Día: marzo 16, 2011

Desde Japon, para todos mis amigos

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(Testimonio de un Cubano en Japón)

de Alex Toledo, el Martes, 15 de marzo de 2011 a las 22:52


Para ponerlos al día les contaré que el terremoto me agarró en el trabajo. Justo estábamos en la oficina los tres, el jefe, la secretaria y yo. Ocurrió un poco después de las 3 de la tarde creo. Estábamos los tres trabajando frente a la computadora y todo empezó a moverse. Como no es la primera vez que pasa (a cada rato ocurre un terremoto pequeño y ya como que estamos acostumbrados) pues nos quedamos sentados trabajando, pero de pronto todo empezó a moverse con más fuerza, se empezaron a caer las cosas y nos dimos cuenta que la cosa iba en serio. Cogimos billetera, celular, abrigos y salimos al pasillo; en el pasillo ya había personas de otras empresas. Mi oficina está en un 11no piso y como se pueden imaginar el movimiento se amplifica. Aquello se movía como si estuviésemos en un vaivén de un parque de diversiones. Bueno el caso es que abrimos todas las puertas y yo abrí la puerta hacia las escaleras de emergencia y me quede ahí aguantando la puerta. Cuando ocurre un terremoto lo primero que hay que hacer es abrir las puertas y ventanas, porque con el movimiento de las estructuras los marcos se pueden salir de sitio y si todo está cerrado no hay manera de abrir nada después, por eso hay que abrir todo de antemano para tener por donde salir.

Estando en el pasillo fue que ocurrió el primer terremoto. El edificio se movía hacia los lados y uno no se podía tener en pie. Había que agarrarse a la pared o algo fijo para no caerse. Yo estaba en el umbral de la escalera de emergencia y desde ahí podía ver los edificios cercanos y la azota de un edificio más chico que el mío a un costado. Todos los edificios se movían que parecían barritas de mantequilla y hubo ocasiones en que pensé que algunos iban a chocar entre sí. En la azotea del edificio más cerca se veían los aires acondicionados grandes y largos y todos estaba chocando los unos contra los otros por el movimiento violento del edificio. No hay manera de explicar cómo se siente y solo los que han estado en un terremoto pueden saber, pero es la sensación más extraña del mundo. Tener piso firme bajo tus pies es algo seguro como la muerte misma y que de pronto este se mueva es de lo más perturbador. En principio parece que estas mareado como si te sintieras mal o como cuando te tomas unos tragos de mas, pero después te das cuenta que no eres tu sino el piso el que se está moviendo y de ahí a que todo se empiece a caer no va nada.

Bueno el primer terremoto duro cerca de 2 o tres minutos y en cuanto se calmó un poco, pues salimos disparados por las escaleras de emergencia. Contrario a lo que se piensa si te agarra un terremoto en un edificio, lo que hay que hacer es abrir las puertas y ventanas, y esperar a que pase el momento más fuerte y no salir bajando por las escaleras de emergencia. Porque los movimientos fuertes y sin control te pueden tirar fuera de las escaleras y te puedes caer del edificio. Hay que quedarse en la zona central de la estructura del edificio, que deberá ser la parte más fuerte y segura. Si el edificio se cae, ni bajando por las escaleras te salvaras porque el terremoto será muy fuerte entonces y saldrás disparado de las escaleras si logras poner un pie fuera. Así que en esos casos lo mejor es rezar porque el edificio aguante el primer tirón del terremoto.

Después que se calmo un poco, pues bajamos por las escaleras y salimos a la calle. Todas las calles estaban llenas de gente que igualmente habían bajado de sus empresas y transeúntes y turistas caminando. Ya en la calle todo el mundo hablaba de que era un terremoto grande y la gente empezaba a preocuparse. Pero todo el mundo alrededor se dio cuenta de que los celulares no funcionaban. Como no sabíamos si iba a ver otro terremoto pues nos quedamos en la calle. Mi jefe tenía una reunión importante y trató de llegar a la cita pero igual no pudo porque a todos nos agarró el segundo terremoto unos 15 o 20 minutos después del primero. Él estaba buscando un taxi y la secretaria y yo estábamos en un parque cerca de la estación de Akihabara. De pronto todo empezó a moverse y miré hacia los edificios alrededor y todos se estaban moviendo como si fueran a salir caminando, de un lado hacia otro. Y estoy hablando de edificios de más de 10 pisos en su mayoría. La secretaria se puso blanca como el papel y la gran mayoría de la mujeres en la calle entraron en estado de pánico. En ese momento había en la calle millares de personas y todos los carros se habían parado porque todo el mundo estaba en la calle. Una escena impresionante es que en medio del segundo terremoto mientras estaba mirando hacia arriba, me di cuenta que un edificio con cristales, donde hay un restaurante había una persona con las manos en los cristales tambaleándose a la misma vez que el edificio se movía. Por suerte el terremoto no fue más fuerte en ese momento, porque sino esa persona hubiera muerto si se rompen los cristales.

Cuando paso el segundo nos dimos cuenta que la cosa era de lo más seria y enseguida mi jefe decidió irnos a la casa todos. El caso es que no había ningún tren funcionando en Tokio en ese momento. En una ciudad donde más de 12 millones de personas se mueve en tren diariamente; se pueden imaginar que la estación estaba compactada de gente tratando de averiguar si iban a salir trenes o no. Como nos dimos cuenta de que no íbamos a ir a ningún lugar en un buen rato nos metimos en una cafetería de hamburguesas McDonalds para matar tiempo y ahí estuvimos como hasta las 6 de la tarde. Ese día vendieron más hamburguesas que nunca y cumplieron con las ventas del trimestre. En todo ese tiempo se sucedieron interminables pequeños terremotos uno tras de otro que mantenían a todo el mundo en vilo.

