más antiguas del mundo para el estudio de estos temas, fundada en 1957, (que en su reunión de 2009, en Puerto Vallarta, reconoció mi trabajo con el Public Service Award). Desde entonces, mantenemos estrechos vínculos profesionales.

Yo estaba comprometida con la Asociación Mundial de Sexología (WAS) en promocionar su XVI congreso, en marzo de 2003, en La Habana, donde fue recibido un grupo numeroso de participantes provenientes de los EE.UU, una experiencia muy enriquecedora y amistosa.

Hace un año presenté el resumen de mi trabajo y una propuesta de panel para asistir al XXX Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA),  a celebrarse en San Francisco, en mayo de 2012, que regresó a los EE.UU, después de ocho años, pues desde el 2004 se había decidido trasladar la sede por la negativa de visas a las delegaciones académicas cubanas. Algunas personas comentaron que me resultaría difícil obtener la visa, sin embargo no existieron argumentos válidos para negármela.

El viaje estuvo lleno de sorpresas desde que recibí la visa hasta mi regreso a La Habana: cumplí un apretado programa, no pude cubrir todas las invitaciones recibidas de organizaciones no gubernamentales e instituciones estatales, en San Francisco y Nueva York; el afecto de la gente sobrepasó todas mis expectativas. ¿Cómo explicar que se conociera el trabajo del CENESEX y su impacto no solo en Cuba, sino también en los EE.UU.?

Cada abrazo recibido de forma espontánea me ratificaba que hay mucho en común entre nuestros pueblos, más razones para el encuentro que para distanciamientos, y que la separación que nos impone el bloqueo es artificial y mutuamente dañina.

Nunca imaginé que visitaría la calle Castro, en San Francisco, que simboliza las luchas de algunos movimientos sociales progresistas para exigir sus libertades civiles en una sociedad marcadamente clasista y que además me acompañara Cleve Jones, el más cercano colaborador de Harvey Milk.

En Nueva York también tuve el privilegio de conocer a buenos cubanos, amantes de su patria y comprometidos con los derechos de la comunidad LGBT, que forman  parte de una ciudad multicolor, no solo en términos de sexualidades, sino por su cultura y su gente. Conversar con estas personas de diferentes orígenes nacionales y coterráneos, confirmó mi sospecha de que la inmensa mayoría de los cubanos en los Estados Unidos anhela relacionarse con la tierra que les vio nacer, o de sus padres. Pero este deseo, cada vez más intenso e indetenible, no está representado en ciertos congresistas cubano-americanos de limitada capacidad ética.

Una parte de la población es consciente de que la política exterior de hostilidad de los EE.UU. hacia Cuba está determinada por el interés particular de un cada vez más reducido grupo de políticos de origen cubano, que no conoce Cuba ni representa a los casi 1.8 millones de cubanos que viven en ese país, y mucho menos a los más de 300 millones de estadounidenses cuyas libertades civiles son violadas por leyes y enmiendas que han sido promovidas y defendidas por estos grupos.

¿Cómo es posible que el derecho constitucional de los estadounidenses de viajar a Cuba esté condicionado a la agenda personal de este reducido número de políticos inescrupulosos? ¿Cómo es posible que este grupo pueda utilizar fondos millonarios de los contribuyentes estadounidenses, para restringir las libertades civiles?

No logro despedirme de las ciudades de San Francisco y de Nueva York, donde fui recibida con mucho cariño y generosidad. En retribución solo pude invitarlos a nuestra Isla, que no está sola, y al CENESEX.

Tengo mucha información que espero compartir en próximas entradas.

Este ha sido una experiencia con muchas emociones que demuestran la inmensa capacidad de amor y solidaridad que caracteriza a nuestros pueblos.

(Tomado de Miradas Encontradas)

!ETECSA sí le roba a nuestro pueblo, cómplice es quien diga lo contrario!

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El tema en cuestión es una de las cosas sobre las que tanto me duele escribir de mi país, pues desgraciadamente bajo las circunstancias que casi siempre lo hago, no me queda otra que enfilar cañones ante la arbitrariedad y lo mal hecho. Duele más aún cuando la diana de la crítica apunta irremediablemente hacia mi propio gobierno, a ese que a pesar de sus imperfecciones defiendo y reconozco justo en incontables esferas sociales, pero que últimamente ha descuidado el proceder arbitrario de su Empresa de Telecomunicaciones (ETECSA), la misma que a pesar de las incontables críticas populares, continúa extorsionando abiertamente y de disimiles maneras al pueblo cubano.

Pero cuando meses atrás desde esta misma bitácora se acusó a ETECSA de robarle al pueblo a mano armada, algunos amigos se molestaron conmigo por “la manera tan drástica como traté el asunto”, un cuestionamiento que si bien respeto por venir precisamente de gente tan inteligente y comprometida con el futuro de nuestra Cuba, les digo que he de discrepar nuevamente sobre el tema y de paso retomar tan molesta frase, pues para mí, digan lo que digan, lo que le acaba de suceder a la colega y amiga Karina Marrón  no tiene otro calificativo que un robo institucional consentido por las más altas autoridades de nuestro país.

