Exhuman el féretro con los restos de Salvador Allende en Chile (+ Fotos)

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23 MAYO 2011  / EFE y AFP
Salvador AllendeSalvador Allende

El féretro con los restos del presidente chileno Salvador Allende fue exhumado del mausoleo familiar en el Cementerio General de Santiago para iniciar las pericias que determinen las circunstancias de su muerte.

La diligencia estuvo encabezada por el juez de la Corte de Apelaciones de Santiago Mario Carroza y fue realizada por peritos del Servicio Médico Legal (SML) y de la Policía de Investigaciones, ante un equipo de forenses y antropólogos, cinco de ellos extranjeros.

En la exhumación también estuvieron presentes varios familiares de Salvador Allende, entre ellos la senadora socialista Isabel Allende,  hija del mandatario, que falleció en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973, durante el golpe de Estado de Augusto Pinochet.

“Como familia queremos manifestar antes que nada nuestra satisfacción por los avances logrados en este trascendental proceso judicial para establecer la verdad de lo ocurrido el trágico 11 de septiembre de 1973″, declaró Isabel Allende una vez que el ataúd fue extraído del mausoleo.

La parlamentaria socialista reafirmó que su familia tiene “la convicción de que el presidente Salvador Allende (1970-1973) tomó la decisión de morir como un gesto de coherencia política en defensa el mandato que le fue entregado por el pueblo”.

Sin embargo, solicitaron esta exhumación “con la esperanza de que sus resultados permitan despejar cualquier duda” sobre su muerte “y al mismo tiempo sirvan para determinar judicialmente las circunstancias en que esta se produjo así como los crímenes cometidos” en la dictadura.

Tras exhumar el ataúd, éste fue introducido en un vehículo para trasladarlo a dependencias del Servicio Médico Legal, donde se realizarán los peritajes correspondientes, aunque estos no irán acompañados de una nueva autopsia.

La exhumación fue ordenada por el juez, tras recibir en abril un informe del SML que establece “discordancias” entre el informe oficial de la autopsia, ordenada por la dictadura, y un peritaje policial del cuerpo de Allende en el lugar de su muerte.

La investigación se abrió el pasado 26 de enero, cuando la Fiscalía presentó ante el juez Carroza 726 querellas por violaciones de los derechos humanos correspondientes a casos que nunca antes habían sido investigadas por la Justicia, entre ellos el del fallecido mandatario.

Allende murió durante el bombardeo a La Moneda y la versión más difundida, aceptada incluso por su familia, es que el mandatario se mató disparándose en la barbilla con un fusil de asalto AK-47 que le había regalado el líder cubano Fidel Castro.

EL ULTIMO DIA DE SALVADOR ALLENDE

El 11 de septiembre de 1973 una llamada telefónica despertó al presidente Salvador Allende para anunciarle que la Marina se había sublevado. Ese día, marcado a fuego en la historia de Chile, sería el último de su vida y el inicio de la dictadura de Augusto Pinochet.

Allende, un médico de 65 años, partió escoltado por policías al Palacio presidencial de La Moneda, en el centro de Santiago, dispuesto a resistir la ofensiva golpista.

En varios cuarteles del país los tanquistas calentaban desde la medianoche los motores de los blindados, los aviadores asistían al ‘briefing’ de vuelo y los generales confirmaban la subordinación de sus tropas.

El mismo martes del golpe Allende iba a convocar a un plebiscito, en un esfuerzo desesperado para salvar al gobierno de la Unidad Popular, la coalición izquierdista que agonizaba tras 1.000 días en el poder.

Allende había asumido en 1970 la Presidencia -en la cuarta elección en que participaba- y durante su gobierno nacionalizó las minas de cobre, principal riqueza del país, que estaban en manos de compañías estadounidenses.

La nacionalización de minas de carbón, la intervención bancaria y la reforma agraria chocaron con la oposición de la derecha y el gobierno de Estados Unidos, que unieron fuerzas para desestabilizar a su gobierno mediante acciones concertadas, como paralizar el transporte y el comercio, y atentados con explosivos que provocaron apagones y dañaron puentes y oleoductos.

En ese contexto difícil, Allende ingresó a las 07H20 al Palacio de La Moneda de traje y corbata, con un casco y empuñando un fusil.

El presidente organizó la resistencia. “Todo el que sea capaz y tenga condiciones para usar un arma, que la coja y la use”, les dijo, según el recuerdo del médico Oscar Soto, que ese día estaba en La Moneda.

Luego entregó un arma a los colaboradores que quisieron permanecer a su lado. No había más de 40 seguidores para defender el edificio del golpe perpetrado por el Estado Mayor integrado por los comandantes de las tres fuerzas militares (el general Augusto Pinochet, el almirante José Toribio Merino y el general de aviación Gustavo Leigh), además del jefe de la policía, César Mendoza.

A través de edecanes, Pinochet -a quien Allende vio hasta el final como un aliado- conminó al presidente a renunciar.

Allende “escuchaba con tranquilidad las diferentes informaciones que le entregaban y daba órdenes y respuestas que no admitían discusión”, relató dos semanas más tarde en La Habana su hija Beatriz, quien también permaneció en el lugar.

“Tomaba medidas para un combate largo. Se desplazaba continuamente desde un lugar a otro y se informaba de la cantidad de alimentos y agua almacenada”, agregó.

Fue a las 09H15 cuando el Ejército abrió fuego contra La Moneda. Desde una de las ventanas de su despacho, Allende respondió y uno de los disparos destruyó un tanque junto a la puerta principal del Palacio.

Cuando el ataque se intensificó, el mandatario reunió a sus leales y los invitó a abandonar el Palacio.

Le pidió a sus edecanes que llevaran un mensaje a los sublevados, según la versión del periodista Ignacio González.

“Díganles a sus comandantes en jefe que no me voy de aquí ni me entregaré. No voy a salir vivo de aquí aunque bombardeen La Moneda. Me voy a matar. Así”, explicó fríamente.

Y para demostrar su determinación “tomó el fusil, se lo puso entre las piernas y se apuntó a la barbilla”, escribió González.

Mientras los aviones sobrevolaban el palacio, Allende difundió su último mensaje radial al país: “No, no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”.

“Lo vi entero y con una gran claridad. Me abismó comprobar que tenía muy claro que iba a morir”, relató David Garrido, miembro de la custodia que permaneció junto a Allende.

Una vez terminado su discurso, el presidente reunió a los últimos que quedaban para darles nuevamente la posibilidad de salir. A esas alturas, sólo una docena de colaboradores permanecía a su lado y los ataques eran cada vez más intensos.

Al mediodía comenzó el bombardeo aéreo sobre La Moneda.

Algunos cohetes estallaron en el interior del edificio, que comenzó a incendiarse. En medio de gruesas columnas de humo ,un pelotón de militares pugnaba por ingresar al patio central de La Moneda.

“¡Allende no se rinde, milicos!”, gritó el presidente a través de las ventanas abiertas, según recuerdan testigos.

Los últimos combatientes bajaron por la ancha escalera desde la planta alta de La Moneda para entregarse a los militares. En ese instante oyeron un disparo. El presidente caía muerto.

(Con información de EFE y AFP)

AFP PHOTO/ MARTIN BERNETTIAFP PHOTO/ MARTIN BERNETTI

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La hija de Salvador Allende, Isabel, y Carmen Paz Allende en el cementerio. AFP PHOTO/ MARTIN BERNETTILa hija de Salvador Allende, Isabel, y Carmen Paz Allende en el cementerio. AFP PHOTO/ MARTIN BERNETTI

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