Yo pude llamar a la casa desde un teléfono público que había en la estación y hable con la suegra. Eso fue justo después del primer terremoto y gracias a esto todavía había conexión en las líneas. Ella me dijo que estaba bien que la casa estaba bien, que se habían caído varias cosas y roto algunas cerámicas pero que no había males mayores. Ella no sabía nada de mi esposa y de la niña, pues ellas habían ido justamente el viernes a la escuela donde Arisa, mi hija va a empezar en abril en 1er grado. El terremoto las agarro en la escuela y mi esposa me contó que todo el mundo salió al patio central de la escuela y que cuando se calmaron las cosas, ella se montó con Arisa en el carro y salió de regreso a la casa. El segundo terremoto las sorprendió en la autopista y ella me dijo que el carro se movía hacia los lados que parecía que se iba a volcar. Me dijo que tenían tremendo miedo inicialmente, aunque Arisa le dijo después que a ella le había parecido mas una atracción del parque de diversiones. Por suerte los niños no tienen una percepción real del peligro y eso les evita tensión y miedos innecesarios, pero mi esposa me dijo que ella si tuvo mucho miedo. Después que terminó el segundo terremoto pues siguió directo a la casa y llegó como a las 4 de la tarde. A esa hora ya yo había llamado y había hablado con la suegra así que ella llegó supo que yo estaba bien, pero yo no sabía nada de ella o de la niña, pues después del segundo terremoto no hubo ningún tipo de comunicación por teléfono fijo ni por celular. El jefe era el único que podía comunicar de manera intermitente con la esposa que estaba en su casa al norte de Tokio y ella también trato de llamar a mi casa, pero sin éxito. En ese estado decidimos quedarnos a dormir en la oficina, pues fuimos a la estación y dijeron que no iban a salir trenes hasta nuevo aviso.

Así pues nos fuimos hasta la oficina persignados y resignados. Mientras tanto nos habíamos informado de la gravedad del asunto del terremoto en el norte, de todo lo que había pasado. Cuando llegamos a la oficina y pudimos ver las noticias en internet (aun había electricidad e internet en la oficina) fue realmente sobrecogedor, porque inicialmente pensábamos que había sido grande pero no tan devastador. El jefe y yo miramos boquiabiertos todos los videos y fotos y ahí mismo nos dimos cuenta de lo afortunados que habíamos sido. Porque si el terremoto ocurre un par de cientos de Km más al sur, la mitad o más de Tokio hubiera desaparecido. Y los chances de un desastre como ha ocurrido en el norte pero en Tokio habrían sido mayores. Mi jefe ahí mismo llamo a su familia en Londres y yo me puse a llamar a mi familia pero como eran las 6 de la mañana del viernes en Cuba (8 de la noche del viernes en Japón), pues no pude comunicar (nadie cogía el teléfono). Con tanta suerte que me di cuenta que Pablo se había conectado a través de internet (yahoo messenger) y pude comunicarme con él. A él le conté todo lo que había pasado, hasta donde sabia y que llamara a cuba y le avisara a mi familia, porque yo no sabía si podía seguir llamando o si las líneas iban a continuar sin problemas.

Después de esto pues nos fuimos a comprar algo de comer y a prepararnos para pasar la noche. Compramos pollo frito y otras chucherías y comimos en la oficina. Preparamos un salón de reuniones que está en la planta baja para dormir, por si pasaba algo salir echando rápido del edificio. Sobre las 9 de la noche subimos de nuevo hasta el 11 piso donde está la oficina. Esta de mas decir que no había elevador funcionando y entre el día del terremoto el viernes y el sábado al mediodía cuando nos fuimos, habíamos subido a la oficina un promedio de 8 veces, agotador el viaje hacia arriba. Bueno a las 9de la noche subí con el jefe para buscar algunas cosas que usar para dormir en la planta baja y trate de nuevo de comunicar con mi esposa desde el teléfono de la oficina y por suerte pude conectar. Yo había salido ese día de la casa a las 9 de la mañana y no volví a saber de ella y la niña, después de los dos terremotos hacia las 9 y pico de la noche.

No puedo decir suficiente sobre ese momento y solo que pude saber que Chiharu mi esposa y Arisa estaban bien, que habían regresado bien a la casa y que ya Arisa estaba durmiendo. ! Qué alivio !

Realmente comprendí esa expresión de que me había quitado una tonelada de peso sobre los hombros. Por un momento nada mas importaba, ya se podía acabar el mundo sabiendo que mi hija estaba a salvo. Después de ponernos al día, quedamos en la promesa de yo llamar de nuevo antes de dormir para confirmar que iba a quedarme en la oficina, salvo milagrosa excepción de que los trenes anduvieran nuevamente, cosa que yo dudaba mucho. Al final nos dijeron en la estación cuando fuimos a averiguar de nuevo que no iban a salir trenes hasta el día siguiente, y eso también estaba por decidir. Así que regresamos a la oficina, volvimos a subir los 11 pisos y yo le confirme a mi esposa que nos íbamos a quedar allí. Bajamos y nos acostamos a dormir en el suelo de la sala de reuniones.

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