Pero para que vean que no soy yo solo quien se siente así de decepcionado, reflexionando y debatiendo con unos amigos hace apenas una semana sobre la calidad de los servicios de ETECSA en nuestro país, alguien que parecía muy convencida de su teoría me hacía reflexionar sobre la naturaleza de una empresa como ETECSA en Cuba, y estoy por creer que es verdad. Decía mi amiga:

“Carlitos, entiende que ETECSA es una empresa que creó el país para recaudar grandes fondos monetarios, ya sea en divisa o en moneda nacional. No es una empresa hecha para hacer sentir a bien a la gente, ni mucho menos para caerle bien a sus clientes. El hecho de que en Cuba no exista o no se permita otra similar que le haga competencia en calidad y servicios da muestra de la complicidad y conveniencia del gobierno con esta, lo que hace más indignante aún la situación que estamos viviendo. Robar no es solo irrumpir en un espacio y tomar lo que no es tuyo, lo es también extorsionar y monopolizar a nivel nacional un servicio para nada elitista y sí muy necesario por estos tiempos, robar es ofrecer un servicio a precios extremadamente caros sin permitir opciones alternativas, ni quejas ni sugerencias. En el capitalismo criticamos a los monopolios por ser aglutinadores y manipuladores, pero al menos en ese sistema los ciudadanos tienen la alternativa de mirar hacia el lado y compararse con el otro, para así decidir qué es lo que más le conviene a cada cual, y en Cuba; con ETECSA omnipotente-omnipresente mediante, eso resulta imposible.”

No digo más, aquí les dejo el Post original de Karina Marrón que me inspiró a retomar el asunto.

Carlos Alberto Pérez
“La Chiringa de Cuba”

 

El número marcado no puede recibir llamadas

Esta chica no es Karina, pero seguramente su cara si fue la misma al recibir la desagradable noticia

Hace unos días leí un post publicado en La Joven Cuba y me identificaba plenamente con él, pero fuera del atraco del costo de la telefonía celular, que es en realidad tan barata para la compañía en materia tecnológica; no tenía mi anécdota que contar sobre los servicios de Cubacel y ETECSA, que al fin y al cabo son lo mismo. Sin embargo a cada quien le llega su turno y esta vez es el mío. Confieso que esperé para escribirlo, si hubiera lanzado estas líneas en la mañana o ayer en la tarde, tal vez no habría pasado de una rabieta en parte injustificada; ahora, con un poquito más de calma, finalmente creo que puedo escribir sin apasionamientos.

Esta mañana me quedé sin la línea de celular que compré hace 8 meses con mi salario. Se supone que cada mes, consuma o no mi saldo, debo, obligatoriamente, ponerle un mínimo de 5 CUC para mantenerla activa. Si violo ese plazo, tengo un mes más para activarla, de lo contrario la pierdo definitivamente. A mí me sucedió esto último: el 9 de abril alrededor de las 5 pm hice mi recarga y en mayo, ante la otras necesidades más urgentes, decidí dejarla para junio.

Por diferentes razones no pude hacer la recarga hasta el día antes del vencimiento. Cuando me dirigí al Telepunto a las 4: 30 pm el sistema computarizado que usan a estos efectos estaba bloqueado. A esas horas el único lugar para recargar, las oficinas de Cubacel, ya estaban cerradas y mi única opción era comprar una tarjeta de 10 CUC, que no tenía y tampoco nadie que me los prestara.

Le pregunto a la muchacha del Telepunto si no había otra solución para evitar lo que podía pasar si no recargaba, pero ella ni siquiera sabía a quién debía dirigirme para indagar. En la oficina comercial de ETECSA algunas trabajadoras me dijeron que creían que como el sistema estaba interrumpido y esa incidencia se daba a conocer a través del puesto de mando, se les daban a los usuarios esas horas antes de retirarles el servicio; algo que resulta completamente lógico; mas no fue así.

A las 12:01 de la madrugada ya no tenía servicio y en la mañana en las oficinas de Cubacel me dijeron que no había solución. Y claro, tengo la culpa de esperar hasta el final, pero no por eso dejo de hacerme algunas preguntas: ¿Por qué tengo que pagar por la interrupción de un servicio que la compañía debía prestar sin dificultades o si las tiene, debería compensar? ¿Por qué si es posible hacer la recarga de 5 CUC no existen las tarjetas de igual precio? ¿Por qué el plazo para la recarga se vence antes de que realmente se cumpla el mes completo? ¿Por qué las personas que atienden al público en Telepuntos y oficinas comerciales no ofrecen al público toda la información que este necesita? ¿Por qué si me queda saldo en el móvil (no era mi caso) estoy obligada a la recarga? E incluso: ¿si el cambio oficial de la moneda es a 25 pesos la compra y 24 la venta, por qué es obligatorio que tenga que cambiar mi dinero a CUC para pagar ese servicio?

A ETECSA poco le importan mis circunstancias y lo entiendo, porque no es una compañía de beneficencia, es una empresa; sin embargo hay cosas que como empresa funcionan mal y simplemente no se siente en la pérdida de los clientes porque somos clientes cautivos, sin posibilidades de acceder a otros mercados, en este caso de servicios de telecomunicaciones.

El pasado año en Holguín más 13 mil nuevas líneas de celulares fueron activadas, desconozco las cifras de este año, que deben ser superiores a juzgar por la cantidad de personas que siempre hay en las oficinas comerciales y que superan con creces a los que van en busca de servicios en moneda nacional. A los precios que tienen y el costo de llamadas y mensajes, no es poco el dinero que se recauda por esta vía, suficiente como para propiciar cada vez más facilidades a los clientes y evitar problemas que pudieran afectar la imagen de la compañía; eso hacen los negociantes inteligentes.

Claro, lo ideal sería que yo pudiera elegir el servicio que quiero contratar y no que estuviese limitada a uno solo. Sé lo que significa una empresa como esta para un país como el nuestro y las complejidades del sistema socialista en ese contexto, pero la falta de competencia no debería ser sinónimo de excesos, abusos o ineficiencia.

(Tomado de La Chiringa de Cuba)